lunes, 3 de junio de 2019

El Papa Francisco en Rumania y el anticomunismo vaticano

El Papa Francisco ha visitado estos días Rumania, siendo los objetivos de su visita oficialmente dos: uno, el estrechamiento de las relaciones entre las dos iglesias cristianas separadas tras el cisma del siglo XI; dos, beatificar a unos obispos grecocatólicos supuestamente represaliados por los gobiernos comunistas de Rumania.

El primero de los objetivos es producto de una reciente tendencia, propugnada tanto por Roma como por los principales patriarcas ortodoxos, especialmente Kirill, primado de la iglesia rusa, de acercar posturas y tender puentes entre las dos religiones, en el evidente marco de la globalización y la internacionalización de los mercados (¿que otra cosa más que mercado han sido principalmente las iglesias, especialmente en la actualidad?).
Francisco y el patriarca ortodoxo de Rumanía, Daniel

En cuanto al segundo, se trata de la continuación del esfuerzo del Vaticano, evidente desde la Segunda Guerra Mundial, en la cual apoyó sin fisuras al fascismo (tanto en Alemania, como en Italia,  Croacia, España, Ucrania, etc.), en su lucha anticomunista. En definitiva, la beatificación de siete obispos greco-católicos, como "mártires" del comunismo, no persigue otra cosa que continuar la guerra de propaganda contra esa utopía hecha realidad de que la clase trabajadora deje de producir para una minoría holgazana y empiece a hacerlo para sí misma.

Antes de nada, conviene explicar un poco que es la Iglesia Greco-católica rumana, con un rápido resumen. La región de Transilvania, históricamente parte del Hungria y del Imperio Austrohúngaro, estaba habitada mayoritariamente por rumanos de religión ortodoxa. El Vaticano, a través del rey de Hungria y los emperadores austríacos pretendieron siempre lograr la sumisión de aquellos mediante diversos métodos, incluyendo la represión y, por supuesto, la negociación. La religión ortodoxa era la amalgama ideológica del mundo eslavo-bizantino y, por lo tanto, soponía la asunción del dominio de las cabezas de esa iglesia y sus representantes políticos, antes de la Segunda Guerra Mundial el patriarca ruso, el turco, el griego, el bulgaro y el serbio, obstantando la primacía, considerándose por el mundo ortodoxo a Moscú como la "tercera Roma", el primero de ellos. El conflicto político entre Occidente y Oriente hizo que, para atraer el apoyo de los ortodoxos transilvanos a los gobiernos católicos, se creara la iglesia grecocatólica rumana, en la que se aceptaría la continuación del rito tradicional oriental-bizantino-eslavo mientras se aceptara la primacia papal y la jerarquía católica. Una gran parte de los ortodoxos aceptaron la oferta, aunque muchos otros no. En todo caso, la iglesia greco-católica se convirtió, desde entonces, en instrumento político de Roma, Hungria o, finalmente, EEUU contra la influencia rusa-ortodoxa en Rumania.

En definitiva, se trataba de motivos políticos, los mismos o parecidos que se hallan en la base de la visita de Francisco. Ha sido la primera vez que se beatifica a obispos de esta iglesia "asociada" a Roma ¿Por qué beatificar a los siete monseñores grecocatólicos, Iuliu Hossu, Vasile Aftenie, Ioan Bălan, Valeriu Traian Frenţiu, Ioan Suciu, Tit Liviu Chinezu y Alexandru Rusu? La respuesta es evidente: se trata de continuar el camino de criminalización del comunismo diseñado desde Washington y Bruselas y aplicado por todos los paises de la U.E. a cambio de inversiones y otras migajas.

Cuando en 1944 los trabajadores rumanos izaron al Partido Comunista al poder, y sobre todo tras la proclamación de la República Popular Rumana en 1948, la iglesia greco-católica se convirtió en un instrumento de Roma para minar, sabotear y zancallidear el nuevo sistema, tan poco conveniente a los intereses del Vaticano. No hay que olvidar que entre la Santa Sede y EE.UU. existió una alianza desde el origen de la Guerra Fría contra la antigua Unión Soviética, para frenar la creciente influencia del comunismo pro-soviético en Europa y el mundo entero.

Imagini pentru bergoglio y la dictadura argentina
El actual Papa con el dictador argentino Videla
En 1945, antes de la creación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en los Estados Unidos (EE.UU.), existió la Oficina de Servicios Estratégicos en Tiempos de Guerra (OSE) que creó lazos con el Vaticano. Estas instituciones trabajaron juntas en acciones que pretendían la expansión de la Democracia Cristiana y la promoción de los valores anticomunistas de la Iglesia Católica (por no hablar de la estrecha colaboración del Vaticano con Hitler, Mussolini o Franco).

Después de la II Guerra Mundial, el director de la OSE, Allen Dulles, afirmaría que su lucha no debía ser contra el nazismo, sino contra los soviéticos, cuya propuesta fue elevada y aceptada abiertamente en el Vaticano. Así que, y ahora con la colaboración de antiguos oficiales nazis, y junto con el Vaticano, se pretendía frenar la influencia de la Unión Soviética (URSS) en Europa y el resto del planeta. El entonces Papa Pio XII se ofreció al director de la sede OSE en Roma, James Jesús Angleton, para prestar toda la colaboración posible en la lucha anticomunista.

Esa colaboración, que daría lugar a la financiación y organización de invasiones, golpes de estado, sabotajes, atentados o asesinatos en todo el mundo (con la participación de agencias de inteligencia de los estados sometidos a la influencia de EE.UU., grupos paramilitares como Gladio, ayuda de la Mafia italiana, etc.), tuvo la colaboración especial de la red de sacerdotes católicos que hicieron un eficaz trabajo de información y propaganda en los paises comunistas, algo conocido a su vez por los gobiernos socialistas.

Richard Allen, exconsejero de seguridad del presidente estadounidense Ronald Reagan, ha afirmado en uno de sus libros que “la relación de Reagan con el Vaticano fue una de las más grandes alianzas secretas de todos los tiempos”. Igualmente, el sacerdote López Sáez, en un libro publicado por él, afirmó que el ascenso de Carol Wojtila (Juan Pablo II) a la jefatura del Vaticano había sido decidido a lo largo de la década de los setenta, en la Casa Blanca y en los círculos del poder económico de EE.UU. Todos sabemos el importante papel propagandístico del Papa polaco a favor de los intereses de la oligarquía capitalista mundial y sus presiones para acabar con esa pesada piedra en los bolsillos del mercado que era el sistema socialista.

El Papa Francisco, que pretende dar una imagen de cierto "Izquierdismo"; en realidad no pretende otra cosa que sus antecesores: su viaje a Rumania ha estado determinado por los mismos objetivos que los de Juan Pablo II, que tambien visitara el pais carpático en 1999. Se trata, pues, de hacer un trabajo de zapa contra el legado comunista que, al contrario, parece que entre la población sigue muy presente, especialmente tras tres décadas de experiencia de dictadura del capital, donde se han destruido más de la mitad de los puestos de trabajo existentes en 1989, en el cual más de 3 millones de rumanos han tenido que emigrar para poder vivir y en el que, entre otros datos, la pobreza infantil es la mayor de Europa y más de la mitad de la población sobrevive a trompicones.

No hay que olvidar tampoco que el actual Papa hizo su meteórica carrera eclesíastica bajo el abrazo de la dictadura argentina, desde 1976 hasta 1983. Durante este período, fueron secuestradas y asesinadas 30.000 personas. En el año 2005 se presentó una demanda judicial en la que se acusaba a Jorge Bergoglio (actual Papa) de estar conectado con el secuestro de dos sacerdotes jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jalics en 1976. Dicha demanda se efectuó luego de la publicación del libro de Horacio Verbitsky “El silencio: De Paulo VI a Bergoglio.

Imagini pentru reagan y el vaticano

Así que, no se dice nada sobre la lucha de las autoridades rumanas comunistas contra el trabajo al servicio de los intereses del Vaticano y de las corporaciones occidentales de los obispos grecocatólicos beatificados por Francisco en su visita, el enfrentamiento de estos contra el ortodoxismo rumano y frente a la influencia de la patriarquía rusa en Rumania, habiendo aceptado el ortodoxismo en general el sistema comunista que había sido proclamado por los trabajadores. Al contrario, solo se dice, a grandes gritos, que las autoridades los detuvieron sin motivo alguno, arbitrariamente, como una lucha contra la libertad religiosa (aunque, mientras tanto, la iglesia ortodoxa no solo apoyaba las detenciones, sino que gozaba de toda la libertad necesaria para sus actividades e, incluso, su represetatividad política en los organismos del estado).

No obstante, hay un curioso caso de un religioso rumano, ortodoxo, que sería arzobismo de Moldova en la República Popular Rumana, Justinian Marina, que no se cortaba en afirmar que "Stalin, en su lucha por liberar al hombre del dolor y la explotación, no hacía más que llevar a cabo el trabajo de la igleisa según la palabra de dios", o de sostener que "la lucha del estado socialista rumano y de la Iglesia ortodoxa rumana es la misma", siendo „Jesucristo es el hombre nuevo. El hombre soviético es el hombre nuevo. Por lo tanto, Jesucristo sería soviético"; todo ello respetando siempre lo que el Socialismo rumano defendia con respecto a la religión y las creencias, según el artículo 27 de la Constitución de la República Popular Rumana: "La libertad de conciencia y la libertad religiosa están garantizadas por el estado".

En definitiva, tras la victoria soviética contra el fascismo y el rescate de los aliados a los restos de este, incorporándolo a sus fuerzas, la iglesia ortodoxa en general, en los paises en los que triunfara el comunismo, aceptó el nuevo sistema, respetando las autoridades políticas sus cultos en base a su legislación democrática, mientras la iglesia católica y sus sucursales, que siguieron bajo la autoridad del Papa de Roma y al servicio de sus intereses, fue un instrumento contra los trabajadores y una eficaz arma anticomunista, combatida, lógicamente, en la medida de lo posible por las autoridades comunistas. No obstante, como reconoce la propia Academia Rumana, algo que siempre se oculta o se minimiza por los miembros de propaganda de las grandes corporaciones capitalistas, el 75% de los disidentes detenidos por las autoridades comunistas en Rumania eran directamente militantes fascistas.

jueves, 30 de mayo de 2019

Dos tercios de los rumanos consideran que el Comunismo fue muy positivo para Rumanía

Una nueva encuesta realizada por INSCOP Research, por encargo de la Academia Rumana, muestra
Imagini pentru rumania socialista
lo difícil que es para las mafias mediáticas capitalistas borrar los buenos recuerdos que tienen los rumanos sobre la Rumania anterior al golpe de estado de 1989. Así, dos tercios de los rumanos siguen creyendo, casi treinta años después, que el comunismo fue muy positivo para el país (el 61%), mientras el 29% cree lo contrario.

Entre los que piensan que el comunismo fue positivo para Rumania, un 34% afirma que lsu opinión sobre la época comunista se puede dividir en dos: la que llega hasta los años 50-60 (que coincide con la República Popular Rumana), y la que se extiende desde entonces hasta el golpe de estado de diciembre del 80 (República Socialista Rumana). Según estos, el comunismo fue muy positivo en los primeros 20 años, siendo el punto de inflexión la mitad de los años 50 (es decir, lo que se suele considerar como el periodo stalnista), mientras que a partir de los 60 (periodo en el que en Rumania y todo el mundo se llevaria a cabo un progresivo proceso conocido como desestalinización) las cosas empezarían a empeorar.

Un 8% de los encuestados han preferido no responder.

Es curioso que la opinión de los rumanos sea tan clara a pesar del enorme bombardeo propagandístico anticomunista llevado a cabo por los medios de información capitalistas y a la guerra cultural (editoriales, manuales escolares, documentales y universidades): como en ocasiones anteriores, la mayoría sigue respondiendo a este tipo de encuestas que con el comunismo se vivía mejor o subrayando los logros sociales, culturales y económicos de los que se beneficiaron todos los ciudadanos. Algo no demasiado extraño teniendo en cuenta que la barbarie capitalista ha destruído, desde 1990, la mitad de los puestos de trabajo existentes en aquel momento, ha reducido la calidad de vida de los trabajadores (especialmente de los más expuestos, como los niños o los pensionistas), y ha convertido en país en un deudor de las organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, etc.), mientras que en el momento del golpe de estado de diciembre de 1989 la deuda externa rumana de cero dolares.

En resumen, como se ha dicho más arriba, un 61% de los rumanos consideran que los cuarenta años de comunismo fueron positivos para el país, especificando, y esto tiene más importancia todavía, que las cosas eran mucho más positivas en el periodo que se corresponde con los años de la República Popular Rumana (1944-1965), mientras con la instauración de la República Socialista Rumana (1965-1989) la situación fue cambiando poco a poco (es decir, con el aperturismo hacia Occidente, la proclamación de la sociedad sin clases, el endeudamiento  de Rumania con el FMI -que después de demostrarse un error, se devolvió hasta el último dolar desde 1981 a 1989- , y el alejamiento progresivo del partido de los trabajadores).  Errores que, no obstante, no significaron que el sistema económico siguiera estando hasta el final al servicio de los que producían la riqueza, a pesar de la pérdida de poder político de la clase trabajadora.

El estudio ha sido realizado en los meses de abril y mayo de 2019.

domingo, 12 de mayo de 2019

!Libertad para Pavel Grigorchuk, comunista moldavo!

Pavel Grigorchuk, en la protesta contra la corrupción
del gobierno moldavo el pasado 21 de
Pavel Grigorchuk es un militante comunista y  activo militate contra los desmanes de la oligarquía capitalista en República Moldova, la antigua república soviética. Grigorchuk, comunista y antifascista, ha sido el blanco del régimen dirigido por mafiosos, como son el rico oligarca Vlad Plahotniuc, la principal fortuna del país, ya en varias ocasiones a lo largo de los últimos años.
A pesar de las restricciones impuestas por los tribunales a su actividad políticacomo miembro del Grupo Petrenko, ha continuado luchando por la liberación del país de la dominación de la mafia capitalista sin importarle las consecuencias.
Algunos miembros del conocido como Grupo Petrenko (Bloque Rojo) fueron condenados el pasado 28 de junio de 2017 por los jueces del tribunal de Riscani, en Chisinau, capital de Moldova, a entre 3 o 5 años de prisión,  por sus actividades antifascistas y la organización de protestas contra el gobierno.
Tras su recurso, la condena fue suspendida por el tribunal, aunque, sin embargo, fueron puestos en libertad condicional y obligados al pago de las multas.  Por otro lado, los condenados no tienen derecho a cambiar sus lugares de residencia o ubicación sin el consentimiento previo de las autoridades. 
Imagini pentru red block moldova petrenco group
No obstante, Pavel Grigorchuk ha seguido participando en las protestas contra la corrupción del régimen capitalista moldavo, y su gobierno pro-UE, que tienen lugar habitualmente frente a la sede guvernamental, y por eso ha sido detenido de nuevo. 
Por ello, diversas organizaciones políticas internacionales e intelectuales y líderes de diversas organizaciones sociales y políticas, han hecho público un llamamiento pidiendo su inmediata liberación y el final de la persecución de los activistas del Bloque Rojo, en el que también se explican los detalles de la detención de Grigorchuk:
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!Libertad para Pavel Grigorchuk!
Nosotros, los abajo firmantes, exigimos que el gobierno de República Moldova libere urgentemente al activista cívico Pavel Grigorchuk, tras su detención en Chisinau el pasado 21 de marzo. Grigorchuk fue arrestado mientras lideraba una protesta anticorrupción frente al Parlamento de Moldavia.
Imagini pentru red block moldova moldova is casa noastraTras la protesta, Grigorchuk se encontró con Sergey Syrbu, un destacado miembro del Partido Demócrata de Moldova (PDM), liderado por el oligarca Vlad Plahotniuc. Syrbu insultó y maldijo a Grigorchuk, quien respondió con una bofetada.  Inmediatamente, la policía se echó sobre él y le detuvo. Grigorchuk fue puesto en prisión preventiva durante 30 días y, según los informes, enfrenta hasta cinco años de prisión.
Además, según el abogado de Grigorchuk, el activista, que sufre de asma, está actualmente confinado en el sótano de la cárcel PU-13, Edificio 3 (SIZO), en graves condiciones de frío y humedad, que amenazan gravemente su salud. Este flagrante de represión política debe llegar a su fin.
El castigo prescrito por abofetear a alguien en público según la ley moldava es una multa de 200 lei,  aproximadamente 10 euros. Pero debido a que Grigorchuk es un oponente comprometido del régimen dominado por los oligarcas de Moldavia, está siendo objeto de evidente venganza política. En cooperación con los medios de comunicación, propiedad de Vlad Plahotniuc, el diputado Syrbu ha inventado una versión fantástica en la que, supuestamente, sufrió traumatismo craneal y una conmoción cerebral por la bofetada, teniendo que ser hospitalizado. Syrbu no ha permitido que ninguna de estas afirmaciones se verifique de forma independiente.
Grupo Petrenko
Esta no es la primera vez que las autoridades, bajo el control de de Plahotniuc, atacan a Grigorchuk. En 2014, ya fue arrestado en el llamado "Caso Antifa", donde él y otro activista fueron acusados ​​con pruebas falsas de intentar boicotear las elecciones del país. En septiembre de 2015, Grigorchuk y varios otros activistas fueron brutalmente golpeados y arrestados durante una protesta pacífica contra la oligarquía, encabezada por el ex parlamentario Grigory Petrenko, líder del partido de la oposición Our Home is Moldova (Bloque Rojo). 
El "Grupo Petrenko" fue encarcelado durante varios meses y solamente liberado después de una protesta internacional, aunque los acusados ​​aún enfrentan serias restricciones a su derecho a viajar y realizar actividades políticas. El acusado principal, Petrenko, se vio obligado a buscar asilo en Alemania. Su caso será pronto escuchado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Estas acciones contra Grigorchuk son, evidentemente,  la expresión de una persecución represiva por motivos políticos.
Por ello, demandamos:
  • Que Pavel Grigorchuk sea trasladado inmediatamente de PU-13, Edificio 3, y reciba la atención médica adecuada en un hospital;
  • Que Grigorchuk sea liberado de la detención preventiva;
  • Que se retiren todos los cargos contra Girgorchuk derivados del incidente del 21 de marzo
Firmantes (lista en formación):
Intelectuales y activistas políticos internacionales:
José María Sison, presidente de la Liga Internacional de Lucha de los Pueblos
Berta Joubert-Ceci, coordinadora Tribunal Internacional sobre Crímenes Coloniales de los Estados Unidos en Puerto Rico
Gloria Verdieu, Comité contra la brutalidad policial-San Diego y Coalición para liberar a Mumia y todos los presos políticos
Sergei Kirichuk, coordinador Borotba-Berlín
Alexey Albu, coordinador, Borotba-Donbass
Victor Shapinov, coordinador Borotba
Stanislav Retinsky, secretario del Comité Central, Partido Comunista de la República Popular de Donetsk
Greg Butterfield, periódico The Struggle-La Lucha (Estados Unidos)
Milos Raickovich, compositor y director de orquesta, profesor asistente adjunto, College of Staten Island, CUNY (EE. UU.)
Bistra Staykova (Bulgaria)
John Catalinotto, Nueva York (Estados Unidos)
Dr. Dimitrios S. Patelis, profesor asociado de filosofía, Universidad Técnica de Creta (Grecia)

Organizaciones:
Partido Comunista Unido de Rusia, Comité Central
Partido de la Unidad Socialista (Estados Unidos)
Comité de solidaridad con los presos (Estados Unidos)
Centro de Acción Internacional-Costa Oeste (EE. UU.)
Nuevo Partido Comunista de Gran Bretaña
Acción Revolucionaria Comunista (Grecia)
Workers International Vanguard League (Sudáfrica)
Asamblea del Poder Popular de Baltimore (EE. UU.)
Solidaridad con Novorossiya y Antifascistas en Ucrania (EE. UU.)
Centro Harriet Tubman para la Justicia Social-Los Ángeles (EE. UU.)

El comunicado ha sido publicado en The Struggle-La lucha, y los datos sobre los presos políticos del Grupo Petrenko de Red Star over Donbass.

jueves, 2 de mayo de 2019

Odessa !No olvidamos!

El 2 de mayo de 2014 grupos de fascistas organizados y protegidos por el gobierno ucraniano incendiaron la Casa de los Sindicatos de Odessa, asesinando a más de 50 militantes comunistas e hiriendo a otros 250 (según cifras oficiales).

La Unión Europea pidió una investigación de lo ocurrido, aunque mientras tanto seguía apoyando al gobierno fascista de Kiev y a los asesinos de Odessa, con su estrategia de fomento de las políticas de exterminio étnico contra los rusos de Ucrania, pero también contra otras minorías, de los gobiernos de Poroshenko. 

Sin embargo, cinco años después, Odessa sigue siendo una ciudad prorrusa, ante la desesperación de sus gobernadores, donde el pasado de gloria soviético no se olvida. Así que cada año, cientos de personas recuerdan a las víctimas del gobierno de Kiev y sus matones fascistas en la Casa de los Sindicatos, con la certeza de que los criminales acabarán pagando, más pronto que tarde, sus delitos.

En Ucrania se expresa, quziás mejor que en ningún otro lado, las consecuencias de las convulsiones económicas que está sufriendo la cadena capitalista (en una fase todavía más avanzada de su desarrollo como imperialismo), no necesitando ya la minoría dominante guardar las formas "democráticas", pasando a actuar con su verdadero rostro fascista sin miramientos. No se trata ya, entonces, de elegir entre fascistas liberales, como Le Pen, o liberales fascistas, como Macron, por poner el ejemplo francés: se trata de criminales (como no pueden ser de otra forma los representantes políticos de los grandes intereses del capital) totalmente desenmascarados que, en el contexto de crisis y de exacerbamiento de los conflictos interimperialista por el nuevo reparto de los recursos y el aumento de la tasa de beneficio, empiezan a mostrar con claridad el poco respeto que tienen por la vida humana y, mucho menos, por la de los trabajadores (a los que siempre consideraron en realidad esclavos, y cuya visión, insoportable para ellos, les recuerda que, quizás un día, si estos se organizan y deciden volver a tomar el poder, van a tener que ponerse a trabajar y a producir en lugar de seguir chupando del bote).

Desde aquí hacemos un llamamiento a recordar Odessa, además de a la organización necesaria de los trabajadores, para que ni la matanza de la ciudad ruso-ucraniana, ni ninguno de los innumerables crímenes cometidos por las ponzoñosas bestias de la oligarquía a lo largo de la historia, vuelvan a repetirse; hay que tener presente que para evitar que el capital siga tratando a los obreros como mercancía de usar y tirar la única solución es la organización y la conciencia de clase, el análisis marxista-leninista de la realidad y, por consiguiente, la lucha constante con objetivo de una victoriosa revolución pronta que arrebate el poder a la minoría parásita para ponerlo en manos de la mayoría trabajadora.

!Recordad Odessa! !No al fascismo! !No al capitalismo!

lunes, 15 de abril de 2019

La Unión de Jóvenes Comunistas resucita a Lenin y a Stalin en las calles de Alba Iulia, Rumania

Ante el asombro de la prensa local, la Unión de Jóvenes Comunistas (UTC en sus siglas en rumano), pertenecientes al Partido Comunista de Rumania (PCdR), llenó la ciudad transilvana de Alba Iulia de folletos con el rostro de Lenin y Stalin, con el título "El capitalismo, un océano de crímenes".

En el folleto se describen los diferentes genocidios perpetrados por el capital internacional, de la forma que sigue:
"El capitalismo hace sufrir a los seres humanos, en todas partes destruye vidas, así como también a la Madre Tierra que nos nutre a todos. En solo cuatro siglos en las dos partes del continente americano el capitalismo mató a más de 100 millones de indios, siendo este el genocidio más terrible de la historia.
En Australia, el capitalismo asesinó a más de 1 millón de aborígenes australianos, y los aborígenes de Tasmania fueron exterminados totalmente. En el Congo belga, patrimonio del rey cristiano Leopoldo II de Bélgica, entre 1885 y 1908 fueron asesinados no menos de 10 millones de personas.
En el siglo XX, los imperialistas estadounidenses han acabado con la vida de decenas de millones de personas en sus invasiones, matando a más de 1 millón de civiles coreanos en la Guerra de Corea (1950-1953), a más de 3 millones de civiles vietnamitas en la Guerra de Vietnam (1964- 1973), y transformando a Laos en el país más bombardeado de la historia. 
En el siglo XXI, los estadounidenses han destruido países como Irak, Libia o Siria, y han continuado apoyando las políticas criminales de Israel contra los civiles palestinos".
Volantes comunistasTodo ello enmarcado con la hoz y el martillo, símbolo de la lucha organizada de la clase trabajadora mundial, y bajo las efigies de sus grandes líderes, Lenin y Stalin, todo ello en el marco de que los tres (símbolo y figuras de ambos comunistas) han sido convenientemente censuradas y criminalizados por la prensa capitalista durante los casi treinta años que han pasado desde el golpe de estado de 1989 que acabara con socialismo e impusiera la dictadura del capital y las necropolíticas neoliberales contra las masas y la clase obrera.
La acción se ha producido tambiién en el marco de una nueva propuesta de ley para prohibir toda propaganda comunista y castigarla con penas de cárcel de hasta 10 años.

Por supuesto, la prensa nacional ha corrido un tupido velo sobre la noticia, tal y como ha hecho sobre todo intento de enfrentarse, por parte de los comunistas que han permanecido fieles a su clase y al socialismo,  a la restauración capitalista, a los ataques contra la clase obrera y al fomento de la ideología fascista en Rumania desde 1990, y, especialmente, a los de jóvenes como los de la UTC como el descrito en esta entrada.

lunes, 18 de marzo de 2019

En memoria de La Comuna de París: cuando los trabajadores confirmaron a la burguesía que, tarde o temprano, iban a ser sus sepultureros

148 años después del día que los obreros franceses tomaran el cielo por asalto, proclamándo la Comuna de París, siguen siendo válidas las palabras de Lenin, escritas 40 años después en el diario Rabóchaia Gazeta, (núm.4-5, 15 (28) de abril de 1911).en su artículo "En memoria de la Comuna":

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"La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa  emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal".

La clase trabajadora sigue luchando por los mismos objetivos, consciente o inconscientemente, casi ciento cincuenta años más tarde, y ha tenido siempre a La Comuna como modelo e inspiración de sus grandes victorias contra la barbarie capitalista en el pasado: la Revolución Soviética de 1917 y la construcción del primer estado de los trabajadores y campesinos, la URSS, la proclamación de la República Popular China  en 1949 y, a partir de ahí, en las múltiples revoluciones, revueltas y guerras, exitosas o temporalmente fracasadas, en el seno de las potencias capitalistas o en el marco de la lucha anticolonial.

El 18 de marzo de 1871 los obre­ros franceses rechazaron al ejército prusia­no que había vencido a Francia y luego, al gobierno fran­cés que pretendía quitarles las armas. La defensa de las armas, del pueblo armado, se convirtió en una insurrección: los obreros tomaron el control de París y declararon la Comuna.

Con el Poder en sus manos, lo obreros parisinos, entre otras me­didas, redujeron la carga laboral, prohibieron el trabajo nocturno, organizaron guarderías para los niños, congelaron el precio de arriendo de la vivienda, abolieron las deudas con los bancos, dieron reconocimiento a los “hijos no legítimos” y los cargos políticos de los dirigentes se declararon derogables en cualquier momen­to que el pueblo lo estimara.

A pesar que la Comuna de París duró solamente 72 días, y que los trabajadores fueron masacrados en una de las que fueron antes y siguieron siendo hasta hoy habituales masacres de la burguesía contra el proletariado, mostró a los pueblos lo que puede lograr la clase trabajajadora con el poder en sus manos. "La Comuna", dice Lenin, "era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado".

Desde entonces, desde aquel 18 de marzo de 1871, la ningún burgués, en ningún estado del mundo, puede dormir tranquilo, pues sabe que, como habían escrito Marx y Engels un poco antes, en 1848, en El Manifiesto Comunista, "La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables". 

Imagini pentru viva la comuna

V. I. Lenin

En memoria de la Comuna



Primera edición: En Rabóchaia Gazeta, núm.4-5, 15 (28) de abril de 1911.


Han pasado cuarenta años desde la proclamación de la Comuna de París. Según la costumbre establecida, el proletariado francés honró con mítines y manifestaciones la memoria de los hombres de la revolución del 18 de marzo de 1871. A finales de mayo volverá a llevar coronas de flores a las tumbas de los communards fusilados, víctimas de la terrible “Semana de Mayo”, y ante ellas volverá a jurar que luchará sin descanso hasta el total triunfo de sus ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra que ellos le legaron.
¿Por qué el proletariado, no sólo francés, sino el de todo el mundo, honra a los hombres de la Comuna de París como a sus predecesores? ¿Cuál es la herencia de la Comuna?
La Comuna surgió espontáneamente, nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La desgraciada guerra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase obrera, descontenta de su situación y ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional, que hacía temer por el destino de la República, todo ello y otras muchas causas se combinaron para impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella.
Fue un acontecimiento histórico sin precedentes. Hasta entonces, el poder había estado, por regla general, en manos de los terratenientes y de los capitalistas, es decir, de sus apoderados, que constituían el llamado gobierno. Después de la revolución del 18 de marzo, cuando el gobierno del señor Thiers huyó de París con sus tropas, su policía y sus funcionarios, el pueblo quedó dueño de la situación y el poder pasó a manos del proletariado. Pero en la sociedad moderna, el proletariado, avasallado en lo económico por el capital, no puede dominar políticamente si no rompe las cadenas que lo atan al capital. De ahí que el movimiento de la Comuna debiera adquirir inevitablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamiento del dominio de la burguesía, de la dominación del capital, a la destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo.
Al principio se trató de un movimiento muy heterogéneo y confuso. Se adhirieron a él los patriotas, con la esperanza de que la Comuna reanudaría la guerra contra los alemanes, llevándola a un venturoso desenlace. Los apoyaron asimismo los pequeños tenderos, en peligro de ruina si no se aplazaba el pago de las deudas vencidas de los alquileres (aplazamiento que les negaba el gobierno, pero que la Comuna les concedió). Por último, en un comienzo también simpatizaron en cierto grado con él los republicanos burgueses, temerosos de que la reaccionaria Asamblea Nacional (los “rurales”, los salvajes terratenientes) restablecieran la monarquía. Pero el papel fundamental en este movimiento fue desempeñado, naturalmente, por los obreros (sobre todo, los artesanos de París), entre los cuales se había realizado en los últimos años del Segundo Imperio una intensa propaganda socialista, y que inclusive muchos de ellos estaban afiliados a la Internacional.
Sólo los obreros permanecieron fieles a la Comuna hasta el fin. Los burgueses republicanos y la pequeña burguesía se apartaron bien pronto de ella: unos se asustaron por el carácter socialista revolucionario del movimiento, por su carácter proletario; otros se apartaron de ella al ver que estaba condenada a una derrota inevitable. Sólo los proletarios franceses apoyaron a su gobierno, sin temor ni desmayos, sólo ellos lucharon y murieron por él, es decir, por la emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para los trabajadores.
Abandonada por sus aliados de ayer y sin contar con ningún apoyo, la Comuna tenía que ser derrotada inevitablemente. Toda la burguesía de Francia, todos los terratenientes, corredores de bolsa y fabricantes, todos los grandes y pequeños ladrones, todos los explotadores, se unieron contra ella. Con la ayuda de Bismarck (que dejó en libertad a 100.000 soldados franceses prisioneros de los alemanes para aplastar al París revolucionario), esta coalición burguesa logró enfrentar con el proletariado parisiense a los campesinos ignorantes y a la pequeña burguesía de provincias, y rodear la mitad de París con un círculo de hierro (la otra mitad había sido cercada por el ejército alemán). En algunas grandes ciudades de Francia (Marsella, Lyon, Saint-Etienne, Dijon y otras) los obreros también intentaron tomar el poder, proclamar la Comuna y acudir en auxilio de París, pero estos intentos fracasaron rápidamente. Y París, que había sido la primera en enarbolar la bandera de la insurrección proletaria, quedó abandonada a sus propias fuerzas y condenada una muerte cierta.
Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella. Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capitalismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeña burguesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramiento, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas...
Pero lo que le faltó a la Comuna fue, principalmente tiempo, posibilidad de darse cuenta de la situación y emprender la realización de su programa. No había tenido tiempo de iniciar la tarea cuando el gobierno, atrincherado en Versalles y apoyado por toda la burguesía, inició las operaciones militares contra París. La Comuna tuvo que pensar ante todo en su propia defensa. Y hasta el final mismo, que sobrevino en la semana del 21 al 28 de mayo, no pudo pensar con seriedad en otra cosa.
Sin embargo, pese a esas condiciones tan desfavorables y a la brevedad de su existencia, la Comuna adoptó algunas medidas que caracterizan suficientemente su verdadero sentido y sus objetivos. La Comuna sustituyó el ejército regular, instrumento ciego en manos de las clases dominantes, y armó a todo el pueblo; proclamó la separación de la Iglesia del Estado; suprimió la subvención del culto (es decir, el sueldo que el Estado pagaba al clero) y dio un carácter estrictamente laico a la instrucción pública, con lo que asestó un fuerte golpe a los gendarmes de sotana. Poco fue lo que pudo hacer en el terreno puramente social, pero ese poco muestra con suficiente claridad su carácter de gobierno popular, de gobierno obrero: se prohibió el trabajo nocturno en las panaderías; fue abolido el sistema de multas, esa expoliación consagrada por ley de que se hacía víctima a los obreros; por último, se promulgó el famoso decreto en virtud del cual todas las fábricas y todos los talleres abandonados o paralizados por sus dueños eran entregados a las cooperativas obreras, con el fin de reanudar la producción. Y para subrayar, como si dijéramos, su carácter de gobierno auténticamente democrático y proletario, la Comuna dispuso que la remuneración de todos los funcionarios administrativos y del gobierno no fuera superior al salario normal de un obrero, ni pasara en ningún caso de los 6.000 francos al año (menos de 200 rublos mensuales).
Todas estas medidas mostraban elocuentemente que la Comuna era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado. Y cuando la fuerza organizada del gobierno pudo, por fin, dominar a la fuerza mal organizada de la revolución, los generales bonapartistas, esos generales batidos por los alemanes y valientes ante sus compatriotas vencidos, esos Rénnenkampf y Meller-Zakomielski franceses, hicieron una matanza como París jamás había visto. Cerca de 30.000 parisienses fueron muertos por la soldadesca desenfrenada; unos 45.000 fueron detenidos y muchos de ellos ejecutados posteriormente; miles fueron los desterrados o condenados a trabajar forzados. En total, París perdió cerca de 100.000 de sus hijos, entre ellos a los mejores obreros de todos los oficios.
La burguesía estaba contenta. “¡Ahora se ha acabado con el socialismo para mucho tiempo!”, decía su jefe, el sanguinario enano Thiers, cuando él y sus generales ahogaron en sangre la sublevación del proletariado de París. Pero esos cuervos burgueses graznaron en vano. Después de seis años de haber sido aplastada la Comuna, cuando muchos de sus luchadores se hallaban aún en presidio o en el exilio, se iniciaba en Francia un nuevo movimiento obrero. La nueva generación socialista, enriquecida con la experiencia de sus predecesores, cuya derrota no la había desanimado en absoluto, recogió la bandera que había caído de las manos de los luchadores de la Comuna y la llevó adelante con firmeza y audacia, al grito de “¡Viva la revolución social, viva la Comuna!” Y tres o cuatro años más tarde, un nuevo partido obrero y la agitación levantada por éste en el país obligaron a las clases dominantes a poner en libertad a los communards que el gobierno aún mantenía presos.
La memoria de los luchadores de la Comuna es honrada no sólo por los obreros franceses, sino también por el proletariado de todo el mundo, pues aquella no luchó por un objetivo local o estrechamente nacional, sino por la emancipación de toda la humanidad trabajadora, de todos los humillados y ofendidos. Como combatiente de vanguardia de la revolución social, la Comuna se ha ganado la simpatía en todos los lugares donde sufre y lucha el proletariado. La epopeya de su vida y de su muerte, el ejemplo de un gobierno obrero que conquistó y retuvo en sus manos durante más de dos meses la Capital del mundo, el espectáculo de la heroica lucha del proletariado y de sus sufrimientos después de la derrota, todo esto ha levantado la moral de millones de obreros, alentado sus esperanzas y ganado sus simpatías para el socialismo. El tronar de los cañones de París ha despertado de su sueño profundo a las capas más atrasadas del proletariado y ha dado en todas partes un impulso a la propaganda socialista revolucionaria. Por eso no ha muerto la causa de la Comuna, por eso sigue viviendo hasta hoy día en cada uno de nosotros.
La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal.

martes, 5 de marzo de 2019

La muerte de Stalin: reacciones del pueblo trabajador rumano

La inesperada muerte de Iosif Stalin, el 5 de marzo de 1953, provocó un enorme dolor entre los pueblos socialistas y, especialmente, sus trabajadores. Al fin y al cabo, bajo la batuta de Stalin y su equipo cercano, la clase obrera soviética y mundial había alcanzado sus cotas más elevadas de democracia y participación en el poder de la historia, y había derrotado a los intentos del capitalismo y su escrecencia, el fascismo, de destruir mediante la Segunda Guerra Mundial con sus esperanzas.

Todos los diarios y revistas homenajearon al líder de la clase obrera mundial, incluso las dedicadas a los pioneros, como la rumana "Pogonoci", que el día 10 de marzo de 1953 publicó un artículo tomado de "Pravda" en el que los futuros dirigentes y constructores de Rumanía se despedían de Stalin (tenemos que tener en cuenta para comprender el afecto de los niños rumanos hacia el Socialismo que apenas diez años antes de la proclamación de la R.P.R. el 90% de los niños eran pobres y analfabetos):
Scanteia, 6 de marzo de 1953

Nuestros corazones de niños se han roto : Stalin ya no está. Pero, !Stalin vive! !Él vive en todos los grandes hechos de nuestro pueblo!". Igualmente, los niños de la Stalingrado rumana, la actual Brasov, que hasta los años 60 se llamó Ciudad Stalin, escribieron "!No te olvidaremos nunca querido padre, nuestro querido amigo, camarada Stalin!"

Las grandes personalidades de la cultura rumana, Mihai Sadoveanu, presidente de la República Popular, G. Calinescu, e incluso la patriarquía ortodoxa, lamentaban públicamente la perdida del gran amigo de la clase trabajadora rumana. Para los rumanos, no obstantes, había muerto, como afirmaba Gheorghiu-Dej, Secretario General del Partido de los Trabajadores, "su libertador", pues estaba vivo en la memoria todavía como apenas hacia 8 años las tropas del Ejército Rojo y los patriotas rumanos que luchaban a su lado habían echado a los nazis y fascistas, locales e invasores, de Rumania.

El dia 9 de marzo tuvo lugar en Bucarest una gran manifestación de homenaje al líder comunista en la llamada entonces Plaza Stalin (la actual Plaza Charles de Gaulle), ante la estatua que más tarde los revisionistas retirarían (ya en los años 60), y donde se reunirán más de 100.000 bucarestinos, cifra señalada teniendo en cuenta que la ciudad contaba entonces con apenas 700.000 (cifra que se multiplicaría por la llegada de trabajadores de todo el país a la capital).

Ese mismo día, a las 11 de la mañana, durante 3 minutos dejaron su trabajo todas las fábricas e instituciones del país, sonando al mismo tiempo todas las sirenas de talleres. En Bucarest y en Ciudad Stalin (Brasov) fueron lanzadas 24 salvas de artillería y los pioneros no fueron a la escuela. 

Miles de rumanos trabajadores hicieron luto aquel 6 de marzo, cuando se supo la noticia de la muerte de Stalin, portando banderines en el brazo o banderas soviéticas en los balcones. Los mineros de Petrila hicieron guardia toda la noche, con las lámparas encendidas, a un retrato del líder de la clase obrera mundial.

Concentración del 9 de marzo de 1953 en Bucarest, como muestra de dolor tras la muerte de Stalin.
Imagen del diario Scanteia, 10 de marzo de 1953


La embajada soviética en Bucarest y todos los consulados del país recibieron largas colas de obreros, campesinos e intelectuales que deseaban dejar sus condolencias en el libro de duelo. Solamente en Cluj-Napoca firmaron 22.000 personas. 

Los testimonios y los reportajes dijeron que miles de los trabajadores participantes en el mitin o que acudieron a las colas para firmar las condolencias no pudieron evitar llorar. Igualmente, los campesinos participaron en demostraciones de dolor colectivo, organizando guardias ante los retratos de Stalin o participando en las tardes de lectura que se organizaron en todo el país para honrar al camarada soviético.  Igualmente, las mujeres, en las diferentes organizaciones democráticas femeninas surgidas tras la proclamación de la República Popular Rumana, se organizaron para dar muestras de gratitud a Stalin; por ejemplo, las mujeres de Brasov, ciudad que llevaba su nombre, organizaron guardias ante su retrato porque "Stalin luchó por la liberación de la mujer" (lógico agradecimiento teniendo en cuenta el enorme salto histórico de los derechos de la mujer en todo el mundo desde, y como consecuencia, del triunfo de la Revolución Soviética en 1917).

En la Universidad de Bucarest, Coralia Fotino, estudiante de la Facultad de Historia entonces, cuenta . que "Todo el mundo estaba en el anfiteatro (...) todos de pié, con un rostro desencajado, y muchos sin poder evitar llorar por el dolor". Del mismo modo, Solomon Marcus, entonces Asistente en la Facultad de Matemáticas, testimonia que "no eran pocos los que estaban bañados en lágrimas". 
Honrando la memoria del gran Stalin: Imagenes de la Plaza Stalin de Bucarest, 9 de marzo de 1953 

También queda para la historia el testimonio de la, en aquel momento, adolescente Lilly Marcou, su padre le contó la noticia con mucho tacto: "Hija mía, tienes que ser valiente. Tengo una noticia horrible para ti...Stalin ha muerto". Lilly, cuenta, no pudo evitar lanzarse a los brazos de su padre envuelta en lágrima

De los informes del partido de los trabajadores de rumania (PMR) sabemos que en el mitin de la plaza stalin del 9 de marzo estuvieron presentes al menos 350.000 personas, en cluj más de 95.000, en timisoara, 90.000, en resita, 35.000, en la provincia de deta, 17.000, etc.

En total, "en todo el país, durante los días 6, 7, 8 y 9 de marzo hubo 22.800 concentraciones y 300 mítines de duelo, con una participación total de unos 7.000.000 de ciudadanos", concluyendo que, "una semejante e impresionante participación, muestra de disciplina obrera, no había sido vista nunca antes".
Trabajadores de la fábrica 23 de Agosto de Bucarest el dia 6 de marzo de 1953 

A Moscú viajó una delegación rumana dirigida por Dej, y en la que también se encontraba el presidente del gobierno rumano, Petru Groza. Sorin Toma, miembro de la delegación, cuenta que "Personalmente, no veo por qué esconderlo, estaba muy impresionado. La delegación fue alojada cerca de la Casa de las Columnas, donde estaba el ataúd de Stalin, y pudo desplazarse a pié hasta allí, junto al enorme flujo humano que quería honrarle. Muchos, especialmente las mujeres, lloraban a lágrima viva (...) Los funerales fueron impresionantes... Hablaron Malenkov, Beria y Molotov. Escuchando a Molotov, he de reconocer, que sentí una gran emoción. Años más tarde llegó la noticia de que había sido apartado de los puestos de poder por Jruchov".  

En las palabras anteriores se expresa el punto de inflexión que iba a tener lugar en la experiencia revolucionaria de los trabajadores soviéticos y de gran parte del mundo tras la muerte de Stalin y el golpe revisionista dirigido por Kruchev, Brevnev y su banda revisionista; con ellos se iniciaría la lenta, pero continua, separación de las masas y el partido y, en consecuencia,  el progresivo camino hacia la restauración de la barbarie capitalista (que se establecería también en Rumania completamente con la llegada de Nicolae Ceausescu al poder en 1965) y con ella, de las penurias y sufrimientos tradicionales de la clase trabajadora frente a sus explotadores, cuyas consecuencias en Rumania se evidencian hoy: pobreza generalizada (salarios medios de apenas 300 euros al mes, con un 60% de los trabajadores ganando menos de 200), emigración masiva (más de 3 millones de rumanos huidos del país tras la destrucción de más de 4 millones de puestos de trabajo desde el golpe de estado de 1989), derechos sociales y laborales recortados brutalmente, analfabetismo, imposibilidad cada vez mayor de asistencia médica, presencia militar extranjera en el país, control de la riqueza por la minoría de la población, y la extensión, característica propia del neoliberalismo, de la generalización de la corrupción como consecuencia de la "privatización" del propio estado, y tantas otras que, poco a poco, también empiezan a sufrir con más gravedad los trabajadores occidentales.






























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