lunes, 15 de abril de 2019

La Unión de Jóvenes Comunistas resucita a Lenin y a Stalin en las calles de Alba Iulia, Rumania

Ante el asombro de la prensa local, la Unión de Jóvenes Comunistas (UTC en sus siglas en rumano), pertenecientes al Partido Comunista de Rumania (PCdR), llenó la ciudad transilvana de Alba Iulia de folletos con el rostro de Lenin y Stalin, con el título "El capitalismo, un océano de crímenes".

En el folleto se describen los diferentes genocidios perpetrados por el capital internacional, de la forma que sigue:
"El capitalismo hace sufrir a los seres humanos, en todas partes destruye vidas, así como también a la Madre Tierra que nos nutre a todos. En solo cuatro siglos en las dos partes del continente americano el capitalismo mató a más de 100 millones de indios, siendo este el genocidio más terrible de la historia.
En Australia, el capitalismo asesinó a más de 1 millón de aborígenes australianos, y los aborígenes de Tasmania fueron exterminados totalmente. En el Congo belga, patrimonio del rey cristiano Leopoldo II de Bélgica, entre 1885 y 1908 fueron asesinados no menos de 10 millones de personas.
En el siglo XX, los imperialistas estadounidenses han acabado con la vida de decenas de millones de personas en sus invasiones, matando a más de 1 millón de civiles coreanos en la Guerra de Corea (1950-1953), a más de 3 millones de civiles vietnamitas en la Guerra de Vietnam (1964- 1973), y transformando a Laos en el país más bombardeado de la historia. 
En el siglo XXI, los estadounidenses han destruido países como Irak, Libia o Siria, y han continuado apoyando las políticas criminales de Israel contra los civiles palestinos".
Volantes comunistasTodo ello enmarcado con la hoz y el martillo, símbolo de la lucha organizada de la clase trabajadora mundial, y bajo las efigies de sus grandes líderes, Lenin y Stalin, todo ello en el marco de que los tres (símbolo y figuras de ambos comunistas) han sido convenientemente censuradas y criminalizados por la prensa capitalista durante los casi treinta años que han pasado desde el golpe de estado de 1989 que acabara con socialismo e impusiera la dictadura del capital y las necropolíticas neoliberales contra las masas y la clase obrera.
La acción se ha producido tambiién en el marco de una nueva propuesta de ley para prohibir toda propaganda comunista y castigarla con penas de cárcel de hasta 10 años.

Por supuesto, la prensa nacional ha corrido un tupido velo sobre la noticia, tal y como ha hecho sobre todo intento de enfrentarse, por parte de los comunistas que han permanecido fieles a su clase y al socialismo,  a la restauración capitalista, a los ataques contra la clase obrera y al fomento de la ideología fascista en Rumania desde 1990, y, especialmente, a los de jóvenes como los de la UTC como el descrito en esta entrada.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Decreto de nacionalización de los inmuebles en manos de los explotadores (República Popular Rumana, 19 de abril de 1950)

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El Decreto nr. 92, aprobado el 19 de abril de 1950, persigue acabar con la especulación de la vivienda habitual hasta entonces de la gran burguesía rumana y hacer de la vivienda un derecho para la clase productora, los trabajadores. 

No se nacionalizaron todas las viviendas, sino solo las que están en manos de "antiguos industriales, latifundistas, banqueros, comerciantes y otros miembros de la gran burguesía", además de las construidas "con fines especulativos". Ni mucho menos este decreto se aplicará a "los inmuebles propiedad de trabajadores, funcionarios, pequeños artesanos, profesionales independientes ni pensionistas".

Sus principales fin son, pues, reforzar la economía socialista, luchar contra el sabotaje de la gran burguesía y de los latifundistas, y acabar con la especulación inmobiliaria, dejando a los trabajadores la propiedad directa o haciéndoles participes de la propiedad colectiva de lo que será, a lo largo de todos los años de socialismo en Rumania, un derecho fundamental de todo rumano hasta la restauración de la dictadura de la minoría en 1989, el derecho a tener una vivienda digna.

En el anexo, que se puede consultar aquí, aparecen afectadas por este decreto unas10.000 viviendas.

***

Decreto nr. 92 del 19 de abril de 1950 para la nacionalización de los inmuebles de los explotadores
Publicado en el Boletín Oficial nr. 36 del 20 de abril de 1950

ART. 1
Para reforzar y desarrollar el socialismo económico en la República Popular Rumana (RPR);
para asegurar la buena administración del fondo de viviendas sometido a degradación debido al sabotaje de la gran burguesía y de los explotadores que tienen en sus manos un gran número de inmuebles; 
para tomar de las manos de los explotadores un importante medio de explotación; 

Se procede a la nacionalización de los inmuebles previstos en la lista anexa, registrada en la cancillería del Consejo de Ministros con Nr. 543 del 14 de abril de 1950, y que son parte integrante de este decreto al cumplir los siguientes criterios:
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1. Los inmuebles construidos pertenecientes a los antiguos industriales, latifundistas, banqueros, comerciantes y otros miembros de la gran burguesía. 
2. Los inmuebles construidos que están en manos de los especuladores de viviendas.
3. Los hoteles con todo su inventario.
4. Inmuebles en construcción, construidos con el objetivo especulativo, los abandonados por sus propietarios, a la vez que los materiales de construcción respectivos sea cual sea el lugar donde estén depositados. 
5. Los inmuebles inhabitables o destruidos por el terremoto o tras la guerra, construidos con fines especulativos y cuyos propietarios no han reparado o reconstruido. 
ART. 2
No entran dentro de los objetivos de este decreto y no se nacionalizarán los inmuebles propiedad de trabajadores, funcionarios, pequeños artesanos, profesionales independientes ni pensionistas. 
ART. 3
Los inmuebles nacionalizados pasarán a propiedad del estado como bienes de todo el pueblo, sin indemnización y libres de toda carga de cualquier tipo. 
ART. 4
Por inmueble se entiende en este decreto tanto los edificions construidos, como los terrenos donde estos se elevan, además de las instalaciones respectivas y todas las herramientas y maquinaria existente para su mantenimiento. 
ART. 5
Los inmuebles propiedad del marido, la esposa o de los hijos menores se considerarán como propiedad de un único propietario en lo que se refiere a la aplicación de este decreto. 
ART. 6
Mediante este decreto, el estado sustituye en todos los derechos a los antiguos propietaros. Las personas que vivan en estos inmuebles nacionalizados, sea cual fuere su calidad, incluyendo a sus antiguos propietarios, se convertirán desde el momento de su nacionalización en inquilinos del estado. 
ART. 7
Los inmuebles nacionalizados mediante este decreto pasan a ser administrados por el Comité Provisional del Consejo Popular del municipio en que se encuentren. 
ART. 8
Se penará con 5-10 años de trabajos forzados y con la confiscación de bienes a quien dañe, destruya o venda, por cualquier medio, bienes o instalaciones que vayan a ser nacionalizados por este decreto,  así como a los que intenten obstaculizar o evitar su aplicación. 
ART. 9
Las infracciones de este decreto se constatarán, investigarán y juzgarán según el decreto nr. 183 del 30 de abril de 1949, de las sanciones a las infracciones económicas. 
ART. 10
El Comité Provisional del Consejo Popular vigilará que los derechos del estado surgidos de este decreto se lleven a cabo de la forma prevista por la ley. 
ART. 11
De la aplicación de este decreto se encargará la Comisión del Estado para la Aplicación de las Ley de Consejos Populares. 
ART. 12
El presente decreto entrará en vigor en la fecha de su publicación. 

Aprobado en Bucarest el 19 de abril de 1950.




lunes, 18 de marzo de 2019

En memoria de La Comuna de París: cuando los trabajadores confirmaron a la burguesía que, tarde o temprano, iban a ser sus sepultureros

148 años después del día que los obreros franceses tomaran el cielo por asalto, proclamándo la Comuna de París, siguen siendo válidas las palabras de Lenin, escritas 40 años después en el diario Rabóchaia Gazeta, (núm.4-5, 15 (28) de abril de 1911).en su artículo "En memoria de la Comuna":

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"La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa  emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal".

La clase trabajadora sigue luchando por los mismos objetivos, consciente o inconscientemente, casi ciento cincuenta años más tarde, y ha tenido siempre a La Comuna como modelo e inspiración de sus grandes victorias contra la barbarie capitalista en el pasado: la Revolución Soviética de 1917 y la construcción del primer estado de los trabajadores y campesinos, la URSS, la proclamación de la República Popular China  en 1949 y, a partir de ahí, en las múltiples revoluciones, revueltas y guerras, exitosas o temporalmente fracasadas, en el seno de las potencias capitalistas o en el marco de la lucha anticolonial.

El 18 de marzo de 1871 los obre­ros franceses rechazaron al ejército prusia­no que había vencido a Francia y luego, al gobierno fran­cés que pretendía quitarles las armas. La defensa de las armas, del pueblo armado, se convirtió en una insurrección: los obreros tomaron el control de París y declararon la Comuna.

Con el Poder en sus manos, lo obreros parisinos, entre otras me­didas, redujeron la carga laboral, prohibieron el trabajo nocturno, organizaron guarderías para los niños, congelaron el precio de arriendo de la vivienda, abolieron las deudas con los bancos, dieron reconocimiento a los “hijos no legítimos” y los cargos políticos de los dirigentes se declararon derogables en cualquier momen­to que el pueblo lo estimara.

A pesar que la Comuna de París duró solamente 72 días, y que los trabajadores fueron masacrados en una de las que fueron antes y siguieron siendo hasta hoy habituales masacres de la burguesía contra el proletariado, mostró a los pueblos lo que puede lograr la clase trabajajadora con el poder en sus manos. "La Comuna", dice Lenin, "era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado".

Desde entonces, desde aquel 18 de marzo de 1871, la ningún burgués, en ningún estado del mundo, puede dormir tranquilo, pues sabe que, como habían escrito Marx y Engels un poco antes, en 1848, en El Manifiesto Comunista, "La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables". 

Imagini pentru viva la comuna

V. I. Lenin

En memoria de la Comuna



Primera edición: En Rabóchaia Gazeta, núm.4-5, 15 (28) de abril de 1911.


Han pasado cuarenta años desde la proclamación de la Comuna de París. Según la costumbre establecida, el proletariado francés honró con mítines y manifestaciones la memoria de los hombres de la revolución del 18 de marzo de 1871. A finales de mayo volverá a llevar coronas de flores a las tumbas de los communards fusilados, víctimas de la terrible “Semana de Mayo”, y ante ellas volverá a jurar que luchará sin descanso hasta el total triunfo de sus ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra que ellos le legaron.
¿Por qué el proletariado, no sólo francés, sino el de todo el mundo, honra a los hombres de la Comuna de París como a sus predecesores? ¿Cuál es la herencia de la Comuna?
La Comuna surgió espontáneamente, nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La desgraciada guerra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase obrera, descontenta de su situación y ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional, que hacía temer por el destino de la República, todo ello y otras muchas causas se combinaron para impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella.
Fue un acontecimiento histórico sin precedentes. Hasta entonces, el poder había estado, por regla general, en manos de los terratenientes y de los capitalistas, es decir, de sus apoderados, que constituían el llamado gobierno. Después de la revolución del 18 de marzo, cuando el gobierno del señor Thiers huyó de París con sus tropas, su policía y sus funcionarios, el pueblo quedó dueño de la situación y el poder pasó a manos del proletariado. Pero en la sociedad moderna, el proletariado, avasallado en lo económico por el capital, no puede dominar políticamente si no rompe las cadenas que lo atan al capital. De ahí que el movimiento de la Comuna debiera adquirir inevitablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamiento del dominio de la burguesía, de la dominación del capital, a la destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo.
Al principio se trató de un movimiento muy heterogéneo y confuso. Se adhirieron a él los patriotas, con la esperanza de que la Comuna reanudaría la guerra contra los alemanes, llevándola a un venturoso desenlace. Los apoyaron asimismo los pequeños tenderos, en peligro de ruina si no se aplazaba el pago de las deudas vencidas de los alquileres (aplazamiento que les negaba el gobierno, pero que la Comuna les concedió). Por último, en un comienzo también simpatizaron en cierto grado con él los republicanos burgueses, temerosos de que la reaccionaria Asamblea Nacional (los “rurales”, los salvajes terratenientes) restablecieran la monarquía. Pero el papel fundamental en este movimiento fue desempeñado, naturalmente, por los obreros (sobre todo, los artesanos de París), entre los cuales se había realizado en los últimos años del Segundo Imperio una intensa propaganda socialista, y que inclusive muchos de ellos estaban afiliados a la Internacional.
Sólo los obreros permanecieron fieles a la Comuna hasta el fin. Los burgueses republicanos y la pequeña burguesía se apartaron bien pronto de ella: unos se asustaron por el carácter socialista revolucionario del movimiento, por su carácter proletario; otros se apartaron de ella al ver que estaba condenada a una derrota inevitable. Sólo los proletarios franceses apoyaron a su gobierno, sin temor ni desmayos, sólo ellos lucharon y murieron por él, es decir, por la emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para los trabajadores.
Abandonada por sus aliados de ayer y sin contar con ningún apoyo, la Comuna tenía que ser derrotada inevitablemente. Toda la burguesía de Francia, todos los terratenientes, corredores de bolsa y fabricantes, todos los grandes y pequeños ladrones, todos los explotadores, se unieron contra ella. Con la ayuda de Bismarck (que dejó en libertad a 100.000 soldados franceses prisioneros de los alemanes para aplastar al París revolucionario), esta coalición burguesa logró enfrentar con el proletariado parisiense a los campesinos ignorantes y a la pequeña burguesía de provincias, y rodear la mitad de París con un círculo de hierro (la otra mitad había sido cercada por el ejército alemán). En algunas grandes ciudades de Francia (Marsella, Lyon, Saint-Etienne, Dijon y otras) los obreros también intentaron tomar el poder, proclamar la Comuna y acudir en auxilio de París, pero estos intentos fracasaron rápidamente. Y París, que había sido la primera en enarbolar la bandera de la insurrección proletaria, quedó abandonada a sus propias fuerzas y condenada una muerte cierta.
Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella. Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capitalismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeña burguesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramiento, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas...
Pero lo que le faltó a la Comuna fue, principalmente tiempo, posibilidad de darse cuenta de la situación y emprender la realización de su programa. No había tenido tiempo de iniciar la tarea cuando el gobierno, atrincherado en Versalles y apoyado por toda la burguesía, inició las operaciones militares contra París. La Comuna tuvo que pensar ante todo en su propia defensa. Y hasta el final mismo, que sobrevino en la semana del 21 al 28 de mayo, no pudo pensar con seriedad en otra cosa.
Sin embargo, pese a esas condiciones tan desfavorables y a la brevedad de su existencia, la Comuna adoptó algunas medidas que caracterizan suficientemente su verdadero sentido y sus objetivos. La Comuna sustituyó el ejército regular, instrumento ciego en manos de las clases dominantes, y armó a todo el pueblo; proclamó la separación de la Iglesia del Estado; suprimió la subvención del culto (es decir, el sueldo que el Estado pagaba al clero) y dio un carácter estrictamente laico a la instrucción pública, con lo que asestó un fuerte golpe a los gendarmes de sotana. Poco fue lo que pudo hacer en el terreno puramente social, pero ese poco muestra con suficiente claridad su carácter de gobierno popular, de gobierno obrero: se prohibió el trabajo nocturno en las panaderías; fue abolido el sistema de multas, esa expoliación consagrada por ley de que se hacía víctima a los obreros; por último, se promulgó el famoso decreto en virtud del cual todas las fábricas y todos los talleres abandonados o paralizados por sus dueños eran entregados a las cooperativas obreras, con el fin de reanudar la producción. Y para subrayar, como si dijéramos, su carácter de gobierno auténticamente democrático y proletario, la Comuna dispuso que la remuneración de todos los funcionarios administrativos y del gobierno no fuera superior al salario normal de un obrero, ni pasara en ningún caso de los 6.000 francos al año (menos de 200 rublos mensuales).
Todas estas medidas mostraban elocuentemente que la Comuna era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado. Y cuando la fuerza organizada del gobierno pudo, por fin, dominar a la fuerza mal organizada de la revolución, los generales bonapartistas, esos generales batidos por los alemanes y valientes ante sus compatriotas vencidos, esos Rénnenkampf y Meller-Zakomielski franceses, hicieron una matanza como París jamás había visto. Cerca de 30.000 parisienses fueron muertos por la soldadesca desenfrenada; unos 45.000 fueron detenidos y muchos de ellos ejecutados posteriormente; miles fueron los desterrados o condenados a trabajar forzados. En total, París perdió cerca de 100.000 de sus hijos, entre ellos a los mejores obreros de todos los oficios.
La burguesía estaba contenta. “¡Ahora se ha acabado con el socialismo para mucho tiempo!”, decía su jefe, el sanguinario enano Thiers, cuando él y sus generales ahogaron en sangre la sublevación del proletariado de París. Pero esos cuervos burgueses graznaron en vano. Después de seis años de haber sido aplastada la Comuna, cuando muchos de sus luchadores se hallaban aún en presidio o en el exilio, se iniciaba en Francia un nuevo movimiento obrero. La nueva generación socialista, enriquecida con la experiencia de sus predecesores, cuya derrota no la había desanimado en absoluto, recogió la bandera que había caído de las manos de los luchadores de la Comuna y la llevó adelante con firmeza y audacia, al grito de “¡Viva la revolución social, viva la Comuna!” Y tres o cuatro años más tarde, un nuevo partido obrero y la agitación levantada por éste en el país obligaron a las clases dominantes a poner en libertad a los communards que el gobierno aún mantenía presos.
La memoria de los luchadores de la Comuna es honrada no sólo por los obreros franceses, sino también por el proletariado de todo el mundo, pues aquella no luchó por un objetivo local o estrechamente nacional, sino por la emancipación de toda la humanidad trabajadora, de todos los humillados y ofendidos. Como combatiente de vanguardia de la revolución social, la Comuna se ha ganado la simpatía en todos los lugares donde sufre y lucha el proletariado. La epopeya de su vida y de su muerte, el ejemplo de un gobierno obrero que conquistó y retuvo en sus manos durante más de dos meses la Capital del mundo, el espectáculo de la heroica lucha del proletariado y de sus sufrimientos después de la derrota, todo esto ha levantado la moral de millones de obreros, alentado sus esperanzas y ganado sus simpatías para el socialismo. El tronar de los cañones de París ha despertado de su sueño profundo a las capas más atrasadas del proletariado y ha dado en todas partes un impulso a la propaganda socialista revolucionaria. Por eso no ha muerto la causa de la Comuna, por eso sigue viviendo hasta hoy día en cada uno de nosotros.
La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal.

martes, 5 de marzo de 2019

La muerte de Stalin: reacciones del pueblo trabajador rumano

La inesperada muerte de Iosif Stalin, el 5 de marzo de 1953, provocó un enorme dolor entre los pueblos socialistas y, especialmente, sus trabajadores. Al fin y al cabo, bajo la batuta de Stalin y su equipo cercano, la clase obrera soviética y mundial había alcanzado sus cotas más elevadas de democracia y participación en el poder de la historia, y había derrotado a los intentos del capitalismo y su escrecencia, el fascismo, de destruir mediante la Segunda Guerra Mundial con sus esperanzas.

Todos los diarios y revistas homenajearon al líder de la clase obrera mundial, incluso las dedicadas a los pioneros, como la rumana "Pogonoci", que el día 10 de marzo de 1953 publicó un artículo tomado de "Pravda" en el que los futuros dirigentes y constructores de Rumanía se despedían de Stalin (tenemos que tener en cuenta para comprender el afecto de los niños rumanos hacia el Socialismo que apenas diez años antes de la proclamación de la R.P.R. el 90% de los niños eran pobres y analfabetos):
Scanteia, 6 de marzo de 1953

Nuestros corazones de niños se han roto : Stalin ya no está. Pero, !Stalin vive! !Él vive en todos los grandes hechos de nuestro pueblo!". Igualmente, los niños de la Stalingrado rumana, la actual Brasov, que hasta los años 60 se llamó Ciudad Stalin, escribieron "!No te olvidaremos nunca querido padre, nuestro querido amigo, camarada Stalin!"

Las grandes personalidades de la cultura rumana, Mihai Sadoveanu, presidente de la República Popular, G. Calinescu, e incluso la patriarquía ortodoxa, lamentaban públicamente la perdida del gran amigo de la clase trabajadora rumana. Para los rumanos, no obstantes, había muerto, como afirmaba Gheorghiu-Dej, Secretario General del Partido de los Trabajadores, "su libertador", pues estaba vivo en la memoria todavía como apenas hacia 8 años las tropas del Ejército Rojo y los patriotas rumanos que luchaban a su lado habían echado a los nazis y fascistas, locales e invasores, de Rumania.

El dia 9 de marzo tuvo lugar en Bucarest una gran manifestación de homenaje al líder comunista en la llamada entonces Plaza Stalin (la actual Plaza Charles de Gaulle), ante la estatua que más tarde los revisionistas retirarían (ya en los años 60), y donde se reunirán más de 100.000 bucarestinos, cifra señalada teniendo en cuenta que la ciudad contaba entonces con apenas 700.000 (cifra que se multiplicaría por la llegada de trabajadores de todo el país a la capital).

Ese mismo día, a las 11 de la mañana, durante 3 minutos dejaron su trabajo todas las fábricas e instituciones del país, sonando al mismo tiempo todas las sirenas de talleres. En Bucarest y en Ciudad Stalin (Brasov) fueron lanzadas 24 salvas de artillería y los pioneros no fueron a la escuela. 

Miles de rumanos trabajadores hicieron luto aquel 6 de marzo, cuando se supo la noticia de la muerte de Stalin, portando banderines en el brazo o banderas soviéticas en los balcones. Los mineros de Petrila hicieron guardia toda la noche, con las lámparas encendidas, a un retrato del líder de la clase obrera mundial.

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Concentración del 9 de marzo de 1953 en Bucarest, como muestra de dolor tras la muerte de Stalin
La embajada soviética en Bucarest y todos los consulados del país recibieron largas colas de obreros, campesinos e intelectuales que deseaban dejar sus condolencias en el libro de duelo. Solamente en Cluj-Napoca firmaron 22.000 personas. 

Los testimonios y los reportajes dijeron que miles de los trabajadores participantes en el mitin o que acudieron a las colas para firmar las condolencias no pudieron evitar llorar. Igualmente, los campesinos participaron en demostraciones de dolor colectivo, organizando guardias ante los retratos de Stalin o participando en las tardes de lectura que se organizaron en todo el país para honrar al camarada soviético.  Igualmente, las mujeres, en las diferentes organizaciones democráticas femeninas surgidas tras la proclamación de la República Popular Rumana, se organizaron para dar muestras de gratitud a Stalin; por ejemplo, las mujeres de Brasov, ciudad que llevaba su nombre, organizaron guardias ante su retrato porque "Stalin luchó por la liberación de la mujer" (lógico agradecimiento teniendo en cuenta el enorme salto histórico de los derechos de la mujer en todo el mundo desde, y como consecuencia, del triunfo de la Revolución Soviética en 1917).

En la Universidad de Bucarest, Coralia Fotino, estudiante de la Facultad de Historia entonces, cuenta . que "Todo el mundo estaba en el anfiteatro (...) todos de pié, con un rostro desencajado, y muchos sin poder evitar llorar por el dolor". Del mismo modo, Solomon Marcus, entonces Asistente en la Facultad de Matemáticas, testimonia que "no eran pocos los que estaban bañados en lágrimas". 
Honrando la memoria del gran Stalin: Imagenes de la Plaza Stalin de Bucarest, 9 de marzo de 1953 

También queda para la historia el testimonio de la, en aquel momento, adolescente Lilly Marcou, su padre le contó la noticia con mucho tacto: "Hija mía, tienes que ser valiente. Tengo una noticia horrible para ti...Stalin ha muerto". Lilly, cuenta, no pudo evitar lanzarse a los brazos de su padre envuelta en lágrima

De los informes del partido de los trabajadores de rumania (PMR) sabemos que en el mitin de la plaza stalin del 9 de marzo estuvieron presentes al menos 350.000 personas, en cluj más de 95.000, en timisoara, 90.000, en resita, 35.000, en la provincia de deta, 17.000, etc.

En total, "en todo el país, durante los días 6, 7, 8 y 9 de marzo hubo 22.800 concentraciones y 300 mítines de duelo, con una participación total de unos 7.000.000 de ciudadanos", concluyendo que, "una semejante e impresionante participación, muestra de disciplina obrera, no había sido vista nunca antes".
Trabajadores de la fábrica 23 de Agosto de Bucarest el dia 6 de marzo de 1953 
A Moscú viajó una delegación rumana dirigida por Dej, y en la que también se encontraba el presidente del gobierno rumano, Petru Groza. Sorin Toma, miembro de la delegación, cuenta que "Personalmente, no veo por qué esconderlo, estaba muy impresionado. La delegación fue alojada cerca de la Casa de las Columnas, donde estaba el ataúd de Stalin, y pudo desplazarse a pié hasta allí, junto al enorme flujo humano que quería honrarle. Muchos, especialmente las mujeres, lloraban a lágrima viva (...) Los funerales fueron impresionantes... Hablaron Malenkov, Beria y Molotov. Escuchando a Molotov, he de reconocer, que sentí una gran emoción. Años más tarde llegó la noticia de que había sido apartado de los puestos de poder por Jruchov".  

En las palabras anteriores se expresa el punto de inflexión que iba a tener lugar en la experiencia revolucionaria de los trabajadores soviéticos y de gran parte del mundo tras la muerte de Stalin y el golpe revisionista dirigido por Kruchev, Brevnev y su banda revisionista; con ellos se iniciaría la lenta, pero continua, separación de las masas y el partido y, en consecuencia,  el progresivo camino hacia la restauración de la barbarie capitalista (que se establecería también en Rumania completamente con la llegada de Nicolae Ceausescu al poder en 1965) y con ella, de las penurias y sufrimientos tradicionales de la clase trabajadora frente a sus explotadores, cuyas consecuencias en Rumania se evidencian hoy: pobreza generalizada (salarios medios de apenas 300 euros al mes, con un 60% de los trabajadores ganando menos de 200), emigración masiva (más de 3 millones de rumanos huidos del país tras la destrucción de más de 4 millones de puestos de trabajo desde el golpe de estado de 1989), derechos sociales y laborales recortados brutalmente, analfabetismo, imposibilidad cada vez mayor de asistencia médica, presencia militar extranjera en el país, control de la riqueza por la minoría de la población, y la extensión, característica propia del neoliberalismo, de la generalización de la corrupción como consecuencia de la "privatización" del propio estado, y tantas otras que, poco a poco, también empiezan a sufrir con más gravedad los trabajadores occidentales.






























lunes, 25 de febrero de 2019

El Partido de los Socialistas gana las elecciones parlamentarias en República Moldova

A pesar de la brutal injerencia de la Unión Europea, el Partido de los Socialistas, que propugna mantener las buenas relaciones históricas con Rusia, ha ganado las elecciones en República Moldova, según los datos de la Comisión Electoral. Con casi el 100% escrutado, los socialistas han obtenido un 31% de los votos. La segunda fuerza política, con un 26%, sería la coalición proeuropea, de tendencia derechista y neoliberal, ACUM, mientras que el partido actualmente gobernante, también próximo a Bruselas, el Partido Democrático, ha obtenido un 24% de las papeletas. 
Imagini pentru elecciones presidenciales moldova
Logo del Partido de los Socialistas de
República Moldova

Los resultados no van a permitir formar gobierno a ninguna fuerza en solitario, por lo que los partidos europeístas podrían unirse en busca de subordinar totalmente a la antigua república socialista en la órbita de las grandes corporaciones occidentales (lo que suelen denominar eufemísticamente como "integración europea").

La lucha principal era entre el Partido de los Socialistas, que aboga por las relaciones más estrechas con Rusia y la protección de la historia del país, también la de la de mayor bienestar para los moldavos según todas las encuestas, cuando formaba parte como República Socialista Soviética de Moldavia, y, por otro lado, el oficialista Partido Demócrata y ell bloque derechista ACUM, que promueven el sometimiento a los dictados de Bruselas y Washington y la censura y destrucción del pasado soviético.
Por primera vez en Moldova las elecciones se celebran por un sistema electoral mixto con 51 parlamentarios elegidos en circunscripción uninominal y 50 según las listas de partidos.

El Partido de los Socialistas ha ganado las elecciones parlamentarias después de que en las últimas presidenciales, en 2016, fuera elegido como jefe de estado Ion Dodon, antiguo miembro del Partido Comunista, propugnando la neutralidad de Moldova y de las buenas relaciones tanto con Moscú como con Bruselas, algo que puso muy nerviosos a Estados Unidos, la Unión Europea, empeñados de pasar la apisonadora del Drag Nach Osten (avance hacia el este) por la antigua república soviética.
Imagini pentru elecciones presidenciales moldova
Cartel del Partido de los Socialistas en la campaña presidencial
por Ion Dodon

De momento, los moldavos han podido resistir sus planes, aunque, conociendo las curiosos métodos "democráticos" de los gobiernos sometidos a las corporaciones multinacionales de Occidente (entre los que se encuentran desde masiva financiación de ONG,s, compra de voluntades y campañas de propaganda mediática, hasta acciones terroristas u organización de golpes de estado), no parece previsible que se acepten sin más los resultados y se espera que, como poco, se incrementen las acciones de desestabilización para hacer todo lo posible para que el futuro sea lo más lejano posible a la voluntad del pueblo moldavo.

sábado, 23 de febrero de 2019

Himno proletario, un poema de Vanda Mihail

Imagini pentru bucuresti grafica proletara
Grabado de Vasile Dobrian: "Democratia
proletaria", 1936
Vanda Mihail fue una poeta rumana nacida en 1879, en Bucarest, Rumania, que debutó ya en su adolescencia en periódicos socialdemócratas como Lumea Noua (Mundo Nuevo).

Colaboradora habitual de la prensa obrera de principios del siglo XX, en 1915 escribió su único volumen de poemas, Poezii (Poesias), en el que está incluído este Himno proletario, que parece anticipar la próxima Revolución Soviética que en 1917 cambiaría el mundo para siempre, derrumbando todos los diques.

El poema Himno proletario, traducido por VKR, aparece en la recopilación de Poezia Muncii (Poesía Obrera) realizada en 1931 por N. Deleanu, y que recoge la obra de varios escritores rumanos del primer tercio del siglo XX con sensibilidad social y que escribieron al servicio de la clase obrera y por el triunfo del Socialismo.


Himno proletario

Como aves de paso
parecen vagar descarriados
en largas filas hacia el horizonte
animados por el deseo de vivir.

A la señal, la multitud despierta,
y marcha unida cantando en alto
la historia de su vida encadenada
desde el nacimiento a la muerte.

Va creciendo la clase proletaria
multiplicándose hasta el infinito
el grito por la sagrada justicia
que agita la atmósfera.

!Luchad, héroes, contra el sufrimiento!
En vosotros hay un espíritu audaz
y cuando la ola se haga gigante
derrumbará todos los diques.

lunes, 18 de febrero de 2019

Imágenes de los trabajadores en la gráfica rumana

En 1982 la Editorial rumana Meridiane publicó un interesante libro de Dan Călin, “Imaginea muncitorului în grafica românească”, (Imágenes de los trabajadores en la gráfica rumana").

En esta obra se hace una recopilación de la presencia del trabajador en la gráfica rumana, tanto antes como después de la proclamación de la República Popular Rumana, en 1948.

Las intenciones del autor son claras: mostrar como entre los artistas socialistas el trabajador es el principal objetivo de la creación artística, del mismo modo que lo será también en la sociedad socialista, aunque en este csao también en la economia, la educación, o la política.

El arte socialista rumano homenajea al constructor de la riqueza: el trabajador, tanto los obreros como los campesinos. No solo se les representa en sus diferentes oficios y esfuerzos en la producción, sino también sumidos en sus problemas durante los años de dictadura capitalista (como el desempleo, el accidente laboral), y sus luchas en contra de la explotación y las injusticias sociales, a través de huelgas, manifestaciones y revueltas (como el diseño del pintor Nicolae Tonitza sobre la matanza por parte de la policia en 1918 de decenas de trabajadores en una huelga de tipografistas en Bucarest).

Las imagenes que aparecen en la obra son muchas, pero a continuación compartimos aqui algunas de ellas; una pequeña muestra de las creaciones de algunos de los artistas gráficos mas importantes del socialismo rumano:

Marcel Chirnoagă - "Crecen bosques de pozos petroliferos"

Iosif Klein - "Sin trabajo"

Vasile Dobrian - "La muerte del huelguista", 1932

Aurel Jiquidi - "La Internacional"

Nicolae Tonitza - "13 Decembrie 1918, 7 de la tarde"

Vasile Dobrian - "La muerte del huelguista", 1937

Nicolae Cristea - "Accidente de trabajo", 1932
Ghoerghe Cegokloff - "Minero"

Leon Alex - "El obrero"

Anonimo - "Liberación"

Gheorghe Labin - "Obreros de la construcción"

Vasile Dobrian - "Pensionista"

Erno Grunbaum - "Obreros de la Construcción"

Aurel Ciupe - "La fabrica no funciona. Tres parados", 1932

Eva Cerbu - "Almacén de bobinas"

Eva Cerbu - "Fábrica de pan"

Marcel Chirnoagă - "La lucha"

Cornelia Daneţ - "Tornero"

Szabo Bela - "Caldereros"

Natalia Matei-Teodorescu - "Reparación de herramientas"

Ladislau Feszt - "En la cantina"

Natalia Matei-Teodorescu - "Descanso"

jueves, 24 de enero de 2019

Con republicanos españoles en la Resistencia Francesa, Anghel Haralampie

Anghel Haramlapie fue uno de los más de 500 trabajadores rumanos que lucharon contra el fascismo en España como miembros de las Brigadas Internacionales. Como muchos de los brigadistas, después estuvo encerrado en los campos de concentración franceses, teniendo prohibido regresar a su patria si en ella había un gobierno fascista, como en Rumania.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los que lucharon en España contra el fascismo no dudaron en formar parte también como voluntarios de los ejércitos que se enfrentaron a Hitler y a Mussolini, o de los movimientos partisanos que se crearon en los países ocupados.

En 1969 se publicó en la República Socialista Rumana, por la Editura Política, el libro Rumanos en la Resistencia Francesa, donde muchos de los que formaron parte de las organizaciones de partisanos franceses escribieron sus experiencias en la lucha contra el fascismo en Francia.

En el artículo que hemos traducido y que publicamos a continuación, Con los republicanos españoles en la Resistencia Francesa, Anghel Haralampie, que también lucharía como voluntario en las Brigadas Internacionales en España, nos cuenta cómo fue su participación en los grupos guerrilleros franceses y, con más interés si cabe, su experiencia tras el final de la Segunda Guerra Mundial, luchando en los maquis que cruzaron a España desde Francia para combatir al franquismo.


***



Con republicanos españoles en la Resistencia Francesa, por Anghel Haralampie


En septiembre de 1939, cuando estaba recluído en el campo de concentración de Gurs, en el sur de Francia, junto con otros voluntarios de las Brigadas Internacionales, las autoridades nos pidieron que nos uniéramos como voluntarios a los regimientos que se estaban formando para luchar contra las tropas nazis. Junto con un grupo de camaradas rumanos, acepté sin dudar la propuesta. 

Después de una corta instrucción en Barcarès, fuimos enviados al frente del norte, encuadrados en el Regimiento 12 de infantería. Este regimiento estaba formado por hombres de diversas nacionalidades, aunque predominaban los españoles y franceses. 

En la región de Pas-de Calais participaríamos (entre diciembre de 1939 y mayo de 1940) en la famosa "drôle de guerre" (guerra rara[1]). que se terminó con la invasión y ocupación de Francia por el ejército alemán.

En julio de 1940, después del armisticio, fuimos desmovilizados e internados de nuevo en Gurs, pero en esta ocasión aislados del resto de los voluntarios que habían formado parte de las Brigadas Internacionales en España y que se encontraban también en aquel campo.

Poco tiempo después, a causa de que teníamos la cartilla militar de soldados franceses, fuimos liberados del campo, ofreciéndonos la posibilidad de trabajar en las granjas de la región, donde permanecimos unos tres meses, trabajando a cambio de comida. Pero tras aquel periodo, nos presentamos en la prefectura de la ciudad de Pau, que nos concedió un permiso para trasladarnos a Marsella.

Allí nos encontramos con otros rumanos y quedamos entre todos en intentar regresar a Rumania. El consulado rumano[2], al que nos dirigimos, rechazó nuestra vuelta a casa, argumentando que habíamos luchado en un ejército extranjero, perdiendo con ello la ciudadanía.

La necesidad hizo que, junto con Alexandru Bulc e Iosif Balan, nos pusiéramos a trabajar como leñadores en los bosques de Bouches-du-Rhône, después en Vaucluse y, más tarde, durante un tiempo en Drôme.

Se trataba de una región montañosa, donde la humillación sufrida por la derrota de Francia y el saqueo del país por parte de los ocupantes hizo que se prendiera en el ánimo de los franceses una poderosa llama de odio hacia los invasores alemanes. La resistencia política contra los ocupantes y los traidores empezó a hacerse notar en estos lugares alrededor de principios de 1941. Y, hay que decirlo, los más activos animadores de los movimientos por la unidad contra el fascismo eran los comunistas. Pronto se impuso la necesidad de no quedarse atrás con respecto a otras regiones en lo referente a la lucha clandestina contra las fuerzas represivas de los invasores y los colaboracionistas de Vichy.

Los primeros pasos en la preparación de las acciones posteriores consistieron en armar a los hombres disponibles con escopetas de caza y revólveres procedentes del desarme de los gendarmes por el pueblo.

Como he dicho, por aquel entonces me encontraba en el departamento de Drôme. Trabajaba en una carbonera haciendo carbón vegetal, combustible con el que se sustituía la gasolina en los motores, adaptándolo para este menester. Los carboneros estaban entonces muy solicitados y muchos de los que vivían en la clandestinidad escaparon de esta forma a la vigilancia de las autoridades.  Se trabajaba en el corazón de los bosques, en lugares poco accesibles. De hecho, aquí se formaron los primeros núcleos de la resistencia, preparándose para entrar en acción.  Una vasta red de informadores, formada por campesinos de la zona, nos indicaba continuamente si aparecía algún peligro o sobre cualquier movimiento de las fuerzas del orden. En todo caso, raramente se aventuraban los gendarmes por aquellas zonas.

Así se efectuó la preparación militar de los jóvenes maquis, en los llanos de los bosques, protegidos de ojos indiscretos.

La resolución de resistir de la población se concretizaba también mediante la ayuda que daban a los maquis, avisándonos cuando las cartillas alimentarias llegaban al ayuntamiento. Era sabido que los alimentos estaban racionados y distribuidos en cantidades muy pequeñas. Las cartillas eran recuperadas en un simulacro de ataque por los grupos de partisanos, con la complicidad de los patriotas que trabajaban en la alcaldía.

Hacia la mitad del año 1943, el movimiento de la Resistencia se había desarrollado hacia formas más complejas.  Se constituyeron seis batallones de 150 hombres cada uno. Las acciones estaban dirigidas por la comandancia de la región F.T.P.F.[3], al frente de la cual estaba un camarada francés cuyo nombre de guerra era „París”.

Nuestras armas habían sido recuperadas de la guardia movil (gendarmes a caballo), y constaban de carabinas, pistolas automáticas y ametralladoras.

Tras haber sido conquistada también la „zona sur” por la armada de Hitler, una parte de las fuerzas encuadradas en las unidades militares francesas (del „ejército del armisticio”)[4], que estaban destinadas en los departamentos de Drôme, Vaucluse e Isère,  se integraron en los batallones del F.T.P.F., trayendo consigo su armamento (también algunos cañones que habían escondido y puesto a salvo tras la invasión alemana), consiguiéndose liberar después casi toda la región de Drôme.

En un principio, estos militares franceses no participaron en todas las acciones organizadas directamente por el F.T.P.F. Nos entregaban armamento y nosotros, a cambio, les aprovisionábamos con alimentos, pues disponíamos de ellos debido a la colaboración estrecha con la población local.

Teniendo en cuenta todo lo relatado más arriba, era de esperar que las tropas alemanas se lanzaran, tarde o temprano, contra los partisanos. Los primeros ataques fueron dirigidos principalmente contra las fuerzas ubicadas en el monte Venton (entre Vaison y Sault), y se realizaron en combinación con la aviación, que incendiaba grandes superficies de bosque con la intención de hacer arder las posiciones de los maquis.

Los bosques fueron presa de las llamas, pero nosotros teníamos amplias posibilidades de maniobra. Así que continuamos golpeando a los ocupantes con tácticas de guerrilla, con rápidos ataques sorpresa: nuestros principales objetivos eran, en especial, cuarteles y centros de instrucción alemanes. Las operaciones eran llevadas a cabo por grupos de 3 o 4 hombres, tanto con camiones como con bicicletas. Atacábamos barriendo el objetivo con ráfagas de metralleta y lanzando granadas.

En noviembre de 1943 atacamos en Vaison un cuartel ocupado por militares nazis. La operación había sido minuciosamente preparada, participando en ella unos 200 partisanos. Era la primera operación realizada con fuerzas masivas. El ataque duró cuatro horas, causando al enemigo graves pérdidas. Nosotros perdimos 23 hombres. Los alemanes, recuperándose del estupor causado por nuestro raudo ataque, intentaron tomar represalias y destruir un pueblo en el que sospechaban que nos habíamos refugiado, pero su tiro de artillería no fue bien calibrado y todos los obuses cayeron más allá de su objetivo.
Imagini pentru campo de concentracion de gurs
Campo de concentración de Gurs

Recuerdo otra operación que iba a efectuarse contra una concentración alemana en Séderon.  Desafortunadamente, se saldó con una derrota sangrienta. El enemigo había conseguido, comprándole, la ayuda de un oficial degradado que se encontraba al mando de uno de nuestros batallones. Como el plan de ataque había sido desvelado, los alemanes lograron capturar a 42 compañeros, de los 150 que formaban los efectivos con los que se iba a desarrollar el ataque.

Desarmados y amontonados en camiones, los 42 héroes fueron ejecutados en la plaza de la ciudad, siendo después sus cadáveres arrojados en las aceras. La población fue obligada a asistir, afligida, a aquel sombrío espectáculo nazi.

El resto de nuestras fuerzas, tras lograr refugiarse en los bosques cercanos, se reagruparon. El traidor, finalmente, fue capturado poco tiempo después y ejecutado.

El fracaso de la acción provocó un acerbo ambiente de lucha, intensificando todavía más el odio contra los invasores.

Otra operación digna de ser recordada, en esta ocasión de mayor magnitud, tuvo lugar en el año 1944, tras el desembarco de los aliados en las playas de Normandia, y en la que participé también yo. Se produjo en las circunstancias de la retirada de las tropas nazis del departamento de Drôme.

En su repliegue, y para salvar su piel, los alemanes destruyeron el armamento pesado (tanques, cañones, y otros). Se dirigían hacia Valence, desde donde pensaban continuar su retirada Rodano arriba.  Las unidades de la Resistencia intentaron cortarles el camino de acceso a Valence. Sin embargo, los alemanes contratacaron y nos empujaron hacia las arboladas colinas. Después, como yo no había recibido la orden de retirada, me quedé solo en mi puesto de ametralladora, emplazado entre las rocas a una distancia de cerca de 50 metros del lugar donde los alemanes habían montado mientras tanto un cañón antiaéreo, con el objetivo de proteger la columna en su huida. Permanecí en mi puesto durante tres días y tres noches. Después de que el grueso de las tropas se había retirado y mientras pasaba la última columna de alemanes sobre carros de caballos, seguida de la infantería, por propia iniciativa abrí un fuego intenso sobre ellos. Nuestro batallón de partisanos, siguiendo desde la cumbre lo que sucedía, descendió apresuradamente al valle y capturó a los soldados rezagados de la columna alemana. Cuando  me encontraron, mis compañeros me confesaron que me habían creído muerto.

Todas las unidades partieron después persiguiendo a los alemanes, que tenían prisa en embarcarse en Valence. Allí, sin embargo, fueron sorprendidos por las tropas aliadas, que habían desembarcado en el sur de Francia y junto a las que avanzamos hacia el norte. En la batalla que tuvo lugar en Valence hubo muchas víctimas por ambos lados.

Fue mi última participación en los combates sobre el territorio francés. La, sin embargo, todavía no había terminado para mí.

En aquel final de año de 1944, el clima político generado por la inminente derrota del nazismo por las fuerzas antifascistas aliadas, con la URSS al frente, iba a inflamar el ánimo de los combatientes republicanos españoles, cuya patria sangraba bajo el terror franquista.

En este contexto histórico, los españoles que tanto contribuyeron a la liberación de Francia, en su deseo ferviente de impulsar el movimiento de Resistencia para liberar su propia patria, decidieron reagrupar las fuerzas que habían luchado en las formaciones del F.T.P.F. y continuar la lucha en España. El reagrupamiento tuvo lugar en el mes de noviembre de 1944, en Montélimar, departamento de Drôme. Me uní también yo con entusiasmo a esta acción con la que me sentía tan identificado.

Dotados con armamento ligero y contando con algunos medios de transporte, los cerca de 35.000 combatientes marchamos a Toulousse, desde donde teníamos que dirigirnos a la frontera española.  El reagrupamiento duraría unas tres semanas.

Imagini pentru maquis cruzando los Pirineos
Llegamos a la frontera, que cruzamos por un territorio extenso, entre Bayonne y Perpignan. Estando el ataque muy bien coordinado, logramos liberar un territorio español de una extensión aproximada de 35 kilómetros.  Liquidamos la resistencia de los puestos de la Guardia Civil española, manifestando la población local un entusiasmo indescriptible. Pero desasfortunadamente, después de 25 días, las autoridades francesas nos dieron la orden de regresar a territorio francés. En caso contrario, amenazaban con cerrar la frontera a nuestras espaldas.

No voy a dar más explicaciones sobre las causas de esta medida dictada por las autoridades francesas, que se hicieron claras en una fase posterior de la situación política. Al regreso, sin embargo, tuvimos la precaución de esconder una parte de nuestras armas en las montañas.

Pronto nos organizamos de nuevo, y en esta ocasión de modo clandestino, en pequeños grupos de unos 7-10 hombres. Así que en el mes de diciembre de 1944 me encontraba al frente de un grupo de siete combatientes que penetró de nuevo en tierra española.

Después de unos 15 días, durante los que encontramos en nuestro camino a otros grupos de partisanos españoles,  continuamos avanzando hacia el interior de España, siguiendo las cadenas montañosas hacia el sur, donde operaban desde hacia muchos años formaciones guerrilleras. En un pueblo de Andalucía, cerca de Córdoba, atacamos un cuartel de marroquíes. El cuartel fue tomado por sorpresa en plena noche. Éramos casi 300 partisanos. Tras el exitoso ataque, que se saldó con una gran parte de los efectivos franquistas diezmados, se nos ordenó hacer economía de municiones y retirarnos a las montañas, siguiendo un itinerario establecido previamente.

En los montes de Córdoba permanecimos casi 15 días y, después de terminar de reagruparnos, una parte de los combatientes extranjeros volvimos de nuevo a Francia. Nuestro peregrinaje por territorio español, con algunas escaramuzas por el camino, duró seis meses. El 9 de mayo de 1945 me encontraba otra vez en Francia.

Tras la victoria sobre las oscuras fuerzas fascistas el 9 de mayo de 1945, fui desmovilizado, regresando a mi país en diciembre de 1945.

Echando la vista atrás hacia aquellos años, no puedo terminar esta breve retrospectiva sin evocar, lleno de reconocimiento, la satisfacción moral que me aportó el contacto directo con los camaradas de lucha, con la población francesa y española. Aquellas vivencias grabaron profundamente en mi corazón el afecto hacia los pueblos que luchan por defender su independencia, por la humanidad y por la liberación del hombre de toda explotación.

[1] En español se suele conocer como "guerra de broma", a veces también como "la guerra falsa" o "guerra ilusoria", aunque el autor del artículo la traduce en rumano como "ciudate razboi", guerra rara. En francés se utiliza el término "drôle de guerre", refiriéndose al tiempo pasado en la S.G.M. desde la declaración de guerra de Inglaterra y Francia a la Alemania nazi, el 3 de septiembre de 1939, hasta la invasión por parte de esta a Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo, el 10 de mayo de 1940, periodo en el que aunque las tropas franco-inglesas se habían movilizado, no realizaron ninguna acción militar. (Nota del T.)

[2] Rumanía tenía entonces un gobierno fascista dirigido por el Mariscal Antonescu, bajo el reinado del rey Mihai I (Nota del T.)

[3] Francotiradores y Partisanos Franceses (FTPF) (Nota del T.)

[4] Si bien la Wehrmacht no estaba estacionada en la zona libre, la seguridad interna de ésta dependía solamente de las fuerzas policiales del régimen y de un ejército francés (el "ejército del armisticio") reducido a solamente 100.000 hombres en todas sus armas, sin artillería pesada ni tanques (Nota del T.)
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