lunes, 27 de julio de 2015

Rumanía prohibe el "culto" a Ceaușescu

  "El sistema socialista terminará por reemplazar al sistema capitalista: ésta es una ley objetiva, independiente de la voluntad del hombre. Por mucho que los reaccionarios traten de frenar la rueda de la historia, tarde o temprano se producirá la revolución y, sin duda alguna, triunfará".
Mao Tse-Tung 
Discurso en la reunión del Soviet Supremo de
la URSS en conmemoración del 40 aniversario
de la Gran Revolución Socialista de Octubre
(6 de noviembre de 1957).

El nuevo presidente de Rumanía, Klaus Iohannis, ha firmado recientemente una nueva ley que prohibe y sanciona el "culto a las personas culpables de genocidio como también de las doctrinas fascistas, legionarias, racistas y xenófobas". Aunque aparentemente no parece nada fuera del otro mundo, la ley oculta un objetivo principal que, sin embargo, se disimula en el título de la ley.

Iohannis bromeando con Merkel ¿sobre lo bien que les va a costa
de la mano de obra barata rumana?
Como explica el consejero presidencial Andrei Moraru, uno de esos personajes que se forra con el dinero público sin que se sepa muy bien cual es su función concreta y sus méritos, salvo ser amiguete del presdidente, ha explicado que, aunque no se cite el comunismo en ninguna parte de la ley el objeto principal de esta es la prohibición del "culto" a Nicolae Ceaușescu en Rumanía (¿existe realmente tal cosa salvo en los casos en los que un puñado de nostálgicos se reunen en el cementerio en fechas señaladas, como su cumpleaños o aniversario de ejecución?). Como toda colonia, llevada por el viento que sopla también en las metrópolis, esta ley se aplicará también, y especialmente, en las redes sociales. Este tipo de políticas represivas se están extendiendo por toda Europa, como sabemos bien, por ejemplo, los españoles con la reciente Ley Mordaza, o la no menos reciente prohibición de toda actividad política comunista en la fascista Ucrania.

El que fuera antes presidente del Instituto de Investigación de los Crímenes del Comunismo y la Memoria del Exilio Rumano (IICMER), institución cuyo nombre no oculta sus objetivos políticos y clasistas, "esta ley incluye por primera vez la difusión de propaganda por medios electrónicos. Desde este momento, las autoridades públicas deben perseguir e indentificar a los infractores de esta ley (...) El culto a Nicolae Ceaușescu está prohibido oficialmente en Rumanía, puesto que esta ley sanciona el culto a las personas culpables de crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y genocidio. Como sábemos -dice él personaje- Nicolae Ceaușescu fue condenado el 25 de diciembre de 1989 por un Tribunal Militar de Excepión por genocidio, según el artículo 357 del Código Penal".

Esta ley valida pués, algo inédito hasta ahora, el juicio sumarísimo (e inválido según las propias leyes de Rumania) a Ceaușescu y su esposa el día de Navidad de 1989, tras el cual fueron inmediatamente fusilados, sin derecho a apelación, sin poder elegir abogado ni respetarse procedimiento judicial alguno. Con esto también se reconoce, pues, que la justicia de esta supuesta democracia capitalista no es más que otra pantomima como aquel juicio.

¿Qué se persigue con esta ley? ¿A qué viene prohibir el culto a Ceaușescu en un país dónde prácticamente la única reacción de los trabajadores ante la tiranía del capital de los últimos 25 años ha sido la huida a otro país para poder encontrar un trabajo?

En primer lugar, la profundización de la crisis capitalista, el aumento de las contradicciones en toda Europa, además del agravamiento de la lucha por la hegemonía con otras potencias económicas como China o Rusia, están aumentando el miedo de la clase dominante ante las crecientes protestas y reacciones populares en el continente. Europa se está conviertiendo poco a poco en una olla a presión social, y aunque aparentemente en paises como Rumanía todo está en calma, las continuas vueltas de tuerca de las mafias capitalistas para limitar los derechos y conquistas sociales y laborales de la clase obrera, la gran burguesía y sus mayordomos están empezando a tener flojera intestinal. Por si acaso, están empezando a poner impedimientos a todo lo que pueda favorecer, de lejos o de cerca, su posible pérdida de privilegios en un futuro.
El juicio-farsa a Nicolae y Elena Ceaușescu
Para ello, la élite parásita no duda en utilizar a la justicia para conseguir sus fines, en este caso mediante la persecución del genocidio, término que, como todos, es usado a imagen y semejanza de los intereses de los que tienen el poder en sus manos; en este caso, mientras se acepta la sentencia de un juicio, el de la Navidad de 1989, que nadie hasta ahora ha considerado legal, ni siquiera los que participaron en él, se mira para otro lado cuando se trata de los crímenes de guerra evidentes de la OTAN, de la que es miembro Rumania, de las matanzas contra la población civil de Estados Unidos o ante genocidios raciales y religiosos como los del sionismo en Palestina.

En segundo lugar, aunque en Rumania no exista nada que pueda ser definido como "culto a Ceaușescu", la oligarquía tiene cada vez más claro que los rumanos echan de menos la época socialista, el trabajo digno y estable, la gratuidad y calidad de la sanidad y la educación (al menos teórica, porque la cada vez mayor fuerza de la burguesía interior hizo que la corrupción se fuera convirtiendo en hábito y médicos y profesores la aceptaran o incluso exigieran mientras el partido y las autoridades miraban para otro lado), asi como la tranquilidad de una sociedad en la que la fuerza de trabajo no era una mera mercancia de usar y tirar sino la base de la riqueza y de la sociedad.

Con respecto a lo anterior, y antes de proseguir, es necesario, sin embargo, no olvidar lo siguiente: esa añoranza no está basada en que en aquella época las masas tuvieran una participación extraordinaria en las decisiones políticas o económicas, o en la nostalgia de la democracia socialista, que prácticamente ya no existía, en virtud del abandono en los años 50 de la lucha de clases y del internacionalismo por el partido y el desarrollo consiguiente de una nueva élite que, agazapada en los cargos políticos y culturales, como garrapatas a la espera de la oportunidad de acabar con las limitaciones a su enriquecimiento, momento que llegó con el golpe de estado de diciembre de 1989, perpetrado por la misma élite que dominó la sociedad rumana en las dos décadas anteriores y que, salvo alguna que otra excepción, fue la misma que siguió haciéndolo en los años posteriores a la reistauración definitiva del capitalismo.

Iliescu, Constantinescu y Basescu, junto con Iohannis los cuatro
presidentes de la colonia Rumania. Por cierto, los cuatro miembros
del Partido Comunista de Rumania en 1989
En todo caso, la oligarquía rumana sabe que encuesta tras encuesta, la mayoría de los trabajadores ha señalado que los años que se etiquetan como "de Ceaușescu" (aunque este líder político no se enteraba ni de la misa la mitad de lo que pasaba en su país, bien controlado por toda esa burguesía revivida que ni de lejos quería dejar en sus manos el proceso de minado del socialismo), se vivía bastante mejor que en los actuales, algo que, por otra parte, es de perogrullo desde el punto de vista material, (el desempleo era un concepto de ciencia ficción -algunos no se creían que pudiera existir tal cosa en los paises occidentales-, la estabilidad laboral hacía que la gente no viviera con el estrés constantemente sobre sus lomos, el ocio era considerado un derecho y no una obligación consumista, etc...), aunque en ningún caso desde el político (los trabajadores estaban prácticamente igual de excluidos en los últimos años del poder).

Por ejemplo, el pasado año 2014, el 69% de los rumanos respondieron a una de las últimas encuestas que se vivía mejor durante el comunismo y que, sobre todo, echaban en falta en la actualidad el empleo y el "vivir bien" de la éooca socialista, mientras los resultados demostraban que Ceaușescu sería el presidente más votado si se presentara a las elecciones. Todo ello demuestra que lo que se persigue no es ningún "culto", sino la evidencia de que el capitalismo es un desastre y que los rumanos cada vez se dejan engañar menos, como si sucedió en muchos casos en los años 90, con el mito del "paraiso capitalista".

Y es que, como pasa en toda Europa, y en realidad en todo el mundo, pues como ya dejaron meridianamente claro con sus análisis Marx y Engels, el capitalismo lleva dentro de sí el germen de su destrucción y, en su avance autodestructivo, tan solo sigue las leyes objetivas de su desarrollo cuyas consecuencias definiera en la certera cita que da inicio a esta entrada el camarada Mao Tse Tung:

sábado, 25 de julio de 2015

La tragedia demográfica en la Rumanía capitalista: Cada cinco minutos un rumano se va del país

No es ningún secreto que Rumanía, como todos los paises en los que se impuso un régimen capitalista en los años 90, sufre una tragedia demográfica; una crisis que se agrava día a día, y que, si se tratara de un pais socialista, sería etiquetada en todos los medios de propaganda occidentales como de un verdadero genocidio social.

Coforme a los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística de Rumanía (INS), el 1 de julio de 2015 la población residente en este país era de 19.535.841, un 3% menor que en 2011, fecha en la que se realizó el último censo.

En concreto, Rumanía pierde un habitante cada 3 minutos y 19 segundos: según la estadísticas,  nace un bebé cada 2 minutos y 42 y alguien muere cada 2 minutos y 3 segundos; pero el dato fundamental es que cada 5 minutos y 27 segundos un rumano huye de su país por motivos económicos.

En el último año, los principales beneficiarios de esa emigración masiva son Italia, donde viven un 5% más de rumanos que en 2014, y Alemania, donde los inmigrantes de Rumanía han crecido un 33% frente a ese mismo año.

Recordemos que en 1990 se empezó a aplicar en Rumanía la terapia de choque capitalista diseñada en Washington, dos de cuyas principales consecuencias han sido la destrucción de más de 4 millones de puestos de trabajo, prácticamente la mitad de los casi existentes en el momento del golpe de estado de diciembre de 1989, y la consiguiente huida masiva de trabajadores en busca de un empleo.

jueves, 23 de julio de 2015

Transnistria moviliza a los reservistas frente a las amenazas de la OTAN

El gobierno de Tiraspol ha decratado la movilización general de los reservistas y de los jóvenes que todavía no han realizado el servicio militar por estudios. El decreto del presidente Yevgeny Shevchukes una respuesta a las amenazas cada vez más peligrosas de las tropas de la OTAN y de sus vasallos, Ucrania y República Moldova, países que rodean el territorio de Transnistria.

Según la prensa moldava, el ejército de Transnistria cuenta con unos 8.000 soldados en activo, más 80.000 reservistas, muchos de ellos universitarios.
Blindado con la bandera transnistria
Estados Unidos y la OTAN están multiplicando sus maniobras militares en el este de Europa, tanto en Rumania, Moldova como en Ucrania, además del proceso de instalación del famoso escudo antimisiles que, a pesar de su nombre y de la propaganda que intenta esconder su verdadero objetivo, tiene funciones ofensivas y amenaza directamente a Rusia y a los paises díscolos con Washington y Bruselas.

El próximo 31 de julio, por ejemplo, unos 2.000 soldados de 18 países participan en las maniobras militares puestas en marcha por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la provincia de Lvov, en el oeste de Ucrania, muy cerca de Transnistria, algo que tanto Rusia como Tiraspol consideran una provocación y una amenaza. Además de soldados de EEUU participan efectivos de naciones como Bulgaria, Reino Unido, Lituania, Polonia y Rumanía.
Según el experto militar Viktor Kravtsov, Tiraspol durante 10-15 días será capaz de movilizar hasta 50.000 reservistas bien entrenados, pudiendo formar cinco divisiones de infantería. Las dos primeras divisiones se pueden formar en 5-7 días. Las armas y el equipo militar son suficientes para dotarlos con garantía. Con tal fuerza militar Transnistria puede rechazar con confianza una ofensiva, tanto de la Ucrania y de MoldaviaEsta semana el presidente de Transnistria está de visita en Moscú. Allí se ha entrevistado con el presidente de la Duma, Serghei Narichkin, para discutir problemas de "importancia bilateral". 
En su discurso, Shevchuk ha agradecido a Rusia "su importancia y eficiencia para mantener la paz en su país". Hay que recordar que en Transnistria existen actualmente más de 1000 soldados rusos, cuyo objetivo es "mantener la paz" en la región.

En 1991, durante el ataque de EEUU, Rumania y Moldavia a Transnistria, tras declarar esta su independencia, los soldados rusos destinados en Tiraspol desobedecieron las órdenes del borracho Yeltsin y se unieron a la lucha del pueblo transnistrio, consiguiendo derrotar a los agresores. Desde entonces, la situación es de tensión, aunque hasta hace unos años, hasta el inicio de la última gran ofensiva de la OTAN contra la Federación Rusa, la situación era tranquila. 
Actualmente las cosas han cambiado, y las continuas injerencias y agresiones de la OTAN han provocado que los trasnistrios vuelvan a temer por su seguridad, sabiendo de primera mano como las gastan los sanguinarios yankees y sus aliados. No obstante, muy cerca, en el este del país vecino, Ucrania, las repúblicas independientes de Donesk y Lugansk, en la misma situación legal e internacional que Transnistria, están sufriendo la brutal agresión que el gobierno de Tiraspol se teme para su país en el futuro cercano.

El pasado mes de mayo, 137 organizaciones de Transnistria firmaron una petición a Moscú solicitando que, en caso de ataque, la Federación Rusa defienda su soberaní. Transnistria, aunque capaz de vencer a sus paises vecinos, es un país (aunque no esté reconocido ni siquiera por Moscú) pequeño, que no podría hacer frente en solitario a una agresión de ejércitos más poderosos, como los de la OTAN, una situación hipotetica que, visto lo visto, cada vez parece más factible.

lunes, 20 de julio de 2015

Craiova: Solidaridad con el pueblo griego

El camarada Silviu Somocu, uno de los pocos comunistas rumanos que no han dejado de ser activos en los últimos 25 años, nos ha enviado desde Craiova, ciudad al sudoeste de Rumanía, capital de la provincia de Dolj, la siguiente información.

El día 15 de julio, tras el golpe de estado ejecutado por la troika en Grecia, a pesar de la votación masiva en contra de sus imposiciones económicas en el referendum del pasado 5 del mismo mes, se llevó a cabo en esta ciudad una acción en solidaridad con el pueblo griego.

La acción, organizada por el Partido Socialista Rumano (antiguo Partido Alianza Socialista), la Asociación por la Emancipación de los Trabajadores y el Grupo Crítica Social, participando también otros movimientos como el Grupo Diy Craiova.

Simultaneamente a las protestas efectuadas en todo el mundo, frente a la prefectura de la ciudad, un grupo de manifestantes mostraron pancartas en las que se podía leer cosas como "OXI significa NO", "El capitalsmo es la crisis", "!Grecia, stop U.E.!", "Grecia Resistencia, no capitulación" o "Austeridad es lucha de clases".

Al mismo tiempo, en el salón de actos del Partido Socialista Rumano de Craiova tuvo lugar un debate sobre la actual crisis capitalista y sus efectos en Grecia. Los participantes remarcaron que el capitalismo es ya un sistema podrido y que es imposible solución alguna en su marco, siendo necesario escapar de él: a través del control popular del poder, la neutralización del poder de la oligarquía a través de la nacionalización de los bancos y los grandes monopolios, la anulación de la deuda externa, etc... En concreto, en el caso griego, la única solución posible es la resistencia a las imposiciones de la dictadura encarnada en la troika (FMI, BM, UE), y no, en ningún caso, la negociación para salvar el sistema.

El nuevo memorandum, actualmente ya aprobado por el gobierno de Syriza y el Parlamento griego, pero que en el momento de la manifestación aún no lo había sido, tiene como fin salvar los intereses de la minoría que controla y se beneficia de la U.E., y está en contra, evidentemente, de la voluntad popular.

Además de expresarse la solidaridad con el pueblo griego frente a la troika, se condenó también a los políticos rumanos que sostienen los planes de austeridad y las estructuras de la oligarquía europea e internacionales como también a la prensa corrupta que manipula a la opinión pública en favor del terrorismo financiero.

La protesta de Craiova no tiene importancia por la cantidad de asistentes, ni por su efecto mediático entre la población (por supuesto, los medios de propaganda han silenciado en Rumania todo lo que supone apoyo al pueblo griego contra el ataque sufrido por la U.E. y los organismos internacionales), sino porque supone una muestra del lento despertar de los rumanos del profundo sopor en el que han estado sumidos durante estos últimos 25 años, desde el golpe de estado de diciembre de 1989.

Es, por lo tanto, una buena noticia que, aunque ese despertar sea lento, cada vez haya más jóvenes rumanos, tanto en el interior del país como fuera de él (algo bueno tenía que tener la emigración forzada de más de tres millones de trabajadores), que van comprendiendo cual es el verdadero enemigo de todo trabajador, y zafándose de la hipnosis mediática impuesta, a la par que la terapia de choque neoliberal, desde los años 90: mientras la segunda destruyó toda la economía del país convirtiéndole en una colonia totalmente dependiente de las potencias capitalistas extranjeras, la propaganda mediática forzó el sometimiento de sus víctimas para que aceptaran su dominación. 
Es inevitable que, mientras el capitalismo siga dando vueltas de tuerca a la brutalidad de su explotación, la clase trabajadora, todavia hoy en su mayoría con la venda en los ojos y la zanahoria en el hocico, vaya abriendo los ojos a la realidad de la tiranía de una minoria sobre la mayoría y de la falsedad de la democracia burguesa diseñada, dirigida y controlada por la oligarquía económica, y que solo a ella beneficia. 

Igualmente, es importante que los pequeños partidos que van surgiendo, muchos de ellos todavía convencidos de la posibilidad de cambiar desde dentro la U.E., vayan dándose cuenta poco a poco, y eso sucederá conforme vayan empeorando las condiciones objetivas y cambiando las subjetivas,  de que la única forma de evitar la barbarie capitalista es destruyéndola, no contemporaneizando con ella.


viernes, 17 de julio de 2015

Las sucias manos del capitalista (ilustración de los años cincuenta)



En la leyenda de la caricatura publicada en los años 50 en el diario del entonces llamado Partido de los Trabajadores Rumanos (P.M.R.),  „Scânteia“,  decía así: „Munca chiaburească: Am muncit toată viaţa cu mâinile astea“ (el trabajo de los burgueses: trabajamos toda la vida con estas manos).

En cada dedo de la mano de la realista representación de un miembro de la clase burguesa aparece escrita una de las características en que se basa ese "trabajo sucio" a través del que se enriquecen los capitalistas. De izquierda a derecha: ROBO, SOBREPRECIO, EXPLOTACIÓN, EVASIÓN FISCAL, MENTIRA, USURA, ESPECULACIÓN, RUMORES, SABOTAJE, SAQUEO.

Como vemos las principales armas usadas por los mafiosos capitalistas para vivir a costa de la riqueza creada por los trabajadores han cambiado poco.

El ilustrador del diario comunista, del que ignoramos el nombre,  representa muy acertadamente las sucias manos del todo capitalista, con las que está dispuesto a cometer cualquier crimen necesario para defender sus privilegios y expoliar los recursos de los trabajadores y de los pueblos.

jueves, 16 de julio de 2015

Boicot a Alemania

Los alemanes ya dejaron a Grecia hecha una ruina el siglo pasado. Ahora vuelven a intentarlo

Las redes sociales se han ‘incendiado’ con el uso masivo de la etiqueta #BoycottGermany (‘boicot a Alemania’) que nace con el objetivo de bloquear la compra de servicios y productos germanos a modo de protesta ante el acuerdo sobre la deuda griega alcanzado entre Alexis Tsipras y el Eurogrupo, que ha sido aprobado por el Parlamento heleno el 15 de julio.
Multitud de internautas en las redes sociales muestran, mediante el uso de la etiqueta #BoycottGermany (‘boicot a Alemania’), su descontento con el acuerdo sobre un nuevo programa de rescate para Atenas a cambio de una serie de reformas y medidas de austeridad, alcanzado entre Grecia y el Eurogrupo el pasado lunes, y la dura línea política que está siguiendo Alemania, con Angela Merkel a la cabeza.

Así, se está expandiendo una iniciativa que anima a todo el mundo a comenzar un boicot contra la compra de productos alemanes a la vez que miles de usuarios indican, junto a sus críticas a las políticas de Berlín, los códigos de barras de los productos alemanes (400 a 440) para evitar su consumo.

Además, dado que el objetivo es mostrar cercanía con el pueblo griego y su apoyo a Atenas, mediante la etiqueta —que se ha utilizada ya más de 30.000 veces— animan al consumo de todos los productos que cuenten con el código de barras heleno (520).

Asimismo, existen otras etiquetas que rechazan las políticas de austeridad en el país heleno y se viralizan en las redes sociales, como la tendencia #EstoEsUnGolpe, que se originó a partir de un tuit de Sandro Maccarrone, profesor de física de la ciudad de Barcelona. “La propuesta del Eurogrupo es un golpe de Estado encubierto contra el pueblo griego”, rezaba el mensaje. En cuestión de horas, recibió 200.000 tuits y llegó a ser el segundo ‘hashtag’ más importante en Twitter en todo el mundo, y el más popular en Alemania y Grecia. El ‘hashtag’ también contó con numerosos seguidores en Finlandia, cuyo gobierno está abierto a la idea del ‘Grexit’.

Un desconocido, de George Călinescu (realismo socialista rumano sobre la farsa democrática)

George Călinescu es conocido principalmente como crítico literario, desde sus primeros pasos en el periodo interbélico con gran sensibilidad social, y miembro del Partido Comunista desde que su partido, fundado por el, el Partido Nacional Popular, se integró en aquel. Siempre estuvo comprometido con la lucha antifascista y con la construcción del socialismo en Rumania, siendo elegido diputado ya en 1946 y seria el director de las tres revistas más incisivas en favor del comunismo de los últimos años de la Segunda Guerra Mundial: "Tribuna Poporului", "Națiunea" și "Lumea".

George Calinescu
Realizó varios viajes a la Unión Sovietica y a China, publicando interesantes descripciones de los logros de amgos estados socialistas.

Tras la visita del escritor guatemalteco Miguel Angel Asturias a la Rumania Popular, en 1963, encantado por la calidad y compromiso social de la literatura rumana socialista, este tradujo una selección de cuentos de algunos de los principales escritores del país, en lo que se tituló Antología de la prosa rumana. Uno de los cuentos elegidos para ser traducidos es uno de Călinescu, "Un desconocido", en el que el autor describe el verdadero funcionamiento de la democracia burguesa y del electoralismo.

Aunque la historia está ubicada en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, cuando el poder era repartido en los despachos entre el Partido Conservador y el Partido Liberal, y los métodos para eliminar a los díscolos que querían realmente servir al pueblo eran más expeditivos, se trata de un retrato de gran actualidad, después de que tras el golpe de estado de 1989 se reinstaurara la "democracia" meramente electoral en la que, con más eficaces métodos, se hace creer al pueblo que es libre de elegir pero al final siempre se elige lo que interesa a la clase dominante, la gran burguesía, el gran capital.

El protagonista de la historia, el honesto Celereanu, se da cuenta de cual es la situación e intuye la solución, y se presenta a las elecciones para cambiar las cosas: "Cualquiera que fuera la solución, la desigualdad de fortunas en favor de un puñado de grandes terratenientes, le pareció muy precaria. Era preciso que la tierra perteneciera a los campesinos. En resumen, su programa mínimo era: otorgar a los campesinos el derecho de expresarse libremente y darles la propiedad de la tierra. Celareanu constató que otros intelectuales pensaban como él y afirmó su fe en sus conclusiones". Sin embargo, en su viaje recorriendo el distrito durante la campaña electoral, bien acompañado y vigilado por un hombre del partido, va descubriendo que la situación es aún peor de lo que creía, además de los entresijos del funcionamiento de esta falsa democracia.
Miguel Angel Asturias

En el cuento tambien se describe al personaje de un político socialista, socialdemocrata, el típico oportunista que sigue plagando los partidos reformistas de hoy día: "En realidad no encontró ningún nexo entre la clase trabajadora y este presunto socialista, a quien se imaginaba agonizando por una gota de grasa que un mecánico hubiera dejado caer por error en su corbata. En verdad, el tal demócrata era un aristócrata decadente, propietario de un vasto dominio, que constituía la dote de su mujer. A pesar de su afectación, este antiguo jefe del Partido Socialista, que se había separado del partido y formaba grupo aparte, habló a Celareanu de una manera simple y afable. Dijo que por el momento la lucha por la causa del socialismo parecía imposible. En espera de una coyuntura favorable, los viejos partidos manejaban la situación, y sólo dentro de sus moldes un demócrata podía abrirse camino y hacerse escuchar".

El control sobre la democracia por parte de unos pocos sigue siendo el mismo hoy que entonces, y el final del cuento es solo uno de los muchos de los que la historia del siglo XX y XXI, cuando se trata de evitar que se defiendan los intereses del pueblo trabajador, nos ha dado innumerables ejemplos

***

Un desconocido, de 
George Călinescu

¿Qué sentimientos experimentaba el señor Nicu Electoru cuando, sentado en el cabriolet al lado del Profesor Adam Celareanu, hacía chasquear el látigo sobre el anca de dos caballos blancos tirando del coche que se deslizaba sobre la ruta, bajo una luna llena, enorme y roja, como un plato de cobre recién retirado de las brasas?

El Profesor Adam Celareanu, al contrario de su compañero de ruta, parecía encantado con el espectáculo de aquella noche de luna, que contemplaba ensimismado y que sin duda habría puesto en peligro el equilibrio del cabriolet, si fuera él el conductor. Aunque en gira electoral y apasionadamente preocupado por los problemas políticos, amaba la naturaleza y se emocionaba con lo bello y lo sublime. Su mímica expresaba todos los matices de esa admiración. Su mirada se tornaba a veces hacia el señor Nicu Electoru, en la esperanza de encontrar una afinidad con sus sentimientos. Pero el señor Nicu era impasible, no manifestaba ni entusiasmo ni reserva, ni alegría, ni tristeza, sólo la atención reposada en las riendas que manejaba con una sonrisa cortés. De pronto, mientras el Profesor se planteaba la cuestión de averiguar si en los valles lunares crecería alguna vegetación, como los sicómoros, los pinos o los nenúfares, un brusco salto lo sacó de su asiento. Y por poco vuelca el coche. El conductor le hizo observar respetuosamente que la ruta era muy quebrada y Adam Celareanu tuvo que volver de sus sueños.

—¿Por qué será tan malo el camino?

Nicu Electoru describió unos círculos en el aire con su látigo fustigando los caballos, y dijo simplemente:

—Los campesinos rehúsan hacer el trabajo gratis. Cada uno se va por su lado, buscando trabajo remunerado.

Celareanu recordó un discurso pronunciado por un jefe del Partido Liberal, cuando anduvo en gira 
Los boyardos exprimiendo al pueblo (Revista Furnica)
de propaganda por las cabezas departamentales, en víspera de las elecciones de 1907. Aquel personaje, con gesto grandioso, pasando sus dedos entre sus cabellos aleonados, que dejaba crecer imitando a Barbu Delavrancea (1) exclamaba:

—Nos ocuparemos, antes que nada, de las vías de comunicación, factor esencial del desarrollo de la economía nacional y del bienestar del pueblo rumano. El petróleo y los cereales, esos dos importantes productos de Rumania, para ser transportados necesitan caminos, vías férreas, puertos. Atravesaremos la Rumania entera con rutas más perdurables que la Vía Apia. Los campesinos perdidos en el fondo inexplorado de las montañas, podrán venir a las ciudades para vender sus productos. Centenares de miles de brazos, hoy sin empleo, encontrarán trabajo, y así los campesinos, esa clase tan castigada, podrán ganar su existencia honestamente y reconstruir sus hogares.

Después de esa tirada inspirada, el orador bebió un trago en su gran vaso de agua, lanzando una mirada de satisfacción al frente y a los costados, como si realmente se encontrara en el cruce de dos rutas monumentales, recientemente pavimentadas.

Poco tiempo después llegó un hombre de Estado, miembro del Partido Conservador, quien con la misma vehemencia que el primero, agitando sus bigotes, que según la moda de aquellos tiempos le crecían como dos tirabuzones bajo la nariz, divulgó cosas terribles.

—Desde lo alto de esta tribuna, yo le pregunto al señor Sturza qué han hecho los liberales para establecer una relación estable entre los campesinos y las ciudades, entre Rumania y los mercados extranjeros, que adquieren nuestros productos, qué han hecho para utilizar la mano de obra de nuestro país. Yo me permito plantear este interrogante...

El orador calló un instante, como si la respuesta pudiera caer del cielo, y como no llegara, continuó:

—Los liberales hacen una pura demagogia, prometiendo montes y maravillas. Quieren hacernos pasar a nosotros, a la clase que protege las tradiciones y los tesoros de nuestra nación, como causantes de los infortunios de los campesinos. Con su concepción simplista, los campesinos verán caer del cielo el maná celeste, el día en que las propiedades de los boyardos se les repartan. Personalmente acepto esta solución, si el mismo Partido Liberal, en el seno del cual figuran tantos grandes terratenientes, cuyos nombres por discreción no quiero divulgar, lo acepta. (Vivos aplausos. Se grita: ¡Sturza, Bratiano !) (2). En realidad, señores, debo decirles una verdad: no existe bastante tierra laborable para contentar a todo el mundo, por lo tanto, fatalmente, la prosperidad del país debe estar en manos de una clase restringida e histórica, que posee los medios de realizar en forma moderna su explotación. Decidme si un campesino puede permitirse comprar una segadora mecánica, una 'Victoria Drill'... Esta última frase produjo un efecto indescriptible en la sala llena de terratenientes y de fuertes granjeros... Ante ese argumento irresistible aplaudieron largamente con sus dedos regordetes, llenos de anillos de oro.

—A mi entender, continuó el orador, retorciendo las puntas de sus bigotes, la solución reside en el empleo de la mano de obra en las canteras de la construcción nacional. Necesitamos instalaciones portuarias, silos, puentes, vías férreas, rutas... ¿Qué se ha hecho para todo esto y cómo se ha hecho?... Apenas conseguimos liberarnos de las concesiones extranjeras que gravaban ferrocarriles y pensamos en someter de nuevo nuestros recursos nacionales al capital extranjero...

Adam Celareanu, que había escuchado los discursos citados, admitía las verdades expresadas por cada orador, consideradas parcialmente parecían indiscutibles, pero que sentía viciadas por un sofisma esencial, que no alcanzaba a descifrar. Esos bellos discursos tenían sólo un efecto de gran desfile, y terminaban siempre en el mismo restaurante con un banquete en que se servía champagne Pommery de Rheims, y para alentar la industria nacional, vino Rhein seco de Azuga. Se realizaban al mismo tiempo algunas demostraciones prácticas. Los liberales desparramaban canto rodado a lo largo del camino departamental y hacían pasar sobre él una aplanadora. En nombre del Partido Conservador, el más grande propietario local, cuyo dominio cubría dos aldeas enteras, ofrecía un espectáculo a su costa, haciendo reparar la ruta comunal, con hombres que él pagaba y recubriéndola a su vez de montículos de piedrín. Cuando las elecciones terminaban, las cosas quedaban así.

Era una ruta electoral como ésta la que hizo saltar de su asiento en el cabriolet al señor Nicu Electoru. Los dos viajeros atravesaron las aldeas de Mireasa, Gavana, Bivoli, Birca, anunciadas en voz baja por el señor Nicu, a la luz de ese crepúsculo lunar, cruzando por entre cortinas de acacias. Las chozas miserables de las aldeas, apenas se destacaban sobre el fondo sombrío de los campos. Contagiado por la melancolía del ambiente, las meditaciones del Profesor Adam Celareanu se vieron bruscamente interrumpidas cuando, al asomar a la aldea casi invisible de Plosca, un clamor caótico se elevó como un concierto lúgubre de ladridos de perros.

—¿Qué sucede?... preguntó Celareanu, en mi vida oí ladrar tantos perros juntos...

—Y bien, explicó simplemente el señor Nicu Electoru. Esta aldea fue incendiada y está hoy casi desierta. Sus habitantes fueron en gran parte fusilados, cuando la rebelión del año pasado (1907) (3), otros huyeron fuera por temor o por falta de tierra. Los perros que han quedado acá, aúllan a su gusto en los patios vacíos y se alimentan a la buena de Dios.

En la aldea de Ghebosi, un espectáculo feérico lo sacó de sus meditaciones. Bajo el claro de luna, en una vasta extensión del paisaje, a un lado y otro de la ruta, se formaban pantanos en una ordenación ingeniosa, que parecía creada por un arquitecto hidráulico. El Profesor, lleno de entusiasmo, pensó en los más célebres trabajos de ingeniería hidráulica. El gran pantano estaba formado por una infinidad de pequeños charcos circulares alrededor de los que crecían hierbas, que parecían juncos. Reflejada en esos innumerables lagos redondos, la luna se multiplicaba milagrosamente en decenas de planetas. De cerca y de lejos se oía el croar de las ranas, cuyos sonidos de flauta se mezclaban al canto de las cigarras, formando un delicioso concierto, muy del agrado de Adam Celareanu.

—Ignoraba que existieran estos parajes... un estanque... casi un parque... según lo que veo... ¿será un dominio?...

—No, replicó el señor Electoru, cuando la sublevación del año pasado, la resistencia fue aquí particularmente encarnizada, y la artillería, para destruir las chozas, labró tan profundamente la tierra con los obuses, que cavó en ellas estos enormes huecos... más tarde las lluvias los anegaron...

Adam Celareanu tembló como si un hielo glacial lo hubiera alcanzado. Cuando pudo recuperar su equilibrio interior, se echó a reflexionar de esta manera:

—Gastamos una energía extraordinaria para destruir los monumentos y exterminar a los hombres, el arte del ingeniero se emplea para fabricar cañones, logramos milagros de organización para alimentar ejércitos de combate, y no podemos, sin embargo, pavimentar una ruta ni alimentar una población apacible. En la estructura social debe existir un vicio que hay que descubrir y remediar.

Al llegar a la aldea de Cruntzi, detuvieron al cabriolet frente a una taberna para dar un respiro a los caballos.

A pesar de ser día de trabajo, un gran número de hombres, a los cuales era difícil calcularles la edad, dado que todos llevaban barbas hirsutas en sus caras extenuadas, y miradas apagadas, ocupaban las mesas, llenas de pequeñas copas. Entre ellos se hallaba una mujer que tenía en los brazos una criatura, a la que, para calmarla, le daba de tanto en tanto pequeños sorbos de tzuica. A la luz vacilante del fuego que ardía frente a la puerta, el grupo parecía animado de una alegría extraña, vecina al sarcasmo. Adam Celareanu les dio las buenas noches y tomó asiento cerca de ellos durante unos instantes. Cuando, con toda discreción preguntó a la mujer si no creía que su hijito lloraba de hambre, un campesino le respondió en lugar de la madre:

—¿Con qué podrá alimentarlo ella, mi buen señor? No tiene leche y por cierto que por aquí no hay ni buen pan, ni bizcochos. Aquí no hay más que aguardiente.

Adam Celareanu le sugirió que con el dinero que gastaban en alcohol podían comprar otro alimento más apropiado. Adivinando su pensamiento, los campesinos se pusieron a informarle más a fondo.

—Vea usted, señor, nosotros no tenemos un solo centavo en la bolsa. Bebemos tzuica porque nos la dan al crédito y la pagamos con nuestro trabajo, y de este modo engañamos el hambre.

Según estos hombres la taberna pertenecía al señor del lugar que la alquilaba al cabaretero, quien a su vez pagaba el alquiler con el trabajo de esos clientes que tomaban aguardiente al crédito. Uno de ellos, el más joven, plantándose su bonete sobre los ojos, se puso a recitar un estribillo que definía cual era la situación alimenticia en aquella aldea de Cruntzi:

Vamos bajo un cielo...
a vender el carro y los bueyes
sembremos en el bosque...
uvas secas y repollos.


En ese momento, al claror de la luna avivado por el reflejo de las llamas, apareció una figura extravagante. Una vieja mujer que vestía una falda atada a la cintura con una tira de cuero y cuyos cabellos blancos, hirsutos y desatados, eran cortos para una mujer. Algo así como el rey Lear, la cual se puso a golpear el suelo con sus pies, ejecutando ella sola una sirba y profiriendo gritos agudos:

¡Hi, hi, hi, hi,
Hi, hi, hi, hi!

Danzando con indecencia demoníaca, aproximóse al pozo, cuyo brocal de troncos era muy bajo, y cuyo balancín mantenía suspendido sobre su cabeza, igual que una cuerda de horca, el gancho al final del cual estaba atado el balde.

—Escucha, gritó un viejo... cuidado, no se vaya a caer de nuevo al pozo...

—Si cayera, observó la mujer que daba de beber tzuica a la criatura, tanto mejor para ella...

—¿Es una loca?, preguntó Celareanu.

—Tiene pelagra, señor, respondió su vecino de mesa.

Adam Celareanu repasó en la memoria otros puntos sobre los cuales habían insistido de manera idéntica, en sus discursos electorales, el corifeo de la melena hirsuta y su adversario conservador, el hombre con los bigotes a lo Cyrano de Bergerac:

—La salud de la clase campesina es un problema que examinaremos con todo el cuidado que merece.

La prédica del cañón, Revista Furnica, en relación
a los cañones utilizados contra los campesinos en 1907,
con la bendición de la iglesia ortodoxa 
La miseria fisiológica de los aldeanos debe ser combatida con una alimentación abundante y racional. Por medio de los bancos populares, levantaremos el nivel de vida de las aldeas, poniendo a disposición de los campesinos los créditos que necesiten para cultivar sus tierras de modo más científico y abundar así sus ingresos. No nos detendremos ante ningún sacrificio... etc…

Al llegar a Scoarta, los dos viajeros se vieron obligados a detenerse de nuevo, para apretar una de las ruedas del carruaje, que se había aflojado. Mientras se hacía el trabajo, Adam Celareanu penetró en aquella casa campesina a la que las paredes exteriores, blanqueadas con cal, le daban un aspecto cuidado. Al entrar, lo golpeo el insoportable olor que se sentía en la habitación, demasiado reducida para el número de personas que vivían en ella. No contenía más que una tabla ladera recubierta de manojos de juncos colocados a lo largo del muro de cada lado de la chimenea. Sobre el armazón de la cama estaba acostado un viejo y su mujer, un hijo y la nuera, otro hijo más joven, la hijita de la joven pareja y un muchachito. Una lámpara de petróleo, colocada sobre una pequeña mesa, alumbraba esta especie de asilo nocturno.

Cuando Celareanu penetró en la habitación, conducido por un hombre de cierta edad, otro de los hijos del viejo que dormía en el granero, el anciano y el hijo casado, se incorporaron al borde de la cama, posando en tierra sus pies desnudos, que con timidez encogían y extendían separando los dedos.
Celareanu se sentó sobre un banco. Fue entonces cuando escuchó un débil gemido y vio que el muchacho rodaba la cabeza de un lado y de otro, como afiebrado.

—¿Qué tiene el niño?, preguntó.

—Señor —respondió la madre, junto a la cual estaba acostada la criatura—, tiene fiebre, con temblores cuando llega la noche, y languidece así todo el día. Hace dos años que está así. Se pone peor en otoño, en invierno parece mejorar un poco.

—¿No lo hizo ver por un médico? ¿No hay aquí un médico comunal?

—Sí, hay uno, del lado de Moara-Saraca, dijo el padre del chico, interviniendo en la conversación. Pero no pasa nunca por acá. No tendría mucho que ganar con gente tan pobre como nosotros. Antes de las elecciones llegó un señor, un diputado, que decía ser médico. Anduvo de casa en casa, cuando vio a nuestro chico nos dijo que tenía la fiebre de los pantanos. Hasta nos dio unos pesos para comprar medicinas.

La vieja intervino:

—Como podía ser fiebre de pantanos, si por aquí no hay pantanos.

El padre del chico, con un poco más de respeto por la ciencia, no le dio la razón a la vieja.

—No compramos los medicamentos. No teníamos el dinero necesario ni los medios para ir hasta la ciudad, Además, el diputado nos dijo que los remedios no tendrían ningún efecto, ningún resultado, si el chico no estaba bien alimentado. Nos aconsejó a todos que comiéramos carne y pan blanco... y al decir esto rió con amargura. La gente de por aquí sólo comemos un hervido de maíz, señor. Algunas veces maíz cocido bajo la ceniza, otras, un poco de verdura, según la estación. En cuanto a la carne, no la hemos probado desde el día de nuestro casamiento.

—No sé lo que puede tener, añadió la madre, completando la frase de su marido. Tiene siempre el vientre hinchado y algo que se le retuerce por dentro, como si tuviera serpientes en todo el cuerpecito. Dios quiera que no sea eso.

—Baja, pequeño, para que el señor te vea... —la madre empujando la carpeta que le servía de frazada, bajó de la cama y al hacerlo se vio que estaba encinta. Hizo descender al chico y con un movimiento brusco le arrancó la camisa de tela gruesa, toda remendada y demasiado corta para él. Ante este espectáculo, Adam Celareanu se sintió profundamente emocionado. El chico tenía los brazos y las piernas descarnadas, flacas como palillos, el pecho revelaba de una manera brutal la caja torácica, unos grandes ojos negros que miraban espantados, los labios cenizos, sólo su vientre era redondo e inflado como un odre.

—Deben darle quinina, les aconsejó Adam Celareanu. Yo se la enviaré de la ciudad.

—¿Será usted también diputado?, preguntó la madre.

Celareanu, intimidado por lo que parecía una ironía hacia él, respondió evasivamente.

—No, es decir sí, tal vez..

El viejo, que hasta entonces, como reflexionando, movía y apartaba los dedos de los pies, escupió en el suelo y expresó su opinión:

—Para qué darle quinina, de qué le serviría quinina... nosotros sabemos bien de donde viene su mal... hay otros remedios para eso...

—Cuéntale al señor, como sucedió, le dijo la vieja como alentándolo...

—Bueno, siguió el viejo, le voy a contar... hay gentes muy malas en este mundo... Tenemos un vecino que juntó unos pesos, haciendo acarreos, yendo de un lado a otro por el país, aprendió a cocer ladrillos. Fabricó un horno para cocer sus propios ladrillos y se puso a construir una casa de ladrillos como en la ciudad.

—Era su mujer quien lo instaba a hacerlo así... —adujo la madre del niño.

—Ya lo creo, admitió el viejo. Usted sabe que las casas de ladrillo son malsanas. Las casas deben ser hechas con adobe, mezclando estiércol de vaca con tierra, para dar calor. Los ladrillos son muy pesados para la tierra. Cuando el vecino estaba haciendo su casa, la mezcla no cuajaba y se desmoronaba. Y sabe lo que se le ocurrió a ese mal hombre, conquistar a nuestro pequeño Tilica, y por un pedazo de pan lo hacía quedarse frente al muro en pleno sol, hasta que consiguió enmurar su sombra. Desde entonces nuestro muchachito va de mal en peor y se comprende, porque le ahogó el alma.

Ante esta obtusa y nefasta superstición, Adam Celareanu creyó inútil replicar. Además, en ese momento, Nicu Electoru le invitaba a subir al cabriolet.

Celareanu recordó que los oradores, tanto conservadores como liberales, en vísperas de elecciones hacían cuestión de honor el prometer más cultura para las aldeas, por medio de escuelas, de bibliotecas populares, de conferencias "para que el pueblo rumano, liberado del oscurantismo, pueda marchar por la vida luminosa de la civilización".

Es el momento de explicar como Adam Celareanu efectuaba aquel viaje en cabriolet al lado del señor Nicu Electoru.

Después de haber hecho estudios en el extranjero, Celareanu fue nombrado profesor de ciencias en un liceo de provincia. Su padre también había sido profesor. Por lo tanto sin ningún lazo con la vida campesina. En cuanto a su nombre, Celareanu, provenía de Celarean, por una modificación que trataba de distinguirlo de los muchos miembros de su numerosa familia que habitaba la ciudad. Cuando se produjo la sublevación de 1907, Celareanu tenía casi cuarenta años. Era un hombre honesto, soltero, que había vivido siempre sólo con sus libros, y el acontecimiento lo sorprendió. Habituado al método exacto de las ciencias, hizo su propia encuesta sobre la situación, sin dejarse influenciar por consideraciones ni opiniones interesadas. Sus conclusiones fueron aterradoras. Según su juicio, allí donde la inmensa mayoría de la población productiva vivía en terrible miseria, sin ninguna posibilidad de hacerse escuchar, el país iba a la catástrofe. No disponiendo de una suficiente documentación política, llegó a dos conclusiones sacadas de la naturaleza misma de los hechos. Primero: que en lugar de apuntar cañones sobre los campesinos, lo más natural era dejarlos expresarse libremente y decidir de la organización de Estado, es decir darles el voto universal. Y en segundo lugar, el problema agrario. Cualquiera que fuera la solución, la desigualdad de fortunas en favor de un puñado de grandes terratenientes, le pareció muy precaria. Era preciso que la tierra perteneciera a los campesinos. En resumen, su programa mínimo era: otorgar a los campesinos el derecho de expresarse libremente y darles la propiedad de la tierra. Celareanu constató que otros intelectuales pensaban como él y afirmó su fe en sus conclusiones. En una conferencia pública, que se realizó en su ciudad natal, Celareanu tuvo un suceso inesperado. Se reveló orador. Apartándose de la sentimentalidad elocuente de moda en la época, habló basándose en datos precisos. Presentó una imagen perturbadora de la situación. Le pidieron que repitiera su conferencia; cosa extraña, la sala estaba llena por terratenientes y granjeros. Siempre los mismos, que escuchaban, sin mucho entusiasmo, unos incrédulos y otros preocupados, pero que aplaudían todos con una sonrisa untuosa entre los labios, a fin de estar a diapasón con el resto de la sala. Celareanu publicó varios artículos en un diario democrático independiente de la capital. No sin constatar, con cierta extrañeza, que se suprimían cuidadosamente en ellos, las alusiones a los hombres políticos más hostiles a la idea de la reforma. Los jefes de las dos organizaciones políticas de su ciudad natal le hicieron algunas proposiciones. Indeciso, Celareanu partió para Bucarest y solicitó audiencia a un personaje que pasaba por ser un líder socialista.

Este socialista, cuyo valet usaba un chaleco gris rayado, poseía una mansión en la calle Polona, que era una verdadera capilla, dado el número excesivo de iconos, de veladores y de incensarios colgados de los muros, encima de divanes cubiertos de tapices de karamanie y de Rumania. Un estetismo eclectivo y pesado caracterizaba el interior de la residencia de este demócrata.

Cuando Celareanu pasó al escritorio, se encontró en presencia de un hombre pequeño, delgaducho y rubio, con cabellos y barbas muy ondulados, en apariencia naturales, de tez delicada y mejillas rosadas. Vestía con rebuscamiento. Enarbolaba una enorme corbata de plastrón, pinchada con un alfiler que lucía trébol de perlas, corbata que cubría todo el espacio que dejaba libre su chaleco.

Las manos del demócrata eran pequeñas y pálidas, con largas uñas, ligeramente amarillentas. Parecía 
El pintor e ilustrador Iosif Iser, los boyardos sobre el espinazo del
campesino, Periódico Adevarul, 1907
este hombre una flor de invernadero cultivada a temperatura de calorífero. Fue sobre todo su manera de hablar, con la punta de los labios, arrastrando las erres, lo que más desorientó a Celareanu. Tenía la impresión de que en una asamblea de masas, la voz de ese pálido demócrata debía zumbar como el vuelo de una mosca. En realidad no encontró ningún nexo entre la clase trabajadora y este presunto socialista, a quien se imaginaba agonizando por una gota de grasa que un mecánico hubiera dejado caer por error en su corbata. En verdad, el tal demócrata era un aristócrata decadente, propietario de un vasto dominio, que constituía la dote de su mujer. 

A pesar de su afectación, este antiguo jefe del Partido Socialista, que se había separado del partido y formaba grupo aparte, habló a Celareanu de una manera simple y afable. Dijo que por el momento la lucha por la causa del socialismo parecía imposible. En espera de una coyuntura favorable, los viejos partidos manejaban la situación, y sólo dentro de sus moldes un demócrata podía abrirse camino y hacerse escuchar. Si hubiera que elegir entre los dos partidos, estaba convencido que el programa del Partido Conservador, aun de aquel que había surgido de la ruptura de Take Ionescu en 1907, no podía tener ninguna popularidad. En cuanto al Partido Liberal, cuyo jefe Sturza, enfermo y desacreditado, sería inevitablemente reemplazado, y se vería obligado por la fuerza de los acontecimientos a sostener nuevas ideas. Sincero o no, este partido podía ofrecer a un hombre con ideas avanzadas una plataforma provisoria. El ex socialista de barba rizada consideró inútil llamar la atención al Profesor sobre los obstáculos que la tiranía del jefe del partido habría opuesto a toda veleidad de cisma. Celareanu tuvo la debilidad de dejarse convencer, y cuando un representante del Partido Liberal le propuso lanzar su candidatura en el tercer colegio electoral, en una elección parcial, para un acta de diputado, que había quedado vacante por un deceso, en la elección que iba a realizarse en noviembre de 1908, Celareanu aceptó, creyendo que desde lo alto de la tribuna parlamentaria podía dirigirse al país entero. Así fue entregado en seguida a la vigilancia de Nicu Electoru. Éste tuvo por misión de asegurar la popularidad del nuevo candidato, en el departamento en que se realizarían las elecciones, que no era el departamento natal de Celareanu, y debía poner, además, a su disposición todos los medios materiales que pudieran ser útiles para su campaña electoral.

En lo que se refiere a Nicu Electoru, el estado civil de este personaje era de lo más oscuro. Efectivamente se llamaba Nicu, nombre al que se agregó un otro, ignorado por sus conciudadanos, que lo llamaban Nicu Electoru, a causa de su función esencial, que era la de asegurar la elección de los candidatos de ambos partidos, liberales o conservadores, según fuera el caso. Los diarios políticos lo nombraban humorísticamente: señor Maternicu, haciendo alusión a sus incontestables dones diplomáticos. Su primera profesión parece haber sido de abogado, sin título. Nadie lo oyó nunca defender un pleito, aunque una numerosa clientela franqueaba el umbral de su casa. Probablemente, el señor Nicu era un hombre de muchas relaciones y gozaba de una autoridad excepcional, resolviendo todo proceso en forma directa, hablaba con los jueces y entregaba los asuntos por un porcentaje a abogados de menor importancia.

Para dar una idea de la autoridad del señor Nicu bastará decir que un día el tren expreso lo esperó una hora y media en la estación, porque el Elector debía llevar importantes novedades a su jefe en Bucarest. Nicu podía entrar a todas partes y a cualquier hora, no sólo en su distrito, sino en Bucarest, con los ministros y los jefes políticos de todos los partidos. El Primer Ministro, cuando él anunciaba su visita, no se permitía hacer esperar a un personaje tan delicado. Y lo recibía sin más tardanza. Pero Nicu Electoru no se envanecía por estas muestras de consideración, se conservaba modesto, reservado, cortés, y saludaba siempre con su eterno "Mis respetos", pronunciado sin servilismo.

En Pociovalistea, Nicu Electoru, Adam Celareanu y el alcalde se dirigieron al centro de la ciudad, donde se encontraban las casas más importantes. Una de éstas daba directamente sobre la calle, y tenía un cartel metálico en el que se podía leer "La Fraternidad - Banco popular". Frente a la escuela, una muchedumbre de campesinos, hombres y mujeres, casi todos de bastante edad y muy haraposos, se apretujaban gritando:

—¡Que nos dejen entrar, señor diputado!

El alcalde gritó de pronto con voz brutal y autoritaria:

—¿Por qué se han juntado aquí tan temprano? ¿No tienen nada que hacer? Vuelvan a sus ocupaciones...

Un gendarme se lanzó furioso contra la muchedumbre y empezó a repartir golpes a un lado y otro, como si se tratara de una tropilla de bueyes. Las mujeres fueron las más audaces.

—Vete al diablo, porquería, ¿con qué derecho nos estás golpeando?

Celareanu, que deseaba dirigir un discurso a los campesinos, quedó muy sorprendido con la actitud del alcalde y le pidió una explicación.

—¿Por qué no les permite entrar, señor alcalde? Yo he venido acá precisamente a hablar con ellos.

El alcalde frunció las cejas y su boca tomó su habitual gesto de desagrado, mientras que el señor Nicu Electoru, silencioso, se retorcía las puntas de sus mostachos, imitando así al orador del Partido Conservador, gesto que en él, para los que lo conocían bien, era prueba de profunda meditación y decisiones impenetrables.

—Tenemos orden de prohibir los aglomeramientos..., respondió el alcalde con cierto acento de burla. Y además, no son las mujeres las que van a votar por usted, sino los delegados. Entonces, para qué perder tiempo...

—Pero es que yo deseo conversar con el pueblo..., insistió Adam Celareanu con fogosa ingenuidad.

El alcalde frunció la nariz y el señor Nicu Electoru retorció más sus mostachos. Afuera, los campesinos se armaron de valor.

—Que la banca nos dé prestado dinero, señor, para comprar maíz, reclamó uno entre ellos. Otro gritó:

—Que nos reduzcan una parte de los intereses. Estamos muy pobres.

—Nosotros también tenemos derecho a nuestra porción de madera, gritó una mujer.

Esa última reclamación no fue bien comprendida por Adam Celareanu, el cual ignoraba cómo andaban las cosas en esa región. La localidad de Pociovalistea estaba situada en el norte del departamento, en una región montañosa y forestal. Algunas familias de la aldea tenían grandes propiedades forestales. Así Sterie Pociovalisteanu, el abuelo del alcalde, era dueño de millares de hectáreas de bosque, en las montañas, sin contar con otras propiedades en el valle, y por eso, figuraba entre los más ricos terratenientes de la región.

Otros parientes del alcalde acaparaban también gran parte de la tierra del departamento.

Sostenido por los grandes bancos de la capital, el Banco Popular efectuaba operaciones en toda la zona, aumentando el capital de la empresa forastera, que producía sobre todo madera de construcción, y acordaba préstamos mínimos a los campesinos, haciéndolos después perseguir por deudas y obligándolos a emplearse en los aserraderos, por un vil pago. Y he ahí por qué las mujeres exigían su ración de madera.

El conflicto sobre la entrada de los campesinos al edificio de la escuela fue solucionado por el alcalde en un abrir y cerrar de ojos. Ordenó que los campesinos entrarían por la puerta de atrás. El gendarme se puso a empujarlos violentamente hacia allí, mientras Celareanu y sus acompañantes penetraban al local. En una de las salas de clases, sentado sobre los bancos de los alumnos, mirábase un público bastante reducido. De los que estaban afuera, ninguno apareció... Todo no había sido sino una simple maniobra. Los campesinos sin duda fueron conminados a irse a sus casas. Celareanu se extrañó del aspecto de los asistentes. Había dos tipos de hombres muy distintos desde el punto de vista físico y de la vestimenta. Los unos gruesos, corpulentos, altos, de buen color, vestidos con trajes de campesinos de paño blanco bordados con pasamanerías, como los postillones, los otros llevaban una chaqueta negra sobre la camisa visible, las barbas revueltas cortadas a tijera de manera irregular, la piel tostada, pero todos sin excepción tenían ojos pequeños como el alcalde. Eran los pociovalisteanos y los Arzoi, los ricachos de la aldea que apenas sabían leer, pero que eran muy hábiles para el manejo de los negocios. En la primera fila de las bancas estaba sentado el abuelo del alcalde, Sterie Pociovalisteanu, reconocible por un tic nervioso que le hacía apretar sin cesar los labios. Septuagenario, con cabellos blancos como la nieve, tenía signos evidentes de arteroesclerosis, respiraba con dificultad, pero escuchaba poniendo mucha atención. En sus dedos brillaban anillos de oro macizo. Sterie era conservador, su nieto, el alcalde, era liberal. En cuanto a los otros miembros de las familias pociovalisteanu y Arzoi se repartían los cargos, unos conservadores, otros liberales, y continuaban siendo, en familia, los amos de la situación bajo cualquier régimen.

Hacer propaganda electoral entre esas gentes era cosa imposible, pero Adam Celareanu lo ignoraba. Allí todo se decidía en un círculo cerrado. Un pociovalisteanu era el delegado que votaba en el tercer colegio electoral, en nombre de la comuna. Cuando empezó su discurso, Celareanu se dirigió a ellos, poseedores de centenares, millares de hectáreas, habiéndoles de los sufrimientos seculares del campesinado. Les aseguró que gente de bien pensar se habían hecho cargo de ese estado de cosas, y que era absolutamente necesario dar la tierra a los campesinos, así como el derecho al voto directo y universal. La asistencia escuchaba en un silencio impenetrable. Sin dar ningún signo de impaciencia o desaprobación. Pero tampoco de entusiasmo. El viejo Sterie movía sin cesar la boca, como si una mosca lo picara, se rascó una vez la cabeza y cuando alguno de los otros aplaudió, golpeó una contra otra las palmas de sus manos largas y nudosas. Inclusive se aproximó a darle la mano a Celareanu cuando bajó de la tribuna, y éste creyó estrechar entre las suyas la mano de una estatua gigante. A decir verdad, los pociovalisteanos y Arzoi no se dejaban asustar por simples palabras y cuando el gobierno al cual apoyaban les daba orden, escuchaban al que llegaba, a sabiendas de que los políticos tienen la costumbre de emplear palabras ampulosas. Pero los campesinos que habían escuchado a través de un vidrio roto de la ventana que daba sobre la huerta de la escuela, hicieron correr la voz entre aquellos que constituían realmente la aldea, es decir los menesterosos, lo que habían retenido del discurso de Adam Celareanu.

—Nos van a dar leña del bosque... van a repartir la tierra... dicen que han dado orden de anular los intereses ...

—No solamente los intereses, también el capital, agregó otro.

Esta conversación fue sorprendida por los pociovalisteanos y los Arzoi en el momento en que abandonaban el edificio de la escuela. El alcalde, con el cuello anudado con un cordón con borlas, frunció la nariz, mientras el señor Nicu Electoru atormentaba su bigote. Adam Celareanu había dado un paso en falso...

Los caballos fueron enganchados al cabriolet ofrecido por Sterie Pociovalisteanu, quien se mostró muy amable. Respirando con dificultad sondeaba cada palabra de los asistentes.

Celareanu y Nicu Electoru se encaminaron al dominio del príncipe Vlad Mircea Negrescu. Este candidato del Partido Conservador pretendía descender, en línea directa, de Negru Voda y que por este hecho estaba emparentado a las más notables familias de la nobleza. El príncipe recibió a Celareanu con una extrema amabilidad. Una dama con un tocado en forma de campana acompañaba al príncipe sentado en un canapé. Los esfuerzos de este Vlad Mircea Negrescu para mostrarse amistoso, encontraban un obstáculo en la dificultad con que se expresaba en rumano. En la conversación anodina que siguió, discutieron de la naturaleza, del paisaje, y Celareanu, habiendo hecho algunas comparaciones con otros lugares, puso en descubierto la fantástica ignorancia del príncipe en lo tocante a la geografía del país. Para salvar la situación, la dama sentada en el canapé, que era madame Farfara, cuyos talentos de genealogista se mostraron evidentes, habló sin darse tregua y con un cierto cinismo:

—Querido señor Celareanu, conservadores o liberales, ¿no son acaso la misma cosa? Voy a darle un ejemplo, para que usted sepa bien a qué atenerse. El príncipe, por su madre es un Rucareanu, su tío por el lado de su madre era el padre del jefe de la organización del Partido Liberal, el señor Rucareanu. En consecuencia es primo hermano del príncipe. El dominio de Scoarta limita con el dominio de Dobritza, propiedad de Rucareanu, y los dos antes formaban una sola propiedad. Por lo tanto, liberales o conservadores estamos emparentados unos con otros, y todos somos propietarios. Usted, que es ahora candidato del Partido Liberal, está sostenido por el sobrino del príncipe, el senador Rucareanu. Y tomando las cosas muy en serio e indisponiéndose con los conservadores, usted conseguirá disgustar a los liberales, lo que no hace sino comprometer su hermosa carrera. Le digo esto, para que sea usted un poco más filósofo.

Cuando volvieron a subir al cabriolet, Celareanu preguntó, un poco irritado, al señor Nicu Electoru:

—¿Por qué teníamos absolutamente que hacer esta visita?...

Y Electoru, mientras con su látigo trazaba espirales sobre los caballos, pronunció, sin entonación especial y con un cierto humor, del que parecía no darse cabal cuenta:

—¡Parlamentarismo inglés!
F,Sirato, Revista Furnica, 1914: retrato de los candidatos

Después de aquel viaje electoral, el señor Nicu Electoru estuvo muy ocupado. Recibió y envió telegramas. Se ausentó a menudo. Y guardó a Adam Celareanu en una especie de cautividad, en su casa, so pretexto que era demasiado apresurado abandonar la ciudad y peligroso mostrarse en las calles de las aldeas, a causa de los agentes del Partido Conservador, que no andaban nunca sin sus cachiporras y que eran capaces —¡Dios nos preserve!— de cometer un crimen. Como Celareanu no parecía muy convencido, el señor Nicu lo llevó un día en cabriolet y a la entrada de la primera aldea que se llamaba Riioasa fueron detenidos por un gendarme, que les interpeló:

—¿A dónde van?

—Tenemos algo que hacer en la aldea, respondió candorosamente el señor Nicu.

—Es prohibido, dijo el gendarme, hay epizootia...

—Epizootia es una enfermedad de los animales, ¿acaso pueden contagiarse los hombres?

—Tal vez sí, dijo el Gendarme. No estoy seguro, pero tengo órdenes y las ejecuto.

—¿Y en qué otras aldeas hay epizootia?, insistió el señor Nicu en tono conciliador.

—Eh... un poco en todas partes, en el departamento, respondió el gendarme, guiñando el ojo.

Nicu Electoru capituló con extraña rapidez e hizo dar media vuelta al cabriolet.
La cautividad más o menos voluntaria del señor Adam Celareanu se vio animada por la presencia de Liza, la encantadora hija del señor Nicu. Era una jovencita de unos dieciséis años, de cintura muy fina, siempre apretada en un estrecho delantal. Sus cabellos, de un rubio ceniciento, muy sedosos, le caían por las espaldas, detenidos por sobre las orejas con una cinta.

Liza planeaba como una mariposa de lujo en aquella casa, cuyo estilo estaba muy poco de acuerdo a su persona. Vestida con delantal blanco, que le subía hasta el mentón, se sentaba en una mesa y efectuaba con una seriedad muy cómica, que la hacía sacar la lengua, una operación muy extraña a los ojos de Celareanu, que la observaba. Frente a ella, sobre la mesa se hallaba una gran cantidad de billetes de banco absolutamente nuevos. Con la ayuda de una regla, Liza dividía cada billete en partes iguales, y con una tijera los cortaba en dos, siguiendo la línea trazada en el medio. Era en ese momento de gran atención cuando ella sacaba la lengua. Colocaba una de las mitades del billete sobre un lado de la mesa y la otra mitad del otro lado. Después anotaba en un cuaderno, con su más cuidadosa escritura, la serie del billete, y sin duda también un nombre propio.

Celareanu, intrigado por la riqueza del señor Nicu, nunca supo qué sentido dar a esa operación. El hecho es que antes de las elecciones el señor Nicu Electoru distribuía a cada elector la mitad de un billete de banco, y esperaba el final de las elecciones para entregarle la otra mitad, según la serie y las indicaciones del registro, siempre que el interesado hubiera votado siguiendo las indicaciones recibidas.

Otra cosa extraña que pudo observar Celareanu fue que una noche un grupo de gente montada a caballo hizo irrupción a gran trote en el inmenso patio de la casa. La suave Liza, a la luz de una linterna de jardín, distribuía bajo un gran pino, según las indicaciones del registro, las mitades de los billetes de banco a los hombres que habían bajado del caballo, y que esperaban con el gorro en la mano. Era un espectáculo a la vez terrorífico y gracioso, digno de Arkansas, en la época de los pioneros. Adam Celareanu creyó oír la voz del señor Nicu que decía a los hombres:

—Entonces, está comprendido. En el momento dado, todo el mundo debe votar por el príncipe. Es la orden del jefe.

A Celareanu le pareció quizás no había oído bien a causa de la distancia en la que se encontraba. Le parecía imposible que el jefe liberal diera órdenes y distribuyera dinero para sostener la elección del candidato conservador.

La partida de aquellos hombres también fue impresionante. Espoleando los caballos, franquearon en marcha el portal ampliamente abierto y lanzaron un grito de entusiasmo dirigido a la diáfana y sonriente Liza, cuyos cabellos rubios flotando ligeramente al soplo de la brisa de la tarde tenían reflejos plateados.

Con aire satisfecho, el señor Nicu entró en la casa. Calmó en parte la sospecha de Celareanu, que no podía concebir semejante infamia. A la mañana siguiente Celareanu encontró a Liza, muy ocupada en engrasar, cantando como una muchacha del "Far-West", un gran revólver con tambor, que sostenía difícilmente en sus manos blancas y delicadas.

El profesor empezaba a perder la paciencia, cuando un acontecimiento inesperado precipitó el desenlace. Al hospital local trajeron un hombre agonizante, que había viajado clandestinamente entre los ejes del tren, que lo había arrastrado y deshecho entre las ruedas. En las boqueadas de la muerte, guardaba todavía alguna lucidez, y con los ojos agrandados por el espanto trataba de decir algo:

—¿Cómo te llamas?, le gritaba el enfermero, para establecer la ficha de ingreso.

El moribundo hizo un esfuerzo desesperado para responder.

—¿De qué aldea eres?

—Celaru..., consiguió murmurar la víctima, que expiró en ese instante.

—Es de Celaru, explicó otro enfermero. Existía en efecto una aldea del nombre de Celaru, en el departamento. Cuando el acta de defunción fue levantada, con la negligencia acostumbrada entonces, el empleado comprendió que el muerto se llamaba Celareanu. En la ciudad se desparramó la noticia de la muerte de Adam Celareanu.

Cuando el señor Nicu Electoru fue interrogado, bajó la cabeza en signo de dolor, y así un día, mientras el profesor conversaba con la preciosa Liza, oyó resonar una marcha fúnebre tocada por una fanfarria. Cuando trató de acercarse a la ventana, Liza, tapándose los oídos con las manos, le dijo que no fuera, so pretexto de que ella no podía soportar a "los muertos". Sin embargo Celareanu, que había llegado hasta la ventana, alcanzó a echar una mirada hacia la calle, y divisó al señor Nicu Electoru, que con la cabeza descubierta seguía el féretro, en compañía de otras personas de apariencia modesta. El coche fúnebre llevaba en dos letras, frescamente pintadas, las iniciales "A. C", y sobre la cinta de una corona de flores artificiales se leía: "A. Celareanu - con profundo dolor".

El Profesor saltó en el aire. Recordó haber leído alguna vez la leyenda de Alejandro I, quien en Taganrog, en 1825, simuló su propio entierro, para transformarse en el monje Fedor Kusmitch. Después se tranquilizó un poco suponiendo que se trataba de una similitud de nombre, y hasta concibió la idea de una trampa hecha por sus adversarios, pero —se dijo— no era posible que Nicu Electoru fuera cómplice de ellos.

Cuando Nicu volvió a casa, interrogado acuciosamente, respondió con reticencia que un hombre llamado Celareanu había muerto en el hospital y que venía de asistir a su entierro, porque lo conocía personalmente.

Celareanu opinó que para evitar un malentendido, era su deber publicar una aclaración en los diarios locales y aparecer en público. El señor Nicu se puso pensativo. Pon fin consintió, solicitando un lapso para efectuar los preparativos necesarios. Tres días después partieron en cabriolet en dirección a Vai-de-Ei.

La ruta atravesaba un bosque profundo. Hacia la mitad del camino vieron surgir ante ellos una
Cartel electoral del Bloque de Partidos Democráticos, liderado por
el Partido Comunista, ante las primeras elecciones libres de la historia
de Rumania, en noviembre de 1946. El sol, el símbolo del comunismo
veintena de hombres montados sobre caballos robustos que rodearon el cabriolet y lo detuvieron. El señor Nicu Electoru consiguió, no se supo cómo, esconderse y escapar.

—Se nos ha escapado, gritó uno de los hombres, riendo y descargando al aire su revólver.

—Tanto peor, déjenlo correr..., dijo otro con indiferencia.

Estos individuos estaban vestidos como campesinos, y llevaban todos, no la camisa blanca, sino una especie de traje de gruesa lana y gorro de piel.

Celareanu tuvo la fugitiva impresión que se parecían mucho a los hombres a caballo que apercibió en el patio, en la casa del señor Nicu Electoru.

—Y tú, ¿quién eres?... ¿que andas buscando en estos parajes?, preguntó uno de aquellos hombres.

—Soy yo quien debo preguntarles quiénes son ustedes para detener a la gente en los caminos. ¿Representan ustedes alguna autoridad?

—Oye, tú, dijo el hombre, echando hacia atrás su gorro de piel, si fuéramos unos haiducs, unos bandidos como los de antes, qué dirías... bájate rápido de esa percha...
Los hombres tomaron a Celareanu, lo desvistieron, le quitaron todos sus papeles y lo vistieron con un traje exacto al de ellos, poniéndole después un bonete de piel en la cabeza. Lo mantuvieron así, custodiándolo, mientras ellos se mantenían echados sobre el pasto. De pronto uno de ellos gritó:

—¡A caballo, muchachos... llegan los gendarmes!...

En efecto, dos gendarmes llegaban sin mucho apuro, guiados por el señor Nicu Electoru. Los bandidos, sin demostrar mucha prisa, montaron sus caballos y se alejaron por el camino, haciendo temblar la tierra bajo los cascos de sus cabalgaduras.

Celareanu, con su disfraz de haiduc, (4) quedó atontado en medio del camino.

—Arriba las manos... en nombre de la ley le intimamos que se rinda..., gritó uno de los gendarmes, mientras el otro disparó su fusil al aire.

No comprendiendo nada de todo esto, Celareanu se quedó inmóvil, con los brazos colgando. Entre tanto, Nicu Electoru, oculto detrás de un árbol, sacaba del bolsillo trasero de su pantalón el gran revólver con tambor, el mismo que la encantadora Liza había engrasado, y en el mismo momento en que los gendarmes descargaban de nuevo sus carabinas en el aire, él apuntó al corazón de Celareanu, que al disparo cayó fulminado.

Los gendarmes, ayudados por el señor Nicu Electoru, que no parecía reconocer a Celareanu, registraron a la víctima sin encontrar ningún papel sobre ella.

—No tiene ninguna identidad, dijo uno de los gendarmes.

Después de una sumaria encuesta, el "bandido" fue provisoriamente enterrado en el cementerio de la aldea, inscribiéndose sobre su cruz: "DESCONOCIDO".

En las elecciones que tuvieron lugar poco después, en las que el Partido Liberal no presentó ningún candidato, los liberales, por el señor Nicu Electoru, votaron por el candidato conservador no disidente, en la persona del príncipe Vlad Mircea Negrescu, descendiente de Negru Voda.



1-Escritor rumano de finales del siglo XIX principios del XX.
2-Se trata de nombres reales, los de los parásitos boyardos de la época
3-Se trata de la gran revuelta campesina, motivada por el hambre provocada por la sequía y la explotación salvaje de los boyardos, que se extendio por toda Rumania (entonces Moldavia y Valaquia), y que fue sofocada por el ejército rumano a cañonazos, en una matanza sangrienta inmortalizada por muchos escritores de la época, por ejemplo, Panait Istrati en su obra "Los cardos del Baragán".
4-Bandolero rumano

miércoles, 15 de julio de 2015

Iohannis, los reyes de España y la manipulación de la historia.

El Mundo  ha reinventado  la historia de Rumania inventandose una supuesta invasion nazi a este pais durante la Segunda Guerra Mundial. Asi se dice en el articulo publicado estos dias con motivo de la visita del presidente de Rumania, Klaus Iohannis y su mujer Carmen Georgeta a España, donde estuvieron departiendo y almorzando con los reyes.
Fascistas rumanos saludando a sus líderes, Mihai I, Antonescu,
Hitler y Mussolini, el día de la invasión de la URSS, 21 de junio de
1941

Despues del cuento de hadas sobre la pareja presidencial, hablando de estupideces como cuando se conocieron, cuanto se aman, y otros absurdos que no interesan a nadie, al menos políticamente, el autor del artículo dice, hablando de Carmen Iohannis, que "rara vez se ha posicionado en cuestiones políticas, salvo al reconocer públicamente su admiración por Miguel de Rumanía, el monarca al que, tras la invasión nazi, fue exiliado en 1947 por el régimen comunista. Un destierro que, durante 50 años, trascurrió entre Londres y Suiza, hasta que este personaje, que hoy cuenta 93 años, pudo regresar a su país tras la caída de la URSS, recuperando además la nacionalidad rumana, el título de monarca y las propiedades que le incautaron".

Pero, ¿cuándo invadieron los nazis Rumanía? ¿El periodista ni siquiera se ha documentado sobre la historia del país? ¿O se trata de otra manipulación consciente para limpiar la imagen del rey rumano que, al contrario de lo que se dice, fue un activo colaborador del nacionalsocialismo y de Hitler?

Las tropas alemanas jamás invadieron Rumanía, sino que desde su llegada al trono rumano
en 1930Carol II había iniciado una serie de medidas dictatoriales y represivas, siendo apoyado por el movimiento fascista la Guardia de Hierro, en el marco del surgimiento y extensión del fascismo por toda Europa. A la par, prohibió todos los partidos políticos e instauró una dictadura personal. Sin embargo, las alianzas de otros paises de la zona con la Alemania nazi hizo que Rumania tuviera que devolver a Hungria parte del territorio anexionado en 1918 y a Bulgaria el conocido como Cuadrilatero, o Dobroja Sur, a la vez que la Unión Soviética recuperaba la República Soviética de Moldavia, invadida por las tropas rumanas aprovechando la Guerra Civil Rusa, tras la Revolución Soviética.
10 de junio del 41: Hitler recibe a Antonescu en Berlín para ultimar
el ataque a la URSS

Rumania durante la guerra Como Hitler era un importante aliado de los rumanos, Carol II cedería a las presiones, debilitando su posición política. Esta debilidad fue aprovechada por Horia Sima, líder de la Guardia de Hierro, y el general Ion Antonescu para obligar al rey a abdicar el 6 de septiembre de 1940. A su padre le sucedió como rey Mihai I, el tan admirado lider por la esposa de Iohannis, que continuó la dictadura de su padre y nombró a Antonescu presidente, que gobernó tiránicamente apoyado por la Guardia de Hierro, pasando a formar parte Rumanía de las potencias del Eje.

Después de una revuelta de la Guardia de Hierro en enero de 1941, exigiendo estos más participación en el poder, Antonescu envió a muchos de sus miembros al exilio y se apoyó cada vez más en el Ejército para seguir en el poder. Mihai I y Antonescu también continuaron con las medidas de segregación racial de Carol II y, al avanzar la guerra, se inició una persecución brutal de los judíos, gitanos y otras minorias, cuyo principal exponente fueron el progromo de Iasi o la matanza del matadero de Bucarest.

Klaus Iohannis y la primera dama, Carmen, junto a los Reyes.
Los dos jefes de estado y su florero. Aunque su ideología es parecida
(estar contrael pueblo y vivir de él) al menos al rumano le votan (aunque
los que votan no sean los que realmente elijan)
Mihai I y Antonescu no tuvieron ningún problema de conciencia en llevar a cabo su brutal dictadura en Rumania, ni tampoco de acompañar a las tropas nazis en su ataque a la Unión Soviética, mandando a más de medio millón de soldados, la mayoría campesinos obligados por la pobreza y la bota de la represión política, a invadir de nuevo la República Soviética de Moldavia y a seguir avanzando hasta Odessa y Stalingrado. Allí, como sabemos, el pueblo soviético dió un golpe de timón al desarrollo de la guerra, y el Ejército Rojo desde entonces no dejaría de avanzar hasta Berlín.

En mayo de 1944, el Ejército Rojo cruzó la frontera con el Reino de Rumania. La proximidad del enemigo, la destrucción de dos ejércitos rumanos, la terrible inflación y los salvajes bombardeos de la USAAF de los pozos petrolíferos rumanos y de la capital rumana (ya entonces EE.UU. había adoptado la táctica nazi del bombardeo indiscriminado sobre la población civil), hizo pensar al oportunista Mihai que la única forma de salvar su culo era cambiarse de bando antes de las tropas soviéticas, acompañadas por miles de soldados rumanos, muchos de ellos prisioneros de guerra que se dieron cuenta de cual era su verdadero enemigo, la clase explotadora, y muchos otros expertos luchadores en la Guerra Civil Española o en la Resistencia Francesa, entraran por la puerta de su palacio.

Así que, presionado por los partisanos comunistas y los partidos democráticos, Mihai I destituyó a Antonescu y dio la orden a las tropas rumanas de dirigir sus armas contra los alemanes. El 31 de agosto de 1944 la división rumana del Ejército Rojo "Tudor Vladimirescu" entraría en Bucarest y poco después las tropas alemanas serían expulsadas totalmente de territorio rumano.

El Reino de Rumania no fue tratado como aliado por los vencedores, Ion Antonescu fue juzgado y ejecutado, y el embajador alemán, Manfred von Killinger, responsable de una serie de atrocidades cometidas en el Reino de Rumania, se suicidó. Mihai I siguió siendo rey hasta diciembre de 1947, tras abdicar cuando se proclamó la República Popular Rumana, pero se fue con las maletas llenas de bienes, cuadros y parte del botín atesorado por su familia tras décadas de saqueo al pueblo rumano. Además, sin que entendamos mucho el por qué, la Unión Soviética estuvo pagando una pensión anual a Mihai durante varios años.

Desafortunadamente, el "admirable" Mihai es hoy el único aliado del nazismo que sigue vivo y disfrutando de sus privilegios a costa del pueblo rumano y, a sus 91 años, es dificil que acabe pagando sus crímenes.
Los aplicadores del nacionalsocialismo en Rumania: Mihai I y
el Mariscal Antonescu
En este sentido, el artículo dice también que Mihai es uno de los primos favoritos de la "reina" Sofía, la maltratada esposa del jueguista Juan Carlos I, algo que nos parece bastante normal, sabiendo también las inclinaciones nacionalsocialistas de la familia de su madre, Federica de Hannover, y de sus tíos, como se puede leer en el artículo La familia nazi de la reina Sofia, y comprobar en las fotos adjuntas, Como se verá, al rey Mihai también le ponía que le saludaran con el saludo fascista posando junto con sus grandes aliados ideloógicos: Hitler, Mussolini y Antonescu.

Tampoco hay que olvidar las palabras de su marido, Juan Carlos de Borbón, sobre el asesino genocida Francisco Franco, el que le eligió a dedo como sucesor en la jefatura del estado: "para mí es un ejemplo viviente, tengo hacia él gran simpatía y admiración" 

Federica de Hannover y sus hermanos,
madre y tíos de Sofía de Grecia
¿Por qué, por último, la admiración de los Iohannis hacia la monarquía, representada por el taimado Mihai? Klaus Iohannis, actual presidente de Rumania, ha atesorado tanto poder político gracias a ser el presidente del actualmente llamado Foro Democrático Aleman de Rumania, que integra los intereses de la minoría alemana de este país. Esta institución se llamaba Deutsche Volksgruppe – Grupo Etnico Aleman, organizacion que, como explica el historiador Ion Coja, fue ilegalizada mediante el artículo 15 del Armisticio del 12 de septiembre de 1944 por tratarse de una organización pronazi, que incrementó notablemente su patrimonio a costa de la confiscación de los bienes de judios y rumanos deportados o fusilados por el régimen de Mihai y Antonescu. 

Tras el golpe que restauró la dictadura capitalista en diciembre de 1989, el Foro nazi y todos sus bienes se legalizó de nuevo, cambiando el nombre con el adjetivo de "democrático" (operación cosmética habitual entre los fascistas, que se suelen adornar con el nombre de "demócratas de toda la vida" para ocultar su pasado), recuperando todos sus bienes, incluso los que le habían sido sustraidos las víctimas del fascismo.

El 27 de febrero de 2007, Hans Klein (sacerdote evangélico y consejero local del alcalde de Sibiu, entonces Klaus Iohannis), presentó una reclamación al Tribunal de Sibiu, en calidad de presidente del Foro Democrático Alemán en esa ciudad, en la que pedía que "rogamos que se constate la calidad de sucesor en derecho de nuestra organización del Grupo Étnico Alemán (Deutsche Volksgruppe)”, la organización dedicada en los años 30 a difundir la ideología nazi por Rumanía, con el fin de recuperar todo su patrimonio.

Hay que hacer notar, igualmente, que muchos de los miembros del foro fueron juzgados por su apoyo activo o pasivo al fascismo y al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y los años previos, muchos de ellos encarcelados y deportados, justicia que es descrita por sus herederos de hoy, además de por la ideología oficial de los medios de propaganda (de comunicación), como "persecución política", que no es más que una forma de autorreconocimiento de esos "demócratas de pantomima" de su apoyo y defensa, aunque sea tras la máscara de la "democracia burguesa", del fascismo y de sus crímenes.
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