sábado, 27 de junio de 2020

El Acorazado Potemkin: la bandera roja en el puerto de Constanza

[300px-Poster15.jpg]El 20 de junio de 1905 atracaba en la bahía de Constanta, Rumania, el Acorazado Potemkim, cuya tripulación se había rebeleado contra el gobierno del zar unos días antes, en el puerto de Odessa. Llevaba enarbolada en el mástil la bandera roja de la revolución. Sería la segunda vez que entrara en este puerto rumano en pocos dias.

En 1905, en Rumania los conflictos sociales estan al orden del dia, y como explicaba el comunista Cristian Rakowsky , "una verdadera epidemia de huelgas tuvo lugar en Rumania" en protesta contra las condiciones de trabajo y la extrema pobreza que se vivía en el país, muy similares a las de Rusia. Además, estaba a punto de estallar la Guerra de los Balcanes, donde Rumania se enfrentará a los intereses de Rusia qu, sin participar directamente, apoyará a Bulgaria en su guerra expansionista.

En este contexto, se suceden los acontecimientos revolucionarios de Rusia, que son observados con preocupación por la oligarquía rumana, por su significado en relación a la lucha de clases, pero a la vez con felicidad por los enemigos del imperio zarista, entre ellos Rumania.

El 14 de junio de 1905 los marineros del Potemkim, acorazado ruso de la flota del Mar Negro, se alzan contra sus oficiales, en un contexto en el que toda Rusia era un hervidero de movimientos sociales y revolucionarios. Su rebelión fue vista posteriormente como un paso inicial hacia la Revolución rusa de 1917, y, además, se convirtió en la base histórica para la espectacular y emotiva película muda de Sergéi Eisenstein "El acorazado Potemkin".

En 1905, el Comité Central de la Organización Socialdemócrata de la Flota del Mar Negro habia iniciado los preparativos para varias rebeliones simultáneas en todos los buques de la flota, aunque la fecha estaba sin precisar. Sin embargo, en el momento en que se planificaba el alzamiento, el Potemkin estaba en mar abierto, en unos ejercicios de tiro en la isla de Tendra, y la rebelión terminaria estallando en este barco por cuenta propia.

La situación en Rusia en 1905 era caótica: los conflictos sociales tenían en jaque al autoritarismo del zar, y este no cedía ni un ápice su postura represiva. La guerra contra Japon estaba siendo un desastre, y la marinería era el cuerpo del ejército donde los motines eran más habituales.

La chispa definitiva que hizo estallar el motín del Potemkin fue iniciada por el segundo de abordo, Ippolit Giliarovsky, quien amenazó con tomar represalias contra varios miembros de la tripulación que se negaban a comer carne en la que se habían descubierto gusanos (una forma habitual en la época de tratar a la marineria) tras ser embarcada desde la torpedera N267, que actuaba como buque de enlace y correo. El tal Giliarovsky reunió a dichos marineros frente al alcázar para proceder a algunos fusilamientos , momento en el cual los marineros se rebelaron y tomaron el control del acorazado.

La oficialidad del barco trató de reprimir el motín, y en el tiroteo subsiguiente murieron siete de los dieciocho oficiales del Potemkin, incluyendo al Capitan Evgeny Golikov, el segundo oficial Ippolit Giliarovsky, y el oficial médico, que había certificado la carne como apta para el consumo. Los oficiales supervivientes fueron arrestados, así como los del torpedero N267. El marinero Grigory Vakulenchuk resultó herido mortalmente durante el motín. Los marineros procedieron entonces a organizarse en una Comisión, liderada por Afanasi Matushenko.

[300px-Potemkin.jpg]La noche del mismo día, el acorazado llegó al puerto de Odessa ondeando una bandera roja. En la ciudad se había declarado entonces una huelga general, y la llegada del buque rebelde contribuyó a aumentar la inestabilidad. Sin embargo, los representantes de la comisión de contacto de los partidos socialdemócratas en Odesa (en 1903 se habian dividido entre bolcheviques y mencheviques) fueron incapaces de convencer a los marineros sublevados de que desembarcasen grupos armados para ayudar a los obreros a conseguir más armas y actuar de forma conjunta. Al final no hubo coordinacion.

El 16 de junio, el funeral del marinero Vakulenchuk se convirtió en una manifestación política en toda regla. Los manifestantes se acumularon en la escalinata que lleva desde la zona del puerto al centro de la ciudad, donde recibieron disparos por parte de unidades de caballería, una escena que luego sería el punto álgido de la película de Eisenstein. Existe controversia acerca de la existencia o no de ese tiroteo en las escalinatas, pero tanto el corresponsal del London Times como el cónsul británico residente, confirmaron los enfrentamientos entre manifestantes y soldados por toda la ciudad, con gran pérdida de vidas humanas.

La noche siguiente, el Potemkin disparó dos proyectiles de su armamento principal a la parte de la ciudad donde se encontraba el cuartel general de las autoridades militares zaristas, el teatro de Odessa. La acción fue planeada y orquestada por Constantine Feldmann –delegado ante el Comité Revolucionario del Partido Social Demócrata en Odessa–. Feldmann contaba con que en el teatro estaría reunida la oficialidad zarista en pleno, incluido el mismísimo general Kokhanov. Muerto Kokhanov, pensaba el delegado, las tropas se sumarían a la causa, y con Odessa a los pies de los insurrectos ya nada detendría una revolución generalizada.

La escena del bombardeo del teatro de Odessa es uno de los puntos centrales de la pelicula de Eisenstein, que este representa con la caída de uno de los leones del edificio tras los cañonazos.

El ejército imperial envió refuerzos a la ciudad con órdenes de suprimir el desorden civil. El gobierno, además, emitió una orden con el fin de, o bien obligar a la tripulación del Potemkin a rendirse, o bien hundir la nave.


La revuelta del Potemkim tuvo un importante valor para la Revolución, puesto que era uno de los barcos mas poderosos de la marina rusa, y una de las pocos que había sobrevivido después del desastre de Tshushima, del 21 y 22 de mayo de 1905, en la guerra contra Japon.

El Comité Central del Partido Socialdemócrata Ruso intentó apoyar la revuelta del Potemkin. Sin embargo, Mikhail Vasilyev-Yuzhin, que había sido enviado a Odesa por Lenin para liderar la revuelta, se encontró a su llegada con que el barco había abandonado el puerto.

EL POTEMKIN SALE DE ODESSA
Monumento a los heroes del Potemkin, en Odessa
El nerviosismo del zar se basaba en que el ejemplo del Potemkim podia extenderse por toda la marina rusa, por lo que era esencial acabar con él. Dos escuadrones de la Flota del Mar Negro fueron enviados a Odessa para destruir el acorazado rebelde. Se reunieron en la isla de Tendra el 17 de junio. El Potemkin, acompañado del N267, se dirigió hacia ellos, y - negándose a rendirse - navegó a través del escuadrón.

Esta "batalla silenciosa" acabó siendo un enorme éxito para el Potemkin; los marineros del escuadrón combinado se negaron a abrir fuego contra sus camaradas, y uno de los acorazados - el Georgiy Pobedonosets - se unió al Potemkin. El resto del escuadrón combinado se dirigió a Sebastopol, mientras los tres buques rebeldes ponían rumbo de vuelta a Odesa.

Krieger, vicealmirante de la escuadra, estaba reunido a bordo del Rotislav, en Sebastopol, escuchando el informe de los capitanes. Sólo necesitaba tres buenos buques que poder enviar a la bahía para terminar con el Potemkin. Pero la flota no le respondió como creía. En el Catalina II, la tripulación canta el “Ave María” y el “Padrenuestro”, pero se niega rotundamente a entonar el “Dios salve al zar”. La tripulación del Alexander II, anclada en Kronstadt, desacata las órdenes, mientras que en los astilleros de Nikolayev se escuchan tiros desde muy temprano, sin que nadie tenga la menor idea de quién los dispara.

Finalmente, Krieger ordena que el Santa Trinidad, el Jorge el Conquistador y el Los Doce Apóstoles zarpen inmediatamente con órdenes de acabar con el Potemkin antes de que a otro buque se le ocurra enarbolar la bandera roja en lugar del pabellón con la cruz de San Andrés.

Ante la persecucion, los marineros revolucionarios del Potemkin toman la decision de navegar hasta un puerto donde se pueda reponer municiones, carbon y alimentos. La eleccion de Constanza (Rumania) tuvo que ver con dos activos participantes de las deliberaciones que tuvieron lugar a bordo, Constantine Feldmann y Kirill, dos dirigentes de la socialdemocracia ucraniana que se sumaron a la tripulación del Potemkin desde un principio. Tanto Feldmann como Kirill aportan el barniz ideológico del que carece la tripulación. Afanasy Matushenko, protagonista del film de Eisenstein, es, como la mayoría de sus compañeros, un campesino casi analfabeto sin ninguna experiencia política y –lo que es mucho peor– ninguna experiencia marina.

Al igual que Fyodor Mikishhin, Josef Dymtchenko y los otros 667 marineros, Matushenko había sido arrancado de los surcos arados de Basarabia para revitalizar las tropas diezmadas en el Lejano Oriente. Son campesinos forzados a enrolarse para gloria del zar y para el sufrimiento y pobreza de sus familias. Sin la intervención de Feldmann, es probable que los amotinados se hubieran quedado a enfrentar los refuerzos que venían de Sebastopol –con lo cual Eisenstein se habría tenido que conformar con un cortometraje– y hubieran navegado a la deriva hasta que los encontrara Krieger, o hacia el Bósforo, donde los esperaban los turcos para mandarlos también al fondo del mar.

En Constanza podrían reaprovisionarse y darle tiempo a la Revolución para que ganara adeptos entre la marina. Así que Feldmann entendía que solo era cuestión de aguantar, que tarde o temprano otros buques iban a sumarse. El objetivo nunca fue huir, sino utilizar el Potemkim como arma de guerra revolucionaria

La orden de poner motores a toda máquina fue impartida por Matushenko al piloto Alexeev, uno de los tres suboficiales que habían sobrevivido al 27 de junio, día del motín. Durante la primera noche de navegación en fuga, el Comité Revolucionario –formado por los líderes del alzamiento y los militantes de Odessa– redacta un comunicado (el primero de varios) dirigido a la humanidad:

“Ciudadanos de todos los países y de todas las nacionalidades, el gran espectáculo de la gran guerra por la libertad está ocurriendo frente a vuestros ojos
”.

En otro párrafo, los amotinados piden al zar a que concluya la guerra contra Japón y abdique sin más, “convocando a una asamblea internacional constituyente sobre las bases del sufragio universal, directo, secreto e igualitario”. El comunicado concluía diciendo que la tripulación del Potemkin estaba dispuesta a “triunfar o perecer en el intento”.

En la madrugada del 2 de julio, el guardia de turno anuncia que están frente al puerto de Sulina, en el Delta del Danubio. Es un amanecer prometedor. Por el momento no hay noticias de la flota y el horizonte está libre de obstáculos. Llevan varios días navegando a tres cuartos de máquina y las calderas piden agua a gritos. En Constanza esperan poder reaprovisionarse de carbón y agua dulce para saciar la sed.

LLEGADA A CONSTANZA

En primer lugar, hay que decir que los revolucionarios del Potemkim no esperaban recibir las provisiones gratis de Rumania. No se trataba de un acto de pirateria, sino que en el barco tenían suficientes fondos como para comprarlas. No contaban, sin embargo, en un ingenuo ejercicio de fe en la humanidad, con que Rumania era un pais reaccionario, donde los camaradas obreros y campesinos vivían en condiciones de explotación iguales o peores a los de Rusia, y en ningun momento se iba a apoyar a un barco con la bandera roja en su mastil (a no ser como estrategia contra su enemigo el zar).

El Potemkin llegó a Constanza cerca de medianoche y fondeó a milla escasa del muelle. El comandante Negru, responsable de las operaciones navales de la flota rumana, ignoró el saludo de dieciocho cañonazos que sí que puso en alerta a todos los vecinos. Negru decidió esperar a que aclarara. La base de Constanza disponía de un sistema de comunicación más sofisticado que el Potemkin, y estaba al tanto de lo que sucedía y de las advertencias de la flota rusa. Pero Constanza no era Rusia, y Rumania va a jugar sus propias cartas en el asunto.

Un acorazado como el Potemkim podía de verdad destruir toda la ciudad, y por eso no era un asunto fácil de enfrentar su presencia en el puerto rumano, además con la amenazante (para la oligarquía rumana) bandera roja de la revolucion ondeando en el mástil.

En la madrugada del 3 de julio, se presentaron a bordo unos oficiales en representación de Negru. Los rumanos fueron recibidos cordialmente en el camarote que había sido del capitán Golikov, donde había una buena provisión de vodka y vinos moldavos. Poco antes del mediodía, las partes acuerdan que el Potemkin puede permanecer anclado y que un contingente de los amotinados desembarque para comprar alimentos y contratar a un médico que asista a heridos y enfermos.

Pero cuando Matushenko pide carbón y agua potable, el oficial con más medallas trata de desentenderse del asunto, argumentando que debe consultarlo con sus superiores. En las arcas del Potemkin había cerca de 20 mil rublos (casi 6 mil libras) destinados a esos efectos. Sin embargo, la negociación no iba a ser fácil.

La tercera visita del día fue de una delegación del crucero rumano Elisabeta, anclado en las proximidades. Matushenko y Feldmann aprovecharon para llevarse a cubierta a un par de peces gordos con medallas y estrellas con la idea de comprarles por debajo de la mesa provisiones de carbón y agua dulce. Pero los oficiales doblaron la apuesta: ofrecieron derecho de asilo, pasaportes rumanos e inmunidad a cambio de que les vendieran el Potemkin.

Sin embargo, los marineros rusos no eran piratas, y ser tratados como tales les hace reaccionar con indignacion. Matushenko devolvió la gentileza preguntándoles a los oficiales cuánto querían ellos por el Elisabeta. Esa misma tarde llegaría un comunicado de tierra que advertía a la tripulación que el Potemkin ya no era bienvenido, y que no habría para ellos ni agua ni carbón ni provisiones. Rumania quería quitarse de encima a los que seguramente consideraba unos "bandidos revolucionarios".

VUELTA AL MAR

Se decide, parece que a propuesta de Feldmann, dirigirse a un nuevo destino, el puerto de Theodosia, que además de puerto carbonero estaba en ruta hacia el Cáucaso. Feldmann y Matushenko habían discutido la posibilidad de iniciar un foco revolucionario en la Caucasia en caso de que, como parecía, la flota no se sublevase para acompañarlos en su marcha a San Petersburgo para colgar a Nicolás.

Levan ancla con los motores en marcha, cuando un lanchón se arrima a babor con un mensaje del rey Carol I: una invitación a rendirse. Pero esta vez el tono era diferente, y además lo firmaba el mismo rey de Rumania, que les garantizaba que no habría represalias y tampoco los entregaría a los zaristas, aunque nada se dice de que pasaria con el goloso acorazado. La oferta era interesante, pero Matushenko la juzgó tardía. 

Los lideres de la sublevacion: Matuchenko en el centro con camisa blanca
¿Qué esperaba el rey Carol con este cambio de actitud? No se sabrá nunca, pero suponemos que el Acorazado Potemkim era una pieza demasiado atractiva como para renunciar a ella tan fácilmente, y, sobre todo, para privar a Rusia de su uso. Al final, el rechazo de los líderes rebeldes a venderlo desbaratara los planes de Carol I y, como se verá, el barco terminará de nuevo en manos del zar.

El Potemkin llegó a Theodosia en la madrugada del 5 de julio, apenas unas horas después que el mensaje de San Petersburgo, advirtiéndoles de las consecuencias que sufrirían si llegaban a ceder a los pedidos de la tripulación amotinada. Asi que el puerto solo ofrecerá a los marineros sublevados carne, aceite para motores a combustión, tabaco, fósforos, vodka, pan y harina, vendajes y periódicos.

Matushenko, que junto a Feldman era el líder del grupo, rechaza la oferta si, ademas, no les vendían carbón y agua, y da 24 horas a los goberantes de la ciudad para que les suminitren estas dos materias esenciales para poder continuar viaje, y utilizar el acorazado en la lucha contra el zar. En la madrugada del 6 de julio, las nuevas circulan de hamaca en hamaca entre los marineros del Potemkin: los habitantes de Theodosia abandonan la pequeña ciudad llevándose todo lo que pueden. Era la única alternativa que les dejaban los cañones del Potemkin y las amenazas del zar.

Aprovechando el éxodo, Matushenko y Feldmann mandaron un contingente a tierra, pero fueron recibidos a balazos por un reten que habia permanecido vigilante. Es la gota que colma el vaso. Tres de los marineros mueren en el intento y esto supone una desmoralización definitiva.

Ese día hubo quien habló de volver a Sebastopol y entregarse. La mayoría seguía sosteniendo que era una locura. Pero seguir a la deriva también era insensato, y la falta de agua y alimentos causaba estragos. Al final, se decidió aceptar la oferta del monarca rumano, que ya no parecía tan despreciable.

FINAL EN RUMANIA (Y MUCHO MÁS LEJOS)

El Potemkin entró por última vez en la bahía de Constanza a las 2 de la madrugada del 8 de julio. A poco de haber llegado, una delegación mínima se presenta a bordo y confirma los términos de la oferta. Al amanecer, los tripulantes del Potemkin comienzan a desembarcar, agotados después de trece días sin pisar tierra firme, mal alimentados, sedientos. En las pequeñas embarcaciones que los acercan a la costa cargan con todo: vajilla, ornamentos, sanitarios, muebles, herramientas, toallas, herrajes, libros. Una vez en tierra firme, Matushenko distribuye equitativamente los 20 mil rublos que no les habían servido para comprar carbón ni agua dulce.

En el acuerdo, los marineros habían insistido en que no fueran entregados al zar, y en principio las autoridades rumanas estuvieron de acuerdo (al fin y al cabo Rumania y Rusia eran enemigos). Rusia insistía, por su parte, en que los rebeldes debían ser juzgados en su pais, pero Rumania se niega, invocando a la opinion publica nacional y que no existía tratado de extradicion entre ambos estados. Solo existía una convencion de reciprocidad, pero que no podía ser invocada en este caso, porque "no se puede afirmar que toda la tripulacion del Potemkim sean criminales", según escribió a Viena el marques Palavacini, ministro de Austria-Hungria en Bucarest.

La mayoría de los amotinados decidió permanecer en Rumanía en 1905, por lo menos hasta la revolución de febrero de 1917. De los que volvieron a Rusia inmediatamente después del motín, 7 fueron ejecutados como cabecillas del mismo, mientras otros 56 fueron sentenciados a diversas penas de prisión. Algunos suboficiales del Potemkin lograron argumentar que se habían visto obligados a amotinarse temiendo por sus vidas, mientras que la tripulación del Viekha, el barco de apoyo implicado también en el motín, fue puesta en libertad sin cargos tras determinarse que lograron convencer a los sublevados de que liberasen a sus propios oficiales.

Unos seis centenares de tripulantes del Potemkin permanecieron en Rumanía en 1905, mezclándose con la población local. Entre ellos se encontraba su líder, Afanasy Matushenko. Este, junto con cuatro compañeros, volvió a Rusia con la promesa de una amnistía en 1907, pero fue arrestado y colgado nada más entrar en el pais (justicia zarista). Otro de los cabecillas, Joseph Dymtchenko, huyó de Rumanía en 1908 junto con otros 31 marineros, y estableciéndose todos en Argentina, tras pasar un tiempo invitados por la socialdemocracia inglesa en Liverpool, dando charlas sobre la revolucion.



Al menos un marinero, Iván Beshov, logró llegar a Irlanda, vía Turquía y Londres (donde según se afirma conoció a Lenin). Murió el 25 de octubre de 1987, a los 102 años de edad, siendo probablemente el último superviviente de la tripulación.

La nave seria custodiada por las autoridades rumanas hasta su entrega a Rusia, permaneciendo en el puerto de Constanta, bajo bandera rumana. Esto crearía un nuevo conflicto diplomático entre Bucarest y San Petersburgo, y el agregado de negocios rusos en Rumania, Lermotov, protestó ante el rey Carol I por lo que consideraban un apropiamiento ilegal. Sin embargo, el general Lahovari, ministro de exteriores rumano, no aceptó la protesta, puesto que la nave tenía que estar custodiada por soldados rumanos mientras estuviera en puerto de su soberanía, y estos no podian realizar su trabajo bajo la bandera rusa ni bajo la bandera roja.

Fue una respuesta hábil, que respetaba la neutralidad, y esta actitud de los rumanos sería alabada más tarde tanto por el zar Nicolas, en una carta enviada al rey Carol I, como por el mismo Lenin (en primer lugar, por el retorno de la nave, y después, por el acuerdo con los marineros). Es la unica vez, han señalado los historiadores rumanos, que Lenin habla bien de Rumania, puesto que siempre la consideró, con mucha razón, una tierra burguesa y capitalista, donde las condiciones de los trabajadores y campesinos eran tan nefastas como en la propia Rusia.

El acorazado Potemkim seguiría navegando tras pasar de nuevo a manos de la marina del zar, e incluso lucharía en la Primera Guerra Mundial. En octubre de 1905 fue rebautizado por el zar como Panteleimon (que se traduce como campesino maleducado o despreciable). En abril de 1917 la nave sería renombrada de nuevo como Potemkin-Tavrícheski. Sin embargo, en mayo del mismo año se cambió de nuevo el nombre a Borets za svobodu ("luchador por la libertad"). En 1918, la nave fue capturada por los alemanes, y recuperada luego por los rusos blancos. En abril de 1919, los blancos destruyeron el acorazado mediante una explosión provocada mientras se encontraba en el puerto de Sebastopol, para evitar que cayera en manos de los bolcheviques. Tras la Guerra Civil Rusa, los restos del Potemkin fueron reflotados y desmantelados definitivamente, a causa de los daños irreparables sufridos.

Lenin escribió que la rebelión del Potemkin fue de máxima importancia, por ser el primer intento de crear el núcleo de un ejército revolucionario, especialmente debido a que una parte apreciable de las fuerzas zaristas que se le opusieron habían acabado sumándose a la rebelión. Lenin llamó al Potemkin "territorio invicto de la revolución".

El recuerdo del levantamiento tuvo una significativa influencia en el proceso revolucionario del ejército y la flota rusos en 1917, siendo el antecedente directo del acorazado Aurora, cuyos cañonazos darían comienzo a la Revolución de Octubre y a la toma del poder por los soviets.

Que mejor, por lo tanto, que terminar esta entrada con el lema que está presente a lo largo de toda la pelicula de Eisenstein y que dice recuerda a los heróicos marineros revolucionarios del acorazado ruso, el primero en alzar en su mástil la bandera roja de la clase trabajadora:

"¡GLORIA A LOS HÉROES DEL PUEBLO DEL POTEMKIM!"

viernes, 26 de junio de 2020

Un millón de pensionistas rumanos sobreviven con una pensión de 147 euros al mes

A los rumanos les crecen los enanos. Después de sufrir dos décadas de saqueo capitalista,  de destrucción de la riqueza nacional para repartirla entre las grandes multinacionales extranjeras y los mafiosos locales, la pandemia de Covid-19 les ha dejado aún más tocados. No solo porque, siendo su principal recurso económico la exportación de mano de obra barata a paises desarrollados, el aumento brutal del desempleo y los brutales recortes de derechos que nos vienen encima les hayan obligado en muchos casos a volver a casa, sino también porque en la propia Rumania, coincidiendo con el gobierno de un partido liberal, la nueva excusa para recortar derechos y bienes para derivarlos a las grandes fortunas va, sin duda, a aprovecharse.

pensie pensionarLa situación actual con los pensionistas rumanos es la siguiente

Alrededor de un millón de pensionistas rumanos sobreviven con una pensión inferior a 706 lei, es decir, unos 147 euros.

Según la institución equivalente a la Seguridad Social en Rumania, 2 millones de pensionistas reciben menos de 1000 lei mensuales, lo que representa el 40% del total de los pensionistas del país. En el polo opuesto, solamente 26.000 (un 0,5%) reciben pensiones de más de 5000 lei (unos 1040 euros). Por otro lado, el Institito Nacional de Estadística de Rumania señala que el número otal de pensionistas es de 5,1 millones, siendo la pensión media mensual de 1.335 lei (278 euros).

Además hay que tener en cuenta que, según el estudio realizado por la Fundación Friedrich Ebert, en 2019 la cesta básica de consumo para poder comer decentemente era de 2.648 lei (unos 560 euros), datos para una persona adulta. En este sentido, es comprensible que los datos de Eurostat muestren que uno de cada cuatro jubilados rumanos pasa hambre y vive en condiciones de pobreza.

No obstante, el Partido Nacional Liberal en el gobierno, dirigido por Ludovic Orban, apoyados por el jefe de estado Klaus Iohannis, se disponen a paralizar cualquier subida de pensiones y de ayudas sociales, condenando a los ancianos rumanos a una penuria aun mayor. Mientras tanto, disponen decretos para subvencionar a las grandes empresas privadas, para ayudarlas a pagar los salarios de los trabajadores con dinero público y para seguir facilitando que estas no tengan que subir los salarios de sus empleados.

Parece, pues, que el gran peligro no se trata tanto de la grave pandemia, como nos hace creer la OMS y los medios de propaganda, sino que el principal problema, el más grave y letal virus, fue, es y será la tiranía del capital, lo que se llama eufemisticamente "democracia liberal".  Y Rumania lleva veinte años siendo conejillo de indias de sus desmanes.

viernes, 12 de junio de 2020

Con republicanos españoles en la Resistencia Francesa, Anghel Haralampie

Anghel Haramlapie fue uno de los más de 500 trabajadores rumanos que lucharon contra el fascismo en España como miembros de las Brigadas Internacionales. Como muchos de los brigadistas, después estuvo encerrado en los campos de concentración franceses, teniendo prohibido regresar a su patria si en ella había un gobierno fascista, como en Rumania.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los que lucharon en España contra el fascismo no dudaron en formar parte también como voluntarios de los ejércitos que se enfrentaron a Hitler y a Mussolini, o de los movimientos partisanos que se crearon en los países ocupados.

En 1969 se publicó en la República Socialista Rumana, por la Editura Política, el libro Rumanos en la Resistencia Francesa, donde muchos de los que formaron parte de las organizaciones de partisanos franceses escribieron sus experiencias en la lucha contra el fascismo en Francia.

En el artículo que hemos traducido y que publicamos a continuación, Con los republicanos españoles en la Resistencia Francesa, Anghel Haralampie, que también lucharía como voluntario en las Brigadas Internacionales en España, nos cuenta cómo fue su participación en los grupos guerrilleros franceses y, con más interés si cabe, su experiencia tras el final de la Segunda Guerra Mundial, luchando en los maquis que cruzaron a España desde Francia para combatir al franquismo.


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Con republicanos españoles en la Resistencia Francesa, por Anghel Haralampie



En septiembre de 1939, cuando estaba recluído en el campo de concentración de Gurs, en el sur de Francia, junto con otros voluntarios de las Brigadas Internacionales, las autoridades nos pidieron que nos uniéramos como voluntarios a los regimientos que se estaban formando para luchar contra las tropas nazis. Junto con un grupo de camaradas rumanos, acepté sin dudar la propuesta. 


Después de una corta instrucción en Barcarès, fuimos enviados al frente del norte, encuadrados en el Regimiento 12 de infantería. Este regimiento estaba formado por hombres de diversas nacionalidades, aunque predominaban los españoles y franceses. 

En la región de Pas-de Calais participaríamos (entre diciembre de 1939 y mayo de 1940) en la famosa "drôle de guerre" (guerra rara[1]). que se terminó con la invasión y ocupación de Francia por el ejército alemán.

En julio de 1940, después del armisticio, fuimos desmovilizados e internados de nuevo en Gurs, pero en esta ocasión aislados del resto de los voluntarios que habían formado parte de las Brigadas Internacionales en España y que se encontraban también en aquel campo.

Poco tiempo después, a causa de que teníamos la cartilla militar de soldados franceses, fuimos liberados del campo, ofreciéndonos la posibilidad de trabajar en las granjas de la región, donde permanecimos unos tres meses, trabajando a cambio de comida. Pero tras aquel periodo, nos presentamos en la prefectura de la ciudad de Pau, que nos concedió un permiso para trasladarnos a Marsella.

Allí nos encontramos con otros rumanos y quedamos entre todos en intentar regresar a Rumania. El consulado rumano[2], al que nos dirigimos, rechazó nuestra vuelta a casa, argumentando que habíamos luchado en un ejército extranjero, perdiendo con ello la ciudadanía.

La necesidad hizo que, junto con Alexandru Bulc e Iosif Balan, nos pusiéramos a trabajar como leñadores en los bosques de Bouches-du-Rhône, después en Vaucluse y, más tarde, durante un tiempo en Drôme.

Se trataba de una región montañosa, donde la humillación sufrida por la derrota de Francia y el saqueo del país por parte de los ocupantes hizo que se prendiera en el ánimo de los franceses una poderosa llama de odio hacia los invasores alemanes. La resistencia política contra los ocupantes y los traidores empezó a hacerse notar en estos lugares alrededor de principios de 1941. Y, hay que decirlo, los más activos animadores de los movimientos por la unidad contra el fascismo eran los comunistas. Pronto se impuso la necesidad de no quedarse atrás con respecto a otras regiones en lo referente a la lucha clandestina contra las fuerzas represivas de los invasores y los colaboracionistas de Vichy.

Los primeros pasos en la preparación de las acciones posteriores consistieron en armar a los hombres disponibles con escopetas de caza y revólveres procedentes del desarme de los gendarmes por el pueblo.

Como he dicho, por aquel entonces me encontraba en el departamento de Drôme. Trabajaba en una carbonera haciendo carbón vegetal, combustible con el que se sustituía la gasolina en los motores, adaptándolo para este menester. Los carboneros estaban entonces muy solicitados y muchos de los que vivían en la clandestinidad escaparon de esta forma a la vigilancia de las autoridades.  Se trabajaba en el corazón de los bosques, en lugares poco accesibles. De hecho, aquí se formaron los primeros núcleos de la resistencia, preparándose para entrar en acción.  Una vasta red de informadores, formada por campesinos de la zona, nos indicaba continuamente si aparecía algún peligro o sobre cualquier movimiento de las fuerzas del orden. En todo caso, raramente se aventuraban los gendarmes por aquellas zonas.

Así se efectuó la preparación militar de los jóvenes maquis, en los llanos de los bosques, protegidos de ojos indiscretos.

La resolución de resistir de la población se concretizaba también mediante la ayuda que daban a los maquis, avisándonos cuando las cartillas alimentarias llegaban al ayuntamiento. Era sabido que los alimentos estaban racionados y distribuidos en cantidades muy pequeñas. Las cartillas eran recuperadas en un simulacro de ataque por los grupos de partisanos, con la complicidad de los patriotas que trabajaban en la alcaldía.

Hacia la mitad del año 1943, el movimiento de la Resistencia se había desarrollado hacia formas más complejas.  Se constituyeron seis batallones de 150 hombres cada uno. Las acciones estaban dirigidas por la comandancia de la región F.T.P.F.[3], al frente de la cual estaba un camarada francés cuyo nombre de guerra era „París”.

Nuestras armas habían sido recuperadas de la guardia movil (gendarmes a caballo), y constaban de carabinas, pistolas automáticas y ametralladoras.

Tras haber sido conquistada también la „zona sur” por la armada de Hitler, una parte de las fuerzas encuadradas en las unidades militares francesas (del „ejército del armisticio”)[4], que estaban destinadas en los departamentos de Drôme, Vaucluse e Isère,  se integraron en los batallones del F.T.P.F., trayendo consigo su armamento (también algunos cañones que habían escondido y puesto a salvo tras la invasión alemana), consiguiéndose liberar después casi toda la región de Drôme.

En un principio, estos militares franceses no participaron en todas las acciones organizadas directamente por el F.T.P.F. Nos entregaban armamento y nosotros, a cambio, les aprovisionábamos con alimentos, pues disponíamos de ellos debido a la colaboración estrecha con la población local.

Teniendo en cuenta todo lo relatado más arriba, era de esperar que las tropas alemanas se lanzaran, tarde o temprano, contra los partisanos. Los primeros ataques fueron dirigidos principalmente contra las fuerzas ubicadas en el monte Venton (entre Vaison y Sault), y se realizaron en combinación con la aviación, que incendiaba grandes superficies de bosque con la intención de hacer arder las posiciones de los maquis.

Los bosques fueron presa de las llamas, pero nosotros teníamos amplias posibilidades de maniobra. Así que continuamos golpeando a los ocupantes con tácticas de guerrilla, con rápidos ataques sorpresa: nuestros principales objetivos eran, en especial, cuarteles y centros de instrucción alemanes. Las operaciones eran llevadas a cabo por grupos de 3 o 4 hombres, tanto con camiones como con bicicletas. Atacábamos barriendo el objetivo con ráfagas de metralleta y lanzando granadas.

En noviembre de 1943 atacamos en Vaison un cuartel ocupado por militares nazis. La operación había sido minuciosamente preparada, participando en ella unos 200 partisanos. Era la primera operación realizada con fuerzas masivas. El ataque duró cuatro horas, causando al enemigo graves pérdidas. Nosotros perdimos 23 hombres. Los alemanes, recuperándose del estupor causado por nuestro raudo ataque, intentaron tomar represalias y destruir un pueblo en el que sospechaban que nos habíamos refugiado, pero su tiro de artillería no fue bien calibrado y todos los obuses cayeron más allá de su objetivo.
Imagini pentru campo de concentracion de gurs
Campo de concentración de Gurs

Recuerdo otra operación que iba a efectuarse contra una concentración alemana en Séderon.  Desafortunadamente, se saldó con una derrota sangrienta. El enemigo había conseguido, comprándole, la ayuda de un oficial degradado que se encontraba al mando de uno de nuestros batallones. Como el plan de ataque había sido desvelado, los alemanes lograron capturar a 42 compañeros, de los 150 que formaban los efectivos con los que se iba a desarrollar el ataque.

Desarmados y amontonados en camiones, los 42 héroes fueron ejecutados en la plaza de la ciudad, siendo después sus cadáveres arrojados en las aceras. La población fue obligada a asistir, afligida, a aquel sombrío espectáculo nazi.

El resto de nuestras fuerzas, tras lograr refugiarse en los bosques cercanos, se reagruparon. El traidor, finalmente, fue capturado poco tiempo después y ejecutado.

El fracaso de la acción provocó un acerbo ambiente de lucha, intensificando todavía más el odio contra los invasores.

Otra operación digna de ser recordada, en esta ocasión de mayor magnitud, tuvo lugar en el año 1944, tras el desembarco de los aliados en las playas de Normandia, y en la que participé también yo. Se produjo en las circunstancias de la retirada de las tropas nazis del departamento de Drôme.

En su repliegue, y para salvar su piel, los alemanes destruyeron el armamento pesado (tanques, cañones, y otros). Se dirigían hacia Valence, desde donde pensaban continuar su retirada Rodano arriba.  Las unidades de la Resistencia intentaron cortarles el camino de acceso a Valence. Sin embargo, los alemanes contratacaron y nos empujaron hacia las arboladas colinas. Después, como yo no había recibido la orden de retirada, me quedé solo en mi puesto de ametralladora, emplazado entre las rocas a una distancia de cerca de 50 metros del lugar donde los alemanes habían montado mientras tanto un cañón antiaéreo, con el objetivo de proteger la columna en su huida. Permanecí en mi puesto durante tres días y tres noches. Después de que el grueso de las tropas se había retirado y mientras pasaba la última columna de alemanes sobre carros de caballos, seguida de la infantería, por propia iniciativa abrí un fuego intenso sobre ellos. Nuestro batallón de partisanos, siguiendo desde la cumbre lo que sucedía, descendió apresuradamente al valle y capturó a los soldados rezagados de la columna alemana. Cuando  me encontraron, mis compañeros me confesaron que me habían creído muerto.

Todas las unidades partieron después persiguiendo a los alemanes, que tenían prisa en embarcarse en Valence. Allí, sin embargo, fueron sorprendidos por las tropas aliadas, que habían desembarcado en el sur de Francia y junto a las que avanzamos hacia el norte. En la batalla que tuvo lugar en Valence hubo muchas víctimas por ambos lados.

Fue mi última participación en los combates sobre el territorio francés. La, sin embargo, todavía no había terminado para mí.

En aquel final de año de 1944, el clima político generado por la inminente derrota del nazismo por las fuerzas antifascistas aliadas, con la URSS al frente, iba a inflamar el ánimo de los combatientes republicanos españoles, cuya patria sangraba bajo el terror franquista.

En este contexto histórico, los españoles que tanto contribuyeron a la liberación de Francia, en su deseo ferviente de impulsar el movimiento de Resistencia para liberar su propia patria, decidieron reagrupar las fuerzas que habían luchado en las formaciones del F.T.P.F. y continuar la lucha en España. El reagrupamiento tuvo lugar en el mes de noviembre de 1944, en Montélimar, departamento de Drôme. Me uní también yo con entusiasmo a esta acción con la que me sentía tan identificado.

Dotados con armamento ligero y contando con algunos medios de transporte, los cerca de 35.000 combatientes marchamos a Toulousse, desde donde teníamos que dirigirnos a la frontera española.  El reagrupamiento duraría unas tres semanas.

Imagini pentru maquis cruzando los Pirineos
Llegamos a la frontera, que cruzamos por un territorio extenso, entre Bayonne y Perpignan. Estando el ataque muy bien coordinado, logramos liberar un territorio español de una extensión aproximada de 35 kilómetros.  Liquidamos la resistencia de los puestos de la Guardia Civil española, manifestando la población local un entusiasmo indescriptible. Pero desasfortunadamente, después de 25 días, las autoridades francesas nos dieron la orden de regresar a territorio francés. En caso contrario, amenazaban con cerrar la frontera a nuestras espaldas.

No voy a dar más explicaciones sobre las causas de esta medida dictada por las autoridades francesas, que se hicieron claras en una fase posterior de la situación política. Al regreso, sin embargo, tuvimos la precaución de esconder una parte de nuestras armas en las montañas.

Pronto nos organizamos de nuevo, y en esta ocasión de modo clandestino, en pequeños grupos de unos 7-10 hombres. Así que en el mes de diciembre de 1944 me encontraba al frente de un grupo de siete combatientes que penetró de nuevo en tierra española.

Después de unos 15 días, durante los que encontramos en nuestro camino a otros grupos de partisanos españoles,  continuamos avanzando hacia el interior de España, siguiendo las cadenas montañosas hacia el sur, donde operaban desde hacia muchos años formaciones guerrilleras. En un pueblo de Andalucía, cerca de Córdoba, atacamos un cuartel de marroquíes. El cuartel fue tomado por sorpresa en plena noche. Éramos casi 300 partisanos. Tras el exitoso ataque, que se saldó con una gran parte de los efectivos franquistas diezmados, se nos ordenó hacer economía de municiones y retirarnos a las montañas, siguiendo un itinerario establecido previamente.

En los montes de Córdoba permanecimos casi 15 días y, después de terminar de reagruparnos, una parte de los combatientes extranjeros volvimos de nuevo a Francia. Nuestro peregrinaje por territorio español, con algunas escaramuzas por el camino, duró seis meses. El 9 de mayo de 1945 me encontraba otra vez en Francia.

Tras la victoria sobre las oscuras fuerzas fascistas el 9 de mayo de 1945, fui desmovilizado, regresando a mi país en diciembre de 1945.

Echando la vista atrás hacia aquellos años, no puedo terminar esta breve retrospectiva sin evocar, lleno de reconocimiento, la satisfacción moral que me aportó el contacto directo con los camaradas de lucha, con la población francesa y española. Aquellas vivencias grabaron profundamente en mi corazón el afecto hacia los pueblos que luchan por defender su independencia, por la humanidad y por la liberación del hombre de toda explotación.

[1] En español se suele conocer como "guerra de broma", a veces también como "la guerra falsa" o "guerra ilusoria", aunque el autor del artículo la traduce en rumano como "ciudate razboi", guerra rara. En francés se utiliza el término "drôle de guerre", refiriéndose al tiempo pasado en la S.G.M. desde la declaración de guerra de Inglaterra y Francia a la Alemania nazi, el 3 de septiembre de 1939, hasta la invasión por parte de esta a Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo, el 10 de mayo de 1940, periodo en el que aunque las tropas franco-inglesas se habían movilizado, no realizaron ninguna acción militar. (Nota del T.)

[2] Rumanía tenía entonces un gobierno fascista dirigido por el Mariscal Antonescu, bajo el reinado del rey Mihai I (Nota del T.)

[3] Francotiradores y Partisanos Franceses (FTPF) (Nota del T.)

[4] Si bien la Wehrmacht no estaba estacionada en la zona libre, la seguridad interna de ésta dependía solamente de las fuerzas policiales del régimen y de un ejército francés (el "ejército del armisticio") reducido a solamente 100.000 hombres en todas sus armas, sin artillería pesada ni tanques (Nota del T.)

sábado, 6 de junio de 2020

Monumento a la Victoria del Socialismo, de Boris Caragea

El Monumento a la Victoria del Socialismo es obra de Boris Caragea,  siendo inaugurado en 1968, en el Parque Central de la ciudad de Constanza, en la costa rumana del Mar Negro. Se levantó en honor de la lucha antifascista del pueblo rumano y de su triunfo en el camino por la construcción del Socialismo tras la Segunda Guerra Mundial.  Se trata de uno de los más importantes exponentes que siguen todavía en pie del realismo socialista rumano.

El monumento, que se alza sobre una plataforma y alcanza una altura total de 15 metros, representa a una joven que sostiene una rama de olivo en su mano derecha, símbolo de la paz de la victoria contra el imperialismo. 


El bajorrelieve en el lado derecho representa una escena del frente, en recuerdo y gloria de los soldados del Ejército Rojo y de los soldados rumanos que combatieron y derrotaron al fascismo; en cambio, en el de la izquierda se homenajea el esfuerzo de los trabajadores rumanos que codo con codo se esforzaron cada día en la construcción de un mundo sin explotación del hombre por el hombre a través del trabajo y su participación colectiva en el desarrollo del país y el mantenimiento de la paz entre los pueblos.


Tras el golpe de estado sufrido por los trabajadores rumanos en diciembre de 1989, Rumania sufrío un periodo de destrucción generalizada de toda la riqueza construída durante los años socialistas. También sufrieron esta rabia de los parásitos que habían estado casi cinco décadas excluidos del control de la riqueza nacional los monumentos y representaciones artísticas, en su empeño de castigar a los trabajadorse y hacerles olvidar los éxitos colectivos del pasado. Del mismo modo, el Monumento a la Victoria del Socialismo se quiso destruir, aunque la reacción popular, afortunadamente en este caso, lo pudo evitar.


El escultor Boris Caragea es considerado uno de los más representativos artistas de la democracia popular comunista rumana. Nació el 24 de enero de 1906 en Balcic, en Bulgaria (en una parte entonces anexionada a Rumania). Desde el principio se unió a la nueva tendencia artistica inspirada en los valores del socialismo en la que el arte no estaba ya dirigido hacia una élite parasita, sino que se realizaba en honor de los creadores de la riqueza (trabajadores y campesinos) y de los mantenedores de la paz (los soldados del pueblo). Desde 1951 hasta 1962 Boris Caragea fue elegido presidente de la Unión de Artistas Plásticos de la República Popular Rumana, recibiendo el Premio de Estado en varias ocasiones. Sería nombrado "Artista del Pueblo" en los años sesenta.


Otras obras significativas de Caragea son la Estatua de Lenin, (1960), que estuvo ubicada durante años frente a la sede central del diario Scanteia, periódico del Partido Comunista Rumano (y que fuera derribada en los años 90 por sicarios del fascismo) y el Monumento al Soldado Soviético Libertador, (1947), actualmente en el Cementerio Ruso de Bucarest.














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