sábado, 8 de noviembre de 2014

Un tema tabú en la campaña electoral rumana: el fracking

La primera vuelta de la campaña electoral ha terminado sin que en realidad nadie sepa qué es lo que defiende cada candidato. Total, en unas elecciones en un régimen neoliberal hay poco que elegir, salvo las caras de unos u otros y poco más. Sin embargo, a veces se sabe más de lo que está en juego analizando lo que no se dice, de lo que se evita hablar, que de lo que los candidatos declaran en las televisiones o ruedas de prensa.


Un tema ausente totalmente de la campaña electoral, en la primera vuelta y, por lo que se ve, también en la segunda, es qué va a pasar con las incipientes explotaciones de fracking en Rumania, iniciadas hasta ahora por la multinacional norteamericana Chevron, pero que tienen una larga lista de espera de candidatos que desean su parte del pastel, principalmente corporaciones rusas y de la Unión Europea.

Las tan en boga en Estados Unidos explotaciones de gas de esquisto, en la que se obtinen recursos energéticos, principalmente gas, mediante la inyección de una serie de productos químicos en la roca subterránea para hacerla estallar, con el fin de que esta produzca energía, ha creado una enorme polémica en el país balcánico, provocando duros enfrentamiento entre los habitantes de los territorios rurales donde han empezado los experimentos.

Parece que el beneficio que pueden conseguir con el fracking las empresas del sector energético son mayúsculos, a costa de acabar con el ecosistema del entorno donde se ubiquen, por la inevitable contaminación de los acuíferos del subsuelo, acabando, de esta forma, principalmente, con las formas de vida rurales basadas en la agricultura de subsistencia, muy extendida en Rumania.

La oposición de los rumanos,en especial de los de las zonas rurales, ha provocado cierto miedo a los políticos, que parece que, en ninguno de los casos, tienen pensado rechazar las presiones de las multinacionales y prohibir el fracking en territorio rumano. En especial, en la segunda vuelta, donde Victor Ponta y Klaus Iohannis se enfrentan para ocupar la jefatura del estado durante los próximos cinco años, pues ambos representan, particularmente, los intereses de la gran empresa, del gran capital y, por tanto, les importa bastante poco la opinión de los campesinos, sobre todo cuando se oponen a los intereses de las grandes mafias corporativas, sea cual sea el imperialismo económico al que pertenecen, el norteamericano o el ruso.

De momento, Chevron ya ha conseguido de los gobiernos anteriores concesiones para la explotación mediante fracking en diferentes zonas del país; en todas, se han encontrado con la oposición radical de la población local, que ve en juego su forma de vida actual. Incluso parece ser que el gobierno norteamericano ha presionado a los altos cargos políticos rumanos para que no se opongan a estas concesiones, bajo amenaza de abandonar el país a su suerte, desprotegido ante la supuesta amenaza rusa (amenaza que es, para la Casa Blanca y Chevron, más de carácter de competencia económica que militar, aunque tenga más fuerza de convicción mediática la segunda). 

Ilustración de Laurentiu Ridichiu de la lucha campesina contra Chevron, en
la localidad de Pungesti.
Por ello, ninguno de los candidatos ha dicho ni mu sobre qué piensan hacer con el fracking si son presidentes. No por qué no lo sepan, que lo saben muy bien, pues las órdenes que han recibido han sido bastante claras, sino porque ninguno se atreve, por lo mal recibidas que serían estas por los afectados, a reconocer que la decisión está tomada, y que Chevron seguirá adelante con las explotaciones de gas de esquisto, que aumentaran las concesiones a esta multinacional y, posiblemente, a otras corporaciones del sector, todas ellas, por supuesto, extranjeras.

Mientras tanto, los campesinos se organizan para defender sus tierras, su forma de vida, aunque no sepan, o al menos no hayan escuchado ninguna declaración al respecto, cual será la política de los candidatos y, por lo tanto, del futuro presidente, sobre el contaminante método de explotación del gas de esquisto que, curiosamente, en el conflicto del este ucraniano tiene también tanta importancia para Estados Unidos y Rusia.
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