sábado, 7 de marzo de 2015

Bajo el cielo de España. Capítulo X: Historia de los brigadistas rumanos en la Guerra Civil Española

Continuamos con la traducción del libro de Valter Roman, miembro del grupo de rumanos que combatieron en España en las Brigadas Internacionales contra el fascismo, en el que se describe la participación de los comunistas de Rumania en la Guerra Civil española (1936-39).

 Se puede acceder a las partes anteriores en los siguientes enlaces:

CAPÍTULO X: LOS VOLUNTARIOS TOMAN DE NUEVO LAS ARMAS

UNA RETIRADA DRAMÁTICA

El 21 de septiembre de 1938, en la Liga de las Naciones, Juan Negrín, el presidente del Consejo de Ministros de la República Española, como consecuencia de las presiones ejercidas durante meses sobre el gobierno rupublicano por el Comité de No Intervención de Londres, se declaraba de acuerdo con el plan de retirar a los voluntarios extranjeros del frente, propuesto por este.

El plan del Comité de No Intervención hacía referencia al hecho de la retirada de todos los
Refugiados republicanos llegando a Francia
combatientes no españoles de los campos de batalla, tanto los del ejército republicano como los del ejército franquista. En aquella fecha el número de voluntarios internacionales antifascistas no superaba los 12.000; el de los enrolados en las filas alemanas e italianas era de 130.000-140.000. Por muy difícil que fuera para el mando republicano prescindir de los brigadistas internacionales, tuvo que tomar en consideración el hecho de que la puesta en práctica del plan del Comité de No Intervención provocaría una mejora evidente de la situación de la República Española, porque los franquistas no quedarían en una buena situación para continuar la guerra sin la ayuda externa.

Sin embargo, mientras el gobierno republicano respetó de modo impecable los acuerdos, del ejército franquista no se retiró ni un soldado extranjero. Weitzsacker, jefe de la sección política del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, le comunicó en una nota interna a Ribbentrop: “Tanto nuestros voluntarios, como los aviadores y técnicos italianos, siguen teniendo una gran importancia para Franco... La retirada de nuestros voluntarios y de los italianos en el momento actual sería considerada por Franco y por el mundo entero como política y contribuiría de forma inadmisible al triunfo de los rojos”1

Y, naturalmente, para evitar como fuera “el triunfo de los rojos”, los combatientes alemanes e italianos continuaron luchando hasta el final en España contra las fuerzas republicanas, y las potencias occidentales, patrocinadoras del acuerdo de retirada de todos los extranjeros implicados en el combate, cerraron los ojos con complacencia a este incumplimiento del pacto.

La noticia de la retirada de los voluntarios produjo costernación, tanto entre los combatientes españoles , como entre los propios antifascistas llegados de todos los paises del mundo para enfrentarse al fascismo. Solamente la comprensión de las razones políticas que se hallaban en la base del acuerdo les hizo aceptarlo sin bronca.

Discutí con Arbousset y Carré sobre la dura alternativa en la que el gobierno republicano había tenido que decidirse entre el mantenimiento de los voluntarios internacionales, cuya presencia era utilizada por los agresores para justificar el envío de numerosas tropas enemigas, o la renuncia a los brigadistas, lo que representaba, por supuesto, el debilitamiento de las fuerzas de la República en momentos de gran dificultad.

─Sí, mon cher, no es fácil tomar una decisión en una situación así de difícil ─ afirmó Carré ─Pero, ¿qué quieres?, así es la política. Si le damos crédito al viejo Richelieu, “la política es el arte de elegir libremente entre dos grandes inconvenientes2

La retirada de los voluntarios no significa la negación de su papel y de su utilidad en su momento ─ apostilló Arbousset.─ El paso de una orientación a otra en política no significa necesariamente que la primera de ellas fuera un fracaso o un error. La decisión tomada se corresponde a la mejor eleccion  para la situación actual. O, quizás, no sea más que un grave error. Puede que la respuesta a la presión de los defensores de la “no intervención” signifique el reforzamiento de la solidaridad internacional con la República Española. Más voluntarios, mucho más armamento, mayor apoyo en todos los sentidos... Y, tras una pausa larga,─añadió el pensador─ puede que la historia diga que se ha cometido el mayor de los errores... Pero, ¿por quién?... Al final, puede que el que se engañe sea yo. No me doy cuenta de que es lo mejor. El tiempo lo dirá... Esto es todo lo que quiero decir.

─No, esto no es todo, ─le explica Gaston.─ Recordemos lo que se nos dice a nosotros los franceses sobre la política. Desde hace siglos se dice que “la política es un negocio sucio3. Si pensamos en la política llevada a cabo por los no intervencionistas, entonces la definición francesa se adecúa a las mil maravillas. O, si pensamos en el gobierno republicano, se podría decir, como Napoleón, “la política es el arte de lo posible4. Así es posible en el momento actual, así actuan los republicanos. Aunque la fórmula pertenece a Napoleón, pienso que, sin embargo, él no aplicó durante su vida su famosa fórmula. Si lo hubiera hecho, su carrera hubiera terminado de otra manera.

─ Y para cerrar este tema ─añadió Arbousset─, quiero decir que el pueblo tiene un refrán muy adecuado y, al mismo tiempo, muy picante sobre la política: “la política es la mierda embotellada5”.

─A esto podríamos añadir, para agotar el asunto ─continuó Gastón Carré─, lo que habría dicho Briand; “la política es el arte de conciliar lo deseable con lo posible6”.

Durarían un tiempo las consideraciones filosófico-históricas de estos dos hijos del pueblo francés.

***
Retomando la discusión, después de algunos momentos de silencio, Arbousset sacó a colación otro tema importante, en el que todos pensaban: ¿qué iba a pasar con todos los combatientes de las brigadas intenacionales y, en especial, con los que no podían regresar a su patria?

El gobierno republicano debería dar a cada uno de ellos una suma o algún tipo de apoyo, para así asegurarles, al menos en un principio, una existencia más o menos modesta─, expuso Arbousset

¿De dónde?─ le replicó Carré─¿Crees que el gobierno español es un banco? Aunque pudiera ofrecerles algo asi, los voluntarios lo rechazarían.

Arbousset no se calló

Al menos para los camaradas en cuyos paises hay gobiernos fascistas debería hacerse algo

─Creo─zanjó el diálogo Carré─que el gobierno republicano español se encuentra en una situación en la cual las palabras de “nuestro gran emperador”7 se adecuan maravillosamente; podrían decir a los voluntarios que “la República os debe todo,pero no puede daros nada”.

LA DESPEDIDA

La salida de los brigadistas de los frentes de batalla, su despedida de los luchadores españoles, provocó emotivas manifestaciones de simpatía. El Partido Comunista, el gobierno republicano, las grandes masas populares españolas, demostraron su caluroso afecto a los voluntarios internacionales.

En un impresionante mensaje en el que trasladaba el reconocimiento del pueblo español frente a la valentía de los combatientes antifascistas llegados a España desde todas los rincones del mundo, en nombre también del Partido Comunista de España, Dolores Ibarruri decía:

Es muy difícil pronunciar unas palabras de despedida dirigidas a los héroes de las Brigadas
Desfile de despedida en Barcelona
Internacionales
, por lo que son y por lo que representan.

Un sentimiento de angustia, de dolor infinito, sube a nuestras gargantas atenazándolas... Angustia por los que se van, soldados del más alto ideal de redención humana, desterrados de su patria, perseguidos por la tiranía de todos los pueblos...

Dolor por los que se quedan aquí para siempre, fundiéndose con nuestra tierra y viviendo en lo más hondo de nuestro corazón aureolados por el sentimiento de nuestra eterna gratitud.
De todos los pueblos y todas las razas, vinisteis a nosotros como hermanos nuestros, como hijos de la España inmortal, y en los días más duros de nuestra guerra, cuando la capital de la República española se hallaba amenazada, fuisteis vosotros, bravos camaradas de las Brigadas Internacionales, quienes contribuisteis a salvarla con vuestro entusiasmo combativo y vuestro heroísmo y espíritu de sacrificio.

Y Jarama y Guadalajara, y Brunete y Belchite, y Levante y el Ebro cantan con estrofas inmortales el valor, la abnegación, la bravura, la disciplina de los hombres de las Brigadas Internacionales.
Por primera vez en la historia de las luchas de los pueblos se ha dado el espectáculo, asombroso por su grandeza, de la formación de las Brigadas Internacionales para ayudar a salvar la libertad y la independencia de un país amenazado, de nuestra España.

Comunistas, socialistas, anarquistas, republicanos, hombres de distinto color, de ideología diferente, de religiones antagónicas, pero amando todos ellos profundamente la libertad y la justicia, vinieron a ofrecerse a nosotros incondicionalmente.

Nos lo daban todo; su juventud o su madurez o su experiencia; su sangre y su vida, sus esperanzas y sus anhelos... Y nada nos pedían. Es decir, sí: querían un puesto en la lucha, anhelaban el honor de morir por nosotros.

¡Banderas de España!... ¡Saludad a tantos héroes, inclinaos ante tantos mártires!...
¡Madres!... ¡Mujeres! Cuando los años pasen y las heridas de la guerra se vayan restañando; cuando el recuerdo de los días dolorosos y sangrientos se esfume en un presente de libertad, de paz y de bienestar; cuando los rencores se vayan atenuando y el orgullo de la patria libre sea igualmente sentido por todos los españoles, hablad a vuestros hijos; habladles de estos hombres de las Brigadas Internacionales.

Contadles cómo, atravesando mares y montañas, salvando fronteras erizadas de bayonetas, vigiladas por perros rabiosos deseosos de clavar en ellos sus dientes, llegaron a nuestra patria como cruzados de la libertad, a luchar y a morir por la libertad y la independencia de España, amenazadas por el fascismo alemán e italiano. Lo abandonaron todo: cariños, patria, hogar, fortuna, madre, mujer, hermanos, hijos y vinieron a nosotros a decirnos: «¡Aquí estamos»!, vuestra causa, la causa de España es nuestra misma causa, es la causa de toda la humanidad avanzada y progresiva».
Hoy se van; muchos, millares, se quedan teniendo como sudario la tierra de España, el recuerdo saturado de honda emoción de todos los españoles.

¡Camaradas de las Brigadas Internacionales! Razones políticas, razones de Estado, la salud de esa misma causa por la cual vosotros ofrecisteis vuestra sangre con generosidad sin límites os hacen volver a vuestras patrias a unos, a la forzada emigración a otros. Podéis marcharos orgullosos. Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia, frente al espíritu vil y acomodaticios de los que interpretan los principios democráticos mirando hacia las cajas de caudales o hacia las acciones industriales que quieren salvar de todo riesgo.

No os olvidaremos, y, cuando el olivo de la paz florezca, entrelazado con los laureles de la victoria de la República española, ¡volved!...

Volved a nuestro lado, que aquí encontraréis patria los que no tenéis patria, amigos, los que tenéis que vivir privados de amistad, y todos, todos, el cariño y el agradecimiento de todo el pueblo español, que hoy y mañana gritará con entusiasmo: ¡Vivan los héroes de las Brigadas Internacionales!”8

El jefe del gobierno republicano, Juan Negrín, expuso también con aquel motivo:

Queridos internacionales amigos, queridos hermanos; hermanos siempre, por una confraternidad que ha sellado en los campos de batalla vuestro sacrificio de sangre; por los restos mortales de los que yacen para siempre en España.

¡Qué magnífico espectáculo, queridos hermanos, el que presencio en estos instantes! Porque, ¿qué es esto que veo yo, sino un plebiscito en pequeño de todos los pueblos del mundo, testimoniado por todos los que sienten como suya la causa de España, que es la causa de la libertad y del derecho?

Habéis venido a España, espontáneamente, a defender nuestro país: sin ninguna obediencia a jerarquía superior a vosotros: por vuestra propia voluntad de sacrificar lo que más difícilmente se presta a nadie: a sacrificar la vida. Veníais a defender la justicia, el derecho escarnecido, porque sabíais, también, que aquí, en España, se jugaba la libertad del mundo entero.

Os halláis congregados aquí los representantes auténticos de cincuenta y tres países; representantes que, para venir a luchar con vuestros hermanos de España, tuvisteis que vencer grandes dificultades hasta conseguir pisar tierra española. Cumplisteis como héroes en la lucha por la libertad del mundo en esos dos años que habéis vivido vinculados a nosotros, en horas inolvidables para la historia del nuestro pueblo.

Muchas fueron las veces que los voluntarios internacionales - que nunca han sido tantos como han querido demostrar nuestros enemigos -, hermanados en la lucha, han escrito páginas gloriosas de nuestra epopeya. Yo recuerdo aquí los tristes momentos del mes de noviembre cuando pensábamos que, de un momento a otro, caería Madrid, ciudad prácticamente indefensa, y, digo prácticamente, porque tan sólo la defendían los pechos de sus hijos, que carecían de armas, para hacer más contundente su gloriosa e inmortal defensa. No olvidaré nunca la impresión extraordinaria que me produjo en aquellos momentos angustiosos el desfile silencioso, sereno, sin un canto, pero con un aire de resolución imponderable, de dos mil voluntarios internacionales que, por las calles de Valencia, se dirigían con firmeza hacia Madrid, atacado por el enemigo sin ninguna piedad, aun sabiendo que allí iban indiscutiblemente a jugarse, y casi más que a jugarse, a perder la vida.

Lo que ha ocurrido en España ya lo sabéis vosotros, porque también ha sucedido en otros países, aun cuando éstos no han sabido reaccionar como nosotros. Elementos de todos conocidos consiguieron crear una situación en la cual un Estado, un Gobierno legalmente constituido, se encuentra, por la traición y la vileza, sin las defensas necesarias a todo Gobierno y que sólo se encuentra asistido de una masa popular, no preparada para una guerra. Junto a esa gran masa popular, desarticulada y descoyuntada para la defensa, vosotros habéis contribuido grandemente a que no se sintiera desasistido el pueblo español, porque os veía a vosotros, auténticos representantes de vuestros pueblos, acudir en defensa de nuestra causa y facilitar con vuestra colaboración las grandes tareas de organización que han cristalizado en un magnífico y potente Ejército, hoy ya auténticamente español, que marcha con paso firme y seguro hacia la victoria.

Hoy me place, amigos míos, queridos hermanos nuestros, recordar, en este momento solemne de despedida, aquellos días inolvidables de Madrid, en la Ciudad Universitaria; en Brihuega, Guadalajara, Toledo, Belchite, en Teruel, en Lérida y en el frente del Este; en fin, en tantos otros lugares que ya no puedo seguir nombrando porque en casi todos los sitios, teatros de nuestra tragedia, habéis colaborado con un heroísmo sin precedentes, como el que corresponde a quienes sienten con toda intensidad la justicia de nuestra causa. Yo quiero rendir un homenaje póstumo a todos vuestros caídos, que son también los nuestros; quiero recordaros, como símbolos representativos, por cuantos por ser jefes vuestros y comisarios formaron formaban parte integral de vosotros mismos, a Hans, Kart, Wolf, general Luckas, gran hombre, muerto en el frente del Este; Walter, y tantos y tantos otros, jefes y comisarios, que, con su dirección y que con su entusiasmo, os han sabido conducir en los momentos más duros hacia victorias positivas y resistencias insuperables. Comisarios de gran capacidad que, como Gallo y Marty, han sido los verdaderos puntales de vuestras Brigadas Invencibles.

Negrín presidiendo el desfile de despedida de las Brigadas Internacionales
Vuestra retirada es una necesidad que nos imponemos para demostrar a esa falsa No Intervención, que la retirada de los voluntarios no es problema para la República y sí para los sublevados, coaligados con las fuerzas extranjeras que pretenden en España conquistar nuevas posiciones. Y España ha adoptado esta resolución considerando que podía contribuir a la pacificación del mundo, haciendo cuanto estuviera de su parte para localizar el conflicto, para lograr esta paz basada en la justicia de la que España no se separa jamás.

El Gobierno español quisiera testimoniaros de una manera directa su agradecimiento. Vuestro espíritu y el de vuestros muertos nos acompaña y quedan unidos para siempre a nuestra historia. El Gobierno de la República reconocerá y reconoce a los internacionales, que tan bravamente han luchado con nosotros que ya pueden decirse son connaturales nuestros, el derecho a reclamar, una vez terminada la guerra, la ciudadanía española. ¡Con ello nos honraremos todos!

Buen camino, hermanos internacionales, como os ha deseado hace unos momentos el jefe del Ejército del Este. Buen camino y continuad la lucha, cerca de vuestros pueblos, para dar a conocer la verdad de lo que ocurre en España, mientras nuestro pueblo continúa vuestra gesta en los frentes de combate. Cuando hay un deber que cumplir, o se sucumbe o se cumple.

Nosotros tenemos un deber que cumplir y es el de conseguir para España un porvenir nuevo, más humano y progresivo. Y lo cumpliremos. Pueden caer diez, cien, mil; pero cuando un pueblo quiere vencer, no sucumbe jamás y vence, aún a costa de los mayores sacrificios.

Camaradas combatientes, amigos y hermanos: ¡Viva la República!
9

Julio Álvarez del Vayo, líder socialista, ministro de asuntos exteriores de la España Republicana, en unas palabras dirigidas a los voluntarios de las Brigadas Internacionales, se expresaba de la siguiente forma:

Cada una de las veces, en Ginebra o en otra parte, he sostenido el punto de vista del gobierno español en lo que tiene que ver con los combatientes extranjeros; mi primera y mayor preocupación fue la de clarificar la diferencia que existe entre un voluntario y los otros soldados, entre aquellos que han invadido el territorio español a las órdenes de sus amos y aquellos que han venido a defenderla, convencidos de que en España se lleva a cabo una batalla por la democracia y la paz en Europa.

!Camaradas de las brigadas internacionales, vanguardia gloriosa del antifascismo mundial, ciudadanos de honor del heróico Madrid y de la vencedora España del mañana! La lengua española, así de rica en palabras y expresiones, no tiene suficientes términos para expresar nuestra admiración, nuestro reconocimiento10.

El 28 de octubre, los voluntarios internacionales se despiden de los habitantes de Barcelona, con un gran desfile militar. Con aquel motivo, fueron el objeto de una enorme y emocionante manifestación de simpatía popular. Más de 200.000 personas fueron a despedirlos. Los voluntarios marcharon por las calles de Barcelona, pero no pudieron recorrer más de 300 metros de la larga Diagonal porque sus filas fueron rotas por cientos de miles de hombres, mujeres y niños que comenzaron a caminar a su lado, a abrazarlos y a cubrirlos de flores. “Hasta pronto, hermanos”11, gritaba el pueblo.
Por última vez sonaba en Barcelona el himno de las brigadas internacionales, al paso de cuyo ritmo desfilaron dos años atrás por las calles de Madrid los primeros voluntarios interbrigadistas12:


País lejano nos ha visto nacer.
De odio, llena el alma hemos traído,
mas la patria no la hemos aún perdido,
nuestra patria está hoy ante Madrid,
mas la patria no la hemos aún perdido,
nuestra patria está hoy ante Madrid.
Camaradas, cubrid los parapetos,
que la vida no es vida sin la paz.
Defended con el pecho vuestros hijos,
os ayuda la solidaridad;
defended con el pecho vuestros hijos.
os ayuda la solidaridad.
Libre España de castas opresoras,
nuevo ritmo el alma batirá,
morirán los fascismos sangrientos,
en España habrá ya felicidad;
morirán los fascismos sangrientos,
en España habrá ya felicidad.
Generales traidores a su patria
del fascismo quieren saciar la sed;
mas los pueblos del mundo defendemos
lo que España jamás ha de perder;
mas los pueblos del mundo defendemos
lo que España jamás ha de perder.
Guerra al pueblo no hacemos como ellos,
pues nosotros luchamos por la paz,
con el triunfo del mundo antifascista
la tierra ensangrentarán;
con el triunfo del mundo antifascista
la tierra ensangrentarán.
Si al combate marchamos con arrojo
para España obtendremos libertad.
Morirán los fascismos sangrientos,
en España habrá ya felicidad;
morirán los fascismos sangrientos,
en España habrá ya felicidad.
***
Han pasado desde entonces muchos años. Pero el pueblo español mantiene igualmente vivo el recuerdo y el reconocimiento a los que llegaron desde muy lejos para apoyarlo en momentos difíciles.

Dieiseis años después del final de la guerra en España, Dolores Ibarruri, dando voz a los recuerdos imborrables que el pueblo español tenía sobre el heroismo y el espíritu de abnegación de los voluntarios internacionales, dirigió unas palabras de saludo al VII Congreso del Partido Comunista Rumano:

¨ No podría terminar mi discurso y significaría que no cumplo con mi deber de comunista y de luchadora revolucionaria, si en este congreso, que marca un acontecimiento decisivo en la vida del pueblo rumano, no expresara toda nuestra inmensa gratitud y reconocimiento eterno a los luchadores rumanos de las brigadas internacionales, que, en los momentos más difíciles para nosotros, vinieron a combatir y a morir en nuestra tierra, luchando sobre el campo español por la libertad de España y para la libertad de Rumanía


***
En el frente, durante los combates, el problema de lo que pasaría mañana no preocupaba demasiado a nadie. Una vez que se produjo la retirada del campo de batalla empezaron a sentir preocupación y a preguntarse: “¿Y ahora, qué hacemos?” Para algunos, los llegados desde Francia, Inglaterra, EE.UU. Bélgica u otros paises en el que se respetaban al menos algunos derechos democráticos, la situación era más simple: los voluntarios podían volver inmediatamente a su patria. Esto hicieron la mayoria de ellos. A otros, sin embargo, a su vuelta a casa les esperaba la cárcel, el campo de concentración o, incluso, la muerte. A los combatientes alemanes, italianos, austriacos, etc., ni se les pasaba por la cabeza volver a su país. En una situación análoga se encontraban los voluntarios rumanos. Los órganos represivos del estado burgués-latifundista estaba esperando a arrestar a los antifascistas que regresaran en la mismísima frontera. El ministerio de exteriores intantaba desde hacía tiempo que sus embajadas completaran la lista de los que habían ido a España, para retirarles la ciudadanía rumana. 13

Todos aquellos voluntarios que no podían en aquel momento regresar a sus paises, querían continuar en España como fuera, al menos hasta la clarificación de su situación. Una serie de campamentos creados en la retaguardia de los frentes daba cobijo a miles de estos voluntarios que se encontraban en semejante situación.

A los voluntarios rumanos de la compañía rumana del batallón “Diacovich”, así como a los del grupo “Gheorghiu-Dej”, que se encontraban en la zona sur y centro, a finales de septiembre de 1938 los encontramos ubicados en las cercanías de Valencia, en Catarroja o en Catadao; a los que habían luchado en Cataluña, en especial en Campdevanol y en Cassa de la Selva.

La brusca relajación que significó la vida en el campamento, tras los tiempos de extrema tensión de los últimos combates, tuvo una influencia negativa sobre la moral de algunos de los voluntarios. Los hombres tenían los nervios destrozados, estaban intranquilos, aburridos por la inactividad forzosa. Sin embargo, este estado duro solamente algunos días. Los comisarios políticos de cada grupo de voluntarios se pusieron rápidamente en acción. Se organizaron por su iniciativa intensas actividades socioculturales. Los voluntarios comenzaron a actuar con el objetivo de hacer más fácil la vida de la población civil española. En los pueblos de los alrededores del campamento, las viudas, los huérfanos, los ancianos, contaron con el apoyo de nuestros voluntarios. Ellos se responsabilizan de diferentes actuaciones de ayuda a niños que habían quedado huérfanos; colaboran en la realización de trabajos duros; organizaron fiestas para llevar un poco de alegría a las almas desesperadas de la población española. Al mismo tiempo, los voluntarios aprendían, elevaban su nivel teórico y cultural, preparándose para las acciones futuras.

Aunque en el campamento no existían grados militares, la disciplina castrense se hacía sentir en todas las acciones. La intensa actividad del partido, desarrollada en todo aquel periodo, demostró ser de nuevo el factor decisivo en el mantenimiento de una moral alta.

En diciembre, los voluntarios que estaban acuartelados en el centro peninsular fueron enviados a Cataluña, al norte. El viaje se hace por mar, desde Valencia hasta Barcelona, tomándose en este sentido todo tipo de medidas para evitar un ataque de la aviación o de un submarino enemigo. Los hombres fueron transportados en depósitos de barcos mercantes; por el camino se cambiaba habitualmente de pabellón, y solo así consiguieron llegar con éxito a su destino.

La población de Cataluña nos recibió con hurras de alegría. Habíamos llegado a través del bloqueo enemigo, y habíamos evitado el peligro de caer en sus manos.

El mes de diciembre de 1938 y una gran parte del mes de enero de 1939 lo pasamos en el campamento de Cataluña. Era invierno. La vestimenta y el calzado de los voluntarios ofrecía una débil protección contra la interperie; la falta de alimentos se había agravado en toda la zona republicana. Los voluntarios se habían endurecido, no obstante, en los años de la guerra, y resistieron bien las dificultades. Toda la atención la tenían puesta en el desarrollo de los acontecimientos internos e internacionales.

La situación era, en este sentido, muy grave. Las fuerzas reaccionarias internacionales e internas, que veían la resistencia de la España Republicana como un gran peligro para la realización de los planes de desencadenar una nueva guerra mundial, redoblaron sus esfuerzos para ahogar a la República. Así nació el acuerdo de Munich (septiembre de 1938), que llevo al cierre definitivo de la frontera española por parte del gobierno francés. Se profundizó la intervención militar italo-alemana en España y se activó, en el interior, la lucha de los agentes del imperialismo.


ALGO SOBRE EL DESARROLLO DE LA GUERRA...

Los de nuestro regimiento se juntaban siempre, aunque la unidad ya no existiera. Cambiábamos pareceres, impresiones. Nos contábamos chismes. Recordábamos. Pensábamos en el futuro.

¿Qué opinas?─ me preguntaba Cristea─ La situación parece extraordinariamente grave ¿Crees que se puede alargar la resistencia?

Pop se mezcló inmediatamente en la discusión, sin esperar mi respuesta.

!Caramba! A ver si ahora vamos hundirnos también nosotros en el pesimismo.

Normal─ retomó Cristea ─ Hay que hacer todo lo posible para continuar la guerra. Con cualquier sacrificio. Pero no pasa nada si pensamos con algo de perpectiva para aclarar las cosas. Y para mirar hacia adelante tenemos que mirar, de modo indispensable, también hacia atrás ¿Se han cometido errores o no? ¿Podían ser, en caso afirmativo, evitados?

─Creo, Nicolae─decía─ que es demasiado pronto para hacer semejante análisis. En cualquier caso, para nosotros, desconociendo todos los elementos de juicio, la tarea es difícil. Mi opinión es que del desarrollo lamentable de la guerra los culpables son, en primer lugar, Hitler y Mussolini y, después, Blum; es decir, la intervención brutal y masiva del fascismo internacional y la “no intervención”14 de las democracias occidentales. Probablemente ha habido también errores en el interior. La causa de estas equivocaciones es difícil de establecer. Puede que también la retirada del frente de las brigadas internacionales haya sido un grave error. Quizás la ayuda internacional se ha reducido mucho en los últimos tiempos. Me parece complicado decir cual de todos estos factores ha sido decisivo para la evolución desfavorable de la guerra.

Yo tengo una opinión diferente ─dijo Iancu─ Para unos, después de una victoria aparecen un gran número de padres, más la derrota es huérfana. Para otros, exactamente al revés, la victoria tiene un único padre, mientra de los fracasos a todos se hace culpables. Yo creo que realmente que los éxitos, las victorias, se deben siempre a las masas, pero para los fracasos tiene que responder, en cualquier caso y en primer lugar, quien esta al frente. Así habla el juicio de la historia.

Eres demasiado áspero e injusto ─afirmó Nicolae Cristea─ Al menos en el caso de España. Pienso que los españoles han hecho todo lo que han podido. Puede que incluso más. Lo que está claro es que no se les puede reprochar que no han combatido, que no han peleado. Pero en política, según mi opinión, lo que te deshonra no es el haber sido derrotado, sino el no haber luchado. Así que, desde mi punto de vista, me quito el sombrero.
Yo sigo diciendo─ remarcó Pop─ que sobre esta guerra se va a hablar todavía mucho, y que nosotros estaremos siempre orgullosos de haber participado en ella, en esta tierra. Lo que más he admirado en mi vida ha sido el coraje y el que alguien haya sido valiente, como este pueblo maravilloso, y estos voluntarios que han cumplido, igualmente, hasta el final con su deber.

COMO ME HE “CONVERTIDO” EN CIUDADANO DE LA CIUDAD DE ROMAN

Los líderes fascistas: Hitler y Franco
A Campdevanol llegó cierto día una comisión de la Liga de las Naciones. Su misión era la de facilitar la repatriación o, mejor dicho, la marcha de España de los voluntarios internacionales originarios de los paises con regímenes fascistas o reaccionarios a otros paises considerados democráticos. Así se había pactado en el acuerdo entre el gobierno español y la Liga de las Naciones, que interviniera cuando el gobierno español aceptó la retirada de las brigadas internacionales de los frentes de batalla.

Nadie se hacía ilusiones en cuanto a la eficacia del acuerdo, ni de la citada comisión. Si los gobiernos así llamados democráticos practicaron la farsa y siniestra no intervención durante toda la guerra, no podían ellos dar, entonces, cuando las perspectivas de la guerra de España eran mucho más oscuras, pruebas de humanismo, concepto totalmente contradictorio con su concepción y sus políticas. No obstante, se decidió que los voluntarios se presentaran ante aquella comisión; en especial, los que habían llegado a España desde otros países y no del suyo. Así llegué yo también ante la comisión.

Las preguntas estereotipadas de los miembros de la comisión me sonaban: cómo se llama, de dónde es, cuál es su nacionalidad y qué ciudadanía tiene, en qué localidad nació, o dónde desea ser repatriado. Tras las cuales, caso a caso, seguían otras.

Mis respuestas fueron lacónicas: “me llamo Roman, soy de Rumanía, soy rumano, de ciudadanía rumana...15

Recitando estos datos ví como la cara de los miembros de la comisión se tornaba en sorpresa poco disimulada. Les pareció que se repetía demasiado una palabra con raiz idéntica: Roman. Viendo esta reacción, me apeteció jugar una pequeña farsa y, completando los datos relacionados con mi lugar de nacimiento, indiqué la ciudad de Roman16 en lugar de Oradea, donde de hecho nací. El efecto fue inmediato. Todos se echaron a reir. Reía también yo, pero mantuve mis declaraciones, por lo que así quedaron las cosas.

Relatando aquel episodio de mi vida -a una distancia de más de 30 años- espero que los habitantes de la ciudad de Roman no me juzguen demasiado ásperamente por aquella intrusión, y que tampoco lo hagan los de Oradea, a los que “abandoné” por un instante.

***

En aquella situación internacional e interna, las fuerzas intervencionistas empezaron el 23 de diciembre de 1938 una poderosa ofensiva contra Cataluña. Barcelona estaba amenazada. La superioridad fascista en número de soldados y en armamento era total. La relación de fuerzas hubiera podido ser otra si el gobierno francés no hubiera bloqueado en territorio francés el armamento que había sido adquirido por el ejército republicano (cientos de cañones, tanques y aviones).

Las fuerzas republicanas luchaban, sin embargo, con un heroismo insuperable. Para ganar un día, para retrasar una hora el avance de los fascistas, los patriotas españoles sacrificaban sin dudarlo su vida, Pero, en muchas ocasiones, los soldados republicanos no podían oponer a los tanques y a los obuses enemigos más que su pecho descubierto. Y, sin embargo, resistían con la esperanza de que pudiera ser que, en algún momento, a última hora, los señores del Comité de No Intervención, entendieran que el pueblo español no quería arrodillarse bajo el yugo fascista, de que pudieran dejar entrar en España las armas enviadas por el pueblo soviético.

… 21 de enero de 1939. En el campamento de los voluntarios, en el marco de unas manifestaciones culturales, se evocó la figura del gran Lenin, de cuya muerte se cumplían 15 años. De repente, la música se detuvo... ¿Pasaba algo? Un orador se subió al estrado y comenzó a hablar: “!Camaradas, camaradas! La situación en el frente es muy difícil. Barcelona está en peligro. Cataluña entera está amenazada. Conoceis todos los motivos por los que el presidente Juan Negrín se ha declarado de acuerdo con la retirada de los voluntarios antifascistas del frente. Nosotros hemos obedecido ante esta decisión. Hitler y Mussolini, sin embargo, ni han pensado por un momento en retirar sus tropas. Ahora nos damos cuenta de que los estados del Comité de No Intervención hicieron esta propuesta solo para debilitar nuestras fuerzas. Hemos sido engañados. Ya nada nos puede obligar a mantener nuestro compromiso frente a los que no respetan su palabra, a los que nos engañan. Tomemos de nuevo las armas para defendernos del enemigo que avanza !Ayudemos al pueblo español a defender su patria!

!Camaradas! Cada uno de nosotros, uno a uno, si se está de acuerdo con la propuesta, que se inscriba en las listas de voluntarios que se están elaborando”.

Por turnos, otros oradores se dirigieron en diferentes lenguas a los que estábamos en la sala. Un entusiasmo indescriptible se extendió entre los voluntarios. Espontáneamente, algunas voces comenzaron a entonar “la Internacional”, y de inmediato cientos de gargantas les acompañaron. En la lista de nombres de los que iban a volver al frente se apuntaban uno detrás de otro. La completa mayoría de los voluntarios rumanos eligieron dejarse la piel luchando contra los fascistas.

En un artículo titulado “Siempre el deber. Los voluntarios rumanos toman por segunda vez las armas contra los agresores fascistas”, aparecido en la publicación “Deșteptarea”17, de los rumanos de Estados Unidos, de abril de 1939, se escribía lo siguiente:

...Los voluntarios rumanos han cumplido con su deber también en esta ocasión. Los días históricos, plenos de heroismo, de valentía y de espíritu de sacrificio de la IV Compañía de ametralladora y de la Compañía Grívița han regresado.

La clase trabajadora rumana tiene de qué sentirse orgullosa, del ferroviario Burca, de los comisarios Mihai, Stoica y Roman, de Cristea, Olaru, Pop y todos los que lucharon hasta el último aliento, siendo de entre los últimos que abandonaron Cataluña.

Los trabajadores y el pueblo rumano, en la difícil situación que atraviesa hoy la humanidad entera, puede contar con sus voluntarios”.

La mayoría de los interbrigadistas fueron agrupados en grandes unidades de infantería. Los antiguos artilleros fueron destinados en una gran unidad de artillería que se formaba en Llers, al norte de Figueras. Luigi Longo nos contó la misión que iba a tener esta unidad en la nueva situación del frente.

Como es normal, actuaréis como una unidad de artillería ─ dijo Longo─ y contaréis con el armamento necesario. De momento, el armamento se encuentra al otro lado de la frontera y el gobierno Daladier no da el permiso para cruzarla. Se trata de una gran partida de armas soviéticas que podrían salvar nuestra situación. Personalmente, sin embargo, dudo que nos llegue a tiempo, así que es probable que tengais que actuar como unidad de infantería.

Teniendo en cuenta la difícil situación y el gran número de nacionalidades que formaban la unidad (voluntarios procedentes del este y el sudeste de Europa), se nombraron dos comisarios: uno rumano, Gheoghe Stoica, y otro búlgaro, cuyo nombre he olvidado. Como médico de la unidad se designó al doctor yugoslavo Oscar Gorian, sobre el que hemos tenido el privilegio de hablar en otras ocasiones. El mando de esta unidad fue encargado al autor de este libro.

PRYBIL DE NUEVO CON NOSOTROS

Los viejos artilleros rumanos estabamos de nuevo juntos. Nos poníamos las pilas sobre los camaradas, recordábamos a nuestros muertos, nos haciamos preguntas llenas de temor sobre los camaradas ausentes. Nos cuestionábamos, por ejemplo, dónde estaría nuestro querido Pribyl, hasta que un día casi nos chocamos de bruces con él en la carretera. Las exclamaciones por la sorpresa fueron seguidas de vigorosos abrazos. En su libro La corrida, en el cual cuenta aquella escena, Pribyl recordaba las primeras palabras que nos dirigió:

Se entiende que me quedo con vosotros, ¿no es así? Por supuesto, yo me he presentado voluntario para las nuevas acciones militares, pero quiero luchar en las filas de la artillería rumana, donde me siento como en casa”.

Abajo, en el pueblo, se hacían mítines. El 26 de enero fue tomada Barcelona; era necesario frenar el avance fascista hacia la frontera.

Mientras tanto, a la espera de las piezas de artillería, hacíamos instrucción. La llegada de las armas se hacía esperar, pero los fascistas avanzaban.

La situación en el frente catalán empeoraba día a día. Entonces, cuando en la zona norte la suerte estaba prácticamente echada, el gobierno francés abrió por fin la frontera, y largas filas de trenes cargados con armamento soviético llegaron a tierra española !Justo cuando ya existía la total seguridad de que el armamento iba a caer pronto en manos de Franco!

La misión militar que debían cumplir los voluntarios era la de retardar lo máximo posible el avance franquista, para dar tiempo al gobierno español y a los refugiados a cruzar a Francia En cuanto a nuestra unidad, la misión principal era la defensa de la única carretera que llevaba de Figueras a la frontera francesa, por La Junquera. Cientos de miles de españoles que no querían vivir bajo la bota de Franco decidieron regugiarse en Francia y los convoyes que se dirigen noche y día hacia los Pirineos debían ser defendidos contra los fascistas que se acercaban sin pausa.

EL RENCUENTRO CON MI QUERIDO ANGEL

Españoles huyendo a Francia tras el triunfo fascista
En la carretara Figueras-La Junquera tuve uno de aquellos días un encuentro emotivo. Tras oir, de repente, que me gritaban, y hasta darme cuenta de quien era el que me llamaba, observé que alguien descendía de un coche y se apresuraba hacia mí. Lo reconocí: era Angel, el chofer español con el que enfrenté muchos peligros, con quien escapé, literalmente en el último momento, del pelotón de fusilamiento. Nos abrazamos; Angel me apretó las manos llorando:

Hemos perdido todo, todo...─balcuceaba compungido─ Quiero, al menos, poder quedarme con vosotros.

Sin embargo, estábamos en medio de una misión. Él conducía un camión de un coronel. Desde el convoy de vehículos, carros y hombres, obligados a detenerse tras el auto de Angel, venían quejas y protestas. Todos tenían prisa por salir de España. Le pedí que volviera a su camión.

Vamos, vete. Esperemos que la vida vuelva a hacer que se crucen nuestros caminos─ le dije, intentando animarle, con gran dolor─ No te digo un adiós para siempre, sino hasta pronto.

Regresó a su volante triste, abatido, y me hizo un último gesto de despedida con la mano ¿Querido Angel, estarás vivo?

***
Las acciones militares de la segunda etapa de los voluntarios fueron llevadas a cabo en condiciones inimaginablemente difíciles ¿Quien puede revivir aquella patética retirada en la cual los hombres, extenuados físicamente después de días y noches de marcha ininterrumpida, comprometidos en la lucha con el enemigo para parar su avance y permitir que los refugiados llegaran con vida a la frontera? !Cuántas veces nos rodearon y cuantas veces conseguimos estropear los planes fascistas, gracias a la valentía y la presencia de ánimo!

El primer choque con el enemigo lo tuvieron un grupo de nuestros voluntarios al norte de Barcelona, en los alrededores de la localidad de Sabadell. Desde alli, se fueron retirando hacia el norte mientras mantenían la lucha. Se encontraban en la retaguardia de las unidades españoles, y tenían que hacer frente sin pausa alguna a los ataques fascistas.

Una noche llegaron destrozados por el cansancio a la localidad de Llagostera. Fueron acomodados en la fábrica de artículos de corcho. Los voluntarios podían regocijarse al fin con algunas horas de sueño, tras noches enteras de marcha sin apenas dormir. Pero, nada más coger el primer sueño, sonó la alarma: los fascistas atacaban por sorpresa. Los voluntarios consiguieron por los pelos reagruparse en el margen de la localidad. Allí, cavaron trincheras y se dispusieron a resistir el fuego intenso de artillería.

Durante el ataque de la infantería, los voluntarios se comportaron con gran valentía. Dejaron que los soldados enemigos avanzaras hasta apenas 30 metros de distancia, abriendo fuego de ametralladora contra ellos. Las tropas franquistas fueron mantenidas a raya, mientras la retirada de los republicanos fue aligerada.

Los interbrigadistas eran los últimos en abandonar sus posiciones. En la carretera se escuchó el bramido de unos tanques fascistas que se acercaban. Frente a ellos, había un puente; los zapadores ordenan que todos lo crucen rápidamente. El puente iba a ser minado, y saltaría por los aires en breve. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, tras dos noches de insomnio, cruzaron el puente y se alejaron apresuradamente. Algunos minutos más tarde se escuchó el ensordecedor estruendo de la explosión. Enormes pedazos de hierro cayeron en las cercanías del lugar donde se habían refugiado los voluntarios. Los tanques fascistas saltaron se hicieron también añicos mientras cruzaban el puente en persecución de los republicanos.

En las cercanías de Gerona, a lo largo del río Ter, los voluntarios organizaron durante varios días una línea de resistencia. Después, la retirada continuó, en idénticas condiciones: los hombres recorrían decenas de kilómetros a pié, bajo la lluvia, sobre el barro, sosteniendo combates sin apenas dormir ni comer...

Por condiciones semejantes pasan también las otras unidades de voluntarios durante la retirada de Cataluña. Cada hombre demostró, en aquellas circunstancias duras, una extraña capacidad de resistencia, valentía y optimismo, calidades que les ayudaban a salir con éxito de aquellas situaciones.

Voy a relatar un episodio significativo en este sentido. Una noche, uno de los grupos de voluntarios en el que se encontraba un gran grupo de rumanos, mientras recorría una llanura arbolada, se encontró rodeada de fascistas. El comandante de la unidad, el rumano Nicolae Pop, envió patrullas de reconocimiento. Las informaciones eran de lo más preocupantes. Entonces, decidió comprobar el mismo como era la situación, descubriendo una brecha por donde se podía escapar de la emboscada, La mayor dificultad era la de cruzar una carretera por un punto que se hallaba muy cerca de una posición fascista. Sin embargo, uno tras otro, con una disciplina perfecta, los voluntarios atravesaron la carretara sin ser vistos, a apenas cien metros de distancia del puesto donde los fascistas se camuflaban despreocupados.

GHEORGHE STOICA RECUERDA

A pesar de todas las dificultades, en ningún momento las tropas republicanas – españolas e interbrigadistas- daban la impresión de estar derrotadas. Cada soldado y cada oficial pensaba que, momentáneamente, se había perdido una batalla, pero que la lucha seguía adelante y que al final el fascismo sería derrotado.

Había una atmósfera de dolorosa tristeza provocada por la vista del éxodo de cientos de miles de patriotas españoles abandonando su tierra natal y dejando atrás todo lo conseguido con el trabajo de toda una vida y -¿quién sabía por cuánto tiempo?- los lugares más queridos. En el margen de la carretera, a pocos kilómetros de la frontera francesa de La Junquera, observábamos también nosotros con mucho dolor este “espectáculo”18 que nos conmovía. Cambiábamos entre nosotros palabras, impresiones y opiniones. Gheorghe Stoica19, comisario político de nuestra unidad, dominado también él por aquella tristeza, intentó plantar una semilla de esperanza, de optimismo, en nuestro ánimo dolorido.

Cuando veo estos convoyes que pasan continuamente, a los ancianos, niños y mujeres con bebés en sus brazos—nos decía él— me acuerdo de un texto de Ion Slavici20 en el cual describía la retirada en el invierno de 1916 de la población rumana, que no deseaba permanecer bajo ocupación alemana, hacia el norte del país. Hay muchas similitudes entre el dolor y el coraje de los exiliados de Muntenia21 en las escenas descritas por el escritor rumano y los de las que somos ahora testigos y protagonistas al mismo tiempo ahora. Pero habrá también en esta ocasión, esperemos, un camino de regreso hacia la alegría.

Una asociación de ideas provocada por la situación en que nos encontrábamos le hizo a nuestro comisario político seguir dejándose llevar por los recuerdos :

¨Conocí a Slavici personalmente, a principios de 1919, en circunstancias poco comunes, en Vacaresti22. Cuando Slavici fue encerrado allí (por causa de su simpatía hacia los Habsburgo durante la Primera Guerra Mundial) en Vacaresti se hallaba un grupo de militantes del movimiento socialista, entre los cuales I.C.Frimu23 arrestado tras los acontecimientos del 13 de diciembre de 1918. Slavici tenía por aquel entonces 71 años.

Estaba enfermo, y las miserables condiciones de la prisión junto al oprobio público del que se sintía victima, le hacían sufrir muchísimo. El carcelero le trajo en la misma celda en la que nosotros nos hallábamos. En aquel hombre envejecido y agotado dificilmente se podia adivinar al hombre imponente de antaño. Nosotros conociamos lo sucedido y también su obra literaria (Moara, Moara cu noroc24, y otras novelas suyas, habian sido leidas por muchos de nosotros), y admirábamos su arte vigoroso, realista, pareciéndonos muy mal el estado físico en el que se encontraba.

Slavici permanecía siempre retirado en un rincón de la celda e hilvanaba en silencio quien sabe que pensamientos amargos.Nosotros discutíamos de nuestras cosas todo el día. Aunque habíamos sido detenidos por las fuerzas represivas y sufrido todas sus malas artes, teníamos la moral alta. Era un periodo de avance revolucionario, y el movimiento obrero de nuestro país se había reorganizado. Nosotros hablábamos sobre las perspectivas que se habían abierto para el futuro del partido comunista...

Un día descubrimos con sorpresa que Slavici abandonó su esquina favorita y, sentándose junto a nosotros, escuchaba con atención lo que exponía Frimu, nuestra discusión inflamada. Esto se repitió otras veces. Ante la incertidumbre de sus motivos y su silencio, un buen día le preguntamos por qué nos escuchaba con tanta atención. Nos miro con determinación y por vez primera desde que entró en la cárcel vimos una sonrisa en su rostro y luz en sus ojos. Después, con voz rota pero llena de la convicción propia de un hombre que ha pasado por muchas experiencias, buscando durante toda su vida la verdad, nos dijo : « Escucho desde hace algunos dias vuestras palabras, y he llegado a la conclusión de que al final he encontrado yo también la verdad. Así es, junto a vosotros siento la primavera, pues representais las aspiraciones del pueblo, el futuro de este pais.. : »

Está claro que la situación es muy diferente, pero pienso que este exodo que van a sufrir los españoles, de estos cientos de miles que abandona su pais destrozado lleva consigo, a pesar de la derrota sufrida, un futuro luminoso para esta España martirizada¨.

NO PASARÁN

Con profundo dolor, pero con fe en el futuro, se separaban los combatientes antifascistas de la tierra por cuya libertad habían luchado con valentía, en cuya suelo quedaron para siempre tantos camaradas de armas.

Al final, llegaron a tierra francesa. Entonces se acabó el suplicio vivido para miles, decenas de miles, de refugiados agotados por el cansancio y la tristeza !Qué esperanza rota ! Bajo la presión de la opinión pública, los gobernantes franceses fueron forzados a abrir sus fronteras con España. Sin embargo, tomaron antes toda clase de medidas para que la población francesa no pudiera contactar con los refugiados.

En la frontera, decenas de miles de mujeres, ancianos, niños y de combatientes españoles que esperaban poder regresar a la zona republicana del centro de España, entre ellos miles de interbrigadistas, fueron detenidos por los carabineros franceses y por las tropas de senegaleses utilizadas como fuerzas de choque en el ejército de la República Francesa. Las tropas españolas fueron desarmadas, lo que nos hizo entender a los voluntarios que en Francia no nos esperaba la libertad, sino el campo de concentración.

A pesar de ello, todos nos dimos cuenta de una cosa : el pueblo francés está con los combatientes antifascistas, y su solidaridad se va a sentir sobre las decisiones de los gobernantes. A nuestro lado se encontraban los antifascistas de todo el mundo.

Esto es lo que escrbía el órgano central de nuestro partido, « Scanteia », el 15 de marzo de 1939 :

« Los voluntarios de las brigadas internacionales no olvidarán nunca a España ni a su pueblo heróico. Ellos amaron esta tierra, convertida para ellos en una segunda patria, y al pueblo español con el que estuvieron unidos en el combate. Allí, por los campos de España, vertieron su sangre y vieron caer a hermanos y camaradas, transformando en realidad, junto a los españoles, las palabras ¨No pasarán¨25 .

Ahora, en las nuevas condiciones de la lucha, los voluntarios interbrigadistas lucharán con idénticas energía, fuerza, fe y espíritu de organización contra el fascismo y la reacción, aportando a la lucha de la clase obrera y de los antifascistas del mundo entero su experiencia y su conocimiento, enriquecido en la lucha junto al pueblo español, para la extensión en todos los frentes de ese grito ya universal, ¨No Pasarán¨26

El GOLPE DE LOS TRAIDORES DE MADRID

El 11 de febrero de 1939, los fascistas llegaron a la frontera con Francia. Más de 400.000 ciudadanos españoles, que no querían convivir con las consecuencias de la victoria franquista, que no deseaban sufrir la dictadura medieval de Franco, abandonaron la tierra ensangrentada de España.

La guerra, sin embargo, no había terminado. Continuarla era posible. Los republicanos todavía dominaban Madrid y la zona centru-sur. La población de la zona republicana alcanzaba los 9.000.000 de hombres. Todavía existían fuerzas armadas republicanas compuestas por cinco ejércitos, con efectivos de entre 700 u 800 mil soldados. Del mismo modo, existía una flota militar republicana. La población de la zona republicana, con todas las dificultades y necesidades inherentes a la extrema situación en que se hallaban, estaba decidida a continuar la resistencia. Los soldados españoles que habían sido obligados a retirarse desde Cataluña a territorio francés estaban impacientes por regresar a la zona central de España. Resistir era posible, y a través de ella quizás se podría influir sobre la situación internacional, cambiandola a favor de la República.

No obstante, la solidaridad internacional con el pueblo español había disminuido. Los trabajadores del mundo entero veían en la resistencia heroica del pueblo español una contribución enorme y admirable a la lucha de la humanidad para impedir el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Los gobiernos de Inglaterra, Francia y Estados Unidos, sin embargo, deponían todos sus esfuerzos para sofocar completamente a la República. Aquellos apoyaban ya directa y abiertamente a Franco. Lo que no habían podido obtener con la ayuda de las tropas italo-alemanas y las franquistas lo querían conseguir entonces mediante el complot. De este modo, pusieron en marcha, con un nuevo vigor, a sus agentes en la España Republicana, recurriendo al servicio de los traidores que se habían infiltrado en los puestos de mando de su ejército en la zona centru-sur. La entrada en acción de las citadas fuerzas permite a los enemigos del pueblo español clavar un cuchillo mortal en el corazón de la República.

Junto a lo saboteadores del estado mayor del ejército, actuaban los entreguistas y traidores que se habían colado en los puestos clave del estado y del ejército. Todos los anteriores llevaban a cabo una campaña derrotista, desorientando a las masas, minaban la unidad del ejército, y sostenían el continuo torpedear de la llamada “quinta columna”, y junto con aquellos atacaban con furia a los comunistas.

Los acontecimientos se desarrollaban con gran rapidez. El 3 y el 4 de marzo de 1939 la flota marítima fue sacada por los traidores de los puertos republicanos y llevada a las aguas territoriales de la África francesa. El 5 de marzo, el coronel Casado, junto al socialista de derechas27 Besteiro, dieron un golpe de estado, tomando el poder en Madrid y abriendo el frente a los franquistas. Con esta traición mezquina, se sentenció la suerte de la República. La guerra nacional-revolucionaria de liberación protagonizada con heroismo y demostrando un enorme espíritu de sacrificio por el pueblo español durante cerca de tres años, terminó con su derrota. La epopeya heroica de la República Española llegó a su fin. La política de “No Intervención” triunfó. Se apogó aquel último punto luminoso, dejando en total oscuridad a toda España. Nubes negras amenazadoras se agolpagan sobre Europa.

ALGUNAS CONCLUSIONES

La derrota de la España republicana en la guerra de 1936-1939 se explica, antes de nada, por la intervención militar masiva y descarada de la Alemania nazi y la Italia fascista, por la política de No Intervención proclamada durante toda la guerra por el gobierno contemporáneo de Estados Unidos, Francia e Inglaterra.

La política de “no intervención en los asuntos españoles”, bajo cuya máscara la reacción franco-anglo-americana, como también de otros paises, apoyaba a Franco, junto a la intervención italo-alemana, significaron el estrangulamiento de la República Española y empujar a Hitler hacia el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial, ya desde hacía mucho tiempo planificado.

Hoy parece meridianamente claro que si Franco no hubiera recibido ayuda militar y económica masiva por los fascismos alemán e italiano, si no hubiera disfrutado del sostén moral y material de la reacción americana, inglesa y francesa, no habría ganado la guerra. De haberse enfrentado frente a frente con el pueblo español, sin apoyo exterior, Franco no hubiera conseguido mantenerse en el poder ni siquiera un año.

La prueba elocuente de la anterior afirmación es el hecho de que los rebeldes fascistas fueron vencidos en las ciudades y puntos principales de España en la primera semana de la guerra, es decir, entonces cuando no existía todavía la ayuda militar de Hitler y Mussolini.

La segunda razón principal que determinó la derrota de marzo de 1939 de la República Española fueron las vacilaciones y las incoherencias de algunos líderes socialistas españoles, que no aportaron la contribución que debían a los esfuerzos de la clase trabajadora, de todo el pueblo español, para ganar la guerra. Igualmente, en el plano internacional, la política de algunos jefes de derechas de la II Internacional Socialista fue similar, evitando que se manifestaran libremente las acciones solidarias del proletariado mundial con el heroico pueblo español.

A la vez, una de las causas que determinaron el curso de la guerra, la suerte de la República Española, fue la falta de unos aliados firmes, decididos, que actuaran de forma consecuente y en estrecha unidad con la clase trabajadora española28.

Hubo también otras causas. Por ejemplo, algunas debilidades del Partido Comunista de España, sobre el que José Díaz escribió: “En su esfuerzo para mantener unido al frente popular no previno a tiempo al pueblo que los representantes de otros partidos y organizaciones estaban usando el frente popular como una careta para sus traidoras actividades. Preocupado principalmente de la situación del frente en vista del inevitable ataque del enemigo, descuidó de movilizar a las masas contra los traidores y no aplastó la rebelión traicionera, aunque, tenía a su disposición las fuerzas necesarias. Pero en cambio de todas estas deficiencias, el partido cumplió sin vacilación y abnegadamente su deber para con el pueblo español y el proletariado internacional 29

Debo decir que esta debilidad podía haber sido superada si hubiera habido tiempo suficiente, si la ofensiva de las fuerzas aplastantes muy superiores del enemigo interno e internacional no hubieran ahogado a la República Española.

La guerra del pueblo español aportó muchas enseñanzas. Hablando sobre la importancia internacional de la experiencia de aquella guerra, José Díaz decía algunos meses después de la derrota sufrida por el pueblo español, lo siguiente: “La experiencia de esta guerra y de las actividades del Partido Comunista de España demuestra que la fuerza de la clase obrera se centuplica cuando está dirigida por un partido revolucionario unido, monolítico y por una organización sindical unida conducida por ese partido

(...)La garantía fundamental de una alianza de la clase obrera con el campesinado y la clase media es la unidad revolucionaria del proletariado, dirigido por el partido comunista.

(...)Para obtener la victoria en una lucha similar a la sostenida por el pueblo español es esencial contar con un gobierno firme y, con un movimiento inspirado por una voluntad común, que sean capaces de vencer todos los obstáculos y de agrupar a todo el país en el único objetivo de destrozar al enemigo...30

El triunfo de la reacción española no ha acabado con las causas por la que el pueblo se alzó en armas, sino, al contrario, las ha reforzado aún más.

***
Desaría relatar a continuación algunas opiniones relativas a la guerra de España de Lukacs György31, con quien me encontré unas cuantas veces en 1956-57.

Preocupado por los acontecimientos dramáticos de Hungria, en los que fue protagonista, a veces “voluntariamente”, otras no, como él mismo exponía con sarcasmo, él intentaba en las discusiones que le gustaban, y que él iniciaba en muchas ocasiones, abordar algunos aspectos de la guerra de España (y, lógicamente, esta también era mi deseo íntimo y sincero, dándome cuenta durante las conversaciones que Lukacs encarnaba el tipo de pensador que escruta sin pausa el futuro, intentando entender lo más profundamente las realidades contradictorias de nuestros días, y que formulaba con claridad y perspicacia sus presunciones, opiniones y tesis, con el objetivo de provocar el pensamiento en su interlocutor).

En 1956 fue el año de unos acontecimientos extraordinarios, tanto en el plano internacional como en Hungría. Lukacs regresaba siempre sobre estos, intentando encontrar determinadas correlaciones para entender lo mejor posible lo que había sucedido y para extraer algunas enseñanzas. No me voy a referir aquí a aquellos, porque no tendría ninguna relación con este libro. Puede que alguna vez los cuente, basándome en algunas notas -bastante detalladas- que mantuve de aquellas citas.

Sabiendo que había estado en España, Lukacs abordó una y otra vez el problema de la guerra, interesándose especialmente por las causas que determinaron la derrota republicana en febrero-marzo de 1936.

Debo decir que Lukacs no quedó satisfecho con mis explicaciones, pareciéndole que algo no encajaba. Sinceramente, entonces no entendía demasiado su insistencia, no comprendía que quería saber realmente, que le preocupaba de hecho. No lograba descubrir sus verdaderos pensamientos, pero sentía que perseguía entender algunos detalles sobre los que hablaría y escribiría más tarde.

Una vez (aparentemente sin relación alguna con el tema discutido) me hablaba sobre la concordancia necesaria entre la teoría y la práctica, acerca de la necesidad de la elaboración teórica y su papel de iluminar la vía práctica, pero también sobre el peligro de que la práctica se desviara si no tenía clarificaciones teóricas esenciales.

Existen situaciones decía él , cuando la práctica social se demuestra justa, aunque en la base de la acción política no haya ninguna teoría o, incluso, exista una teoría falsa (demostrada más tarde como tal). Al contrario, existen también ocasiones cuando la base teórica es justa, pero la práctica lleva al fracaso.

Observando mis dudas (pensando yo que discutíamos solamente acerca de la guerra de España y las causas de la derrota), el añadió:

Me parece que en España tuvo lugar un encuentro entre las dos opciones anteriores, a las cuales estamos obligados a añadir, para ser correctos, una tercera situación, en algunas situaciones en las que si hubo una corcondancia feliz entre las tésis teóricas y la práctica social justas. El Frente Popular, a pesar de la derrota sufrida, se demostró una táctica justa que tenía en la base consideraciones teóricas también justas, en relación a esta alianza en diferentes etapas históricas.

Creo— añadió— que no han sido puestas todavía en evidencia todas las causas que han concurrido en la tragedia española, ni sus causas. Sin duda que han existido tanto causas internas como externas, más las externas han pesado más; en cuanto a las externas, considero que no es suficiente hablar solamente de intervención o no intervención. Es la hora de que se sepa lo que pasó en el movimiento comunista; si la correlación entre estrategia y táctica se mantuvo siempre en el marco de lo justo, si no intervinieron determinadas interferencias. Me refiero, en cierto sentido, al mantenimiento y respeto de las correctas relaciones entre intereses nacionales y los relacionados con la solidaridad internacional, del internacionalismo proletario. Debía mantenerse un equilibrio armonioso. Pero, en cualquier caso, si proclamas la validaz de ciertos principios y el repeto a unas justas relaciones cuando te refieres a los demás, entonces, aquello ha de ser obligatorio también para ti. Volviendo a la guerra española tengo el convencimiento firme que podía haber sido ganada, al igual que la revolución podría haber triunfado en España y, en cualquier caso, la guerra podría haberse prolongado si no se hubieran producido algunas irregularidades, al menos en algunos sectores.

Me atreví a decirle que no compartía sus opiniones; en especial, en lo que se refería “a su convencimiento” firme de que la guerra podía haberse ganado. Mirando retrospectivamente años atrás, (aunque entonces, en medio de los crueles combates, estaba convencido de que se podía conseguir la victoria), me pareció y me sigue pareciendo hoy que muchos factores, muy poderosos, internos y externos, actuaron en contra de la República del Frente Popular, y que la relación de fuerzas que había entonces en el plano internacional, muy desfavorable para las fuerzas de la democracia y del socialismo, no indicaban la posibilidad de la victoria para el pueblo español.

Entonces, ¿por qué habéis luchado?— me respondió cu cierta amargura y algo de malicia Lukacs.

Permiteme responder que no he entendido la pregunta y, puede, aún menos cómo es posible hacer semejante pregunta.

Normal, tienes razón—se apresuró a calmarme Lucaks, tranquilizándose de hecho a sí mismo. Existen situaciones en las que hay que combatir, indiferentemente de cuales sean las perspectivas a corto plazo; incluso cuando sabes que, por el momento, es imposible alcanzar la victoria. De otro modo, no seríamos marxistas revolucionarios.

Creo—le dije, que tratandose de españoles, se podría añadir un rasgo de su carácter que procede de su historia, que representa, al mismo tiempo, una tradición poderosa y viva de este pueblo, y que fue encarnada de forma tan sublime por Cervantes en su Don Quijote, figura soñadora, noble, generosa, humana, que se golpeaba constantemente por los obstáculos que la brutal realidad de su tiempo le oponía, sin renunciar, sin embargo, a la lucha, y que por eso mismo entró a formar parte de la consciencia universal. La grandeza del gesto heroico de los españoles consta, me parece, precisamente en que, aunque intuían que las perspectivas de la guerra no eran demasiado favorables para ellos, no obstante lucharon hasta el final. Si ellos se hubieran preguntado friamente cómo terminaría la guerra, qué iba a venir después, creo que habrían abandonad.o las armas. Pero no lo hicieron. No sus flaquezas les derrotaron. No. Y quiero creer que no se sentirá insultado ninguno de ellos si me atrevo a compararlos con Don Quijote. Probablemente también nosotros, los interbrigadistas, que fuimos verdaderos caballeros -no de la triste fingura, sino de la esperanza- fuimos, en algún modo, todos un poco quijotes. Y no me averguenzo de ello. No tiene tanto mérito luchar cuando estás seguro de la victoria, especialmente de un triunfo inmediato. Lo vergonzoso es no el ser derrotado, sino no luchar entonces cuando debes, cuando el imperativo de la historia, de la supervivencia de un pueblo, lo impone.

POST TENEBRAS, SPERO LUCEM”

Lo que siguió a la derrota de la España republicana es conocido -tanto por el pueblo español como por el resto de pueblos europeos.

Han pasado desde entonces más de tres decenios. Muchas, muchas cosas han cambiado. El pueblo venció en muchos paises.

El pueblo español, sin embargo, se encuentra todavía hoy en la misma situación creada tras su derrota de marzo de 1939, aunque mereciera una suerte totalmente diferente. Él no se ha reconciado, sin embargo, con la inquisición de Franco, que no ha logrado arrodillarle. Todavía más claro y decidido que antes, el pueblo español manifiesta su deseo firme de forjar un futuro libre y feliz. La oscuridad que cayó sobre España hace tres decenios empieza a aclararse cada día más, debido a la lucha valiente del pueblo. En el horizonte se ve la luz. Se siente la llegada de la primavera.

Se vislumbra el día de la victoria del pueblo español. Los “vencedores y los vencidos” de ayer avanzan cada vez más firmemente unidos por el camino que no es, ni mucho menos, el de la continuación del presente triste e indignante, ni el del regreso al pasado doloroso y lleno de sufrimiento, sino el camino de la democracia política y social, el camino del progreso32.

No puede no terminar venciendo un pueblo que ha escrito en su historia y en la de la humanidad entera semejantes hechos de heroismo legendario, como los de los habitantes de las localidades de Sagunto, Numancia, Bailén, Madrid y Guadalajara, que han dado al mundo a Cervantes y a Lope de Vega, a Velazquez y a Goya, a Albeniz y De Falla, a Santiago Ramón y Cajal, a García Lorca o Machado, y a José Diaz o Julián Grimau. La causa por la que lucharon, por la que sacrificaron su vida tantos de sus mejores hijos, junto a tantos hijos de todos los pueblos del mundo, triunfará también en España.

No es posible que no haga realidad la previsión genial de Cervantes: “Post tenebras, spero lucem” Sí, !también en España se hará la luz!.

1954-1971

***

1 Documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, fasc. 3 M 1946 (Nota del Autor)
2 En francés en el original (Nota de los Traductores)
3En francés en el original (N. de los TT.)
4Idem
5
6
7Se refiere a Napoleon (N de los TT)
8Se trata del discurso de Dolores Ibarruri pronunciado el día 1/11/1938, y titulado “Hasta pronto hermanos”, que nosotros reproducimos completo de España Roja, y que el autor reproduce probablemente copiado de fuentes indirectas, pues faltan en el texto algunos párrafos (N.TT.)
9Se trata en esta ocasión del discurso pronunciado en Tarragona por Juan Negrín el 28/10/1938, y reproducido solo parcialmente por el autor. Nosotros lo hemos tomado completo de la página web de Izquierda Socialista. (N.TT.)
10BUSCAR FUENTE
11En español en el original (N. TT.)
12El autor solo escribe la primera estrofa y una segunda que no se corresponde con la letra del himno en español, según nota del original traducida por un tal Petre Iosif, y que dice así: “Los hermanos españoles van en camino hacia la libertad, luchamos todos con el mismo objetivo, !adelante Brigadas Internacionales!, !Arriba la bandera de la solidaridad!
13Archivo del Comité Central del PCR, fondo nr.101, dossier 7729, hoja 47 (Nota del Autor)
14Entre comillas en el original (N.TT.)
15Aquí el autor miente. Durante la guerra civil española todavía conservaba su nombre original, de origen judía, Peter Neulander, que se cambiaria en los años 60 (N.TT.)
16Roman, ciudad de la provincia de Bacau, al este de Rumania; Oradea, ciudad de la provincia de Bihor, al noroeste del país (N.TT.)
1717 En rumano, El despertar (N.TT.)
18 Entrecomillado en el original (N.TT.)
19Uno de los fundadores del Partido Comunista Rumano en 1921, más tarde embajador de la República Popular Rumana en la Alemania Democrática (N.TT.)
20Famoso escritor rumano encarcelado por ponerse de lado del Imperio Austrohúngaro y en contra de la adhesión de Transilvania por Rumania tras la Primer Guerra Mundial (N.TT.)
21Una de las dos regiones que formaban tradicionalmente el principado de Valaquia, junto con Oltenia, y donde se encuentra la ciudad de Bucarest (N.TT.)
22Vacaresti fue una famosa carcel de Bucarest donde solian encerrarse a los presos politicos comunistas (N.TT.)
23Uno de los fundadores del Partido Social Democrata Rumano, en 1910. Después sería detenido en la gran manifestación obrera del 13 de diciembre de 1918, que hizo temblar a la burguesia y los boyardos rumanos por el miedo a que fuera el inicio de una Revolución Bolchevique (N.TT.)
24Mara, El molino de la fortuna (N.TT.)
25 En español en el original (N.TT.)
26 En español en el original (N.TT.)
27 Socialista de derechas podía parecer entonces una contraducción indigerible, pero hoy día, particularmente en España, nos suena de lo más actual, como han demostrado otros herederos del citado Besteiro como Felipe González, Rodriguez Zapatero o Pedro Sanchez, por citar solo a los secretarios generales de un partido, el PSOE, que se ha convertido en un partido al servicio descarado y sin tapujos del gran capital (N.TT.)
28 No se entiende bien que quiere decir el autor ¿Se refiere a un aliado externo que apoyara firme y militarmente al pueblo español contra el fascismo? ¿No lo hizo la URSS? ¿Se trata de una queja contra otros paises y no contra este pais que, en realidad, fue el único en sostener militarmente a la República? Es posible que, en el contexto de desestalinización vigente en Rumania en el momento de escribirse el libro, finales de los sesenta, se trate de una crítica más, en la linea de las realizadas por los troskistas contra Stalin, en el intento de calumniar al país de los trabajadores y justificar el golpe revisionista dado por Kruchev, Breznev y el resto de traidores en el XX Congreso (N.TT.)
29 José Diaz, Lecciones de la guerra del pueblo español (1936-1939), Revista Comintern, nr.1, 1940 (Nota del autor), traducción tomada de Bitácora de un Nicaraguense (N.TT.)
30 José Diaz, Lecciones de la guerra del pueblo español (1936-1939), Revista Comintern, nr.1, 1940 (Nota del autor), traducción tomada de Bitácora de un Nicaraguense (N.TT.)
31 Intelectual y político húngaro, participante activo en la Revolución húngara de 1919 y del intento de instauración de una República Soviética Magiar. Años después, formaría un gobierno reformista en Hungria, en 1956, En octubre de este año ingresa en el gobierno dNagy Imre como ministro de cultura popular,y después sería encarcelado por los soviéticos junto con Nagy. Después de estos acontecimientos, tendrían lugar las conversaciones con Roman, ambos ya defendiendo abiertamente los presupuestos antisocialistas revisionistas que asumían el final de la lucha de clases y la progresiva reinstauración de las diferencias sociales y de la separación entre el partido y las masas que se extendería por todos los paises y partidos comunistas después del XX Congreso del PCUS, en 1956. (N. de los TT.)
32 Roman demuestra en este ilustrativo final que los partidos comunistas, tanto los de Europa Occidental, como el carrillista del Partido Comunista de España, como en el este de Europa, en el mundo socialista, como el Partido Comunista de Rumania, estaban minados completamente por el revisionismo y el eurocomunismo, pues es como poco sorprendente que Roman loe, desde la Rumania de Ceausescu, la democracia que ya se gestaba de la reconciliación nacional, en la que “vencedores y vencidos” se abrazaban en esa comedia vomitiva y falsa que sería la Transición española. De hecho, el propio Ceausescu, empapado por esa concepción revisionista de la sociedad sin clases y de la “democracia” , apoyaría a Santiago Carrillo en su aceptación de la reinstauración de la monarquía, en la figura de Juan Carlos I, y de la apariencia democrática que no ocultaba demasiado que no era más que la continuidad del régimen anterior, la perpetuación de la tirania de una clase sobre otra, el nuevo triunfo de los criminales fascistas que acabaron con el sueño de la república y con la vida y las esperanzas de tantos patriotas que soñaron con una España verdaderamente libre (N.TT.)
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