miércoles, 4 de marzo de 2020

Paul Hitter, el artista gitano antimperialista, creador del expresionismo balcánico

Paul HitterPaul Hitter es un pintor rumano que se autodefine a si mismo como "el artista gitano" (Gipsy  artist), con un arte militante siempre en defensa de los marginados y excluídos de la sociedad. Él mismo describe su arte como "expresionismo balcánico", estilo con el que intenta ilustrar las características de la cultura de Los Balcanes, mezcla de influencias y en contínua resistencia contra los que intentan sometarla. Su estilo recuerda al del director de cine Emir Kusturica, que lo muestra en míticas películas como "Gato negro, gato blanco"  o "La vida es un milagro". Hitter se inspira en Kusturica en, por ejemplo, su retrato de Maradona, que se podrá admirar en la selección que aparece al final de esta entrada.

Además de una gran cantidad de obras que decriben e ilustran la sociedad balcánica, Hitter tiene un componente político que también apreciamos en Kusturica. Sus referencias críticas al imperialismo o sus guiños al comunismo son constantes, sobre todo en sus retratos. Incluso dedica algunos de ellos a los principales líderes del comunismo mundial, como Lenin, Stalin o Mao, dotándoles de algunas particularidades de la cultura balcánica, como su representación con un tercer ojo en la frente que recuerda a la cultura hindú, pero también a la gitana, simbolizando con ello el carácter visionario de los personajes. Su óptica personal y a la vez imbricada en la cultura y tradiciones de la antigua Europa Otomana (los estados de la antigua Yugoslavia, Rumania o Bulgaria), no dejan indiferentes a nadie.

Uno de sus retratos más impactantes, que dice mucho sobre el fondo político de su obra,, es "Héroe nacional", donde una mujer con el kalashnikov en la mano y vestida de guerrillera, con la estrella roja en la gorra militar, está representada rodeada de simbología que nos lleva inmediatamente al entorno cultural y a las contradicciones entre los sistemas que han vivido en los últimos años los habitantes de la zona (socialismo y capitalismo, y sus mezclas de aberración y resietencia). En realidad esa amalgama de componente étnicos (eslavos, turcos, gitanos) e ideológicos, (socialismo, mafia, religión), define bien el mundo balcánico actual (lo que se precia, como ejemplo en "Diáspora soviética").

Hitter es un gran crítico del imperialismo europeo., y lo representa en cuadros como el dedicado a la , U.E., donde la bandera comunitaria, con el símbolo nazi desvelado, fuerza a los países balcánicos representados por una mujer gitana. De hecho, Hitter ha sido uno de las principales figuras críticas contra las manifestaciones que la derecha globalista rumana, al servicio de Bruselas y Berlín, está organizando actualmente en Rumania contra las medidas desfavorables a los intereses de las grandes corporaciones previstas en el programa del partido ganador de las elecciones celebradas apenas hace un mes con un 47% del respaldo popular al gobierno.

En todo caso, se trata de unas obras, de un estilo que, como poco, impacta, y que a muchos no gusta por el dominio hegemónico, en paises como Rumania, de la cultura occidental impuesta tras el golpe del 89, que hace que muchos reproduzcan como forma de sentirse "civilizados" los clichés y tópicos impuestos por Europa, renegando de las particularidades culturales y sociales de la región y sus ricos contrastes y mezclas de influencias histórico-culturales.

Por otro lado, es innegable la importante presencia de la cultura rrom en el autor que, no obstante, es y se considera gitano. En todos sus cuadros, en este sentido, tienen un importante papel los colectivos marginados, los pobres, los excluídos y los explotados, en un coctel de colores, personajes e influencias que nos parece llevar a algunas de las escenas más hilarantes y representativas del cine de Kusturica.


Carta de los marginados a la sociedad burguesa 

Maradona

Héroe nacional
Marinero ruso
Cuba
Rusia

Vietnam

Unión Europea
Diáspora soviética

Veterano de Normandia

Baba Novak
Kafka

Katiushka

Frida Kahlo

Bulat Okudzhava, cantante y poeta soviético

Lenin

Stalin
Mao

Ceausescu
K
General Clark, jefe militar de la OTAN durante la guerra de Kosovo
Locomotora, homenaje a los ferroviarios rumanos 
Marinero ruso

Mineriada (en referencia a las marchas mineras de los 90 contra los procesos de privatización masiva y
sistemática de la industria nacional).




domingo, 9 de febrero de 2020

Un brigadista internacional rumano en el frente del Jarama, Pavel Cristescu

Pavel Cristescu fue uno de los más de quinientos trabajadores rumanos que lucharon contra el fascismo en España como miembros de las Brigadas Internacionales.  Nacido el 18 de junio de 1913, militante comunista desde sus tiempos de estudiante,  viajó a España para defender al gobierno democrático legítimo, a la República Española y, en especial, a luchar contra la amenaza franquista, que se cernía sobre toda Europa, incluyendo su país, Rumania.

Participó en diferentes frentes, como el del Jarama, Brunete o el Ebro. Tras su regreso a Rumania, fue nombrado Director General de la Milicia del Ministerio de Interior, cargo que ocupó desde 1949 a 1952, institución creada con el objetivo de combatir "a los enemigos que dañaban la construcción del Socialismo". Junto a él, en un Comité Directivo, formaban parte otros brigadistas que también combatieron en España, como Alexandru Draghic, Marin Jianu, Mihai Burca y Vladimir Mazuru.

Después, pasaría a formar parte del Ministerio de la Industria Química, como Director General, durante 20 años, sería nombrado teniente-coronel en la reserva por sus méritos como voluntario antifascista en España, y condecorado en 1948 con la orden "Estrella Roja de la República Popular Rumana) y en 1963 con la Ordén del Trabajo.

En 1971se publicó, por la Editura Política, como homenaje a los héroes rumanos antifascistas de las Brigadas Internacionales, el libro Voluntarios en España, donde muchos de aquellos escribieron sus experiencias en la lucha contra el fascismo.

En el artículo que hemos traducido y que publicamos a continuación, En el frente del Jarama, Pavel Cristescu nos cuenta cómo fue su llegada a España y su formación en el cuartel general de Albacete como brigadista, así como su incorporación al frente en febrero de 1937 y su bautizo de fuego en la lucha contra la bestia fascista.

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En el frente del Jarama, Pavel Cristescu

Ya han pasado más de treinta años… Transcurría el caluroso verano de 1936. En el ardiente Bucarest las tormentas políticas atraían cada vez a más trabajadores a la lucha contra el fascismo.

La Guardia de Hierro, los agentes de Hitler en Rumania, introdujeron la violencia política en mi país: palizas, progromos, autos de fe y asesinatos. Bajo la protección de los círculos reaccionarios del gobierno del Partido Liberal, los legionarios preparaban abiertamente la condena al silencio absoluto a las voces defensoras de la soberanía de la patria para poder venderle a Hitler tranquilamente las riquezas y la independencia de Rumania, empujando al pueblo rumano a la guerra contra la Unión Soviética.

Sin embargo, la resistencia contra ellos era, cada día, más poderosa y estaba mejor organizada. Un evidente desarrollo de la lucha antifascista se sentía en todo el país.

Me encontraba por aquel entonces en un campamento estudiantil en Lunca Bradului, provincia de Mures.
La moral existente en el campamento era muy alta. Teníamos muy presente la ola de manifestaciones contra el régimen fascista, culminadas con la multitudinaria del 31 de mayo. Convocada por el Partido Nacional-Campesino, por interés electoral, fue transformada bajo la dirección del Partido Comunista en una vigorosa demostración de cientos de miles de trabajadores contra el fascismo y patriótica.

Desde fuera llegaban continuamente noticias esperanzadoras: la Unión Soviética avanzaba en la construcción del Socialismo, en Francia y en España había llegado al gobierno un Frente Popular antifascista, formando gobiernos democráticos.

Pero… el 18 de julio de 1936 la prensa y la radio trajeron la noticia de la rebelíon de los generales fascistas contra la legítima República Española. Una ola de indignación se extendió por todo el campamento. Todo el mundo se preguntaba cómo podía ayudar al pueblo español para vencer a sus enemigos y superar las dificultades que sufría. Cualquier buena noticia llegada de España era recibida con alegría y entusiasmo; toda noticia negativa, como la de la abierta intervención de la Alemania nazi y de Italia contra España, azuzaba los ánimos de actuar contra ellos.

El Partido Comunista Rumano tomó inmediatamente, desde el mismo momento del inicio de la confrontación, una posición firme de lado del gobierno democrático de Madrid. A través de la prensa demócrata la opinión pública rumana era tenida al día sobre los acontecimientos en España, mientras que las calumnias y mentiras de la prensa reaccionaria eran combatidas. La prensa del partido, todavía ilegal,  y sus manifiestos movilizaban a los militantes y a la clase obrera en general para crear una corriente de simpatía hacia la España republicana.

Tras mi regreso a Bucarest, formé parte de una manifestación de solidaridad organizada por el partido frente a la Embajada de España, en la que se condenó rotundamente la rebelión militar fascista.

En otoño de 1936, el Paritdo Comunista Rumano empezó a organizar la partida de voluntarios que deseaban viajar para ayudar al ejército popular, arma en mano, contra la agresión fascista. Yo fui uno de ellos, expresando mi deseo de presentarme como voluntario para formar parte de las Brigadas Internacionales. Después de que el partido resolviera los problemas con los documentos, en noviembre crucé la frontera rumana dirigiéndome a España.

El camino hasta Paris fue fácil, sin incidentes. Allí me dirigí a la dirección que me habían dado en Bucarest para entrar en contacto con los que se ocubaban de guiar para cruzar la frontera entre Francia y España a los voluntarios. El segundo día entré en contacto también con el Comité francés de Solidaridad con la República Española.
Ilustración del diario 'Asi si Maine' de voluntarios rumanos.
Ilustración del diario 'Asi si Maine' , de los 
brigadistas rumanos

La actividad de este comité me produjo una grata impresión, especialmente la atmósfera de esperanza y solidaridad que se vivía en él. Aquella mañana estábamos reunidos en su sede cientos de voluntarios de diferentes paises: ingleses, suecos, búlgaros, checoslovacos, abisinios o norteamericanos, jóvenes y mayores, trabajadores e intelectuales, marineros y campesinos; todos muy diferentes, pero unidos en un mismo ideal: la derrota del fascismo.

Un día después, ya estábamos montados en un tren camino a España. Al llegar a Perpiñán pasamos todos un control médico. Después, burlando la vigilancia de los aduaneros franceses, cruzamos la frontera y llegamos a la ciudad de Figueras, en Cataluña. Allí permanecimos unos diez días, esperando la llegada de otros voluntarios desde Francia. Tras repartirnos y destinarnos en diferentes unidades, fuimos a un campo de instrucción cercano a la ciudad de Albacete, en el centro del país. De caminó a nuestro destino, nos detuvimos en la capital catalana, Barcelona, donde desfilamos por el centro de la ciudad entonando canciones de libertad en muchos idiomas. La aclamación del pueblo barcelonés fue espectacular y su entusiasmo indescriptible.

Veinticuatro horas después de llegar a Albacete, fuimos enviados a un pueblo cercano, Mahora, alojándonos en una escuela y en un viejo castillo abandonado. La instrucción fue muy rápida, de siete semanas, pero severa. Pasando por un difícil proceso de adaptación a las nuevas condiciones,  especialmente por la diversidad de lenguas, culturas y mentalidades, se logró formar finalmente una eficaz unidad de combate. Las dificultades fueron superadas,sobre todo, gracias a las ganas de luchar y de vencer al fascismo que todos teníamos en común. Pero para poner un poco de orden, el primer día se acordó que la lengua principal para la comunicación sería el castellano.

Fui encuadrado en el Batallón “Dimitrov”, de la XV Brigada Internacional. De este batallón formaban parte voluntarios italianos, rumanos, búlgaros, checoslovacos, yugoslavos, albaneses y polacos, y algunos de otras nacionalidades. Entre los rumanos se encontraban algunos como Mihai Cristov, obrero de la fábrica “Malaxa”, M. Cerchez y otros mecánicos.

Diariamente hacíamos instrucción, educación política y teníamos contacto con la población local, que nos regalaba su cariño y estima. Así hasta principios de febrero de 1937, cuando sonó la señal de alarma en el campo. El frente necesitaba refuerzos.

Franco había perdido la paciencia después de meses de derrotas frente a Madrid e intentó una maniobra que evitara la lucha frontal. La situación era difícil. Con ataques masivos de fuerzas blindadas, artillería y aviación, consiguió acercarse peligrosamente a la carretera de Valencia y la de Arganda-Morata; en algunos puntos, la carretera llegó a estar a tiro de piedra de los fascistas.

Nos subimos con urgencia en un tren, mientras el pueblo nos despedía con afecto y emoción, y al día siguiente nos bajamos casi directamente  en la mismísima linea del frente. La Batalla del Jarama estaba en su punto álgido.

Bien aprovisionados con armamento, munición y apoyo aéreo, envíado con generosidad por Hitler y Mussolini, el enemigo intentaba romper el frente mediante bombardeos, con aviones y artillería, que cubrían el ataque de los tanques y ametralladoras. Durante días y noches seguidos, la tierra e incluso el mismo horizonte temblaban bajo las explosiones de miles de bombas.

No obstante, el resultado fue desalentador para Franco, pues las unidades republicanas resistieron la avalancha y, no contentándose con eso, hicieron retroceder al enemigo. De nuevo, Madrid, y su conexión con el resto del país, había sido salvado. La victoria republicana fue pagada con inmensas bajas. Miles de soldados españoles y de voluntarios internacionales perdieron la vida en aquellos días de gloriosa lucha.

Especialmente, destacaron en el combate las unidades españolas mandadas por Juan Modesto, que soportaron el mayor peso en la lucha. Formadas por voluntarios españoles, curtidos ya en el frente desde el principio de la guerra, nos dieron ejemplo con su actuación y disciplina, mientras nosotros les apoyábamos hombro con hombro, demostrando nuestra solidaridad internacional. También en aquellos días inolvidables se destinguiría la primera unidad rumana creada, la división de artillería.

Grupo de voluntarios rumanos de las Brigadas
Internacionales 
En una orden del día del frente se destacaban los hechos de armas de nuestra unidad artillera: acabó con una unidad enemiga, saltó por los aires un depósito de municiones, provocando grandes pérdias en las posiciones fascistas, destruyó nidos de ametralladora y voló cinco tanques, pudiéndose desbaratar un peligroso ataque en base a la precisión de su fuego.

Después del final de la batalla, pude visitar en Madrid la sede de la Federación Ibérica de estudiantes. Con aquella ocasión, pude charlar con voluntarios llegados desde diferentes batallones, encontrándome con gran alegría con bastantes rumanos. Allí conocí a Bica Oprea, Izu Sapira, director de teatro en Iasi, Dumitru Bujor, Ion Croitoru, Nistor Falcoianu, C. Nicolescu, S. Boroianu, P. Manoliu y E. Teodoreanu, entre otros.

Poco a poco, las luchas habían ido bajando de intensidad. El mando fascista se dio cuenta rápidamente de que en el Jarama a Franco también le habían fallado los cálculos. El ejército republicano, el estado mayor que dirigía la defensa de Madrid, cuyo jefe era el coronel Vicente Rojo, aplicaba con eficacia el lema popular: !No pasarán! El frente se había estabilizado y comenzó la lucha de patrullas, de acoso, una guerra de trincheras.

Junto a los puestos de ametralladora empezaron a funcionar difusores de noticias y propaganda que nuestro aparato político dirigía hacia los soldados españoles enrolados forzosamente en las filas franquistas y a los mercenarios italianos enviados por el dictador Mussolini.

Tras el doloroso fracaso sufrido por Franco en el Jarama, los fascistas intentaron rodear Madrid desde Guadalajara, en el norte, con idéntico objetivo: cortar las comunicaciones con la capital. Mientras estábamos en las trincheras del Jarama seguíamos impacientes los detalles sobre la batalla de Guadalajara que llegaban al frente, hasta que estallamos de alegría al conocer la noticia de la nueva !Victoria! A finales de marzo de 1937, en Guadalajara, enteras unidades italianas fueron destrozadas por el ejército republicano, huyendo en desbandada de nuestros soldados. Cayeron en manos del ejército republicano miles de prisioneros, cantidades enormes de armas, municiones y medios de transporte.

Nosotros, en el Jarama, recibimos decenas de cajas con granadas italianas enviadas por nuestros camaradas desde el frente de Guadalajara. Por supuesto, las dimos muy buen uso contra las unidades italo-franquistas que teníamos enfrente.

Estuve destinado en el frente del Jarama hasta mayo de 1937, cuando, finalmente, mi unidad fue transferida a Brunete.

domingo, 2 de febrero de 2020

Entrevista a Andrei Micu, voluntario rumano de las Brigadas Internacionales

Andrei Micu fue un hombre excepcional. Comunista desde su juventud, no dudó en marchar a luchar a tierras lejanas y seguir la llamada del Komitern para enrolarse en las Brigadas Internacionales, con el fin de luchar contra el fascismo en España, con la seguridad de que enfrentarse allí contra el capitalismo enrrabietado era también defender a su país frente a esa peste y combatir para la emancipación de la clase trabajadora rumana y mundial.
Andrei Micu

Micu murió hace ya siete años, pero antes de abandonarnos nos dejó su valioso testimonio sobre la Guerra Civil Española, la lucha contra el fascismo y el capitalismo, dos rostros de la misma moneda envenenada y, especialmente, sobre la Rumania Socialista, desde el triunfo de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial hasta su final en diciembre de 1989, haciendo hincapié en el punto de inflexión que provocaría, finalmente, el hundimiento: el triunfo del revisionismo en el movimiento comunista internacional, también en el rumano, tras la muerte de Stalin.

La siguiente entrevista, realizada en 2001 por el comunista rumano Gheorghita Zbaganu, la tradujimos en Un vallekano en Rumania el  año en que el héroe rumano falleció, en 2013.

Ilustración del diario 'Asi si Maine' de voluntarios rumanos.
Ilustración del diario 'Asi si Maine' , de los
brigadistas rumanos.
Ahora la republicamos, repasada y en formato descargable, porque pensamos que su difusión es esencial para comprender no solo el nacimiento, desarrollo y final de la Rumania Socialista, sino también la evolución del movimiento comunista en Europa, además de servir para honrar la memoria de un comunista siempre fiel a sus principios, constantemente entregado a la lucha por la emancipación de la clase trabajadora y que jamás dejó de tener claro, hasta el momento de su muerte, la necesidad de acabar, por todos los medios al alcance de los trabajadores, con la barbarie capitalista, esa Hécate de doble rostro que, aunque flirtee con su máscara democrática como forma de engañar a sus víctimas, siempre oculta, dispuesta a aparecer cuando sea conveniente para mantener la explotación  de la clase obrera, su verdadero rostro fascista:

"He llegado a la conclusión de que en la coyuntura política actual, ningún partido es bueno.  No hacen otra cosa que enfrentar al pueblo. Los partidos de hoy sirven a los intereses de los grandes magnates del dinero y a los multimillonarios del mundo. En primer lugar, a los intereses del imperialismo norteamericano. 

El pueblo trabajador tiene necesidad de un partido de vanguardia con ideología marxista, consciente de su rol. El rol de un partido de vanguardia no puede ser otro que el de coordinar el derrocamiento por el pueblo del sistema capitalista y la construcción del socialismo. De semejante movimiento tenemos necesidad especialmente ahora, cuando, debido a la globalización, la riqueza se concentra en cada vez menos manos y la pobreza se extiende, incluso en los países capitalistas más desarrollados"


miércoles, 8 de enero de 2020

Fotografías de Bucarest en los primeros años de la República Popular Rumana (de una publicación de 1953)

Imagini pentru republica populara romanieEn 1953 el Instituto Rumano por las Relaciones Culturales con el Exterior editó una selección de imágenes con el título "Bucarest", en el que se intentaba dar una imagen general de la capital de Rumanía, sobre todo durante la entonces recientemente proclamada República Popular (1947-1965).

A continuación, hemos seleccionado algunas de las fotografías del libro, especialmente las que muestran escenas de Bucarest tras la proclamación popular de la República Popular Rumana y de cómo los trabajadores rumanos se ganó, derrotando al fascismo, poder disfrutar de la cultura, del ocio o del progreso.


23 de agosto de 1952, celebraciones del Día de la Liberación de Rumanía de las garras del fascismo

Añadir leyenda

1 de mayo de 1952. Se aprecia la foto de Mao en el centro de la manifestación.

El deporte ahora es accesible a todos los trabajadores. Piraguismo en el Parque Stalin (actual Herestrau)

Playa de la Piscina de la Juventud (el ocio es ahora un derecho del pueblo)

Piscina del Parque Máximo Gorki

Maqueta del Teatro Lírico Popular, entonces en construcción

Guardería "8 de marzo". Las trabajadoras tienen a  su disposición guarderias gratuitas.

Manifestación por la paz en la Plaza de la República (pancartas con Stalin y Gheorghiu-Dej)

Exposición de arte en el Club "Grivita Roja".

Casa Scantei, sede del diario del Partido Comunista y de la tipografía nacional, construida en la RPR siguiendo el modelo
de la arquitectura soviética

Hotel Atenea Palace, con la estrella roja en su tejado.

Monumento a los 102 trabajadores víctimas de la represión del dobierno el 1 de
diciembre de 1918, en una manifestación saludando a la Revolución Soviética.

Foto de la Guardia Obrera en combate contra el ejército nazi (1944)

Tropas soviéticas saludadas por el pueblo a su entrada en Bucarest (31 de agosto de 1944)

Monumento al Soldado Soviético libertador, antes en la Plaza Victoria, en el centro de
la capital, hoy en el Cementerio Soviético de Pipera, en el norte de la ciudad.

Estatua de Stalin, del escultor Dumitru Demu. Alzada en el Parque Iosif Stalin, actual
Herestrau. Fue derribada pocos años después de la muerte del líder soviético.

Plaza Universidad

Edificio de la empresa mixta SOVROMPETROL, propiedad del estado rumano y del estado soviético


Plaza del Senado con la Estrella Roja en la cubierta del edificio.

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