jueves, 5 de febrero de 2015

Bajo el cielo de España. Capítulo IX: Historia de los brigadistas rumanos en la Guerra Civil Española


Continuamos con la traducción del libro de Valter Roman, miembro del grupo de rumanos que combatieron en España en las Brigadas Internacionales contra el fascismo, en el que se describe la participación de los comunistas de Rumania en la Guerra Civil española (1936-39).

 Se puede acceder a las partes anteriores en los siguientes enlaces:



***

CAPITULO IX: LO IMPOSIBLE SE HACE POSIBLE

El éxito militar obtenido por las fuerzas fascistas en abril de 1938 significó un golpe grave para la República Española. Las dos zonas, (la catalana y la del centro-sur) quedaron completamente aisladas una de otra. El contacto por mar entre ambas era cada vez más difícil, porque las costas mediterráneas de España se hallaban bajo el control permanente de las escuadras italianas con base en la isla de Mallorca. El mando centralizado de las zonas republicanas, como así también la coordinación de sus operaciones militares, tuvieron que superar enormes obstáculos. Las dificultades internas de orden económico y político crecieron sin parar. La extensión de la política de no intervención, practicada en un único sentido, había agravado todavía más la situación desde todos los puntos de vista.
Brigadistas en la Batalla del Ebro

Estando así las cosas, se entiende que fueran muchos los que hacían cuentas de que los días de la República estaban contados. Pero a la vez que la prensa burguesa de todo el mundo creía que se acercaba el momento en el que podrían publicar a bombo y platillo en edición especial el derrumbe de la España libre, el mando republicano elaboraba el plan de la más atrevida operación contra los franquistas: la ofensiva del Ebro.

La operación militar proyectada podía ser ejecutada solamente por combatientes de gran valentía, pues las dificultades que se levantaban en el camino parecían prácticamente invencibles.

Para penetrar en las líneas enemigas, había que romper en primer lugar el frente del Ebro por su porción más amplia, la comprendida entre la confluencia del río Segre con el Ebro y Tortosa. Los expertos militares de la Wehrmacht, después de inspeccionar el sistema de defensa organizado por los fascistas a lo largo de la orilla del Ebro, habían declarado que cualquier tentativa de cruzar el río era irrealizable. Tras este, la abundancia de armas automáticas, morteros, piezas de artillería, podían asegurar una cortina de fuego impenetrable, mientras los puntos de observación terrestres y aéreos alejaban cualquier posibilidad de ataque por sorpresa por los republicanos.

No obstante, los republicanos lograron cruzar el río. El Ejército del Ebro, compuestos por tres cuerpos de ejército, entre los cuales se encontraban tres brigadas internacionales que estaban bajo el mando directo de dos brillantes jefes militares españoles, Juan Modesto y Enrique Lister, y disfrutaban de la colaboración estrecha de algunos comandantes comunistas como Soliva, Usatore Merino, Jesús Sáez, Sánchez Tomas, Ortiz, del socialista Leal, y de los instructores del partido comunista Santiago Álvarez, Luis Delage, José Sandoval y otros, realizó, con un ímpetu brillante y una eficacia digna de admiración, esta operación valorada como imposible por los expertos burgueses. Las hazañas de los republicanos españoles, que se enfrentaron a los enemigos en Madrid, que demostraron su superioridad sobre las orgullosas legiones italianas en Guadalajara, que dieron muestra de gran valor en la ofensiva de Teruel, como en la resistencia en Aragón, mostraron de nuevo al mundo entero su fuerza.

Hemos pasado el Ebro
novia mía, muy bien amada,
los unos en las barcas
y otros a nado1

Así cantaban los combatientes republicanos...

En el Ebro se han hundido
las banderas italianas
y en los puentes solo ondean
banderas republicanas.

El Ejército del Ebro
una noche el río pasó
y a las tropas invasoras
buena paliza les dió2

El paso del Ebro demostró la capacidad ofensiva de los republicanos, construida durante los dos años de guerra, extremadamente desiguales. Para tomar de nuevo lo que los republicanos consiguieron conquistar en apenas una semana los franquistas necesitaron cuatro meses de dura lucha. Y esto, solo tras una tremenda concentración de hombres y armas a las que los republicanos no podían oponerse.

En el desarrollo de las operaciones en el frente del Ebro, que duraron unos cuatro meses, se pueden distinguir tres fases.

La primera fase de las operaciones tuvo lugar entre el 25 de julio y el 3 de agosto de 1938. En este periodo de tiempo se produjo el paso del Ebro por los puntos establecidos en la ofensiva republicana.

El plan republicano preveía que el golpe principal se produjera en la dirección Asco-Gandesa. Dos ataques secundarios de despiste debían llevarse a cabo, uno en el sector de Mequinenza y otro en el sector de Tortosa. Estas dos operaciones tenían que ser realizadas por el V y XV Cuerpos de ejército, de los que formaban parte las brigadas internacionales.

La acción distractiva del sector de Mequinenza fue ejecutada por la brigada 226 del ejército republicano, que pasó el Ebro, ocupó Altos y Aut, y tuvo en jaque a las tropas franquistas durante muchos días frente a las localidades de Fraga y Lérida. En el sector de Tortosa, el 25 de julio, a medianoche, el batallón “Comuna de París” de la XIV Brigada Internacional, cruza el río por Compredo y se encarga de combatir contra importantes tropas fascistas. Habiendo tenido éxito las acciones secundarias, el grueso de las tropas inician el ataque principal. La 3 División republicana cruzó el río y ocupó la localidad de Flix; la 35 División internacional lo paso por Asco; las XI y XV Brigadas ocuparon Mora de Ebro; la XIII Brigada internacional llegó hasta los alrededores de Gandesa, realizando un avance de 30 km; por último, diferentes unidades españolas ocuparon otras localidades.

El balance tras los primeros días de lucha demostraba plenamente la superioridad del ejército republicano, además de la importancia de ese elemento que los expertos de la Wehrmacht no tuvieron en cuenta en sus cálculos: los hombres, los hombres movidos en sus acciones por un gran objetivo.

En el curso de las operaciones llevadas a cabo durante el primer día de lucha, dos divisiones fascistas fueron puestas en fuga, 5000 fascistas hechos prisioneros, además de tomados dos baterías de artillería, entre ellas una de 155 mm, un depósito de munición y numerosos materiales, que cayeron en manos republicanas.

En el segundo día, el 26 de julio, los combates están en su apogeo. En el amanecer empezaron a cruzar el Ebro la artillería y los blindados del ejército republicano. Debemos mencionar aquí que los primeros cañones que pasaron el Ebro, bajo el fuego de un terrible bombardeo aéreo, fueron los de la artillería rumana de la batería “Tudor Vladimirescu” del regimiento rumano de artillería, bajo el mando de Nicolae Cristea.

A continuación, algunas cifras. El balance de los primeros dos días de lucha demuestra, bastante elocuentemente, el entusiasmo de las fuerzas republicanas: 8.000 prisioneros fascistas capturados junto con un valioso material de guerra, más 7.000 km2 de terreno liberado.

Sorprendidos por la violencia del ataque, los fascistas se dieron prisa en reforzar sus posiciones. Todas las unidades de aviación fueron llamadas desde levante y usadas para bombardear los puentes sobre el río Ebro. La resistencia de las tropas fascistas creció, no obstante, los republicanos continuaron realizando planes tácticos y operativos.

En los primeros días de agosto empezó la segunda fase de la batalla del Ebro, que duraría hasta finales del mes de octubre. Se trataba ahora de la contraofensiva fascista.

Los voluntarios antifascistas de las brigadas internacionales participaron sin interrupción en aquellos combates junto a las tropas españolas, hasta el 23 de septiembre, fecha en la que, por decisión del gobierno republicano, se retiraran del frente.

La contraofensiva fascista se desencadenó, en primer lugar, en el norte de Mequinenza, y después hacia el sur, entre Sierra Pandol y el río Canaleta. Después de empujar a los republicanos a la línea Miravet-Fatarella, los fascistas prepararon un nuevo cuerpo de ejército para la contraofensiva general. Contra este nuevo cuerpo de ejército -Cuerpo Valiño3- mantendrán fuertes combates en Sierra Caballs durante el mes de septiembre algunas unidades de la 45 División, en especial, la XIV Brigada Internacional.

En la Sierra Caballs, como se ha dicho, se empleaba a fondo la XIV División, en la que se hallaban numerosos voluntarios rumanos.

Desde el 8 de septiembre, cuando algunas unidades de la 45 División ocuparon posiciones en Sierra Caballs, hasta el 2 de noviembre, los fascistas no pudieron desplazar de sus trincheras a los republicanos, aunque los combates fueron ininterrumpidos y violentos.

Incluso el comentarista militar franquista Aznar, en su libro sobre la guerra española, debió reconocer lo inútil de los esfuerzos realizados por los fascistas y sus inmensas pérdidas: “El 9 de septiembre, dice él, el cuerpo Valino no consiguió tomar Sierra Caballs. El ataque fue reiniciado el 18 de septiembre y en los días siguientes con el fin de conquistar Venta Camposines. La XIII División del cuerpo de ejército marroquí perdió en aquellos combates el 80% de sus efectivos y tuvo que ser reemplazado”.

Solo en la última fase de las operaciones en el Ebro (30 de octubre-15 de noviembre de 1938) los fascistas pudieron recuperar las posiciones perdidas, y esto solo gracias a las condiciones absolutamente desiguales en las que tuvieron lugar los combates. Realmente, los fascistas, más allá de su superioridad en efectivos humanos y armamento, disfrutaban también de una ventaja táctica considerable. Mientras los republicanos tenían el río a sus espaldas y podían aprovisionarse solo por los dos o tres puentes improvisados que habían lanzado sobre el Ebro, además de estar continuamente bombardeados por la aviación enemiga, las tropas franquistas disponían de posibilidades de maniobra infinitas.

Así fue la última fase de la batalla del Ebro, tal y como la describe Aznar:

El 30 de octubre, sobre un frente de 1.500 m en el extremo norte de Sierra Caballs, los franquistas han concentrado el fuego de sus 175 cañones (la mayor concentración de toda la guerra) y toda su aviación...”

El día 7 de noviembre, tras una semana de crudos combates, caen Sierra de la Picosa y Mora del Ebro y, el 15 de noviembre, Fatarella es abandonada por los republicanos. Ribarroja fue tomada. El frente se hace uno con la orilla del río Ebro”

La descripción de Aznar hace casi inútil cualquier otro comentario acerca de la violencia de las luchas y la resistencia enconada de los republicanos. Por cientos, por miles, los combatientes antifascistas pasaron a contarse entre los héroes.

LA TUDOR VLADIMIRESCU CRUZA EL EBRO.

Participando en la gran ofensiva del Ebro, los combatientes del régimiento rumano de artillería, como también los de las otras unidades del ejército republicano español, se esforzaron para estar a la altura de la misión que habían de cumplir. Más que nunca, el regimiento de artillería dio pruebas de gran disciplina y entusiasmo, en mayor medida que en cualquier otro momento, cada artillero demostró su coraje y espíritu de sacrificio. Muchos de los voluntarios rumanos sobresalieron en aquellos días de dura lucha por su valentía. A su frente estaba permanentemente el inolvidable héroe de nuestro pueblo, Nicolae Cristea.

Ya desde los primeros días de la preparación del cruce del río, las tropas republicanas lograron, construyendo unos puentes improvisados, transportar algunas pequeñas unidades de vanguardia y situar en la orilla derecha, donde se encontraba el enemigo, algunas cabezas de puente. Los fascistas, sorprendidos al no esperar que una maniobra como aquella tuviera éxito, concentraron apresuradamente en aquel frente masivas fuerzas de artillería y de aviación, machacando con una permanente lluvia de fuego, desde la tierra y el aire, la orilla izquierda ocupada por los republicanos y los puentes construidos por estos. Con ello, perseguían aislar y destruir las cabezas de puente y las unidades avanzadas y, en general, hacer fracasar totalmente la ofensiva iniciada por los republicanos.

En el sector de lucha de la 35 División, el mando había decidido que la artillería, en concreto, el regimiento rumano, con el objetivo de apoyar y sostener las acciones de los elementos avanzados, se encargara de neutralizar la artillería enemiga, atacando las posiciones fortificadas de la otra orilla del río, para asegurar la comunicación entre ambos márgenes del Ebro.

A la señal, todas las baterías del regimiento rumano de artillería abrieron fuego. Su cañoneo preciso y violento logró destruir las posiciones fascistas y abrir el camino a la infantería.

La mayoría de los soldados pudieron cruzar el río nadando, mientras otros lo hacían en barcas o en otros medios útiles para llegar a la orilla izquierda.

La artillería debía entonces atravesar el cauce para poder seguir apoyando a la infantería que se adentraba en el territorio enemigo en la otra orilla. El transporte de las piezas artilleras creaba serias dificultades. Se construyó con este fin un puente. Sin embargo, los fascistas abrieron los diques de Camarasa y las aguas crecieron, furiosas, destruyéndolo a mitad de su construcción.

La presencia de la artillería en la orilla derecha se convirtió, no obstante, en una necesidad imperiosa. La infantería estaba avanzando vertiginosamente, pero el tiro de nuestros cañones superaba con dificultad los 10 kilómetros. “Si hay necesidad de que crucemos de urgencia, entonces tenemos que encontrar con urgencia una solución”, sentenció Nicolae Cristea. Si la encontramos. Era una solución muy arriesgada, pero Cristea estaba tan convencido y tranquilo que todos lo siguieron sin vacilación, como si se tratar de llevar a cabo una acción muy simple y común. Hombro con hombro, los artilleros de la batería “Tudor Vladimirescu” llevaron sus cañones hasta la orilla. Allí, con materiales recogidos y acumulados con prisa, se improvisaron algunas balsas en las que se transportaron, uno tras otro, bajo el fuego de la aviación fascista, todas las piezas artilleras. De este modo, los primeros cañones que entraron en acción en el margen derecho del río Ebro fueron los de la batería “Tudor Vladimirescu”, bajo el mando de Cristea.

En el momento en que la batería estaba a punto de ser desembarcada en su totalidad en la otra orilla del río, un camión cargado con 160 proyectiles cayó al agua. Fue un momento de consternación, pues el material de guerra tenía un extraordinario valor para los republicanos debido a la criminal política de “no intervención”, que les ponía en una completa inferioridad frente al adversario en cuanto a al armamento y la munición. Cuando se ordenó a los artilleros que sacaran el camión a la orilla, todo el mundo estuvo dispuesto a echar una mano. En un tiempo record, la orden fue ejecutada: el camión fue rescatado y los obuses puestos a secar. Al día siguiente serían usados contra el enemigo.

Nada más llegar a la margen derecha, la aviación fascista intensificó sus ataques, en aquella ocasión con un verdadero chaparrón de bombas incendiarias. Los artilleros corrían de un lado a otro para apagar el fuego antes de que tomara proporciones. Junto a los cañones de la batería se encontraba una cisterna con gasolina. Si se hubiera prendido, habría convertido todo en cenizas, sin que nadie hubiera podido hacer nada. Sin embargo, parecía que nadie se daba cuenta del peligro que representaba el camión cisterna. Todo el mundo...salvo Cristea, que observó que no había ningún chófer y que no había tiempo que perder. Entonces, sin vacilar, se subió a la cabina de la autocisterna rodeado de llamas y lo alejó rápidamente de la zona de peligro.

AUNQUE NO TENEMOS UNA LENGUA COMÚN TODOS NOS ENTENDEMOS A LA PERFECCIÓN

El valor, la presencia de espíritu de la que había dado muestra Cristea en todas las ocasiones, le había hecho merecer un gran prestigio en las filas de los combatientes de nuestro regimiento. Por ello, el comisario político apelaba a él en numerosas ocasiones para llevar a cabo su trabajo ideológico, a veces desarrollada en condiciones muy difíciles.

La ofensiva del Ebro había sido precedido de un intenso trabajo político. Los soldados debían movilizarse para una acción en la que era imperativo un gran valor y decisión, más allá de lo normal. En casos como aquel, la autoridad moral de Cristea podía ser de muy útil. Así que fue requerida su colaboración para hablar a los hombres antes de la ofensiva que se iba a iniciar.

Cristea había aprendido desde cuando estaba en España algunas frases en francés, otras en español, unas pocas en italiano, así que, en una unidad formada por representantes de tantos pueblos, se podía hacer entender al dar órdenes, cuando arengaba o en el momento de felicitar a sus hombres. Dueño de estos conocimientos, más variados que ricos, Cristea solía rechazar la ayuda de intérpretes (habría dado un aire demasiado oficial a un llamamiento que procedía del corazón y que tenía que llegar, del mismo modo, directamente al corazón de los que lo escuchaban). En definitiva, hacía sus cuentas Cristea, la mayoría de a los que tenía que dirigirse hablaban lenguas románicas, así que no debía ser muy difícil hacerse entender, ayudado por la sinceridad del tono para salvar la pobreza del vocabulario.

Empezó a hablar. Pronunció una frase, dos, tres... Entre los oyentes comenzó, de repente, un rumor, un murmullo... Los rumanos, que no entendían muy bien lo que decía, se volvían hacia los españoles, intentando comprobar si ellos sí lo hacían, aunque estos se volvían a su vez hacia los franceses, pensando que el orador utilizaba el francés. Los franceses, por su parte, no se daban tampoco cuenta de que se decía, y miraban a los italianos, convencidos de que la lengua que oían no podía ser sino italiana. .. Los italianos, por su parte, miraban atentamente a los rumanos, seguros ellos de que Cristea utilizaba su lengua materna. .. En una palabra, cada cual intuía que el comandante hablaba en la lengua de los demás. Y todos, maravilla de las maravillas, al final, todos entendieron. Porque cada uno sintió que era una llamada a dar nuevas muestras del heroísmo que se había convertido en habitual en esta unidad que llevaba en su mástil la bandera de nuestro país. El comportamiento del regimiento rumano en el frente del Ebro demostró que, en definitiva, todas las palabras de Cristea fueron entendidas.

UN CONCURSO SUI GENERIS

En los pocos momentos de recreo se hacían todo tipo de cosas en nuestra unidad. En cada batería se organizaba algo. La composición nacional de algunas baterías influía en la forma en la que sus hombres pasaban su tiempo libre.

De hecho, estos breves periodos de tiempo entre los combates eran utilizados también para, en especial, poner orden en algunas cosas, reparar otras, o completar los conocimientos, principalmente militares.

Tenían lugar, a veces, también pequeñas celebraciones; eran organizadas, sin embargo, no por los diferentes grupos nacionales, sino entre todos. Cada cual intentaba dar a conocer a los demás sus costumbres, el característico folklore de su pueblo. Nuestro canto “Suflecata pana la briu, ducea, ducea rufele la riu4, se convirtió en una especie de himno del regimiento. Le gustaba muchísimo a todos y su, melodía se adecuaba como un guante al paso de marcha.

Eran ocasiones maravillosas para conocerse mutuamente mejor, de fortalecer la solidaridad internacionalista, que se forjaba en el fuego de la lucha y el sacrificio común.

En una de estas fiestas, a Nicu Pop le vino una idea traviesa, la de organizar un “concurso internacional5, así decía él, un concurso como nunca se había organizado otro: en cual de las “naciones presentes”6 se insultaba de forma más fuerte.

La propuesta de Pop fue recibida, al principio, con cierta frialdad, pero, tras algunos minutos la atmósfera se fue calentando. Riendo a carcajadas llegaron “representantes”7 de las diferentes naciones para “inscribirse”8 en el concurso.

Se reunió “todo el regimiento”9. Todos querían asistir a esta competición sui generis. Tras elegirse también un jurado, igualmente internacional, empezó la “competición”10.

Participaron franceses y belgas, italianos y españoles, húngaros y checos y, por supuesto, rumanos. Nuestro representante fue, por su propia insistencia, Nicu Pop.

Para no alargar más la historia, el concurso, seguido con gran interés, como he dicho, por todos e interrumpido continuamente con risas y carcajadas, fue ganado por nuestro Nicu. Era imbatible en esta habilidad. Usando todo el vocabulario de la vieja armada burguesa-latifundista, y adornando con “maestría” destacada el vocabulario, consiguió insultar un minuto y medio sin parar, superando, con gran ventaja, a todos los demás.

***

Innumerables y admirables fueron los hechos de armas protagonizados por los voluntarios del regimiento rumano de artillería en el frente del Ebro, en los que se demostró el amor a la causa en nombre del que se combatía, su espíritu de sacrificio. Sobre la mayoría ha caído el velo del olvido en los decenios que han transcurrido desde entonces. El recuerdo de algunos, sin embargo, ha permanecido vivo en la memoria de los antiguos combatientes. Voy a relatar solo algunos de estos para ilustrar el coraje de los voluntarios rumanos, su decisión en la lucha, su espíritu abnegado.

...Nuestra artillería había cruzado el río desde hacia unos 2 o 3 días. Algunas de las baterías del regimiento rumano recibieron la orden de vigilar y tener bajo su objetivo un determinado sector , de extraordinaria importancia, del frente enemigo. Debían ejecutar una potente lluvia de fuego para detener el contraataque proyectado por los fascistas. Al mismo tiempo, los artilleros recibieron la orden de economizar al máximo las municiones, de las que el ejército republicano sufría gran escasez, y cuyo transporte a través del río estaba sufriendo graves daños por los bombardeos de la aviación de Franco.

En el punto de observación, situado en la cota 625, se encontraba Nicolae Cristea, junto a otro combatiente rumano y otro español. Cristea había identificado un objetivo enemigo, (un puesto de observación situado en la torre de una iglesia), desde donde se divisaba con claridad un amplio sector de las posiciones republicanas.

Se informó al estado mayor del regimiento lo observado. Llegó inmediatamente la orden: “!Destruir el objetivo!”. Cristea, preocupado por ahorrar munición, calculó las coordenadas tan exactamente que con tan solo tres disparos el observatorio enemigo fue destruido. Los fascistas respondieron con un chaparrón de proyectiles. Se observó, mientras tanto, que se estaba preparando una ofensiva seria. Los informes transmitidos de hora en hora sonaban algo así: “El enemigo concentra masivas fuerzas de todo tipo, infantería, artillería, caballería, tanques, etc. Los aviones enemigos realizan continuos vuelos de observación, etc., etc.”.

Al poco tiempo, Cristea se dio cuenta de que su puesto había sido detectado por el enemigo, y se lo comunicó al estado mayor del regimiento. Se transmitió una nueva orden: “Si podéis cambiar la posición sin ser vistos y abrir fuego desde otra parte, entonces hacedlo; si no es posible, !quedaos donde estáis!”

La posición no podía ser cambiada, por lo que, bajo un denso fuego enemigo, Cristea y los otros dos observadores se quedaron en su posición digiriendo el ataque.

A causa de la falta de municiones, la artillería republicana hizo algunas pausas en su actividad. Inmediatamente, estas eran aprovechadas por los fascistas para intentar avanzar. Cuando se reiniciaba el tiro, los enemigos retrocedían. Durante más de 12 horas, desde las 6 de la madrugada hasta las 7 de la tarde, y gracias al fuego de nuestra artillería, el enemigo no consiguió avanzar apenas 50 metros.

Sobre las 7-7,30 de la tarde un proyectil acierta justo en nuestro puesto de observación y lo hace añicos. El soldado español muere en el acto, mientras Cristea y el otro voluntario rumano fueron heridos.

Mientras tanto, sin embargo, la infantería republicana, que había recibido refuerzos, logra rechazar el nuevo ataque franquista.

Con esta ocasión, los republicanos hicieron numerosos prisioneros. Casi siempre, en ocasiones como aquella, los republicanos se daban cuenta de que muchos de los que luchaban en las filas fascistas habían sido reclutados a la fuerza, contra sus convicciones, mostrando estos una gran simpatía hacia la República Española. Algunas veces la citada simpatía tomaba, en la medida de las posibilidades, formas activas de manifestación. E incluso cuando se trataba de pequeñas manifestaciones, como es el caso que relataré más abajo, tenían, no obstante, una valiosa significación.

Se sabía que los fascistas preparaban sus tropas para cruzar el Ebro e invadir Cataluña, aunque la ofensiva republicana estropeo sus planes. Algunos días antes de desencadenarse el ataque republicano, desde el otro lado del Ebro, desde la parte ocupada por los franquistas, se oía una y otra vez:

-!Eh, “rojos”11, apretaos bien “las alpargatas”12!

Tras cruzar el Ebro los republicanos, con motivo del ataque del que ya hemos hablado, se capturó una gran cantidad de prisioneros, uno de los cuales se dirigió así a sus captores:

-¿Vosotros sabéis quien soy yo?

Todo el mundo se quedó sorprendido.

-Y, por favor, ¿quien es usted?, le preguntó uno.

-Yo soy aquel que gritaba fuerte aquello de “eh, rojos, ataos bien los cordones de los mocasines”.

-¿Y que me cuentas con eso?

-Pues que quería avisaros que íbamos a empezar la ofensiva...

La simpatía por los republicanos, demostrada de una forma u otra por la población civil en los territorios tomados por los fascistas, por alguna de las tropas rebeldes, convencía a los interbrigadistas de cuánto de impopular era el régimen de Franco entre las masas españolas; les recordaba que a través de su lucha estaban apoyando los ideales más ardorosos y justos del pueblo español.

En el mes de septiembre de 1938, la contraofensiva fascista estaba en su punto álgido. El enemigo estaba atacando en dirección a Miravet-Fatarella. El regimiento de artillería se encontraba en los alrededores de Fatarella, en el lateral de la vanguardia fascista. Los aviones de caza de estos, que volaban todo el tiempo a baja altura, porque en aquel sector no había ni siquiera un solo cañón antiaéreo, observaban constantemente las posiciones republicanas.

Uno de los puestos de observación del regimiento rumano de artillería se encontraba ubicado en una altura desde la que se podía controlar una parte de las líneas enemigas. Para no ser detectado por la aviación enemiga, los voluntarios excavaron toda la noche para hacer un refugio en la roca calcárea y al amanecer eran invisibles. Desde allí dirigía Nicolae Pop, durante días, bajo el fuego inclemente de la artillería y aviación fascista.

Uno de aquellos días el bombardeo enemigo estaba siendo insoportable. Las explosiones, el polvo provocado, el calor insoportable, contribuían a crear una atmósfera infernal.

Y justo cuando la situación era más tensa, Nicolae Pop anunció: “Se ha interrumpido el contacto con la batería”.

Casi a la vez se recibió una llamada de la División. Se trataba de una orden urgente: “Abrid fuego intenso sobre la cota 421”. La orden debía ser transmitida a la batería. Pero, ¿cómo hacerlo? El contacto estaba roto y no se podía preveer por cuanto tiempo.


Hasta la batería había 1.500 metros; mil quinientos metros que los fascistas estaban sembrando con sus bombas. Sin embargo, había que cumplir aquella orden como fuera.

Tengo que llevar yo la orden — se escuchó decir con voz decidida. Soy un buen corredor. Para mí, 1500 metros no son gran cosa. Solo que, camarada Pop, escribe la orden en un papel, no vaya a ser que cuando llegue a la batería no pueda hablar.

El que se ofreció era el voluntario Mihail Florescu. Prácticamente arrancó la nota de la mano de aquel que se la entregaba y comenzó la carrera. Cuando los obuses silbaban cercanos, se arrojaba al suelo, para después seguir avanzando como una bala. En el cerebro, las palabras golpeaban como martillos: “Tiene que llegar cuanto antes a la batería...tiene que llegar a la batería...”.

Al final, tuvo éxito.

Los artilleros se encontraban en los refugios, pues los fascistas acababan de ejecutar un tiro contra su batería. Segundos después de recibirse la orden, todos se encontraban en los cañones.

Todas las piezas de la batería empezaron a tirar, aunque estaban bajo el fuego enemigo. Pronto, uno de los cañones fue inmovilizado por un proyectil, mientras las otras dos continuaban disparando. La orden de la división fue ejecutada.

Solo pocos minutos después de que nuestra batería dejara de cañonear, los artilleros recibieron la orden de refugiarse de nuevo. El enemigo había empezado un bombardeo de una crudeza exagerada. El zumbido de las explosiones no se detenía, cuando, de repente, se escuchó gritar al comisario político de la batería: “!Todo el mundo fuera!”.

¿Qué ha pasado?, se preguntaban los artilleros. Salieron de dudas rápidamente. Una batería española que se encontraba camuflada en un pequeño bosque , a 200 o 300 metros de su posición, estaba ardiendo. Se trataba de una batería moderna, de fabricación soviética, con disparo semiautomático. Nuestros voluntarios habían admirado su eficacia innumerables veces. Entonces, todos echaron a correr hacia ella para ayudar a los artilleros españoles a salvarla.

Llegamos al bosque. La rueda de uno de los cañones ardía; el fuego amenazaba con extenderse. Y, junto a la batería, se acumulaban los proyectiles al rojo vivo, intocables.

Para cualquier artillero estaba claro el peligro que representaba acercarse a unos proyectiles como esos que pueden estallar en cualquier momento.

No obstante, sin tener en cuenta el peligro, los artilleros de la batería “Tudor Vladimirescu”, codo a codo con los españoles, formaron una fila para ir pasando de mano en mano aquellos peligrosos proyectiles, hasta alejarlos del fuego. Gracias a la rápida intervención de nuestros voluntarios, el fuego es apagado antes de que la batería sufra daños irreparables y la munición fue salvada.

Fue para los artilleros un día duro, pero lleno de satisfacciones. Por la tarde, el comisario de la batería, Andrei Roman, anunció a los voluntarios sentados en círculo lo siguiente: “Nuestra batería ha sido citada en el orden del día de nuestra división por su valiente respuesta llevada a cabo bajo el fuego enemigo. Este ha contribuido al derrumbe del ataque desencadenado contra la cota 421 por las tropas moras del ejército franquista. Con sangre fría y coraje, los voluntarios internacionales han contribuido a salvar el material de una batería que se hallaba bajo el tiro de un poderoso fuego artillero”.

SE TRATA DE COMO SALIR DE ESTA “HISTORIA”

Entre nuestros voluntarios, Pop era conocido por su enorme sentido del humor, que no desaparecía ni en los peores momentos. A continuación, una pequeña muestra.


Los fascistas ya habían desencadenado la contraofensiva en el Ebro. Habían superado la primera línea de defensa republicana, retirándose la infantería y dejando a la artillería al descubierto. En aquellas condiciones, debería haberse retirado también hacia las nuevas posiciones ocupadas por la infantería, pero a su espalda estaba el Ebro y los republicanos no querían ni por asomo abandonar las posiciones que habían conquistado. Se tomó, pues, la decisión de que la artillería permaneciera en sus puestos, en las condiciones de un brutal bombardeo que había provocado innumerables víctimas. En primera línea se encontraba uno de los puestos de observación del regimiento: el de la batería “Tudor Vladimirescu”. Estaban allí Cristea, Pop, Calagaru, Costiniuc y algunos otros. La situación era lamentable. Alrededor, todo estaba lleno de cadáveres; “protegidos”13 en un agujero abierto por las explosiones, nuestros rumanos dirigían el fuego.

Encontrándome a una cierta distancia del punto de observación, vi a los soldados de infantería huyendo en una situación no demasiado brillante. Insultaban a los intervencionistas, a los “neintervencionistas”14, hablaban desordenadamente sobre el sabotaje de Casado, que había inmovilizado tropa, inutilizándolas, en sectores importantes del frente, mientras los fascistas habían movilizado a todos sus efectivos disponibles allí, para dirigir el grueso de sus tropas sobre las posiciones republicanas. Pensé en mis camaradas de la primera línea y me imaginé que también ellos tenían que encontrarse en idéntica disposición. Decidí llegar hasta ellos como fuera, para estar a su lado.

Finalmente, lo conseguí, empezando a, como se hace en ocasiones como aquella, animarlos: “Tenemos que sostenernos, resistir en nuestras posiciones, demostrar nuestra valentía y heroísmo, como en tantas otras ocasiones. No olvidemos a quienes representamos, no olvidemos que nos ha enviado aquí nuestro partido, no olvidemos que las brigadas internacionales son un símbolo, y que por su actuación han entrado ya en la historia”.

Sentí que mis camaradas fueron tocados por la verdad de lo que les había dicho. Eran, no obstante, chavales admirables que se han ido forjando a lo largo de muchos combates. Les sentía más cerca que a muchos familiares; eran mis hermanos de lucha, de ideología.

De repente, Nicu Pop se acercó hasta mí. Tenía un brillo travieso en los ojos. Le conocía bien y me daba cuenta de que nuestro bufón tenía en la punta de la lengua una broma. Nos podía venir bien; era justo lo que necesitábamos en aquel momento. Pop, hablandome por detrás de los hombros, me dijo: “Has hablado de forma extraordinaria; me ha gustado especialmente cuando has dicho que nosotros, las brigadas internacionales, hemos entrado en la historia. Pero se trata, podrías habernos dicho, porque esto es realmente de lo que se trata, de cómo salir nosotros de esta “historia”15...”

EL DUELO CRISTEA-POP

Pop era un hombre de una extraña vitalidad, que ponía en todas sus acciones una gran pasión, entusiasmo. Los indiferentes, los apáticos, le eran insoportables. “Merece disfrutar de la vida, de la libertad, solía decir, solo aquel que lucha día a día por ellas”.

Si en los combates siempre era de los primeros, tampoco en la fiesta le gustaba ser de los últimos. La tensión permanente que provoca la guerra, el constante peligro, el hacían desear todavía más los disfrutes de la vida. .

Fui un día testigo de una escena en la que Cristea —del que nadie conocía debilidad alguna —le cantaba las cuarenta a Nicu porque, según él, había sido un irresponsable en un permiso disfrutado por él el día anterior. Pop, con buen humor como siempre, le replicó cada una de sus frases con los diferentes aforismos preferidos que tenía en su repertorio, con esa labia que le hacía siempre, en cualquier discusión, tener que decir la última palabra.

Pero, ¿qué es lo que he hecho al fin y al cabo? He bebido unas cuantas botellas de cerveza, he bromeado con algunas chicas, he cantado, ¿cuál es el problema? Un hombre de verdad prefiere estropearse por el uso que oxidarse...

Después, viéndome a punto de empezar a reír a carcajadas,

!Ey, tu! ¿Qué estarás imaginando?...

Y más digno que Eduardo III me soltó lo siguiente: “honni soit qui mai y pense”16

Cristea quería obtener al menos una promesa de que no se iba a repetir en el futuro, así que continuó con sus recomendaciones de sobriedad.

Déjame, hombre— le replicó Pop — déjame de consejos, que para equivocarme puedo hacerlo solito.

Esta vez no le fue dado a Pop el placer de tener la última palabra.

Nico, mejor sería si te diera por coger un libro, que te sería de más utilidad que los retozos que a todos les gustan, continuó dirigiéndose a él Cristea.

—Leería, claro que leería, si encontrara algún libro interesante. Pero no sé que tipo de libro son los que hay por aquí que en cuanto lee algunas páginas me duele la cabeza o me duermo como un tronco.

—Ey, Nico — volvió Cristea a decirle — Que sepas que en “el conflicto”17 entre la cabeza y el libro no siempre este último es el culpable...

UN AGENTE DE LA POLICÍA POLÍTICA ENTRE NOSOTROS

Foto del Grupo Ana Pauker de voluntarios rumanos del Batallón Franco-Belga
Inolvidable fue también el duelo verbal entre Pop y Vilceanu. El hecho de que Vilceanu era un enemigo, un agente infiltrado en nuestras filas, no fue evidente hasta mucho más tarde. Su actitud demagógica, su perfidia y cobardía, le mostraron, no obstante, desde los primeros días como un virus dentro del sano colectivo en el que se hallaba. Había llegado a España con aires de gran periodista que quería escribir una crónica de la guerra, e ir al frente para “comerse fritos a los fascistas”. De hecho, tenía la misión de descubrir cuantos voluntarios rumanos habían venido a España, quienes eran y, también, llevar a cabo un trabajo de división en nuestras filas. Pero la dureza de la guerra no estaba hecha para él y no resistió mucho entre los artilleros de Extremadura. Pidió ser enviado al hospital, haciéndose pasar por enfermo. Tras su “curación”, insistió en incorporarse a nuestro regimiento, parece que para demostrar que no era tan “malo” como decían los que hasta entonces le habían conocido. Entre nosotros intentó retomar de nuevo sus aires de grandeza y pretensiones y, por supuesto, con maquinaciones.

Un día escuché a Iancu cabreado porque Valceanu le daba constantemente “consejos” profesionales, diciéndole con tranquilidad:

Señor periodista, creo que ha oído hablar de Bernard Shaw, ¿no? Pues él decía que el que sabe aprende solo, y el que no sabe, aprende de otros.

―¿Qué te pasa? ¿Te has enfadado? No sabía que eras así de susceptible. En definitiva, ¿crees que no tienes nada que aprender de mí?

—Es malo que alguien no sepa— le replicó esta vez furioso el bueno de Iancu — pero es infinitamente peor que el que no sabe no sepa que no sabe.

Entre los métodos usados por Vilceanu en sus intentos de romper el colectivo estaba
el reforzar el chovinismo. Queriendo encontrar aliados, empezó a acercarse a Pop, para alabarle, pretendiendo hacerle creer que nunca se había encariñado nunca tanto con alguien, y sosteniendo que ningún otro merecía tanto como él ser ascendido, entre otras loas.

Pop, sin embargo, no se dejó engañar: “No sé que hay en la cabeza de Vilceanu, pero no me debilita su cariño. Como el dicho rumano,... protégeme señor de los amigos, que de los enemigos me basto solo”.

Empezando a intuir la verdad, Pop se lo decía a la cara al propio Vilceanu.

Si tienes como amigo a Vilceanu, no tendrás ya necesidad de enemigos.

Un día, las intenciones de Vilceanu se hicieron todavía más transparentes. Pop le cogió de la pechera y le agitó con una furia terrible, paralizando al otro que estaba muerto de miedo, y le dijo:

Si intentas de nuevo verter por aquí tu veneno te disparo como a un perro. No creas que no voy a cumplir mi palabra. Que sepas que he sospechado todo el tiempo de ti, así que ten cuidado por donde pisas.

Comentando con nosotros sus discusiones con Vilceanu, Pop nos decía: el desgraciado… para mi está claro que se trata de un enemigo. Usar el antisemitismo es la enfermedad de los estúpidos, pero también es un arma en manos de los enemigos de clase. Que exista el antisemitismo, que se manifieste también aquí este problema, lo entiendo aunque no sea normal. Lo que no entiendo es por qué estas manifestaciones no se combaten hasta el último aliento.

Lo que si hacía, a su manera original, Nicu Pop Su amenaza con disparar a Vilceanu le hizo que fuera más prudente (ya en Francia, en el campo de concentración, volvió a retomar con más valentía sus maquinaciones de todo tipo), pero sus demostraciones de cobardía nos asqueaban a todos. El comandante español de una de las divisiones antitanque, sobre el que he tenido ya oportunidad de hablar, me decía en una ocasión que era sorprendente la diferencia enorme entre Vilceanu y el resto de los rumanos, así de valientes y honestos. Le confesé entonces que su actitud había levantado ya sospechas entre nosotros.

Podrías tener razón— respondió — La cobardía y el honor nunca ni en ningún lugar casaron bien.

—¿Es este un refrán español?—pregunté

—No, ¿Por qué lo dices?

—Porque nuestro camarada Ángel sabe muchos refranes que se adaptan a esta situación. Me gustan mucho, están llenos de sabiduría, y muchos me recuerdan a los dichos de mi país.

—No es exactamente un proverbio, pero casi. Estas palabras fueron escritas hace 600 años, por uno de nuestros clásicos, el príncipe Don Juan Manuel. Pero son igual de ciertas en la actualidad.

EN LA GUERRA QUIEN CANSADO SE SIENTE ESTÁ FIRMANDO SU SENTENCIA DE MUERTE”

...Unas palabras lanzadas por Nicolae Pop: “En la guerra quien cansado se siente está firmando su sentencia de muerte” tuvo mucho éxito en la batería y cada artillero había llegado a convencerse en un sentido u otro de su veracidad. Pop se encargaba de los cambios de posición de la batería y realizaba su trabajo con extraordinaria destreza, pero también con un desacostumbrado sentido de la previsión. Cuando Pop decía “por la noche tenemos que mudarnos”, podíamos estar seguros de que el enemigo nos había detectado.

El último puesto de observación de la batería, bien camuflado, no había sido detectado durante un largo periodo de tiempo. Una tarde, sin embargo, mirando hacia un avión franquista que volaba describiendo amplios círculos sobre las cumbres donde se encontraba nuestro observatorio, Pop anunció:

Chicos, por la noche nos trasladamos.

—Otra noche en vela— mascullaron dos de los “chicos” de Pop.

—¿Acaso ya odiáis la vida?—les preguntó — No olvidéis: en la guerra quien se siente cansado...

—Lo sabemos— le interrumpieron los soldados—!... está firmando su sentencia de muerte...! Hemos entendido, por la noche nos mudamos
.

En el momento en el que se hizo la oscuridad todos se pusieron manos a la obra. Se excavó otro refugio en la roca calcárea, a unos cien metros del anterior. Justo cuando se terminó el trabajo, empezó a amanecer. La pala fue guardada, y se comenzó a ajustar la lente.

Tras dos o tres horas, los artilleros vieron como se acercaba un grupo de aviones fascistas. Poco después, ya se escuchaban los silbidos siniestros de las bombas cayendo, cerca, cada vez más cerca. Las explosiones se sucedían con pequeños intervalos, provocando que temblaran las paredes del nuevo refugio. Todos tenían la impresión de que, de un momento a otro, una bomba caería en su escondite. Finalmente, el bombardeo fue silenciándose. Lentamente, fueron saliendo uno a uno del refugio.

Vete hasta nuestro viejo puesto —ordenó Pop a uno de sus chicos —, a ver si le han acertado.

Uno de los voluntarios echó a correr hacia la posición abandonada recientemente, algunas horas antes. Las bombas fascistas habían destruido totalmente el refugio, que había desaparecido dejando un inmenso hoyo en el cual yacerían todos, pulverizados, si Pop no hubiera dado nuevas muestras de su conocida pericia en su trabajo. Volvió para comunicar a los otros la noticia.

—Ey, ¿habéis visto que no os he puesto a trabajar a lo tonto? ¿No tengo yo razón cuando digo que en la guerra quien se siente cansado...

—...su sentencia de muerte está firmando? — completaron, con alegría, su famoso lema
.

VASILE COSTINIUC O “¿NO VES QUE AQUÍ NO HAY NINGÚN “LOCO17?

El cambio constante de posición de las baterías era un trabajo necesario y acompañado de grandes peligros. De modo especial, el riesgo era mayor para los conductores que llevaban a cabo con los camiones el transporte de las piezas de artillería, pues los aviones enemigos estaban siempre al acecho.

Uno de los más viejos chóferes de la batería era Vasile Costiniuc. Por caminos destrozados, por senderos abruptos, objetivo constante de la aviación enemiga, él conducía con destreza y coraje propiamente dicho, aportando con su trabajo una contribución muy importante al cumplimiento de las misiones de las que la batería estaba encargada.

Costiniuc se había hecho conocido en la batería no solamente por causa de su pericia, sino también por la forma en que hablaba español. Debido a la semejanza entre nuestra lengua y la española, estaba convencido de que hablando rumano o mezclando algunas palabras de nuestro idioma con otros vocablos o expresiones españolas, o simplemente colocando una letra o al final de los términos rumanos, estos se trasformaban en palabras españolas y podían ser entendidas por cualquier español. Su “concepción” tenía, no obstante, alguna justificación. Así, por ejemplo, la voz rumana vin en español es vino. Pero de ahí a afirmar que todas las palabras del español se forman de este modo hay un abismo. Sin embargo, Costiniuc se quedaba bastante sorprendido cuando la gente parecía no entenderle.

Una vez, cuando circulaba por una de las carreteras nacionales con el camión, fue detenido por un civil que le pidió que le llevara una parte del camino. Costiniuc le dijo:

¿No ves que aquí no hay ningún “loco18?— señalando con el dedo al asiento del copiloto.

Y continuó:

—Arriba19 del camión hay “loco20”—queriendo dar a entender al peatón que podía subir al remolque, que ahí había sitio de sobra.

El ciudadano, no obstante, dudaba en aceptar la invitación. La explicación, muy simple, era que había sustituido la palabra loc por loco, y Costiniuc no sabía que loco en español no significa “lugar”, como en rumano. Por ello no entendió la sorpresa del español que le había pedido que le llevara con él ni sus dudas en aceptar su invitación, pues viajar en compañía con un “loco” no era una un plato de gusto para nadie.


VASILE CĂLUGĂRU – NUESTRO GRAN COCINERO

Otra de las figuras populares y muy queridas en la batería era Vasile Calugaru. Cuando nos dimos cuenta de su maña en el arte de cocinar se le encomendó la tarea de cocinero de la batería, ante el enfado de Calugaru.

No he venido a España— decía —a luchar contra los fascistas con la cacerola y el cazo.

El comisario político tuvo que explicarle largamente cuanto de importante era en realidad aquella labor, hacer que los hombres estén bien alimentados, para poder aguantar todos los esfuerzos y poder destrozar finalmente al enemigo. El argumento realmente convincente fue, sin embargo, el de que también podía él tomar un arma para hacer caer a algún que otro fascista.

La elección de Calugaru como cocinero se demostraría muy acertada. Durante la retirada de Aragón o mientras se combatía en el Ebro, cuando el aprovisionamiento era mucho más que imprescindible, el cuidado y el ingenio de Vasile Calugaru salvaron, en muchas ocasiones, a los voluntarios de la tortura del hambre. Pero Calugaru no era solamente un cocinero ingenioso, sino que realmente dominaba con pericia las artes de la cocina, así que la comida estaba buena y los hombres muy satisfechos. Solo Pop, durante un tiempo enfermo del estómago, no podía adecuarse al “régimen” del rancho e intentaba siempre doblegar a Calugaru para que le diera algunas de las “delicias” que preparaba para otros.

No puedo darte nada, Nicolae, y si lo hago se enfadará el doctor, que ha dicho que te haría daño.

—El doctor no sabe lo que decimos en Transilvania: mejor que me haga daño a que me parta un rayo.

Activo y diligente, Calugaru podía ser encontrado siempre allí donde estaba el trabajo duro, así que su presencia entre los que corrían en el episodio de más arriba a salvar la batería española de las llamas fue de lo más normal.

GHEZA VIDA Y ZDENEK PRYBIL

...Uno de los artilleros rumanos manifestaba, además de sus cualidades como soldado, fuertes aptitudes artísticas, hecho por el cual se había ganado una enorme simpatía entre sus camaradas de armas. Se trataba de Gheza Vida.

...Los cañones habían callado desde hacia poco tiempo; la aviación enemiga había dado, también ella, un pequeño descanso a los voluntarios !Por fin un poco de distensión!... Así que Gheza Vida se sacó pensativo la navaja del bolsillo mientras miraba con aire concentrado su cuchilla curva.
El minero, una escultura de Gheza Vida 

Los voluntarios le conocían: en su mente se estaban desperezando las historias con mujeres bellas y baladas escuchadas en su niñez, renaciendo las figuras ásperas de los campesinos de Tara Oasului21, donde había nacido, los rostros resueltos que se levantaron contra los boyardos. Y el artista, con sus manos hábiles, les iba a dar vida, tallando la madera.

A su alrededor se agolparon formando un círculo muchos de los voluntarios. Gheza Vida se había sentado con la espalda apoyada en el tronco de un árbol. La navaja tallaba nerviosa el grueso tarugo que sostenía en una mano. Sin pausa, van tomando forma dos cejas densas que sobresalen sobre los ojos penetrantes, la nariz respingona, la perfilada boca, y la barbilla poderosa; es la cabeza de Horia22. Alejó un poco el madero, miró frunciendo los ojos, continuó arrancando una astilla de la madera, y otra más...De repente, se escuchó el grito del comandante: “!Todo el mundo a los cañones!”.

Lo finalizaré más tarde. Ahora tenemos una tanda de tiros con los fascistas— decía Vida, pareciendo dar excusas a su navaja, de la cual jamás se separaba.

Pribyl, también artista plástico, manifestaba gran interés por las obras de Vida. Un día, después de estar siguiendo juntos como daba a luz con su cuchillo el artista a una figura inspirada en el folklore rumano, Pribyl comenzó a contarme su primer encuentro con la escultura de Brancusi23, y la gran influencia que tuvo este sobre sus creaciones.

!Qué más se puede decir! Pero sé perfectamente que no me habría sentido bien estando con él pintando mientras aquí pasa lo que pasa.. Así que, no tuve elección; debía venir a lucha. Brancusi es un gran artista y pensador —continuó diciendo Pribyl, y recitó —“Lo que es real no es la forma exterior, sino la esencia de las cosas”. Es algo que he pensado, o más bien he sentido, muchas veces, aunque nunca conseguí expresarlo así de lapidariamente y con tanta profundidad.

Por aquel motivo, constaté que Pribyl conocía muy bien la pintura rumana y a una serie de nuestros pintores, en especial Luchian24, “el pintor que usa los colores, pero pinta con los sentimientos” —sentenció mi amigo con sus propias palabras.

Le pregunté, sin darle importancia, viendo con que pasión hablaba sobre la pintura, si tenía nostalgia de su taller de Montmartre. El calló, pensativo.

EL DIRECTOR” DEL PERIÓDICO MURAL “El POSTRE”, DE BUCAREST AL FRENTE EN ESPAÑA.

Las ocupaciones de los voluntarios en los periodos de descanso —a pesar de lo cortos que fueron estos durante los combates en el Ebro— eran múltiples. Elevar el nivel teórico constituía una preocupación permanente. Diferentes materiales circulaban de mano en mano para lograrlo. En la medida en que el tiempo lo permitía se organizaban también debates. La biblioteca de la batería era muy usada.

Un puñado de hombres se ocupaba del mantenimiento más o menos regular del tablón de anuncios. Se publicaban artículos que reflejaban la situación de los diferentes frentes, los triunfos logrados por el ejército republicano contra los fascistas, la contribución del regimiento rumano de artillería en la lucha por la libertad. El periódico mural, poderoso instrumento en el trabajo político, reflejando el coraje, el optimismo, la decisión que animaba a los voluntarios o su alta consciencia. Estos, en sí mismo, eran producto del trabajo político, extraordinariamente intenso, que se llevaba a cabo dentro de las unidades.

Del colectivo encargado del tablón de anuncios formaba parte también el ingeniero Iancu Zilberman que, tal y como me enteré en una conversación que voy a relatar, tenía una “gran” experiencia en la materia.

Un día nos detuvimos unos cuantos voluntarios frente al tablón y comentamos un artículo de Iancu. En un momento dado, uno de los voluntarios dijo:

—Ey, se ve que este Iancu es un periodista experto !Se nota que ha sido director de diario

—¿Como es eso? —pregunto uno del grupo sorprendido.

—Pero, ¿no lo sabíais? — respondió él, y con un énfasis disimulado continuó — Fue director del periódico mural “El postre”

Viendo como nos picaba la curiosidad, nos complació contándonos de que se trataba:

—En sus años universitarios, en la cantina estudiantil donde comía Iancu la calidad de los alimentos era mala y la cantidad insuficiente. En el menú colgado en la puerta de la cantina se anunciaban regularmente tres platos, y con la misma regularidad el tercero de ellos, el postre faltaba. En una esquina del salón de las mesas había un tablón de anuncios que casi no se usaba. Zilberman lo transformó en un periódico mural, que redactaba completamente solo, a falta de otro colaborador. El periódico, al que tituló “El postre” trataba de una forma satírica muchos problemas importantes para la vida estudiantil, así que “El postre” fue pronto muy “consumido” ¿Veis? No teníais ni idea de que entre nosotros se encontraba un director de periódico.

***

La preocupación principal de los voluntarios era, sin embargo, la de enriquecer sus conocimientos militares en vistas de lograr buenos resultados en la lucha contra los fascistas. Los frutos de estas preocupaciones se vieron en muchas ocasiones en maravillosos hechos de armas. Con uno de estos voy a cerrar el relato sobre la participación del regimiento rumano de artillería en la ofensiva del Ebro. Se trata de unos combates dentro de las últimas acciones en las que participaron los voluntarios internacionales a lo largo del año 1939.

Una parte de la 35 División, entra la que se encontraba también nuestro regimiento de artillería, atacó durante días en dirección a Gandesa. Uno de aquellos días, la infantería republicana, sometida a una terrible presión enemiga, se replegó sin avisar y la artillería se encontró frente a frente con la infantería enemiga que avanzaba en avalancha. La distancia entre nuestra artillería y las tropas fascistas apenas superaba los 500 metros. El desastre parecía inevitable para los republicanos. Y, sin embargo, a causa de la valentía demostrada por los artilleros en aquellas circunstancias enormemente difíciles, los republicanos consiguieron hacer huir a sus adversarios.

― !No perdáis el control! !Ejecutad como debéis las órdenes del comandante! !Ahora tenéis que demostrar qué significa ser comunista, defender una causa justa!― arengaban los comisarios políticos a los combatientes, al mismo tiempo que el enemigo avanzaba hacia ellos.

Tranquilos, los comandantes ordenaron crear una barrera de fuego, con el tiro rasante de los cañones y el barrido de ametralladoras y fusiles. Los disparos parecían salir del alma de los voluntarios. Los fascistas caen a puñados. Los republicanos saludaron con sonoras hurras la desordenada fuga del enemigo. De nuevo fue citado nuestro regimiento en el orden del día del sector.

Algunos días más tarde, los voluntarios internacionales, cumpliendo la disposición del gobierno republicano, abandonaron el frente del Ebro. Con esto se terminaba el primer periodo ― el más largo y fructífero en cuanto a los resultados ― de su participación en la guerra nacional de liberación del pueblo español.

VUELO A MADRID

La orden de retirada de las Brigadas Internacionales no me pilló en el frente del Ebro. Unos días antes había sido llamado otra vez a Barcelona por el coronel Fuentes, comandante supremo de la artillería republicana española, que me encomendó la misión de inspeccionar las unidades internacionales de artillería que habían quedado en la zona centro-sur.

Barcelona me recibe impresionándome por sus grandes proporciones de gran ciudad moderna y por su belleza enriquecida por su ubicación a la orilla del Mar Mediterráneo. Cada vez que estuve allí admiré los grandes bulevares recorridos por palmeras, sus edificios majestuosos, los hoteles de diez plantas y el puerto preparado para su enorme tráfico internacional. Una y otra vez me sentí atraído por sus callejuelas estrechas, estranguladas, que me recordaban los tiempos nebulosos de los jesuitas y su divisa “ver, oír y callar”. Cada día paseaba por sus calles sin sol que se abrían hacia unos palacios medievales con bellas escaleras anchas y esculturas delicadas en los marcos de las ventanas y sobre las puertas, testigos de la pericia de unos artesanos que desaparecieron hace cientos de años. Había conocido también los sectores industriales y los sórdidos barrios obreros en sus alrededores. Por todos lados dominaba, todas las veces que pasaba por allí, la esencia de una vida con la exuberancia meridional. En esta ocasión, la ciudad tenía un aire más tranquilo, más calmado, como de alguien que ha atravesado el umbral de la madurez. El momento grave por el que estaba pasando la república se dejaba sentir por todos lados, aunque no con la misma intensidad que en la capital, como iba a comprobar en breve

Habiendo sido el territorio republicano cortado en dos por los fascistas, no podía llegar a la zona centro-sur salvo por mar o por aire. Ambas opciones eran igual de peligrosas. Los aviones debían atravesar una zona ocupada por los franquistas y por el mar los barcos tenían que evitar una ancha porción de costa dominada por aquellos.


Me decidí por la vía aérea, que tenía la ventaja de ser más rápida. El avión despegó de Barcelona una hora antes del amanecer, para poder sobrevolar el territorio enemigo protegido por la oscuridad. Llegué de este modo sano a Valencia, de donde me dirigí en coche hacia Madrid. En el frente de Madrid no se hallaba ninguna unidad de artillería de las Brigadas Internacionales en aquella fecha, pero la aprobación para visitar aquellas localizadas en la zona centro-sur debía ser obtenida en la capital.

Permanecí algunos días en Madrid. La ciudad mostraba las huellas trágicas de dos años de guerra cruel. Dos años de bombardeos salvajes, dos años de lucha en los alrededores de la capital, en todas sus vías de acceso. Todo parecía desolado. Desde el centro hasta la periferia no se encontraba una calle, no se veía una casa, que no llevara en una forma u otra las huellas de los combates. Ruinas por todos lados, montones de ladrillos y escombros que nadie se dedicaba ya a retirar. Las fuerzas, las pocas que quedaban, tenían que economizarse para conseguir sobrevivir. La población debilitada, falta de comida o de las necesidades básicas, esperaba horas enteras, resignada, en las colas interminables frente a las pocas tiendas que no habían echado el cierre.

La ciudad que había visto apenas hacía dos años en plena efervescencia revolucionaria me parecía en aquel momento irreconocible ¿Donde estaba el ímpetu heroico de aquel inolvidable noviembre de 1936 que hacia pasar desapercibidas las necesidades, las dificultades y el peligro? ¿Donde estaba la decisión en la lucha, la fe en la victoria? Me encontré una ciudad muerta, indiferente, apática, muy mal aprovisionada y, lo que más me chocó, en la cual las libertades democráticas estaban disminuyendo. Estaba intrigado, entristecido... La atmósfera en el frente era incomparable ― la moral alta, la voluntad de lucha inalterable, a pesar de las situaciones inimaginablemente difíciles. Un poco más tarde entendí que pasaba entonces en Madrid ― la Junta traidora había empezado sus preparativos y la atmósfera que dominaba la ciudad era una de las consecuencias de las actividades que aquella estaba llevando a cabo.

***

Mientras cumplía mi misión, se decidió la retirada de los voluntarios internacionales del frente. A mi regreso a Valencia me encontré con algunos voluntarios rumanos de la división balcánica de artillería pesada, que había sido llamada desde el frente y esperaban entonces a ser evacuados hacia Cataluña.

En Valencia, me dirigieron hacia Giuliano Pajetta, que ejercía el mando por delegación de Luigi Longo y André Marty para ocuparse de la evacuación de las Brigadas Internacionales.

Allí permanecí algunos días, echando una mano hasta que pude continuar mi viaje. En aquel tiempo pude charlar con él durante largas horas sobre diversos temas relacionados con el desarrollo de la guerra de España, acerca de las perspectivas que se abrían en el futuro, porvenir que no se anunciaba de color de rosa. De vez en cuando, para relajarnos un poco, comenzábamos una especie de juego, donde comparábamos las palabras italianas con las rumanas, que se asemejaban entre ellas, llegando siempre a idéntica conclusión:

― El rumano es un italiano estropeado ― decía Giuliano

― Me vas a perdonar ― replicaba yo ― El italiano es un rumano estropeado.

Como no conseguíamos convencernos el uno al otro, abandonábamos entre risas las disputas lingüísticas para debatir sobre nuestros problemas en lengua española o francesa.

LA DIVISIONARIA EN EL EBRO

El batallón divisionario de la 45 División participó en los combates del Ebro desde el comienzo de la ofensiva republicana hasta la orden de disolución de las Brigadas Internacionales.

Desde la creación de este batallón hasta su llegada al frente cruento pasaron tan solo tres meses. Pero en este corto periodo la unidad maduró, demostrando el grado de combatividad y tenacidad sin los cuales hubiera sido imposible enfrentarse a su difícil misión.
Aquello no fue fácil de conseguir y se produjo no sin dificultades. En las filas del batallón se encontraban representantes de diferentes naciones (rumanos, checos, yugoslavos, griegos, etc.) Junto a ellos, había numerosos jóvenes españoles, entre los que no pocos eran anarquistas. La unión de todos aquellos hombres, diferentes por su lengua, su temperamento, costumbres y opiniones políticas, pero que tenían en común su odio al fascismo, tuvo éxito gracias a un intenso trabajo político. Merece ser subrayada la aportación para alcanzar este objetivo, junto a la de los otros comunistas del resto de nacionalidades, de los comunistas rumanos.

El primer contacto con el enemigo lo tuvo el batallón divisionario a principios del mes de mayo, en Tortosa. Los fascistas ocupaban la orilla derecha del cauce. En sus planes estaba previsto el cruce del Ebro y desencadenar la ofensiva contra Cataluña. Inicialmente, sondearon el terreno para verificar cuan fuerte podía ser la resistencia republicana. Para evitar cualquier sorpresa, las unidades republicanas permanecían firmes y ojo avizor en la orilla izquierda.

Los soldados del batallón divisionario ocupaban posiciones defensivas en un parque de la localidad de Tortosa, en las inmediaciones del río. Una parte de ellos ― en especial, los de la compañía de artillería pesada ― se posicionaron en un viejo castillo medieval. Gracias a sus trabajos de fortificación, el castillo se transformó en una llave estratégica de la ciudad. A su izquierda, en dirección al mar, se hallaban algunas unidades internacionales, entre las cuales el batallón “Comuna de París” de la XII Brigada, veterana de la Guerra Civil. A la derecha tomaron posiciones los españoles de Lister.

Los fascistas sometían constantemente a la ciudad a un violento fuego artillero y bombardeos aéreos. Para escapar del fuego mortal del enemigo, la población civil había abandonado la ciudad. Sus habitantes habían construido refugios rudimentarios excavados en la tierra en los alrededores, y familias enteras se amontonaban en semejantes madrigueras, donde no llegaban los rayos del sol. Los sufrimientos que soportaban provocaban que odiaran cada vez más a los fascistas, culpables de todas las desgracias que se abatían sobre ellos. Y su amistad, su cariño hacia los antifascistas llegados de países lejanos para compartir voluntariamente su trágica suerte, para ayudarles a derrotar a su enemigo cruel, se reflejaba en innumerables muestras de simpatía frente a los combatientes.

Los voluntarios permanecieron allí casi un mes y medio, tiempo durante el cual rechazaron algún ataque enemigo. La vida era difícil: continuamente en las trincheras, siempre alerta, pues el adversario se encontraba a escasos cientos de metros de distancia. A esto hay que añadir las plagas de mosquitos que, en las cercanías del delta del Ebro, parecían millones.

Desde Tortosa, el batallón divisionario fue trasladado más hacia el noreste, ya en el delta. En aquella ocasión, se encargó de ocupar una lengua de tierra alargada de unos cuantos cientos de metros, y de unos 20-30 metros de anchura, toda ella rodeada de agua. Apresuradamente, comenzaron a excavarse trincheras y a construirse refugios. Un batallón francés, que había defendido anteriormente la pequeña península, y cuyos hombres habían llegado ya agotados, no había realizado estos trabajos de zapa. Aquella falta de previsión la pagaron caro con gran pérdida de efectivos. Sin embargo, la cautela de la que habían dado muestras los combatientes de la “divisionaria” ― cosecha del trabajo político ― hizo que los abundantes ataques fascistas no provocasen víctima alguna en las filas republicanas.

Para los combatientes del batallón divisionario, las semanas de estancia en aquel lugar, fueron un periodo todavía más duro que el de Tortosa. El enemigo vigilaba cada movimiento, y durante el día era una gran imprudencia que a alguien se le ocurriera dejar el amparo de las trincheras. Durante las noches luminosas era imposible que se acercaran las barcas que debían aprovisionar a los soldados de alimentos, por lo que permanecieron sin probar bocado algunos días. Sin embargo, la moral se mantenía alta, en espera de la gran ofensiva.

Finalmente, llegó el día tan esperado. El batallón divisionario entró en acción en el así llamado cruce del Ebro. La primera localidad en la que entró en territorio enemigo fue Mora de Ebro. Después le encontraremos en Asco, en Fatarella. En una ocasión, cuando se encontraba en la ribera derecha del Ebro, participó en la limpieza del terreno para facilitar el avance hacia Gandesa, para fortalecer las posiciones conquistadas. Durante el mes de agosto y en los primeros días de septiembre, el batallón divisionario apoyará la contraofensiva y defensa contra el enemigo, que intentaba reconquistar el terreno perdido.

En el curso de estas acciones militares, ejecutadas contra un adversario que disponía de gran cantidad de armamento, que podía hacer despegar algunas decenas de aviones por cada uno republicano, que se beneficiaba de una posición estratégica ventajosa, los combatientes del batallón divisionario, mal pertrechado, agotados y hambrientos, se dejaban la piel en la defensa de la tierra de España, haciendo que los franquistas pagaran muy caro cada metro de terreno tomado.

El 8 de septiembre, las tropas republicanas de la 45 División cumplía su misión de ocupar las posiciones fascistas de Sierra Caballs, que habían formado un incómodo entrante en el territorio republicano.

El ataque del batallón divisionario perseguía apoderarse de la cota 420. Los fascistas habían reforzado sus posiciones con alambre de púas, nidos de ametralladora y morteros.

Empezó el ataque. El plan de ataque había sido elaborado detalladamente. Cada pelotón, cada compañía, conocía a la perfección su misión. Se decidió que el objetivo fuera atacado desde los flancos. Era una noche de luna llena, tan luminosa que se podía divisar cada elevación del terreno. Afortunadamente, durante los combates, los rayos de la luna iluminaban especialmente las posiciones fascistas, mientras los republicanos, en especial los del flanco izquierdo, subían la pendiente protegidos por la oscuridad.

Los fascistas disparaban a ciegas. En el flanco izquierdo, los proyectiles hirieron fácilmente a algunos combatientes y acertaron de pleno a un soldado español, que se encontraba en primera línea. Aprovechando que los fascistas mantenían la misma referencia de tiro, el resto continuó avanzando aprisa. El terreno era similar al de Peñamarco; las colinas habían sido adaptadas para los trabajos agrícolas. Brincando por las lomas, arrastrándose cuerpo a tierra, trepando sobre las terrazas, Ion Calin y Alexandru Paraschiv se acercaban con sigilo a un nido de ametralladora y, con unas cuantas granadas de mano, lo neutralizaron. Ambos fueron heridos en aquella acción. También se distinguieron en estos combats Constantin Doncea, Alexandru Constantinescu e Ion Sarbu.

Después de tomar contacto con las tropas del flanco derecho, se estableció que los del flanco izquierdo debían continuar avanzando, mientras el resto, llevarían a cabo un ataque de distracción. El plan se ejecutó tal cual, aunque los fascistas disparaban con rabia provocando numerosas víctimas entre los guerreros republicanos.

Los republicanos del flanco derecho atacaron con audacia: cortaron las líneas de alambre de espino y avanzaron bajo la lluvia de proyectiles, dando tiros sin parar y lanzando granadas sobre los fascistas. En la primera línea del ataque se encontraba el estudiante Alexandru Faclie, que se detuvo tras un parapeto de piedra desde donde dispara como un loco. Parece que pensaba que los demás no avanzaban tan rápido como debieran, por lo que volvió la cabeza y, desgañitándose, gritó:

― !Adelante compañeros!25

En aquel momento un obús explotó en las cercanías. La metralla le golpeo en el pecho y su corazón pleno de entusiasmo y generosidad dejó de latir. Pero la lucha continuó. La lluvia de proyectiles se hizo aún más densa, y el número de muertos y heridos se multiplicó. También cayó herido gravemente Mihai Patriciu, al que le siguieron Miron Lazar y otros muchos. Los que todavía podían, continuaron con el arma en la mano sin dar un paso atrás, luchando cuerpo a cuerpo.

...El obrero curtidor Alexandru Brix sacaba casi veinte años a Faclie, pero les unía la misma fogosidad y el mismo afán de lucha. Había llegado con muchas dificultades hasta España. Tardó en hacer el camino más de un año, pero con una tenacidad digna de admiración enfrentó la persecución de los diversos aparatos represivos de los países capitalistas, las cárceles y las expulsiones, sin abandonar sus planes. En el momento del combate luchaba con la misma firmeza contra su enemigo sin retroceder un paso. Tras un parapeto, apareció de repente un grupo de fascistas. Brix dejo que estos se acercaran; no quería fallar, pues la munición no podía ser desperdiciada. Cuando calculó que estaban suficientemente cerca, arrojó contra ellos varias granadas. Unos cuantos fascistas cayeron. Todavía lanzó otra granada más; otra baja entre los fascistas... Otros cuantos soldados republicanos siguieron su ejemplo en las cercanías. El grupo enemigo se disperso. Desafortunadamente, en el último momento una bala acertó de pleno en Brix.
La posición franquista se encontraba ya en manos de los republicanos. La habían tomado con grandes sacrificios y estaban decididos a conservarla a cualquier precio, y realmente tuvieron que defenderla contra el rabioso ataque enemigo.

Al día siguiente de la conquista de la posición por las tropas republicanas, innumerables Messerschmidt 109 oscurecieron el cielo sobre sus cabezas. Dieron comienzo a un bombardeo salvaje, a la vez que los aviones descendían en picado y los ametrallaban desde los 50 metros de altura, sino arrojaban granadas. Con su bien conocida bestialidad, los fascistas bombardearon también los puestos sanitarios, asesinando a los heridos en las camillas, enfermeras y médicos.

Durante el siguiente amanecer, la artillería alemana comenzó un cañoneo de una violencia poco común. Cada palmo de terreno sufrió las consecuencias del fuego repentino de las baterías enemigas.

El bombardeo era tan terrible que algunos combatientes perdieron el control. En un momento dado, corrió la voz de una falsa orden de retirada. Una parte de los hombres, sin pensarlo demasiado, empezó a retroceder.

Apresurándose, los comandantes militares y los comisarios políticos tomaron medidas para reorganizar las filas. Los elementos más decididos y más avanzados son enviados urgentemente a un terraplén, hacia el que se dirigían los que corrían en desbandada. Los hombres fueron detenidos y reenviados al campo de batalla. Todos regresaron a sus posiciones y contiuaron haciendo frente al adversario.

El bombardeo continuaba con idéntica fiereza. Sin embargo, todos permanecieron en aquella ocasión en sus puestos, aunque el número de bajas crecía minuto a minuto. Entre los que cayeron víctima de la lluvia de obuses se encontraba el voluntario Ion Croitoru. Se había marchado hacia unos años de su país empujado por la miseria. Al comienzo de la rebelión fascista se encontraba en España, donde había encontrado trabajo en una sastrería. Se enroló inmediatamente en las filas del ejército republicano como voluntario. Guiado por la nostalgia, pidió ser destinado a una unidad formada por voluntarios rumanos. Encontró su muerte entre las peñascos de Sierra Caballs, donde luchaba junto a sus compatriotas y a antifascistas de todo el mundo por la causa de la libertad de todos los pueblos.

El cañoneo desencadenado por la artillería enemiga representaba, evidentemente, el preludio de un ataque masivo de su infantería. Nuestros chicos se preparaban para el cuerpo a cuerpo con el enemigo y parar su avance hacia las alturas desde donde, algunos días antes, les habían echado. En aquellos momentos un proyectil destruyó un nido de ametralladora republicano ubicado en una posición desde donde se dominaba todo el valle desde el cual iba a llegar el ataque de la infantería rival.

Era imperativo que otra metralleta fuera colocada en el mismo sitio. Dos hombres debían atravesar un collado batido por el fuego cruento de la artillería enemiga, cargando con ellos una ametralladora Maxim ¿Qué oportunidades de éxito podía tener un intento semejante? Parecía que muy pocas. Y así fue, pues los dos primeros combatientes que lo intentaron fueron heridos y apenas consiguieron regresar arrastrándose. Otras tres parejas más trataron de conseguirlo sin resultado. El comandante tuvo un momento de vacilación ¿Ordenar que otros prueben suerte y enviarlos a una muerte casi segura? Sin embargo, dos soldados se ofrecieron voluntarios para transportar el arma. Eran dos voluntarios rumanos -Stefan Munteanu y Alexandru Constantinescu-. Ambos partieron reptando y arrastrando tras de sí la ametralladora. El bombardeo mientras tanto continuaba siendo igual de intenso. El silbido siniestro de las bombas alternaba con la estampida de las explosiones cuyo temblor, se sentía tanto en la tierra como en el aire. Sobre el collado, dos hombres avanzaban ¿Cuánto tiempo había pasado desde que salieron? Los minutos se hacían largos como siglos. Se iban acercando al objetivo; quedaban quince metros... diez, cinco... Finalmente llegaron... La ametralladora fue instalada !El enemigo iba a ser recibido como se merecía!

ALEXANDRU CONSTANTINESCU, EL MARINERO

Alexandru Constantinescu, marinero de profesión !Cuántas veces dio muestras de una valentía fuera de lo común! Pero, del mismo modo, cuántos problemas creó aquel bohemio incorregible, que parecía haber nacido para ilustrar lo compleja y contradictoria que puede llegar a ser el ser humano.

Un día, Cristea nos comunicó que había tomado la decisión de charlar con él. “No puede continuar así.. Tengo que explicarle que no puede seguir comportándose de tal modo. Nosotros debemos dar ejemplo a los demás y, sin embargo, él se porta así con las mujeres, incluso a veces con muchas a la vez, !y las que no conoceremos!”.

Constantinescu es capaz de hacer enormes tonterias, pero también de actos grandiosos 

―Intervino Pop para defenderle ― No es hombre gris el que yerra sino el que no dice ni hace nada nunca.

Cristea inició su conversación con Constantinescu con mucho tacto; comenzó su exposición hablando de las luchas en las que ambos habían participado, sobre el comportamiento de los hombres, para ir, poco a poco, contorneando el perfil de un revolucionario, con todas las cualidades que ha de poseer. En un momento dado, soltó: “para nosotros, los revolucionarios, los sentimientos tienen que estar siempre subordinados a la razón”.

El interlocutor pilló la indirecta y replicó:

― Que sepas que demasiada virtud es igual de dañina que el excesivo vicio.

― Tu en ningún caso ― expuso Cristea ― no estás en peligro de sufrir por demasiada virtud.

― Yo considero ― replicó Constantinescu ― que el amor no puede ser dirigido por la razón.

― Me vas a perdonar ― decretó Cristea ― Los sentimientos han de subordinarse siempre a la razón.

― ¿Qué tengo que hacer? ― respondió él ― Se cuenta que seis cosas en este mundo son las mejores cuando son españolas: las verduras, las frutas, el pescado, el vino, la música y las mujeres. Pues, con esta falta de alimentos, el único capitulo en el que puedo verificar la justeza del dicho es el último. Es verdad que no tengo por qué quejarme. Lo que no entiendo es por qué os quejáis vosotros. Y, finalmente, ― añadió Constantinescu con énfasis y no sin una dosis de orgullo ― me parece que incluso el marxismo nos enseña algo así. De los libros que me habéis dado para leer he retenido unas palabras de Marx: “Hombre soy. Nada de lo que es humano me es extraño26” Yo no he hecho otra cosa en mi vida que aplicar esta “indicación”27 de Carlos Marx, al que vosotros citáis a cada paso.

Al día siguiente, le conté a Prybil la conversación de Cristea y Constantinescu, por el que sabía que tenía una gran simpatía.

― Sí, interesante tipo ― dijo riendo Prybil ―. En otras condiciones, en una vida normal, muchos estarían inclinados a considerarle lo que se llama, a veces afirmado con demasiada ligereza, un personaje negativo. Pero en esta situación los criterios de juicio cambian. Lo que prima es la actitud frente al enemigo. Desde este punto de vista, Alex es simplemente asombroso. Tengo la impresión de que este hombre no sabe qué es el miedo.

― Creo que tienes razón. ¿Sabes? He llegado a la conclusión de que existen dos tipos de heroísmo. Hay algunos hombres, como son por ejemplo el general Walter y Constantinescu, o nuestro Pop, Arbousset o Carré, que son de duna valentía y de un heroísmo natural. Este tipo de hombres no conocen lo que es el peligro, el temor. La valentía es para ellos como el aire que respiran, orgánica, estructural. Por supuesto que entonces cuando una conciencia avanzada se combina con semejante coraje, el resultado solo puede servir a las causas más nobles. El otro tipo, como el de Cristea o Iancu, que se comportan del mismo modo, pero ellos han vencido sus miedos, y para ellos el coraje es obra de su conciencia. Su valor es idéntico que el de los primeros, y el resultado el mismo. La anatomía del coraje es diferente, sin embargo. Creo que la mayoría son de este segundo tipo.

Yo tampoco puedo enorgullecerme de no saber qué es el miedo ― reconoció Prybil ―. Por ello admiro tanto a Constantinescu, con todos sus pecados. En lo que se refiere a la categorización, creo que existen tres formas del coraje: en primer lugar, el de los que no son conscientes del peligro; en segundo lugar, el de los que no tienen aprecio a su vida; finalmente, el coraje consciente, el de los que se dan cuenta de que en determinadas circunstancias deben hacer cualquier cosa, indiferentemente de lo que les pueda ocurrir.

El incorregible Constantinescu... ¿Cómo enfadarse con él siendo tan valiente? La discusión con él, relatada más arriba, se desarrolló no mucho tiempo después de la retirada de las brigadas internacionales del frente. Dos meses más tarde, los voluntarios pedirían volver a tomar las armas. Constantinescu se inscribió también, entre los primeros, y siguió mostrándose igual de buen combatiente ¿Cómo podría tener un mal recuerdo suyo a pesar de los pecados que cometía?

***
Cierto número de voluntarios rumanos participó en los combates del Ebro en las filas de otras unidades: el ingeniero Ion Militineanu, Grigoru Teseleanu, Ion Telemac y otros...

Para los voluntarios de las brigadas internacionales la Batalla del Ebro se terminó el 23 de septiembre. En esta fecha, a pesar de los repetidos ataques, los fascistas no lograron recuperar Sierra Caballs. Solo después de tres meses de combates cruentos, los fascistas consiguen ocupar de nuevo el territorio tomado por los republicanos en algunos días.


A pesar del heroísmo y de la maestría militar demostrada por las tropas republicanas, el objetivo perseguido (la unificación de las dos zonas) no fue alcanzado. Esto fue debido al hecho de que algunos de los órganos gubernamentales permitieron que en el mando de las unidades republicanas que atacaban desde Valencia, con el objetivo de encontrarse con el ejército republicano del Ebro, se infiltraran los fascistas, que sabotearon el éxito de las operaciones.

Con todo esto, la operación del Ebro tuvo una importancia político-moral extraordinaria. Constituyó una prueba de la fuerza del ejército republicano español y de la maestría de sus comandantes.

****


1 En español en el original (N.T.)
2 En Español en el original (N.T.)
3 Cuerpo de Ejército dirigido por el General Valiño, conocida también como Cuerpo de Ejército del Maestrazgo (Nota de los Traductores)
4 Canción popular rumana, „con la falda arremangada hasta la cadera, llevaba, llevaba la ropa al río” (Nota de los traductores)
5 Entre comillas en el original (N.T.)
6 Idem
7 Idem
8 Idem
9 Idem
10 Idem
11 En español y entrecomillado en el original (N.T.)
12 Idem
13 Entrecomillado en el original (N.T.)
14 Entrecomillado en el original (N.T.)
15 Entrecomillado en el original (N.T.)
16 Lema de la Orden de la Jarratera inglesa: Ay de aquel que piense mal de mí (N.T.)
17 Entrecomillado en el original (N.T.)
18 En español en el original (N.T.)
19 En rumano la palabra loc significa lugar, y el protagonista añade una “o” para “españolizarla” (N.T.)
20 En español en el original (N.T.)
21 En español en el original (N.T.)
22 Región al norte de Rumania, en la región histórica de Maramures (N.T.)
23 La revuelta campesina de Horea, Cloșca și Crișan tuvo lugar en la región de Maramures en 1784

24 Escultor rumano de fama internacional (N.T.)
25 Stefan Luchian (1868-1916), conocido como “el pintor de las flores”. Se movió en los círculos socialistas de la época y publicó ilustraciones críticas con el régimen en los periódicos de izquierda (N.T.)
26 En español en el original (N.T.)
27 La frase preferida de Carlos Marx, según las notas tomadas por su hija Jenny
28 Entrecomillado en el original (N.T.)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Camarada, ¿cómo de fuerte es el movimiento neo-nazi/fascista en Rumanía actualmente?

Anónimo dijo...

genio dazibao tenes q poner buscador te sigo

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