miércoles, 27 de agosto de 2014

Bajo el cielo de España: Capítulo VI (Segunda parte). Sobre los brigadistas rumanos en la Guerra Civil Española

Aunque este tipo de cosas son las que molestan a infiltrados y servidores del poder como JMÁlvarez , continuamos con la traducción del libro del rumano Valter Roman, miembro del grupo de rumanos que combatieron en España en las Brigadas Internacionales contra el fascismo, en el que se describe la participación de los comunistas de Rumania en la Guerra Civil española (1936-39). 

Se puede acceder a las partes anteriores en los siguientes enlaces:


Con ocasión de la ocupación de Quinto, las tropas republicanas capturaron de manos enemigas, junto a otro material de guerra, cañones de 105 mm., de la marca inglesa Vickers (prueba clara del modo real en el que era entendida la política de “no intervención”). Como recompensa por el comportamiento heroico del que dio prueba el regimiento rumano durante los combates de Quinto, la jefatura republicana española, además de mencionarlo en la lectura de las órdenes del día en el frente, decidió que le fueran asignados los cañones capturados. De este modo, nuestra unidad se fortaleció con tres baterías.

Fragmento de la pelicula que Carter-Bresson filmó sobre la Brigada
Lincoln en Quinto de Ebro durante guerra civil española
El general Walter anotó en su diario lo siguiente, en relación con lo citado más arriba: “Tras la [1] operación de Zaragoza, la división ha logrado que de los cañones tomados en Quinto y Belchite se forme otra nueva división de artillería, compuesta por tres baterías (con obuses de 105 mm.). La función de comandante del regimiento de artillería la ha asumido el comunista rumano Valter Roman, de profesión ingeniero electrotécnico”

 ***

Tras reducirse al silencio a los fascistas del cementerio, la infantería entró en acción: Los combatientes se levantan del suelo y con las bayonetas caladas, con granadas de mano, se lanzan sobre la primera línea de trincheras. Durante algunos minutos los fascistas siegan con fuego de ametralladora. Pero por detrás, sobre la cresta de las colinas, también aparecen hombres: es otra brigada republicana, la que vadeó el río y corta la retirada a los fascistas.

Nuestras baterías apoyaron con su fuego el avance de la infantería. Poco tiempo después los cañonazos de los rebeldes se acabaron. Tuvo lugar un intercambio de disparos desordenado, oyéndose las explosiones de las granadas de mano. Sus refugios quedaron vacios. Los republicanos entraron en ellos y encontraron todo lo que habían abandonado los enemigos espantados por el pánico: ametralladoras, bolsas de cartuchos, y también cascos, cadáveres y heridos. Por todos lados se encontraban documentos destrozados y boinas púrpuras de la organización fascista de los requetés.
Willy Bredel registró con las siguientes palabras el comportamiento de nuestros artilleros en la acción relatada:

“Exactamente a la hora fijada, el regimiento de artilleros rumano empezó a cañonear. Salva tras salva apuntaba directamente sobre las posiciones fascistas. Parecía que todos los camaradas del barranco me miraban. Sabían que era mi primera batalla, y es posible que comentaran desconcertados y sorprendidos el papel que estaba obligado a realizar. Estaba dominado por el ridículo deseo, pero explicable en la situación en la que me encontraba, de demostrarles que al menos no tenía miedo. Tome los prismáticos de George y fui asomándome con cuidado sobre la hondonada en la que nos encontrábamos… La vista se me había nublado, me llevé los prismáticos a los ojos. Miré, pero no pude ver nada. Las rodillas me temblaban cada vez más. Recorrí con la vista todo mi cuerpo. Gracias a dios, no estaba herido. Pensé que ya debía regresar. Todo pasó muy rápido…Oí como silbaban las balas junto a mi, y vi como batían la tierra a mi alrededor… ¡Eh, ya era hora de volver a mi posición!

Abandoné aquel lugar peligroso poniendo los pies en polvorosa. El capitán Valter se acercó a mí.

─!Los rumanos tiran de maravilla!, grité yo.

─ ¡Abandona ese lugar peligroso!, respondió él.

Sus palabras me animaron. Había comprobado claramente que yo no era un poltrón”[2]

 ***

Con la toma del cementerio, los republicanos conquistaron una posición clave. Pero todavía tenían que sacar a los fascistas de la iglesia y de las casas del centro del pueblo en las que se habían atrincherado. Solo así Quinto sería totalmente republicano.

El general Walter decidió que a la madrugada siguiente se asaltara la localidad.

─Mañana pasaremos a luchar en las calles, dijo él.

Todos sabíamos que el General Walter era un gran especialista en los combates callejeros, así que no nos sorprendió su decisión.

─Muy bien, le respondimos.

─Veo que no me entendéis. Quiero que la artillería participe también en la lucha en las calles.

Verdaderamente, en aquello no habíamos pensado. Nos explicó entonces como veía él las cosas. El regimiento rumano de artillería iba a participar en esta acción en una forma totalmente original:

─ No con tiros lejanos y en baterías compactas, sino del siguiente modo: cada una de las subunidades de infantería irá acompañada por un cañón, que disparará directamente sobre las posiciones fascistas, es decir, a los edificios en los que estos se han atrincherado.

Todavía bastante desconcertados por la misión confiada, discutimos con los comandantes de las baterías los detalles de la operación ordenada. Nuestro regimiento iba a tener bajo su mando también a unidades de artillería española. Algunos de sus comandantes, en su mayoría especialistas del viejo ejército, expresaron su opinión de que les parecía algo imposible y afirmaban que disparando desde 100-200 metros de distancia destruirían el propio cañón. Pero nuestra confianza en el olfato militar del general Walter era tan grande que nos convertimos en aquel momento en los más vehementes defensores de su plan.

─Puede que se vayan al diablo los cañones, aunque eso no está nada claro, pero sí que venceremos en la lucha.

Al amanecer del día siguiente un espectáculo extraño se extendía ante nuestros ojos. Sobre las callejuelas del pueblo diversos pelotones de infantería, cada uno acompañado por un cañón, atacaron simultáneamente las posiciones fascistas. Los combates se desarrollaban con violencia. No obstante, el ataque combinado de la artillería y de los soldados de la XI Brigada se coronaron con la victoria: en aquella misma mañana la localidad quedó limpia de fascistas.

“En el ataque ─escribe Koltsov─ han muerto ocho jefes y comisarios republicanos, unos sesenta soldados. Con algunos de ellos he hablado por la noche al comenzar a escribir estas líneas; ahora no están entre los vivos. Los fascistas han perdido quinientos hombres”[3].

En un momento en el que la batalla estaba en su punto álgido en cada calle de Quinto. Queriendo animar a un cañonero que se encontraba en una posición clave, me acerqué al cañón y le pedí que dirigiera el tiro hacia una casa desde la que disparaban sin parar los falangistas. En aquel momento me di cuenta de que ellos estaban apuntando hacia nosotros. Saqué instintivamente la pistola y me dispuse a disparar, pero no pude llevar a cabo mis intenciones. Una de las balas que salían de las madrigueras fascistas me acertó de pleno (penetrando en el tórax, muy cerca del corazón).

En aquel momento, Heinrich Rau[4], comisario político de la XI Brigada, que se encontraba a unos pocos metros, protegido por el muro que rodeaba a una iglesia, recorrió en un santiamén la distancia que nos separaba y, bajo la lluvia de proyectiles, me arrastró hacia un lugar más seguro. Fui trasladado hasta el hospital de campaña de Azaila, cuyas tiendas estaban instaladas en las cercanías del frente, donde permanecí casi una semana. Durante el primer día, a mi lado se debatía entre la vida y la muerte un voluntario búlgaro herido en el abdomen, en una agonía lenta y horrible… Sin embargo, el hombre tarareaba continuamente La Internacional entre sus estertores de moribundo. Yo lo escuchaba adormilado hasta que, en un momento determinado, se hizo el silencio. Volví un poco la cabeza y comprobé que había fallecido.

Mientras tanto, los médicos rumanos del frente de Zaragoza (Iancu, Sinculescu, Petre Iosif, Clejan, Arcu y Marculescu), que se enteraron que había sido herido, vinieron a verme y se organizaron para hacer guardia por turnos hasta que pasara mi estado de gravedad, y me demostraron un interés que me emocionó.

Fui transportado al hospital de Benicásim, en las cercanías de Valencia, permaneciendo allí dos semanas, después de lo cual regresé a la unidad. De este modo, al empezar la Batalla de Teruel estaba totalmente recuperado y de nuevo en el frente.

ENCUENTRO CON EGON ERWIN KISCH EN BENICASIM

Benicásim está ubicado en un marco natural encantador. Los campos de naranjos, las viñas, las palmeras elevadas hacia el cielo. de un intenso azul, el calor suavizado por la cercanía del mar, todo constituía un verdadero deleite después de la vida agitada de los últimos meses. La atención médica era excelente. Y, sin embargo, todos los enfermos tenía un único pensamiento: regresar cuanto antes al frente…

El periodista antifascista Egon Erwin Kisch
Un día ─yo estaba obligado a estar en la cama debido a las heridas─ me enteré de que había venido al hospital Egon Erwin Kisch, El conocido publicista, que se había dado a conocer internacionalmente por sus reportajes, considerados verdaderos modelos en su campo, se encontraba en España como corresponsal de prensa, y su pluma seguía afilada como una cuchilla dirigida contra los enemigos de la república. Había venido al hospital a charlar con los combatientes de las Brigadas Internacionales.

Vi lleno de emoción como se acercaba a mi cama al que había sido apodado “Der rasende reporter”[5]. Emanando energía y vitalidad, Kish me dio la mano con una sonrisa y, después, arrastró una silla junto a mi cama. Viendo que hablar era todavía para mí un esfuerzo, habló él. Me contó que había seguido con pasión la lucha de los trabajadores ferroviarios y del petróleo de Rumanía en 1933, y expresó su admiración por nuestra heroica clase obrera. Después también me comentó que había oído hablar del comportamiento de los voluntarios rumanos en España y que le había relatado Koltsov las hazañas de Quinto.

Vino a visitarme algunas veces más durante mi estancia en el hospital, e incluso mi primer paseo mientras estuve allí convaleciente lo di con él, con el cirujano inglés Jolly, con Galia Burca[6] y con una enfermera húngara, Ana María.

Durante uno de los paseos que dimos juntos, Kish me comentó que, habiendo seguido la guerra de España, conociendo a los combatientes españoles y a los brigadistas internacionales, se había encontrado ante un fenómeno desconocido hasta ahora en la historia de la guerra. Mientras que en guerras anteriores se elaboraban y seguían estadísticas en relación al número de desertores, en la España Republicana se producía el fenómeno inverso.

─Aquí se puede hablar de insertores[7], así llamo yo a todos los heridos que quieren volver a la lucha con las heridas todavía abiertas, con vendajes sin quitar, o con las muletas bajo los brazos.

Me comentó después que su hermano, conocido cirujano de Praga, entonces médico de las Brigadas Internacionales, había observado también lo mismo en todos los hospitales por los que había pasado.

─Insertor ¿Qué dices? ¿Cómo te parece el término? Aquí en Benicasim existen también gran cantidad de insertores ¡La juventud!...

Me confesó entonces su gran simpatía por la juventud.

─Ya he pasado los cincuenta. Soy un hombre mayor, pero me gusta mucho estar entre los jóvenes.

Yo protesté, más por convicción que por amabilidad, afirmando que la noción de vejez no se puede asociar a una persona que es conocida como “el reportero vertiginoso”.

─Deberíamos establecer un vínculo más estrecho, una mejor relación, entre jóvenes y viejos, continuó él. ─ Conoces el dicho francés: “si jeunesse savait, si vieillesse pouvait”[8]… Con semejante unión la experiencia y el poder actuarían juntos. Ves, añadió él con sonrisa un tanto melancólica. ─El hecho de tener esta preocupación demuestra que he envejecido.

Le informé de que al día siguiente tenía que partir hacia el frente. Nos despedimos cariñosamente, deseándonos mutuamente que llegara pronto el día en que viéramos cumplidos los ideales por los cuales luchábamos.

 ***

Durante el asedio a la guarnición de Belchite, la artillerá fue otra vez intensamente solicitada. El mando rebelde[9] envió, en efecto, grandes fuerzas en ayuda de Belchite. Después de una semana, los republicanos no pudieron entrar en el pueblo. En el sector de Mediana apareció una poderosa columna con artillería y tanques. Bajo sus golpes, empezaron a retroceder algunas unidades republicanas, algo debilitadas, que se encontraban allí. Se convirtió en una seria amenaza sobre la carretera Mediana-Belchite. Los asediados, aprovisionados por vía aérea con alimentos y municiones, avivaron su resistencia.

El Mando Republicano decidió que fueran intensificados los ataques con el fin de ocupar lo antes posible Belchite. Conquistando poco a poco cada centímetro de terreno, compañías de vanguardia ocuparon las afueras de la localidad. Los rebeldes respondieron con fuego de ametralladora muy certero; una de las baterías disparaba contra los arrabales.

Para acabar con la resistencia, el general Walter ordenó desplazar los cañones del lado opuesto de las pendientes, y empezar a disparar desde posiciones abiertas a una distancia de medio kilómetro. Los edificios del seminario teológico, transformados por los rebeldes en una fortaleza, fueron destruidos: lo mismo sucedió con el cuartel de la Guardia Civil. Los últimos lugares que resistían, la iglesia y el ayuntamiento, cayeron también después de violentos combates. Entonces, no pudiendo resistir más la fuerte presión, la guarnición fascista se rindió. Las fuerzas republicanas lograron una nueva victoria.

RECUERDOS INOLVIDABLES DE LOS COMPAÑEROS DE ARMAS CAIDOS POR LA LIBERTAD

En aquellos días, entre los paquetes con cartas y periódicos recibidos de casa, encontré un ejemplar de Glasul Nostru[10], del 31 de julio de 1937, que contenía un artículo que despertaría los ánimos de los combatientes rumanos. Era un homenaje a los voluntarios de Rumanía muertos como héroes en los campos de batalla de España. Fueron para nosotros buenos amigos y su desaparición nos dolió profundamente.

Reproduzco aquí el artículo completo, cuyo autor era Scarlat Callimachi[11], y junto a él inclino de nuevo la cabeza ante el recuerdo inolvidable de nuestros compañeros de armas caídos por la libertad:

“Ha pasado un año desde que unos cuantos militares rebeldes, junto a una horda de fascistas hitlerianos a su frente,, buscan arrodillar al pueblo español. La sangre corre a chorros, mujeres y niños son asesinados, las obras de arte se transforman en tristes montones de escombros, pero, sin embargo, el pueblo trabajador español no ha agachado la cabeza ante el yugo reaccionario. Con tenacidad desconocida hasta ahora en la defensa de la libertad, los verdaderos españoles se enfrentan a la calamidad extranjera. Desprecian a la muerte, sembrada por las ametralladoras fascistas, con idéntica sonrisa con la que antaño seguían el peligroso juego del toreo, desde las tribunas llenas de gente bañándose en la maravillosa lluvia de sol español. Se trata verdaderamente de la lucha entre el amor y la muerte…, del amor ilimitado a la libertad.

Impulsados por el mismo ideal, decididos a sacrificar la estabilidad de su hogar, preparados para soportar el sufrimiento físico y dar la vida para detener el torrente fascista, unos cientos de trabajadores e intelectuales rumanos marcharon hacia el frente de defensa de la libertad de España.

Allí, junto a campesinos, trabajadores y verdaderos intelectuales españoles, construyen muros alrededor de la bandera en la que está escrito con letras de sangre “!Pan, paz y libertad!”.

Hoy nos llegaron noticias de que muchos han caído luchando por su maravilloso ideal. Hoy descansan en la tierra española muchos de nuestros hermanos, y su firme entrega ha de ser recordada como un ejemplo que no debemos olvidar. No debemos honrar su memoria, en este caso, con manifestaciones escandalosas, ni con volteretas circenses o cánticos, ni con el toque a muerto de las campanas. . Sus cuerpos no han sido convertidos en reliquias y con ellos no se ha organizado un macabro belén. Sus tumbas no están señaladas más que con la cruz de madera de los caídos en las guerras. Tal como fue su vida, su sacrificio y su muerte han sido anónimos, hermanados solo con el dolor y la tierra. Inutilizable para un anuncio publicitario, su heroísmo es el único posible en estos tiempos. El único que presupone amor a la vida, desprecio frente a la muerte y respeto a la dignidad humana. El único que une el coraje de morir y el coraje de pensar, la valentía de matar y la valentía de transformar la humillada vida de las masas.

En silencio, inclinamos profundamente la frente ante las sepulturas lejanas de estos verdaderos héroes que han muerto por la creación de un mundo nuevo, por la paz entre los pueblos, por el pan de los que trabajan y por la auténtica libertad”.

Leyendo entonces aquellas palabras pensé que cada hombre deja una huella en la tierra; pero que el recuerdo de un amigo caído en la lucha no puede ser denominado como huella, sino como herida… ¡Cuántos buenos amigos cayeron en España y Francia! Todos dejaron heridas sin cicatrizar en nuestros corazones.

***

En la ofensiva republicana desencadenada entre agosto y octubre de 1937 en Aragón participaron también soldados de infantería de la compañía rumana del batallón “Djakovic”.

Durante los primeros días de la ofensiva, el batallón se encontraba en el sector de Farlete, pueblo ubicado al nordeste de Zaragoza. Su misión era sacar a los fascistas de las posiciones que mantenían en aquella localidad, ubicadas al fondo de un valle, fuertemente fortificadas con trincheras de 2 metros de profundidad y nidos de ametralladora muy sólidos. El ataque comenzó al amanecer del día 27 de agosto tras un corto fuego de artillería inicial. El comandante de la unidad había decidido llevar a cabo un ataque frontal. Las piezas del grupo de ametralladoras fueron colocadas a uno y al otro lado del valle, desde donde tenían a tiro directamente las trincheras enemigas. Los tiradores avanzaron por el valle y tomaron las posiciones desde los dos lados. Los fascistas fueron puestos en fuga.

Al día siguiente, intentaron varias veces reocupar las posiciones sin resultado. El primer contraataque empezó muy temprano. Tres tanques fascistas salieron como avanzadilla hacia las trincheras ahora republicanas, aunque fueron rechazados rápidamente. Los voluntarios no disponían de armamento antitanque, pero usaron con éxito, entre otras municiones, balas perforantes, que habían sido enviadas por los amigos soviéticos, y proyectiles incendiarios.

No mucho después de haber rechazado a los tanques, algunas unidades de infantería fascista intentaron acercarse. Empezó un rabioso combate. Los fascistas estaban dotados con el armamento más moderno. Usaban cañones automáticos de procedencia alemana, bombardeando con Shrapnel[12]. Mientras tanto, el agobiante calor torturaba a los combatientes. La falta de agua hacía el sofoco aún más insoportable. El aprovisionamiento de comida y agua se hacía difícilmente y solamente por la noche, puesto que los fascistas se mantenían siempre al acecho. Para poder enfriar los tubos al rojo vivo de las ametralladoras, los voluntarios echaban en sus refrigeradores café de los bidones o las últimas gotas que quedaban de agua, mientras, en tensión permanente, seguían disparando sin parar. Los fascistas fueron rechazados de nuevo con grandes pérdidas. En estos combates fue herido gravemente en ambas piernas Constantin Campeanu, trabajador ferroviario nacido en Pascani[13].

El mismo día, a las 15.00, el enemigo intentó un nuevo ataque, aunque tras dos horas de violentos combates fue otra vez detenido. El triunfo final lo obtuvieron los republicanos con el precio de un gran sacrificio. Los Shrapnel provocaron numerosas víctimas entre los combatientes antifascistas. De las filas de los voluntarios rumanos cayó herido también el comisario político del Batallón Djakovic, Petre Borila.

Entre los voluntarios rumanos y los militares españoles de la unidad se habían establecido relaciones de estrecha amistad. Estas relaciones tenían muchas maneras de manifestarse. Voy a contar a continuación una de ellas.

Muchos de los reclutas españoles que luchaban en las filas de las unidades rumanas eran analfabetos, porque en España, como en la Rumania burgués-aristocrática, las grandes masas populares habían sido mantenidas en la oscuridad por las clases dominantes. Los voluntarios rumanos enseñaron a leer a muchos jóvenes españoles y sentían una gran alegría al verlos deletrear por vez primera en su vida el título de un artículo de periódico o escribir torpemente su primera carta a la familia. A uno de estos soldados españoles, Juan Ferrero, un joven campesino aragonés de un coraje poco habitual, lo recordaban especialmente los voluntarios rumanos que lucharon en el frente de Zaragoza, porque fue el protaganista de un episodio emocionante. Había sido uno de los que aprendieron a leer con los brigadistas rumanos. Un día, cuando estos se encontraban descansando en una localidad aragonesa, apareció por sorpresa el padre de Juan, feliz de haber recibido noticias de su hijo escritas de su propia mano, y que había llegado a agradecer en persona a los que le habían enseñado a escribir y a traerles unos cuantos regalos de lo que producía su pobre huerto.

Al comienzo de septiembre, unos días después de la ocupación por los republicanos de Belchite, el Batallón Djakovic recibió la orden de desplazarse hacia Fuentes de Ebro. Las tropas republicanas sostenían en aquellos momentos duros combates con los fascistas, que habían recibido importantes refuerzos.

El Batallón Djakovic se mantuvo durante los primeros días en la retaguardia. Pero una tarde recibió orden de dirigirse a primera línea para reforzar el sector ocupado por un batallón húngaro, que estaba sufriendo enormes pérdidas. El enemigo los recibió con fuego combinado de ametralladora y mortero. Algunos tanques fascistas se habían colado entre las líneas republicanas y se encontraban a la espalda de nuestro batallón. La situación era muy complicada, y parecía que nos iban a rodear inminentemente. Muchos combatientes republicanos cayeron heridos o muertos. Entre los rumanos, cayó gravemente herido el voluntario Anghel Haralampie. Sin embargo, nadie abandonó su posición y la misión confiada a nuestra unidad se llevó a cabo.

Después, el batallón recibió el encargo de mantener bajo control, con armas automáticas y artillería antitanque, la carretera Zaragoza-Belchite. Durante los primeros tres días, el enemigo lo estuvo castigando con una lluvia continua de fuego de mortero. Entre los republicanos había muchos soldados que entraron entonces por vez primera en combate y que, por lo tanto, no sabían todavía demasiado bien camuflarse y defenderse. Esta inexperiencia sería, en muchos casos, pagada muy cara, porque el enemigo estaba formado por tropas regulares, bien instruidas.

Sin embargo, el Batallón Djakovic y otros batallones republicanos detuvieron la contraofensiva fascista y se afianzaron en las posiciones de las que los fascistas no podrían ya sacarlos. Cuando el frente se estabilizó en aquel sector, el Batallón Djakovic fue trasladado y enviado a descansar a Binefar. Pronto un nuevo contingente de voluntarios y reclutas españoles llegaría para completar y reponer las filas de sus unidades. Los voluntarios rumanos ─veteranos en comparación con los recién llegados─ se ocuparon de instruirles y de completar su propia formación. Se formó de este modo una unidad militar monolítica decidida a golpear con crudeza al enemigo.

[1] General Walter, Ibid. (N.T.)
[2] Willy Bredel, Ibid.
[3] Mihai Koltsov, Ibid., pag. 566
[4] Heinrich Rau (1899-1961) militó desde temprana juventud en el movimiento obrero alemán. Miembro del Partido Comunista de Alemanía desde 1919, diputado por este partido en el landtag de Prusia (1928-1933), sería encarcelado tras la instauración del régimen nazista de Hitler (1935). Huido de la Alemania nazi, le encontramos en la Guerra Civil Española en las filas de los combatientes de las Brigadas Internacionales. Encerrado de nuevo en los campos de concentración franceses entre 1939 y 1942 será extraditado por las autoridades de Vichy y entregado a la Gestapo, tras lo cual será prisionero en el campo de exterminio de Mauthausen. Después del nacimiento de la R.D.A. ocupará funciones importantes entre las cuales la de Vicepresidente del Consejo de Ministros y miembro de la Oficina Política del Partido Socialista Aleman (PSUG) (N.A.)
[5] El reportero vertiginoso (N.T.)
[6] Esposa de otro conocido brigadista rumano, Mihai Burca (N.T.)
[7] Juego de palabras con desertores
[8] Si la juventud supiera, si la vejez pudiera.
[9] En los episodios relatados, que en este caso coinciden casi literalmente con los de Koltsov, el ruso prefiere utilizar el término “fascista”, y Roman el de “rebeldes” (N.T.)
[10] Revista “Nuestra Voz”
[11] Scarlat Callimachi, comunista rumano de origen noble, que era conocido como “el príncipe rojo” (N.T.)
[12] Shrapnel: tipo de Obus que al estallar proyectaba metralla a su alrededor (N.T.)
[13] Ciudad rumana de la región de Moldavia, en las cercanías de Iasi (N.T.)

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Al pendejo de JM se le ve nervioso. Parece que se le ha acabado la mentira,

!Agradecidos por desvelar sus juegos sucios!

Camarada Bermejo
Coordinadora Latinoamericana de Participación y Renovación Social

Jose Luis Forneo dijo...

Apoyos (no pongo el nombre por motivos obvios, que JM esta ansioso de enviar informacion a sus superiores):

"No he dicho que JM Álvarez sea un buen blogger, he dicho que es muy conocido. Ya veo que no te tiene simpatía y además ha metido la pata hasta el fondo con el mapa de Moldavia, se nota que la geografía no es su fuerte.

Lamento profundamente que después de estar tantos años al pie del cañón con dos magníficos blogs que son referencia ineludible para cualquier conciencia crítica ahora te veas envuelto en una trifulca tan desagradable, lo siento. Sabes que cuentas con mi amistad y con mi solidaridad, obvio es decirlo. Internet es lo que tiene: estás siempre expuesto al espionaje, a la difamación y a la calumnia. Puedes estar orgulloso de la labor que has realizado estos años tanto con 'Cuestiónatelo todo' como con 'Un vallekano en Rumanía'.

Un abrazo, saludos".

Jose Luis Forneo dijo...

Robby Espierre
Just now ·

JM esta nervioso. Ahora saca su apoyo a los paraisos fiscales de Gibraltar para defenserse (¿o enterrarse aun mas):

JM Álvarez dijo...

Estimados imbéciles maderos y picolos enviados por 2 mamatrancas. Hemos superado 15 mil visitas. Todo mi agradecimiento.

Por cierto si como decis soy un patriota emboscao ¿como es posible que me critiqueis mi apoyo al pueblo gibraltareño al que como a todos os pueblos reconozco el derecho a decidir su futuro?

Se os nota mucho de la pata nacional-fascista de la que cojeais, botarates, botarates...

28 de agosto de 2014, 0:15

Anónimo dijo...

¿Habrá contado a sus amigos de la Dirección General?

Jose Luis Forneo dijo...

Ahora saca su apoyo a los mafiosos de Gibraltar y su paraiso fiscal como argumento...¿Será que tiene comisión también? No me extraña que esté todo el día sentado en el ordenador vigilando y chivándose.
Si vive de la policia, no me extraña que defienda a los defraudadores fiscales del peñón ¿Qué pensará del acto de mañana del SAT? Que tonteria de pregunta, lo que le digan sus superiores del cuerpo.

Jose Luis Forneo dijo...

"Venga hombre publicalas aqui, tenemos 6000 visitas diarias que no es que sea una cosa del otro mundo pero la gente las conoceria mas rapidamente ¿Por qué no lo haces? ¿No te deja SADE?"

JM tiene terror a que la gente sepa que es un informador policial: le he enviado mil veces las pruebas y todas las ha censurado. Pero la prueba ya esta publicada y enviada en este blog y en las redes sociales. Por eso esta que no se tiene en pie. Es lo que debe sentir un chivato cuando le pillan.

Las pruebas de nuevo: http://www.imbratisare.blogspot.ro/2014/08/el-chivato-jmalvarez-desenmascarado-se.html

Juan Jorge Ibáñez Gómez dijo...

Jose Luis, te escribí al FB, no has podido verlo?

Saludos

Jose Luis Forneo dijo...

No he visto nada. Mandame tu mensaje otra vez.

Jose Luis Forneo dijo...

Te mando de nuevo mi link. A ver si quedamos por Bucarest y charlamos: https://www.facebook.com/robby.espierre

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