domingo, 29 de junio de 2014

La República Popular de Donetsk hace una llamada a la formación de Brigadas Internacionales antifascistas, como en la España de 1936

!NO PASARAN!
Las autoridades de la República Popular de Donetsk han anunciado que se ha comenzado  la formación de Brigadas Internacionales para luchar contra el fascismo. El viernes 20 de junio, el Primer Ministro de la RPD, Alexander Boroday, declaró lo siguiente: 

Hoy en día todo el mundo debe unirse en la lucha contra el nazismo del siglo XXI, que ha floreció en Ucrania (...) Las analogías de lo que sucede hoy en el Donbass con la resistencia antifascista en la España de 1936 son evidentes. Estamos dispuestos a aceptar el servicio de voluntarios de todos los países sin excepción en Europa, América, Asia y África. Necesitamos las aportaciones de los que quieran venir y cada uno puede decidir si tomar las armas o no, porque la primera cosa que pedimos en las Brigadas Internacionales son voluntarios civiles: médicos, trabajadores de rescate, bomberos, trabajadores de la construcción y psicólogos. Realmente necesitamos ayudar a la población civil y restaurar las infraestructuras dañadas por los agresores"

Antes de enviar a nadie al Donbass se va a realizar una selección preliminar del personal de la primera Brigada en la oficia de reclutamiento que se encuentra en Moscú, declaró el jefe de la oficina de la RPD, su representante oficial en Rusia, Andrei Rodkin, que agregó que la oficina ya está lista para el trabajo. 

Anteriormente, las autoridades anunciaron la creación de una División de voluntarios entre los mineros del Donbass. Se espera que el número de personal puede alcanzar 10.000 personas.

Visto en ODC

5 comentarios:

Albert dijo...

Estimado José Luis Forneo:

La idea tiene de organizar Brigadas Internacionales como las que nos ayudaron en 1936 tiene cierto aire de nostálgico romanticismo de una gran epopeya… y también de desesperación, al comprobar que Rusia no va a acudir en su ayuda y piden auxilio a cualquiera que pueda oírles. Pero analicemos fríamente, más allá de la nostalgia de pasados tiempos revolucionarios, los hechos en su objetividad.

Los voluntarios que vinieron a España, incluso antes del reclutamiento de Brigadas Internacionales por la Komintern (en el mismo julio del 36 el escritor André Malraux pagó de su propio bolsillo una veintena de aviones y pilotos con un sueldo mensual de 50.000 pesetas, con los que formó la escuadrilla España para apoyar al Gobierno republicano), venían con gran entusiasmo pero muchos de ellos con poca o nula formación militar… y sin armas. Era el Gobierno republicano el que debía proveerles de armas y uniformes. Y eso era posible gracias a las armas adquiridas en la URSS y en bastante menor medida en Francia. Se batieron con gran valentía en Madrid, en el Jarama, en Guadalajara, en Brunete, en Belchite, en Teruel, en el Ebro. Pero su entusiasmo y su arrojo no podían suplir la carencia de adecuada formación militar ni la superioridad militar de enemigo, del Ejército rebelde al que se habían adherido la mayor parte de los miembros profesionales del Ejército, la profesional Legión Cóndor alemana, las tropas regulares italianas del Corpo Truppe Volontarie (Cuerpo de Tropas Voluntarias, que no eran tan “voluntarias”). Su ayuda fue una heroica y memorable muestra de internacionalismo que debe ser recordada, pero no pudieron, desgraciadamente, inclinar la balanza en favor de la República.

El jefe de la Milicia Popular de Donbass, Igor Strelkov, dijo en una reciente entrevista a mediados de mes, que su principal problema es la falta de recursos (algo que llevan pidiendo a Rusia desde el primer momento). Afirmaba que hay muchos miles de voluntarios y personal movilizable en el Donbass pero que no tienen armas ni uniformes sino para una pequeña parte. Si pudieran equipar adecuadamente a todos los hombres (y mujeres, hay también voluntarias en la milicia popular como enfermeras y varias ya han muerto) habría decenas de miles de hombres en armas, algo que no ocurre en la actualidad. ¿Cómo piensan armar a los voluntarios de otros países, si no tienen armas ni siquiera para la propia gente del Donbass y Rusia no presta su ayuda? Por no hablar que entre ellos puede que haya (y habrá, seguro) infiltrados con objeto de recabar información y quizás realizar sabotajes, igual que los hubo en las Brigadas Internacionales que vinieron a España.

Negro veo el futuro de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, de Novorossiya. Qué triste la traición de Putin.

Un fraternal saludo.

Jose Luis Forneo dijo...

Albert, de nuevo comparto todo lo que dices. Sin embargo, el hecho de mantener la resistencia tiene como objetivo que, en el desarrollo del conflicto interimperialista, Rusia se vea obligada de alguna forma a dar un golpe de fuerza en Ucrania. Desgraciadamente, creo que las cosas no van por ese camino, y que lo que terminara pasando es que Putin llegara a algun tipo de acuerdo con la OTAN, la UE y EEUU, que Poroshenko aceptara, no tiene otra, y los antifascistas del Donbass queden abandonados a su suerte y sin recursos.
La BBII en España, además, fueron organizadas y sostenidas por la URSS y la Internacional Comunista, y por ello estaban bien dotadas y fueron nutridas por miles y miles de militantes. Hoy día la convocatoria del comunismo y del antifascismo es muy limitada, precisamente por la desmovilizacion general en la que han colaborado los propios partidos comunistas.
Tampoco debemos dejar de lado el caracter nacionalista ruso de la lucha. Quizas los rusos no se sientan tan comodos con el abandono de su presidente a sus "hermanos" rusos de Ucrania, y eso pueda crear problemas a Putin. Quizas por ello, al final, si hay suerte, tenga que hacer algo para proteger a los antifascistas del Donbass. No por motivos ideologicos, por supuesto, sino por presiones del pueblo ruso.
Saludos

Albert dijo...

Estimado José Luis Forneo:

Gracias por compartir mis humildes opiniones (que no pasan de ser eso, no pretendo adjudicarme la propiedad en exclusiva de la verdad). Coincido también con lo que dices, y que la resistencia de las milicias antifascistas/pro-rusas (hay de todo, no es un movimiento homogéneo y la prueba es que hay mucha bandera rusa tricolor) está apurando hasta el final su capacidad de resistencia a ver si Putin finalmente les ayuda, movido por la opinión pública de su país. Pero dudo que eso suceda. Antes de que estallase (literalmente) la crisis ucraniana en febrero pasado la popularidad del Presidente ruso oscilaba en torno al 60%. En mayo, tras la anexión de Crimea y tras la tragedia de Odesa una encuesta del Centro Pan-Ruso para el Estudio de la Opinión Pública (VTsIOM en sus siglas en ruso) indicaba que la popularidad del inquilino del Kremlin subía hasta el 85,9&, más que en abril, que era del 82,2%. ¡Y eso que había sucedido la masacre de Odesa!

Podemos tener nuestras dudas sobre la popularidad real del Presidente ruso y que a las encuestas le añaden un 10-15% de popularidad de forma sistemática, pero no mucha más. En una Rusia desinformada por los medios de comunicación afines al Kremlin (o sea, todos los importantes) donde, como en Occidente, el 80% de la población se informa sólo o principalmente a través de la televisión, se produce el efecto de una población anestesiada y sin capacidad de análisis crítico. Y si bien la mayoría están muy contentos de haber recuperado Crimea (sobre todo porque fue una operación rápida, sencilla y sin sangre), dudo mucho que la mayoría de la población rusa esté dispuesta a meterse en un conflicto en Crimea y recibir a diario ataúdes. El recuerdo de Chechenia no está tan lejos. Y si en algún momento hubiera algún movimiento de la opinión pública en el sentido de la necesidad de intervenir, ya se encargaría el Kremlin de moldear de nuevo la mente de sus ciudadanos para que vuelvan a pensar como el poder quiere.

Por desgracia, creo que, a menos que el Kremlin sienta amenazados sus intereses a corto plazo (como buenos capitalistas que son, piensan en los beneficios a corto plazo, sin importarles las consecuencias a largo plazo), Putin llegará a un acuerdo con Washington, Bruselas y el nuevo poder instalado en Kiev. Y Ucrania estará perdida para Rusia.

Y sí, las Brigadas Internacionales fueron organizadas por la entonces importante y prestigiosa Komintern, igual que la URSS, que entonces eran las vanguardias de la humanidad avanzada y progresista contra el imperialismo y el fascismo. Hoy no existen ni la una ni la otra y el poder de convocatoria de los partidos comunistas es muy pequeño debido a sus propias debilidades, al empeño con que día sí día también el actual sistema aprovecha cualquier cosa para desprestigiar al comunismo (qué miedo nos deben tener para que sigan hablando mal de un sistema que ya no existe en la realidad) y a la confusión y desorientación reinante en el movimiento comunista desde la contrarrevolución de Gorbachov y la desintegración de la URSS.

Un fraternal saludo.

Jose Luis Forneo dijo...

Albert, cierto que los antifascistas del este de Ucrania tengan pocas posibilidades de recibir ayuda (ademas de que no solo hay antifacistas en el grupo, sino tambien movimientos panrusos y un poco de ensalada de todo un poco). Pero eso no quita para que merezcan todo nuestro apoyo y les deseemos suerte en su desigual combate. Quizas sus peores enemigos estén entre ellos mismos y, como está demostrando Putin, al final el menos interesado en su lucha es el Kremlim, como demuestran los desmesurados esfuerzos de la diplomacia rusa por lograr un acuerdo con el chocolatero sangriento para evitar el conflicto, aunque eso signifique no oir el que, decían al principio, era el derecho que hay que respetar de todo pueblo a la autodeterminacion.
Saludos

Albert dijo...

Estimado José Luis Forneo:

Indudablemente que la gente del Donbass merece todo nuestro apoyo, igual que lo merecen todos los buenos ucranianos, antifascistas y verdaderos patriotas, que no quieren dejar el país en manos de oligarcas neofascistas y de la UE. Porque ser un patriota ucraniano no es enarbolar la bandera azul y amarilla, la fascista rojinegra de Stepan Bandera o los símbolos de la 14ª División de las Waffen-SS “Galitzia”, sino defender los intereses de tu gente frente a los explotadores. Desgraciadamente, nuestro apoyo es poco más que moral cuando nuestra Guerra Civil demostró que el coraje y las campañas de propaganda no sirven de nada contra las bombas. Se necesita una ayuda práctica y el Kremlin no parece dispuesto a dársela. Hace un par de días el Kremlin llegó a un acuerdo con el poder instalado en Kiev para la vigilancia conjunta de la frontera ruso-ucraniana en las zonas de combate, y para la consecución de las exigencias euro-americanas de pacificación de la zona. Hoy ha expirado el alto el fuego y el Presidente ilegítimo Petro Poroshenko ha reanudado la operación militar. Se ve envalentonado con la política de apaciguamiento del Kremlin. Y Moscú protesta y ya. Cuando la invasión georgiana de Osetia del Sur en agosto de 2008 (y yo vivía aún en Rusia) Moscú no se limitó a protestar.

Cierto que hay algunas diferencias destacables entre ambos casos (en Osetia del Sur existía de facto un Estado no reconocido desde que Georgia perdió el control real del territorio en 1990-91, estaba desplegado un contingente ruso de fuerzas de interposición que fue atacado por las tropas georgianas, gran parte de los surosetas tenían pasaporte ruso). Si el Kremlin no quiere y/o no puede intervenir militarmente, sí puede ayudar a con suministros y armas Novorossiya y plantear directamente a Kiev que, o se llega a un acuerdo que sea satisfactorio para todos y respete la voluntad popular del Donbass, o seguirá apoyando a Novorossiya, lo cual será una sangría larga e insostenible para Ucrania. Por algo Poroshenko decía antes de las “elecciones” que había que la operación militar en el Este debía ser lo más rápida posible, porque es consciente de que cuanto más se alargue peor para Ucrania, que no tiene recursos para una guerra larga, aunque sea una guerra de mediana intensidad, más el perjuicio económico, dado que la mayor parte de la industria está en el Este.

Ayer Kiev, ¿mañana quizás Moscú? Porque si bien de momento no lo veo posible ni probable, no es descartable y mucho me temo que, dada la desorientación de la población rusa y el mediocre papel del Partido Comunista de la Federación Rusa, que ya no es lo que fue, la próxima revolución rusa no será una revolución roja (que es la única que puede ser patriótica, popular y revolucionaria), sino un golpe de Estado neoliberal disfrazado de revolución (como en las otras ‘revoluciones de colores’) para colocar definitivamente en el Kremlin a unas marionetas que no pongan ni la más mínima pega a sus patrocinadores occidentales.

Un fraternal saludo.

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