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miércoles, 31 de diciembre de 2025

El hombre soviético, por Scarlat Callimachi

Scarlat Callimachi nació un 20 de septiembre de 1896, en Bucarest, ciudad donde también moriría el 2 de junio de 1975. Formaba parte de una de las familias de boyardos rumanos, cuyos antepasados, de origen griego, habían sido señores del principado de Moldavia.

Sin embargo, a pesar de su origen, fue militante del Partido Comunista, gran defensor de la revolución bolchevique, y uno de los representantes de la vanguardia literaria rumana más destacados del periodo de entreguerras. Su militancia firme, tanto en las letras como en la lucha clandestina, le hizo ser conocido, por sus camaradas antifascistas y comunistas, como "El Príncipe Rojo".

En 1917 se encontraba en Petrogrado, donde sería testigo también de la Revolución obrera de Octubre, que luego cantaría en sus poemas. 

En 1960 escribiría un libro homenaje a la Union Sovietica, titulado "Un viajero en la URSS", en el cual describe sus viajes y experiencias por el primer estado de los trabajadores de la historia, comparando la Rusia que encontró antes de la Revolución Bolchevique y la que contruyeron los trabajadores soviéticos bajo la dirección del Partido Comunista.

En uno de sus capítulos, "El hombre soviético", describe una de las principales consecuencias de la Gran Revolución de Octubre de 1917: el nacimiento de un hombre nuevo, emancipado, que se sabe dueño de su propio destino, y que fue el factor determinante que logró convertir a la recien nacida Rusia proletaria en primera potencia mundial, económica, social y militar, y en la gran vencedora del fascismo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

EL HOMBRE SOVIÉTICO

"Sin duda, lo que más ha llamado la atención y, a la vez, admirado a los viajeros extranjeros que han visitado la Unión Soviética, desde octubre de 1917 hasta hoy, ha sido el hombre soviético.

El rol de Vladimir Ilich Lenin en la preparación de la masa del hombre nuevo, del revolucionario, del constructor del mañana, fue enorme. Gracias a su genio de educador, de guía, de director de la clase trabajadora y campesina de Rusia, la Gran Revolución Socialista de Octubre pudo ser llevada a cabo y las bases del primer estado socialista puestas sobre cimientos sólidos.

Junto a algunas decenas de miles de luchadores comunistas, junto al proletariado hambriento, junto a los destacamentos de guardias rojos,  junto al campesinado empobrecido, Lenin venció al ejército de los generales blancos y a las fuerzas intervencionistas extranjeras.


Los que fueron testigos oculares de aquellos días de Octubre y de la Guerra Civil vieron como este destacamento de revolucionarios, casi desarmados, en ropas civiles o con uniformes andrajosos, sufriendo la falta, podemos decir, del pan de cada día, derrotaron a los regimientos de cadetes, armados hasta los dientes, regimientos formados por antiguos oficiales de la armada zarista y por una unión heterogénea de diferentes elementos reaccionarios.

Estos soldados descalzos del ejército revolucionario sorprendieron a todo el mundo. Su coraje, abnegación y entusiasmo se debían, en primer lugar, al deseo de emancipación del látigo zarista y, en segundo lugar, a su voluntad de construir un mundo nuevo, un mundo propio, de los que trabajan, un mundo en el que se pudiera vivir una vida digna.

El trabajo de persuasión llevado a cabo por Lenin, junto a la vieja guardia bolchevique, había dado frutos. Los trabajadores y campesinos, la mayoría analfabetos, agotados físicamente tanto por el trabajo sobrehumano que habían realizado para bandas de infractores capitalistas, como por una desgraciada guerra,  realizaron milagros de bravura, porque en su consciencia penetraban los primeros rayos de un nuevo amanecer, deseado por la mayoría, esperado con emoción.

La Revolución de Octubre, y la lucha revolucionaria de los siguientes meses, puede ser comparada con la erupción de un volcán cuya lava quema, destruye hasta los cimientos el mundo viejo: el mundo de los productores de riqueza, hambrientos y desnudos, y el de los explotadores, lleno de lujo.

Tras el final de la guerra civil, es decir, después de la victoria del ejército revolucionario, siguieron unos largos años difíciles, de tiempos de grandes necesidades, que exigieron sacrificios de todo tipo.

Los años difíciles también fueron vencidos por el hombre soviético.

El hombre soviético, el hombre nuevo, era una realidad, no un mito, como decían los malintencionados, los enemigos de la joven república soviética.

Con una fe ciega en el poder de su trabajo, casi siempre con una sonrisa en la cara, con la frente surcada de preocupaciones, problemas u, otras veces, ira, el hombre soviético venció todas las dificultades que se interpusieron en su camino.

Cuando al principio un viajero extranjero llegaba desde muy lejos únicamente para ver al hombre soviético, al hombre soviético en el trabajo, se quedaba boquiabierto, esta es la palabra, de lo que veían sus ojos: un hombre envejecido por el trabajo y las necesidades, con herramientas anticuadas, pero en su mirada centelleaba una gran alegría, una confianza plena en el poder de su trabajo, un amor profundo hacia su joven república socialista. El pasado había sido derrumbado con sus manos, y el futuro debía ser construido con sus manos también. Eran conscientes de su papel en la historia y quería representarlo con dignidad. Este era el hombre soviético en los primeros años tras la Revolución  de Octubre.

Los años oscuros pasaron, así como pasan los nubarrones por un cielo que ha descendido cerca de la tierra.  El firmamento de la Unión Soviética se iluminaba. El hombre soviético había vencido al hambre, al frío, a las dificultades. El hombre soviético construía fábricas, escuelas, centros culturales, hospitales… Los escombros de la vieja Rusia zarista eran retirados y un nuevo mundo amanecía como de las profundidades de la tierra, arrancado con una barita mágica. La barita mágica era la mano del hombre soviético.

Llegó el año 1941. Invasión de las hordas fascistas de Hitler. Ciudades, pueblos, en llamas.

Saqueos. Muertos…muertos…El hombre soviético toma las armas.

¿Quién no ha leído sobre los hechos heroicos de los defensores de Leningrado? ¿Quién no ha seguido las fases de la batalla de Stalingrado? ¿Quién no ha escuchado sobre la valiente lucha de los partisanos? El mundo entero se admira.

El vencedor de Stalingrado fue el hombre soviético. El hombre que había llevado a cabo la Gran Revolución Socialista de Octubre.

Debo reconocer que mi mayor deseo en los viajes que he realizado a la Unión Soviética era, en primer lugar, conocer al hombre soviético; el hombre soviético sobre el que había oído tantas hazañas, del que había leído tantas páginas.

Y en realidad el hombre soviético tiene algo especial frente a los demás hombres: es optimista, sincero, alegre, confiado tanto en el extraordinario destino de su patria, como en el poder de su trabajo.

He visto a la juventud regresando del trabajo, chicos y chicas felices, discutiendo con pasión, bromeando, riendo. El cansancio de sus caras estaba iluminado de un deseo indescriptible de vida, de una ardiente confianza en el mañana, el día de su felicidad; ya no se veía a la juventud pesimista, cansado física y moralmente, sin fe en sus capacidades, sin esperanza, obsesionado por la muerte, la juventud de, por ejemplo, las dolorosas novelas de Dostoievsky.

He seguido a estos jóvenes muchas veces, tanto por los bulevares de Moscú como por las calles de Leningrado y por los parques de otras ciudades más pequeñas.  Iban los chicos y las chicas cogiéndose de la mano o del brazo, hablando ruidosamente o en susurros, con la mirada perdida hacia las sombras de la noche o mirándose a los ojos.

En su actitud y en sus gestos había una admirable pureza y sinceridad, podría decirse un romanticismo olvidado, desde hace mucho, por los que hemos crecido en otro ambiente moral y social.

En algunas estaciones de autobús y trolebús, o en la boca del metro, los grupos se separaban dirigiéndose cada uno hacia su casa. Su despedida era simple: un caluroso apretón de manos o un beso en la frente o en las mejillas, un beso puro de amistad, de amor tímido, nada del beso sensual y salvaje de las grandes ciudades occidentales.

Allí donde encuentras a un joven soviético - sean chicos, chicas o ambos sexos – se aprecia una imagen viva de una nueva vida, de una vida que nosotros no tuvimos la felicidad de conocer en nuestra juventud.

Los trabajadores de las fábricas parecen a primera vista ser hombres con alma cerrada, podríamos decir que un hombre poco amigable frente al extranjero que le visitaba en su lugar de trabajo: es decir, en la fábrica, en la obra, en el taller. Pero tras el primer saludo del extranjero, la frente se relaja y sus ojos se iluminan, respondiendo, unos con timidez, susurrando, otros con voz segura, al saludo del huésped llegado por sorpresa.

Y entonces uno se puede dar cuenta muy bien del carácter del hombre soviético: serio, concienzudo, dominado por un solo pensamiento, cumplir con su deber. Esto no significa, sin embargo, que sea un simple robot; la mejor prueba la tenemos entonces cuando charlamos con él y cuando el obrero, de cara y brazos negros, con chorros de sudor en la frente, se transforma en un hombre sociable, amistoso, profundamente humano. Tras una corta conversación, te separas de él con tristeza, así como te separas de un amigo.

El hombre soviético lee, y lee mucho.

Los taxistas cuando tienen un momento de relax, leen: periódicos, literatura, o libros técnicos; tanto los jóvenes como los mayores en los parques, en los bancos de los bulevares, leen; los viajeros en el autobús llevan, casi todos, un libro sobre sus muslos; las azafatas de los vagones del tren leen los más valiosas novelas de la literatura clásica rusa y soviética y los más recientes libros técnicos.

Todos los hombres soviéticos leen para instruirse, para escapar del cansancio del trabajo, o para pasar un tiempo agradable.

El libro es una de las principales armas del hombre soviético.

El hombre soviético es hospitalario tanto con los paisanos como con los extranjeros; él no hace distinción de raza. Es una de las características del hombre nacido después de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

El hombre soviético es un hombre nuevo, demostrando esto en la Gran Revolución de Octubre, con los éxitos de los planes quinquenales, en los años de la guerra defendiendo a la patria, en los años de construcción del comunismo.

El hombre soviético es el más hermoso símbolo del mundo nuevo".

(Un viajero en la URSS -Un calator prin URSS-, Scarlat Callimachi, Editura de Stat Pentru Literatura si Arta, 1960, pag. 94, traducido por Un vallekano en Rumanía).

miércoles, 17 de marzo de 2021

"La España de Franco, una mancha negra en Europa" (Folleto editado por la Asociacion de Voluntarios Rumanos en las Brigadas Internacionales)

Compartimos en esta entrada la traducción de un pequeño folleto que, como un nuevo hallazgo, encontramos en un anticuario de Bucarest, en el cual se transcribe el discurso del general Kozovski, ministro de la Guerra del gobierno de la democracia popular búlgara y antiguo luchador en las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española, del dia 3 de febrero de 1946, realizado con motivo del encuentro del Comité Nacional para la Defensa del Pueblo y la Democracia Española, celebrado en Sofia.

El folleto tiene como título „La España de Franco, una mancha negra en Europa”, y está editado, en lengua rumana, por la Asociación de Antiguos Volutarios Rumanos del Ejercito Republicano Español, en Bucarest, 1946.

Hay que recordar que más de 500 comunistas rumanos marcharon voluntarios a España para combatir al fascismo y defender a la República Española, tras el golpe de estado dirigido por el general Franco y el apoyo recibido por las tropas de Hitler y Mussolini, que usarían a España, con la colaboración de su oligarquía, la misma que sigue saqueándola hoy día, como campo de pruebas y preparación de la Segunda Guerra Mundial, y con la complicidad de las potencias occidentales que, después, también entregarían Checoslovaquia a los nazis.

Tras el final de la II Guerra Mundial, los paises socialistas fueron los únicos que continuaron apoyando al pueblo español contra la tiranía franquista, mientras que Inglaterra, Francia y Estados Unidos darán a esta cada vez un mayor apoyo, a la vez que van recogiendo el testigo del nazismo alemán contra las democracias populares del este de Europa.

El siguiente folleto de la Asociación de Antiguos Voluntarios Rumanos del Ejército Republicano Español, formada por todos los héroes rumanos que sobrevivieron en los campos de España para defender la libertad tanto de los españoles como de su propio pueblo, y en realidad de todos los pueblos del mundo amenazados por el fascismo, es solo una muestra más del apoyo que los estados socialistas siguieron brindando a los españoles tras la Segunda Guerra Mundial, en especial hasta el triunfo del revisionismo en la Unión Soviética y el resto de democracias populares tras la muerte de Stalin.
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LA ESPAÑA DE FRANCO: UNA MANCHA NEGRA EN EUROPA

Palabras del dia 3 de febrero de 1946 en el gran encuentro de protesta organizado por el Comité Nacional para la defensa del pueblo y la democracia española.

En este encuentro tomó parte el presidente de honor del Comité, el héroe de Leipzig –Gheorghe Dimitrov-, presencia que provocó grandes ovaciones de parte de los miles de ciudadanos presentes.

„Ciudadanos y ciudadanas,

Nuestro encuentro, dedicado a la defensa del pueblo y la República de España, coincide con el aniversario de una de las más grandes batallas que ha conocido jamás la historia militar, lucha que ha decidido la suerte de la última guerra mundial.

Me refiero a la batalla de Stalingrado. Exactamente hace tres años -2 de febrero de 1943- el Ejército Rojo liquidó al 6ª Ejercito alemán del Mariscal Paulus, y, desde aquel momento, comenzó el hundimiento de la Alemania hitlerista. Y también desde entonces empezaría la retirada ininterrumpida de los ejércitos alemanes que encontraron su final vergonzoso bajo las ruinas de su propia guarida, el centro de las maquinaciones del fascismo internacional contra la paz y la civilización del mundo entero, Berlin.

El general Kozovski
En realidad, si bajo los muros de Moscú fue enterrado el invierno de 1941 el mito y la leyenda de el invencible ejército aleman, después, bajo los muros de Stalingrado, se rompería la fiera fascista sus garras.

Stalingrado significó el final de la potencia militar fascista. La ciudad heróica ha quedado en la conciencia de los pueblos como una fortaleza de la democracia y de la cultura mundial, en la cual se rompieron las olas rabiosas y turbulentas de las hordas fascistas.

He recordado Stalingrado no solo en relación con el tercer aniversario de este acontecimiento destacable, no solo como recuerdo de cuánto deben las culturas y los pueblos del mundo a los pueblos soviéticos y a su Ejército Rojo que les ha salvado de la tormenta fascista, sino porque quiero evocar el rostro de otra ciudad heróica que hace 10 años se convirtió igualmente en un símbolo y un bastión de la democracia mundial, de la consciencia y del honor progresita: el rostro del Madrid legendario.

Madrid es sinónimo de la Republica Española, que fue la primera que tuvo que enfrentarse a la agresión fascista.

El hecho es que el destino de las ciudades de Madrid y Stalingrado –que han sido el apoyo a la democracia mundial en tiempos diferentes- tuvieron también destinos diferentes. Stalingrado resistió, porque bajo sus ruinas latía el gran corazón del heróico pueblo ruso y de los pueblos sovieticos, y ardía, con las mismas gigantescas llamas, el amor a la patria y el odio a los invasores extranjeros.

Stalingrado resistió, porque a sus espaldas estaba la mejor y más poderosa armada del mundo: el Ejército Rojo.

Por supuesto que a las espaldas de Madrid, es decir de la República Española, estaba la España democrática, luchadora, valiente, sincera. Y bajo las ruinas de la Ciudad Universitaria y de los barrios del oeste de Madrid, en Extremadura, Teruel, Bilbao y Oviedo, dieron la vida miles de héroes, murieron miles de corazones bravos. Y, sin embargo, Madrid cayó.

Madrid cayó porque en el frente, a las espaldas de los combatientes, existía la traición, que no tardó en clavar, en el momento adecuado, en la espalda de la República su cuchillo cobarde..

Madrid cayó porque la República Española no consiguió formar un ejército unido, instruido y equipado como el que defendió Stalingrado.

Pero incluso en aquellas condiciones, Madrid resistió, y puede que el destino de la humanidad habria sido hoy otro si no hubiera existido la traición de los aliados. La así llamada política de no intervención entregó la República Española a las garras de Franco y sus patronos, Hitler y Mussolini. Los pacifistas de Munich, como Chamberlein, Daladier y Blum, es decir, todos aquellos que también entregarían Austria y Checoslovaquia para que fueran repartidas, dieron alas y bendicieron la cruzada en el este de Hitler; todos estos, bajo la máscara del denominado "acuerdo de no intervención", ayudaron a Franco, organizando un cordón en torno a la República Española, condenando con él al combatiente pueblo español a una muerte por hambre y a la imposibilidad de que el ejército se aprovisionara con armamento para la lucha contra las hordas franquistas, armadas hasta los dientes por Hitler y Mussolini.

Madrid, y junto con él, toda la España republicana, cumpliría hasta el final el deber hacia su propio pueblo y frente a la humanidad. Madrid cayó, pero cayó con hombría y honestidad, resistiendo hasta el último cartucho.

La España republicana ofreció, en el curso de los tres años de lucha colosal, la pérdida de un millon de sus hijos e hijas como sacrificio en la lucha contra las fuerzas aliadas del fascismo, en la defensa de la patria y de la democracia. Por tres años, la España republicana, hambrienta y ensangrentada, mantuvo a raya a las fuerzas fascistas agresoras, retrasando así el comienzo de la guerra mundial y dando tiempo a los estados democráticos a prepararse mejor contra la agresión fascista que les amenazaba.

Este es el primer gran mérito de la España republicana en defensa de la humanidad.

La España republicana dio a todos los pueblos un ejemplo de heroismo, valentía, sacrificio, un ejemplo de como se debe defender la libertad y la independencia de un pueblo y una patría, de como se defiende la causa de la democracia en contra de la agresión fascista. Este es el segundo mérito, igual de grande que el primero, de la República espanola para los pueblos amantes de la libertad.

Cuando en los días más negros de su lucha el pueblo español se dirigió a los hombres progresistas gritando: „!Escuchadnos, hermanos!”, decenas de miles de luchadores de todas las partes del mundo, de todos los colores y razas, respondieron con una sola voz: „!Escuchamos!”. Y dejando todo, la patría, el amor, la casa, la mujer, la madre y los hijos, se reunieron bajo la bandera de las Brigadas Internacionales, para dar a la España luchadora „su sangre y su vida, esperanzas e ilusiones, a cambio de un solo pago: recibir un puesto en el frente de la batalla”.

Más de 28.000 de estos inflamados luchadores combatirían en las filas de las Brigadas Internacionales.

Al menos 12.000 de ellos dieron, sin dudarlo, su vida para abrir un nuevo capítulo luminoso de la historia de España.

Iguamente, a travás de las gloriosas Brigadas Internacionales, se expresó la solidaridad de la lucha de las fuerzas democráticas del mundo entero en la defensa de la República Española, que esbozó la alianza de las fuerzas democráticas en la futura coalición antihitleriana, sin la cual la coalición y la unidad del fascismo habría destrozado cualquier fibra de humanidad en el mundo, girando la manilla del reloj de la historia varios siglos atrás.

Este es el tercer gran mérito moral de la República Española combatiente, ante el mundo civilizado.

Muchos de los futuros comandantes de similares movimientos de resistencia en los países europeos invadidos por Hitler tuvieron su bautismo de fueoa contra el fascismo en los campos de batalla de España.

Muchos de los dirigentes de los movimientos de resistencia de Francia, por ejemplo, de la insurrección de Paris, fueron antiguos combatientes del batallón „André Marty” y de la brigada „Comuna de París”.

Entre los patriotas polacos que se opusieron en el frente de batalla ante la invasión alemana estuvieron los miembros de la brigada „Dombrovschi”. Los rumanos de la unidad „Ana Pauker” son también hoy prominentes figuras de las acciones democráticas de Rumania. En la conducción del movimiento partisano de Checolosvaquia hubo antiguos luchadores de los batallones „Masarik” y „Gheorghe Dimitrov”. La base del ejército de partisanos que liberó Italia del norte la constituían los viejos garibaldistas del frente que estuvieron al lado dal comisario de la Brigadas Internacionales Luigi Gallo*.

El más destacado comandante del Ejército Popular de Liberación Yugoslavo, Tito, y casi todos sus
Voluntarios rumanos en España 
comandantes (Dacevici, Costa Nadici, Cocea Popovici y otros ), se ganaron su prestigio en los campos de Castilla, Aragon y Cataluña.

Muchos de los que cayeron en la lucha por la liberación de Bulgaria fueron antes combatientes en España. Algunos cayeron en su lucha partisana contra el fascismo, otros fusilados por los fascistas: el general popular Vlado Tricicov, el lengendario coronel Zveatco Radicov, Tabacov, Popov, Uzunov, Naplatanov, Carcengiev, Chischinov, Ivan, Sterev, Iancov, Sabi Dimitrov, capitan Rac, Strogov, Kuncev, Palauzov y muchos otros. Y la gran parte, si no todos, de los antiguos voluntarios brigadistas que aún sobreviven, forman parte activa en la creación de la nueva Bulgaria, la Bulgaria del Frente Patriótico y su nuevo Ejército Popular.

Este es el cuarto mérito, igual de enorme que los anteriores, de la inmortal República Española, ante los pueblos y naciones amantes de la libertad.

Pero hoy, cuando la principal fiera fascista ha sido derrotada y el mundo resopla tras la gran y larga pesadilla de la invasión y sangría hitleriana, hoy, cuando todos los pueblos celebran la alegría de la victoria, la primera sacrificada ante el fascismo, España, que contribuyó con tanta sangre, sufrimiento y heroismo en la victoria ante el nazismo, sigue gimiendo bajo el talón del heredero de Hitler, el sanguinario y sádico Franco. Todavía más: la orgía sangrienta fascista continua todavía más salvaje en la tierra española. Más de 250 mil españoles, hombres y mujeres, están sometidos a desconocidos sufrimientos y torturas en las cárceles franquistas. Mas de 200 mil de españoles viven exiliados porque Franco les ha condenado a muerte. „Toda la España franquista”, se dice en la memoria presentada por la Confederación General del Trabajo de España en la Conferencia Internacional de Sindicatos, „está hoy transformada en una cárcel, en campos de concentración o exterminio”.

Para ilustrar lo anterior, es bastante con recordar que en la región de Logroño, que cuenta con 200 mil habitantes, fueron fusilados 14.000 ciudadanos. Y a tres kilómetros de Logroño se encuentra una fosa común en la cual yacen 4000 víctimas. En una noticia llegada desde España se explica que solo en una cárcel franquista, de las muchas que existen, se encuentran encerrados 6.000 antifascistas condenados a muerte, y cada noche son ejecutados decenas y decenas de ellos.

En una palabra, la inquisición y su tempestad sangrienta continua hoy con la misma intensidad en España.

Y esto, a la vista del mundo entero, y en un momento en el cual en el banquillo de los acusados de Nuremberg se sientan aquellos que llevaron a Franco al poder, y cuyos crímenes hielan la sangre de las venas de cualquiera; ahí están Goering, Rosenberg y otros criminales, que han cubierto el mundo de heridas y de sangre, derrumbaron, convirtiendo en ruinas y cenizas, ciudades y regiones antes florecientes, destruyeron monumentos y tesoros culturales de siglos de humanidad, ensuciaron el honor y el orgullo del ser humano, cualquier virtud y sentimento noble, extendieron el dolor sobre millones de casas, asesinaron la alegría de decenas de generaciones jóvenes, machacaron y mancharon el alma de su propio pueblo, han elevado a la pirateria, al sadismo, al hecho de estar fuera de la ley y a la traición al nivel de un culto. Están los jefes de la Gestapo que han marchitado la flor de los pueblos arrodillados por el fascismo. Están los "héroes" de las cámaras de gas y de las fábricas de muertos de Maidaneck, Lublin, Buchenwald, Dachau y de otros cientos de mataderos de seres humanos. Están aquellos obscurantistas que han usado la piel de los hombres para editar la pobre literatura fascista y la pornografia de los poetas nazis, echando al mismo tiempo a las llamas en toda Europa las obras de las mentes más luminosas de la humanidad. Están los vándalos que han trasnformado miles de teatros y museos en prostíbulos, las bibliotecas, escuelas y universidades en porquerizas y casas públicas. Están los jefes del estado mayor alemán a las órdenes de los que las divisiones nazis transformaron en ruinas los territorios ocupados. Están los que tras sus pasos solamente dejaron huellas de maldición. Están los amos de los ladrones y gansters fascistas que organizaron el saqueo y la esquilmación planificada de toda Europa, obligando a los pueblos saqueados a comer bellotas y desechos, y a los niños a morir de hambre.

Pero del banco de los acusados está ausente alguien. Aquel que ofreció España como campo de experimentos para los ejércitos nazis: falta Franco. Porque, para quien no sepa que antes de la destrucción de ciudades como Rotterdam, Belgrado o Minks y otras tantas ciudades históricas, la aviación de Hitler ya lo hizo con Guernica, Madrid, Tortosa o Barcelona, al igual que el asesinato en masa en los campos de concentración. La Gestapo fue precedida también por los crímenes masivos en las plazas de toros, como la de Bodonos, Salamanca u otras decenas de ciudades españolas.

Además, Franco fue participante directo y aliado de Hitler y de Mussolini en la última guerra criminal contra los amantes de la libertad. El transformó España en una fortificación militar y económica de Alemania en la lucha contra la coalición democrática.

Es bien sabido que el 50% de las 5.000 sociedades comerciales e industriales registradas en España en 1944 estaban bajo el control directo o indirecto de los alemanes, que controlaban las más importantes sectores industriales del país, como la industria química, electrotécnica, metalúrgica, los astilleros y otras. No hay que olvidar hablar tampoco del ejército de Franco, denominado „División Azul”, que tomó parte en el frente oriental junto a los ejércitos nazis contra la Union Soviética.

Franco declara cínicamente que él, !fijaos bien!, „está dispuesto a democratizarse”.. Esto, por supuesto, en el sentido en que están dispuestos los lobos a hacerse vegetarianos, o los criminales y verdugos franquistas de toda Europa a ser monjitas de caridad.

Franco no solamente continua ahogando y ensangrentando España, sino que la ha transformado en un foco de resistencia contemporánea del fascismo. En la España franquista han encontrado protección decenas de miles de fascistas, criminales y asesinos de toda Europa, que lograron escapar temporalmente de las manos de los pueblos de sus patrias.

En la España franquista ha encontrado refugio gran parte del ejercito aleman, en torno a 140.000 hombres, hombres de la Gestapo, armados y equipados. Alli se encuentran igualmente grupos de fascistas franceses o belgas, que todavía siguen teniendo en su cabeza a Degrelle, italianos junto al antiguo Jefe de Estado Mayor de las fuerzas aéreas italianas en España, el famoso general Roata, que huyó de Roma cuando iba a ser juzgado. En la España franquista existe un poderoso partido nazi alemán, que cuenta con miles de miembros, ayudado y apoyado por Falange Española.

En una palabra, la España franquista se transforma en un gran centro de reunión y refugio de los restos del fascismo europeo y de los estados mayores centrales de los paises fascistas, con vistas a la organización futura de nuevas agresiones en toda Europa. Desde allí se tejen diariamente intrigas contra la democracia y se plantan las semillas de todo tipo de chantajes con el objetivo de romper y destruir la unidad de las potencias democráticas. No es casual que cualquier intento reaccionario, iniciado en cualquier parte del mundo, lleva la resonancia del apoyo de la España de Franco.

Precisamente así  nació la idea que se denomina „Bloque Occidental”. En sus palabras durante la Conferencia Internacional del Trabajo, de octubre de 1945, en Paris, Dolores Ibarruri, „la Pasionaria”, dijo entre otras cosas: „Franco fue y será un fascista, que maniobra ofreciendo todo tipo de ayuda a la reaccion mundial. Franco levanta la bandera caída de manos de Hitler. La reacción fascista europea ha escondido en España a sus hombres de confianza, donde encontraron el apoyo para su salvación, y desde donde pueden continuar organizando la ruptura de las fuerzas democráticas. Algunas informaciones muestran que en España se ha creado una especie de „internacional fascista”, dotada con grandes fondos, con el objetivo de llevar a cabo una política de separación y división que impida la consolidación de las democracias, y por otra parte, la organizacion de sabotajes contra la reconstrucción económica, con el fin de crear un terreno favorable para el resurgimiento de los movimientos fascistas y facilitar la realización de los objetivos hitlerianos y de sus aliados.

Todo lo anterior demuestra que mientras exista la España franquista, está mancha negra en Europa, la lucha contra el fascismo no estará terminada, y la paz y la seguridad de los pueblos no estará asegurada. La España de Franco es un peligro permanente para la paz y la tranquilidad del mundo, para la libertad y la independencia de todos los pueblos y las naciones.

Stalin y Dimitrov
„Tolerar el régimen actual de España, dijo la Pasionaria en el Congreso Internacional de Mujeres de Paris, después de lo decidido en San Francisco y Postdam, y todo lo que sea apoyar a una organización hitlerista, significaría el principio de la capitulación frente al fascismo”.

¿Cuales son estas fuerzas que apoyan hoy a Franco y se oponen a la lucha hasta el final contra los restos de la peste fascista? La respuesta a esta pregunta solo puede ser una: estas fuerzas tienen que ser buscadas fuera de España y entre aquellas que entre 1936-1939 allanaron el camino de Franco hacia el poder. Franco y la Falange llegaron al poder no solo con la ayuda de las bayonetas y los cañones alemanes e italianos, sino con el agradecido apoyo dado por los reaccionarios del mundo entero bajo la máscara de „pacificadores”. El diario soviético „Pravda” tiene toda la razón cuando escribe que „Perdiendo en la persona de Hitler a su viejo jefe, Franco ofrece hoy sus servicios a la reacción internacional y círculos profascistas de todas las naciones, en lucha contra la democracia”. La reacción internacional desea que Franco se mantenga en España, como una fortaleza y una cantera.

Ciudadanos y ciudadanas,

La lucha del pueblo español por la libertad, hoy como hace 10 años, „no es solo una causa nacional, sino que es una causa de toda la humanidad progresista” (Stalin). Manteniéndose fiel a este lema, el pueblo soviético está hoy al frente de los más consecuentes y más insumisos combatientes contra la España franquista.

Ayudar al pueblo español a liberarse de la tiranía franquista significa no solo realizar una obra de justicia histórica y saldar una deuda moral con el pueblo de España, sino que es también un acto de necesidad internacional.

El pueblo español no pide hoy ni aviones ni cañones. Él tiene la suficiente fuerza para terminar por su cuenta con Franco y sus bandas de terroristas, civiles y militares. Por toda España se extiende cada vez más un movimiento partisano de masas: en Extremadura, en Andalucía, Madrid y Asturias, Aragón y Cataluña, en Castilla y Galicia... El pueblo español estará en condiciones, de esto no hay duda alguna, por sí mismo, de cortar la cabeza de Franco. Romper cualquier relación diplomática y económica con la España franquista, su aislamiento completo, es el lema en torno al que se unen hoy las fuerzas democráticas mundiales que apoyan al pueblo español, para liquidar el último reducto del fascismo en Europa, la España franquista.

La Bulgaria democrática, la Bulgaria del Frente Patriótico, no puede más que unir su voz a la del pueblo español y a la de la democracia internacional. Esto nos trae a la memoria a aquellos miles de héroes y heroínas desconocidos que cayeron en la dura lucha contra el fascismo, teniendo la rotunda fe de que los que vinieran detrás de ellos acabarían con sus bayonetas con el último nido fascista.

En la lucha contra los intentos de restauración del fascismo, tanto en nuestro país como internacionalmente, nuestro pueblo sigue el ejemplo de firmeza y valentía con el que ha llevado y sigue llevando hoy la lucha contra el fascismo y la reacción el más grande hijo del pueblo búlgaro, Gheorghe Dimitrov. Nosotros, los búlgaros, estamos orgullosos de que la primera derrota moral del fascismo fue la del proceso de Leipzig. Desde aquella tribuna desenmascaró el camarada Dimitrov el rostro bestial del fascismo y llamó a todos los hombres progresistas y honestos a la lucha contra él.

“El fascismo significa barbarie y guerra”, declaró entonces alto y claro Gh. Dimitrov.

“El fascismo significa barbarie y guerra”, sigue repitiendo hoy el camarada Gh. Dimitrov a toda la humanidad progresista, y por esto apoya con todos sus medios la lucha del heroico pueblo español.

Ciudadanos y ciudadanas,

Me permitiréis terminar con una llamada de una de las más grandes mujeres e hijas de España a todos los que soportaron sobre sus hombros la difícil lucha en la guerra,

“Demostrad al último servidor de Hitler que en la tierra de la devastada Europa, bañada con la sangre de los que lucharon por la democracia, no hay lugar para la maldita semilla fascista".

“!Viva la cercana victoria de la España Republicana!

Enseñad a los enemigos de la libertad y de la democracia que un pueblo que ha demostrado que prefiere morir a vivir arrodillado, un pueblo como este es invencible.

¡Viva la solidaridad de todos los pueblos libres con el heroico pueblo español, amante de libertad!”

Después de los aplausos se vota la siguiente moción:

Los criminales fascistas, Hitler y Franco
No puede ser instaurada una paz duradera y una verdadera democracia mundial mientras que no sea destruida la última madriguera fascista, para evitar las agresiones del futuro. Uno de los más peligrosos nidos del fascismo es la España franquista.

La asamblea hace una llamada a la opinión pública a que dé el mayor de los apoyos al pueblo español en su lucha contra la dictadura franquista para conquistar la libertad y la democracia.

Pide la ruptura de las relaciones diplomáticas y económicas con la España fascista como un medio de acelerar la liberación del pueblo español de las garras de los que le oprimen y roban.

La asamblea se inclina frente a la luminosa memoria de las decenas de miles de patriotas españoles caídos en la lucha por la libertad de su pueblo.

La asamblea envía saludos y ánimos de lucha a los patriotas españoles que combaten por el final del régimen fascista y por una república libre e independiente.

La asamblea declara que a través de su ayuda en la lucha internacional contra el sangriento fascismo español, y por el triunfo de la democracia, el pueblo búlgaro defiende con aun mas valentía y decisión sus conquistas democráticas del 9 de septiembre contra todos los ataques fascistas y reaccionarios, tanto desde dentro del país como desde fuera”.

* Seudónimo de Luigi Longo

martes, 10 de enero de 2017

Para la liberación de las masas (Alexandro Sahia, 1935)

"Los escritores son y seguirán siendo los defensores de la humanidad entera, y de ellos se espera, en primer lugar, iluminar el camino hacia formas de vida en las cuales la explotación no exista, las diferencias de clase sean eliminadas y el odio entre razas sea extirpado".
Imagini pentru ALEXANDRU SAHIA
Alexandru Sahia nació el 9 de octubre de 1908 en Manastire, en la provincia de Calarasi, y murió en 1937 en Bucarest. Fue un importante periodista del periodo interbélico, publicando sus artículos en los principales diarios de la época: Rampa, Facla, Dimineața, Azi, Cuvântul liber, Adevărul y Era nouă.

Fue un activo admirador y partidario de la Unión Soviética y del comunismo, y escribió el primer diario de viaje a la Unión Soviética escrito por un rumano, en los que describía las increíbles conquistas de la clase trabajadora en aquel país, en 1935: "La URSS hoy". 
 
Alexandru Sahia es la demostración clara de que la versión oficial de la Rumania capitalista que, en otro habitual intento de manipulación histórica, difunde que durante el periodo interbélico el movimiento y la importancia del comunismo en Rumania fue mínima, es simplemente eso: pura propaganda. Por supuesto que hoy Sahia es un escritor olvidado y censurado en Rumania, y pocos jóvenes conocen su papel protagonista en la lucha antifascista de su compatriota.

Sahia fue miembro del Partido Comunista Rumano, y uno de los creadores de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética (ARLUS), creada en 1932, que perseguía el establecimiento de relaciones diplomáticas con Moscú, inexistentes desde 1917, y el alejamiento de la política agresiva de Occidente contra el país socialista, además del rechazo al creciente fascismo europeo, mediante la organización de grupos de intelectuales antifascistas. El grupo incluía a muchos antiguos y futuros activistas del Partido Comunista Rumano, y primeras figuras de la literatura y la cultura rumana.

Aparte de los fundadores, Constantinescu-Iaşi, Ion Niculi e Iorgu Iordan, fueron miembros también muchos intelectuales de la Rumania interbélica, como Scarlat Callimachi, N. D. Cocea, el propio Alexandru Sahia, Stephan Roll, Mihai Beniuc, Petre Pandrea, Teodor Bugnariu y Mihai Popilian, además de que otros muchos destacados representantes de la cultura rumana se encontraban entre sus simpatizantes (Mac Constantinescu, Demostene Botez, Haig Acterian,  Zaharia Stancu, el compositor George Enescu, Marcel Janco, Camil Petrescu, y otros tantos). 

Alexandru Sahia murió con solo 29 años por una tuberculosis mal tratada. En 1946, tras la llegada al gobierno tras las primeras elecciones democráticas celebradas en Rumania de la coalición democrática dirigida por el Partido Comunista, se le nombró Héroe de la clase trabajadora.
Escribió muchos artículos criticando a los gobiernos liberales y profascistas, además de al régimen criminal capitalista, y fue autor de diferentes cuentos donde los protagonistas generalmente eran miembros de la empobrecida y maltratada clase trabajadora o campesina rumana. 

En el siguiente artículo, "Para la liberación de las masas", Sahia responde a otro anterior que había sido publicado en la Revista Flaca en el que se preguntaba a los escritores por qué se escribe. En el artículo Alexandru Sahia habla de la obligación moral del intelectual de luchar contra el fascismo y de apoyar la lucha de los trabajadores por su emancipación de la esclavitud a la que son sometidos por la clase capitalista:

"No escribo, por supuesto, para distraerme. Sería una acción criminal en este caso. Mis escritos son una contribución a los esfuerzos de las masas trabajadoras. Su ideal es mi ideal (...)Los escritores de mi generación tienen que convencerse de que en los momentos actuales no pueden hacer más que arte comprometido y que otro tipo de arte no es posible".

Y es que, como bien sabia Alexandro Sahia, (en este sentido, podríamos considerarle una especie de Bertolt Brecht rumano), la democracia burguesa y el fascismo son dos caras de la misma peste, la barbarie capitalista, y para que la especie humana se libre de esta enfermedad criminal solo hay una medicina: el Socialismo

Para la liberación de las masas,  Alexandru Sahia

Nuestra generación, es decir aquellos que hemos superado los 25 años, ha vivido, y sigue haciéndolo, una epoca verdaderamente trágica. Los años crudos de la infancia se han enganchado uno a otro bajo un signo, el de la guerra, plena de sangre. Muchos de nuestros padres terminaron sus días pudriéndose en los campos, como simples cadáveres coronados de gloria. .. Ahora ni siquiera son eso. Otros regresaron mutilados, ciegos o enloquecidos.

Estos naufragios decorativos, simbolos de aquel mundo, son nuestros familiares, al lado de los cuales dormimos, comemos, deshacemos la existencia momento a momento.

¿No os hace pensar?... Dicen que la guerra se terminó....


Imagini pentru trabajadores rumanos en huelga 1933
Trabajadores rumanos en huelga, 1933, de Vasile Dobrian
Llegaron, sin embargo, después las consecuencias económicas de la guerra, y la forma de dirigir el estado vierte sobre la nación, sobre todas las naciones, como sobre nuestra adolescencia, una nueva epidemia: la crisis.

Desde entonces todos los esfuerzos de las cabezas, así llamadas, "pensantes", para controlar el mecanismo de las leyes económicas se han mostrado, día a día, una y otra vez, simples tentativas. Nuestro sufrimiento ha crecido, rondando sin parar hacia el hambre y la miseria. Los años de instituto, de universidad, son parte de una vida falta del romanticismo de otros tiempos, grandes agujeros en los cuales continuamente hemos divisado su profunda negrura, y el temor de la falta de pan nos ha seguido siempre.

!Han pasado ya veinte años desde la matanza que fue la Primera Guerra Mundial! !Veinte años! ¿Acaso la existencia de las masas, en las cuales nosotros también nos englobamos, ha cambiado algo? Al contrario, todo va a peor. 

De las estadísticas oficiales en 50 estados resulta que en el año 1934 han perdido la vida, debido a una alimentación insuficiente, aproximadamente 2.400.000 hombres. Por otra parte, 1.200.000 se han suicidado por los efectos de la crisis económica. Pero, como culminación de los tiempos trágicos que vivimos, de las estadísticas publicadas resulta que, en el curso del mismo año,  1.000.000 de vagones de trigo, 267.000 vagones de cafe, 258.000.000 kg de azúcar, 26.000.000 kg de arroz y 25.000.000 kg de carne se destruyeron para que no se produjera una caída de los precios. 

El cuadro es espantoso e ilustra de forma clara la evidencia de la inmoralidad de la economia burguesa que nos somete. Se destruyen cantidades enormes de mercancías, producidas por la clase trabajadora a través de indignas formas de explotación, para que, finalmente, muchos de los explotados acaben muertos. Son los imperativos categóricos de las leyes del capitalismo.

Una civilización de milenios se desintegra como si quisiera volver a las formas bárbaras de lucha por la existencia.

De nuevo, la guerra amenaza. Los gobernantes de los estados de hoy no están preocupados nada más que, en primer lugar, de armarse lo máximo posible. El odio racial crece, adquiriendo formato oficial, como en el caso de la Alemania fascista. Mientras tanto, las grandes masas, explotadas salvajemente, sufren, empobreciéndose, alcanzando el desempleo cotas impensables. Falta muy poco para que, otra vez, la mayoria sea empujada hacia una nueva matanza por una interesada minoría. 

Entonces, ¿todavía seguís preguntándome por qué escribo*? No escribo, por supuesto, para distraerme. Sería una acción criminal en este caso. Mis escritos son una contribución a los esfuerzos de las masas trabajadoras. Su ideal es mi ideal.

En el Congreso de Escritores Revolucionarios, celebrado el año pasado en Moscú, Máximo Gorki, en un discurso magistral, afirmó que "Nosotros los escritores estamos comprometidos con una obra mundial y tenemos que ser dignos de formar parte de ella. Hemos entrado en una época de tragedia y debemos aprender a expresar este drama en formas actuales, así como supimos ser la voz de las antiguas".

Un escritor tiene que ser un luchador social. Debe estar estrechamente unido a la situación social en la que vive. El escritor no puede ser extraño a los fenómenos económicos, políticos, que afectan a las masas. La vida de nuestros días busca ser modelada de otra forma, mucho más dura. La época del romanticismo lánguido, del éxtasis místico, está arrodillada y golpeada por otra realidad que busca adelantarnos. Algo más; los escritores de mi generación tienen que convencerse de que en los momentos actuales no pueden hacer más que arte comprometido y que otro tipo de arte no es posible. En esta tendencia política, por supuesto, tiene que introducirse la mayor calidad artística posible, porque sólo así nuestras obras serán visibles.

Los escritores son y seguirán siendo los defensores de la humanidad entera, y de ellos se espera, en primer lugar, iluminar el camino hacia formas de vida en las cuales la explotación no exista, las diferencias de clase sean eliminadas, y el odio entre razas sea extirpado.

Publicado en la Revista Facla, XV, nr. 1.416, 17 de octubre de 1935
* El artículo es una respuesta a otro anterior publicado en la Revista "Facla" titulado "¿Por qué escribís?"

jueves, 10 de noviembre de 2016

Camino a Moscú (La URSS Hoy, Capítulo I, Alexandru Sahia,1934)


Alexandru Sahia nació el 9 de octubre de 1908 en Manastire, en la provincia de Calarasi, y murió en 1937 en la capital rumana, Bucarest. Fue un importante periodista comunista del periodo interbélico, publicando en los principales diarios de la época.

Fue también un activo admirador de la Unión Soviética y militante del Partido Comunista en la clandestinidad, escribiendo el primero de los diarios de viajes al país de los soviets escritos por un rumano, el el describía las increíbles conquistas de la clase trabajadora en aquel país, en 1934: "La URSS Hoy"

Alexandru Sahia moriría con tan solo 29 años a causa de una tuberculosis mal tratada. En 1946, tras la llegada al gobierno tras las primeras elecciones democráticas celebradas en Rumania de la coalición democrática dirigida por el Partido Comunista, se le otorgó el título de "héroe de la clase trabajadora".

A continuación, compartimos la traducción realizada para este blog del primer capítulo del diario del viaje a la Unión Soviética en el año 1934 escrito por Alexandru Sahia,  "La URSS hoy".

LA URSS HOY (Capítulo 1)


CAMINO A MOSCÚ
(Estaciones – Tierra – Hombres).

En la estación de Varsovia caía una lluvia abundante. Era una lluvia turbia de mañana de otoño. Daba la impresión de que debía estar lloviendo en todas las estaciones del mundo.

Apoyé la maleta en una farola del andén y esperé el expreso de Berlín. Junto a mí esperaban otros hombres y mujeres; parecían tener todos cara de tranquilidad, mientras estaban casi todos protegidos bajo paraguas negros. Innumerables veces me pregunté si de verdad ese tren iba hacia Moscú.

Hasta ese momento no había salido apenas de mi país. Solo una vez, hasta Jaffa, pero entonces viajaría en barco, entre marineros, a veces en la cubierta y otras en la sala de máquinas, y no tuve necesidad de cambiar de tren ni de cruzar fronteras. Fueron doce días en el mar, atracando en todos los puertos, regresando en el mismo barco a Constanta, sin ninguna complicación.

Mientras tanto, iban llegando otros trenes, de los cuales descendían hacia la salida de la estación, en huida bárbara, oleadas de hombres.

El expreso de Moscú apareció ruidosamente a través de la cortina de agua, mojado y con las ventanas empañadas. Se detuvo con brusquedad, relajando los muelles y como resoplando por la nariz. El público plurinacional entró aglomeradamente por la puerta, amontonándose con los mozos y los maleteros.

En las estaciones los hombres parecen iguales en cualquier parte del planeta…

Después todo se calmó. En el andén, frente a las ventanas del vagón, se formó una fila de hombres que se despedían de los de dentro bajo los paraguas empapados.

*

Los viajeros con destino Moscú fueron todos agrupados en el mismo vagón. Nos presentamos unos a otros rápidamente. Había cuatro belgas jóvenes, una chica de Argentina, cinco ingleses disfrazados de viajeros de los pies a la cabeza y dos familias alemanas, bastante numerosas, por cierto, que iban en busca de empleo a la Unión Soviética.

En el vagón de los extranjeros, el nuestro, fueron subiendo y bajando también algunos polacos en casi todas las estaciones por las que pasamos.

El paisaje polaco me pareció muy pobre y estéril. Las casas de madera salpicaban las colinas húmedas o se acercaban alineadas hasta el margen de la vía del tren. Las pequeñas estaciones, con jefes serios con capas de plástico, veían pasar fugazmente los trenes veloces. Se quedaban rápidamente atrás, tiritando bajo las gotas frías de la lluvia otoñal. De vez en cuando, los castillos de los latifundistas elevaban sus torres insolentes, confirmando la historia de dominación dictatorial.


*




De la estación de Varsovia partimos a las 10.





A lo largo del pasillo, en una ventana del vagón, con los ojos fijos sobre la campiña, se hallaba una única persona. Los otros viajeros se habían encerrado en sus compartimentos. Se trataba de una señora joven, de silueta fina y delgada, vestida con un abrigo gris, pequeño sombrero estampado con copos de nieve, y guantes de mosquetero. Elizabeth Klewin, que así se llamaba, era pintora, católica y con un gran cariño hacia Polonia. Se dirigía al pueblo, a casa de sus padres, cargada con colores y paletas, para trabajar durante tres semanas. Era una mujer ilustrada y al tanto de la literatura extranjera. Había leído “El bosque de los ahorcados”, de Liviu Rebreanu, sabía que Panait Istrati había traicionado la causa proletaria, y también que en febrero de 1933 tuvo lugar la huelga de Grivita, donde habían sido asesinados muchos trabajadores.





Bajó del tren en una pequeña estación de la campiña polaca, donde la esperaba un joven alto, con botas rojas y gorra. Mientras el tren permanecía en la estación, Elizabeth Klewin subió en una carreta amarilla rural, al lado del joven alto polaco (puede que fuera su hermano).





El tren salió hacia Rusia, hacia adelante, y atrás quedó la carreta amarilla. Elizabeth agitó el brazo como una rama frágil, y después ya no se vio nada más.





*









Mujeres soviéticas, años 30


Permanecí junto a la ventana hasta la frontera. En el cristal estallaban las gotas de lluvia empujadas por el viento. Sobre el campo se extendía una capa gris.





En el pasillo aparecieron dos chavales rubios, con ropa de terciopelo. Uno tenia una pizarrita en la que una mano experta había escrito el alfabeto eslavo. Ellos también miraban por la ventana el campo húmedo y extraño. Sus barbillas, tiernas y blancas, golpeaban ligeramente, con el traqueteo del tren, la parte inferior del cristal. Eran los hijos de la familia alemana que viajaba para buscar trabajo en Rusia. Nos acercábamos a la frontera. Todavía quedaba media hora. A las cinco estaríamos en Niegoroloe, primera estación soviética.





En todos los vagones empezaron a circular oficiales polacos, soldados con carabina al hombro. Miraban atentamente a todas partes y seguían adelante, seguros de sí mismos, golpeándose las botas con las espuelas. En toda Polonia se sentía un aire cuartelero, una presencia de fuerza militar. En las calles de Varsovia te topabas a cada paso con la policía a caballo, la policía en motocicleta, en bicicleta o a pie.





El tren se detuvo en la última estación polaca. Se realizó el control de equipaje y el de visados y pasaportes. La lluvia había parado totalmente. Sobre lo alto del bosque se extendía una banda de un rojo encendido. El verde de la vegetación, con un ligero amarilleo de otoño, con el fondo del atardecer ensangrentado, te sobrecogía como si se estuviera en la frontera entre dos mundos.





¡Qué simbolismo tienen las fronteras! Por ejemplo, la estación polaca era pequeña y blanca como una miniatura. Un soldado polaco, con el arma al hombro, miraba hacia adelante, hacia la tierra soviética. A solo algunos metros se perfilaba la figura del soldado bolchevique, joven también, puede que de unos 21 años. Ambos encontraban sus miradas durante la hora de guardia –aunque la mirada de cada uno se extravíaba, profundizando cuanto mas lejos podía en el territorio de la patria del otro, fuera a lo largo de la vía del tren, a través el denso bosque, o hacia sus alturas. Ante los ojos de ambos guardias se extiendía una pequeña valla de alambre parecida a aquellas que delimitan los arreglos florales: las fronteras.





Así son las fronteras, juegos, simples símbolos. Entre las dos vallas pequeñas se encontraba la zona neutral. El tren salió despacio desde la última estación polaca para pasarnos al otro lado… (estoy seguro que solo con lo que sentía entonces, en el momento del paso de la frontera, podría escribir un libro entero)…





De repente, del lado soviético, sobre la vía del tren se alzó un arco enorme. En su centro colgaba una gran estrella roja con el escudo comunista: la hoz y el martillo. Sobre el frontispicio del arco estaba escrito: “proletarios de todo el mundo, uníos”. El tren nos deslizaba lentamente bajo la cita de Marx.





Donde empezaba el territorio soviético había un pequeño cuartel, probablemente un puesto fronterizo. Los soldados reposaban. ¡Los primeros soldados bolcheviques!... Unos hacían gimnasia en los aparatos, a la izquierda del cuartel; otros cantaban, y el resto bailaba al estilo cosaco. Un inglés espigado, con figura seca, sacando la mitad de su cuerpo por la ventana, miraba con los prismáticos emocionado. Después de que ya no pudo ver más se dirigió hacia nosotros y dijo, colocando los prismáticos en su cadera: “¿Han observado? ¡Todos estaban gordos”!





El tren avanzó un poco más y se detuvo en Niegoreloe. Era una estación moderna y que no tenía nada en común con ninguna otra estación que hubiera visto hasta entonces.





Fuimos invitados a descender sin el equipaje, porque este iba a ser descargado por el personal de la aduana. La sala en que entramos era impresionante, tanto por su tamaño como por su decoración. En las paredes de la izquierda, en dos grandiosos paneles, estaba representado el trabajo de los koljós y de las fábricas. El mapa de la Unión Soviética, de proporciones colosales, ocupaba enteramente la pared del fondo, y alrededor de toda la sala estaban escritas en cinco lenguas diferentes aquellas palabras de Marx: “Proletarios de todo el mundo, uníos”.





Las formalidades fueron rápidas. Por todos los lados se veían jóvenes de hasta 30 años. Resaltaba en todos una cortesía natural, una amabilidad, que te asombraba. Tras el final del control de equipajes, pudimos volver a subir al tren. Todos los vagones tenían camas. En los de segunda y tercera clase había cuatro camas; en la primera clase, solo dos. Mi billete era de tercera clase, por lo que viajaba en el mismo vagón que una de las familias alemanas. Muy pronto, la mujer del alemán empezó a preparar el dormitorio. Mientras tanto, un miembro del personal del tren trajo cuatro colchones, sábanas y almohadas limpias, todas en sacos sellados.





La familia alemana se durmió rápido. Los dos niños rubios estaban vestidos con pijamas azules y acostados en la misma cama. Yo debía dormir en la cama que estaba encima de ellos. Más tarde, cuando entré en el compartimiento, encontré sobre la mesilla, bajo la luz de una lamparilla rosa, la pizarra del niño con el alfabeto eslavo, junto al libro “Urbanismo Soviético”, libro de Koganovich sobre la reorganización socialista de las ciudades de la URSS.





Debía preparar la escalera para subir y hacer ruido. No tenía sueño, así que cubrí a los niños mejor con la manta y salí de nuevo.





El pasillo estaba vació. Solo estaba encendida una bombilla, y las otras se habían apagado. Pegué la frente a la ventana y me protegí los ojos de la luz interior con las manos, para poder ver hacia fuera. El tren corría siguiendo el ritmo de los ruidos uniformes que hacían las ruedas. A causa del tamaño de los vagones tuve la impresión de que debían estar muy cargados. Atravesamos bosques y pasamos por pasos estrechos entre altas colinas. Cuando salíamos a campo abierto la vista se hundía en la noche y la perspectiva se ahogaba en un mar de oscuridad.










Moscú, años 30


A lo largo de la vía se mostraban pequeñas casas en las cuales estaban encendidas minúsculas luces, que desde la ventana del tren, por la velocidad, parecían cuentas de un collar dorado. Por las carreteras que se dirigian a destinos desconocidos, podian verse coches con faros encendidos. Se deslizaban por el terciopelo oscuro como ojos embrujados. Se percibía el peso de la noche y como la oscuridad había penetrado no solo en todos los rincones del tren, sino también en el agua de los rios, en las piedras del campo, en los bosques de Rusia.





Debía de ser tarde; pero estaba decidido a esperar a que la mañana me pillara en la ventana del vagón. Quería ver el amanecer, el primero en las llanuras de Rusia. Muchas veces pasó junto a mí una joven con ropa de piel, boina roja, y un pequeño farol sobre el pecho, como un corazón. Era la jefa del tren.





-¿Por qué no duermes? – me preguntó cuando llegó a mi lado.





-Quiero ver al sol nacer – la respondí.





La chica sonrió y siguió adelante.





Todas las puertas de los compartimentos estaban cerradas. Fuera parecían distinguirse los rastrojos, la gran extensión de matorrales, y la silueta de los árboles a lo largo de la vía. En una estación en la que nos detuvimos pude ver, con la ayuda de la iluminación, los retratos de Lenin, Stalin, Vorosilov, Molotov o Koganovich, dibujados en tela, a veces incluso a tamaño natural. La tela roja de las banderas ondeaba con la brisa del otoño.





Se abrió la puerta de un compartimento. Apareció una cabeza de mujer despeinada, con el cigarro entre los dientes, que me preguntó donde estábamos. No supe que responderla. Habíamos parado en innumerables estaciones pero solo me acordaba de Minsk, la capital de la Rusia blanca.





La cabeza despeinada cerró la puerta de nuevo.





Apareció de nuevo la chica que tenía un farol como corazón. Se puso a mi lado y estuvimos mirando ambos por la ventana del vagón. La luz del farol estorbaba y no podíamos ver apenas un metro más allá de la vía. Entonces, se lo descolgó del pecho. Estuvimos uno junto al otro, hombro con hombro. La mirada de esta muchacha, que no tenía ni 24 años, segúia con ganas el rastro de la tierra soviética, que se extendía sin fin, negra y arada por los tractores. Podía ser que sus ojos hubieran estado así cientos de veces, escondidos tras el cristal, observando los bosques, los blancos campos, las colinas de Rusia. Me dijo, pegando su frente a la ventana:





-Mira, todas las nubes van desapareciendo, no has perdido la noche inútilmente. Vas a ver el amanecer del sol bolchevique- Sonrió, se colgó de nuevo el farol en la ropa, y continuó.





-De hecho, el sol, en esta región, no es tan interesante. En el norte de Siberia, hacia Murmank, el sol está días enteros en el cielo sin que anochezca. Allí se le ve girar describiendo un círculo. Ayer mismo leí en “Pravda” que en una región ártica los paisanos extienden cuerdas desde sus casas hasta la orilla del agua. Esto para que cuando tengan tres meses de noche continua puedan llegar sin equivocarse hasta el agua, agarrándose a la cuerda.





-¿Has ido alguna vez por allí?-, pregunté.





-No. Yo soy del Caúcaso, cerca de Tibilis. Soy de la región del camarada Iosif Visarionovich





-¿Joseph Vissarionovich ? Pregunté yo





-¡Si! Joseph Vissarionovich , ¿No has oído hablar de él?





-¡No!






Los negros ojos de la jefe del tren me miraban con incredulidad.





-¡Cómo!, ¿tu no has escuchado hablar de Joseph Vissarionovich Stalin?





-¡Ah!, del camarada Stalin sí, pero como lo has llamado tu, Vissarionovich , lo oigo ahora por vez primera.





-Vissarionovich es el apellido de su padre, zapatero del Caúcaso, y nosotros los bolcheviques así le llamamos, Joseph Vissarionovich . Las delegaciones de los koljos o de los trabajadores, todo el mundo le dice así al querido y amado Joseph Vissarionovich. Igual al camarada Kalinin, presidente de las repúblicas soviéticas: no nos referimos a él salvo como Mihail Ivanovich, así nos hemos acostumbrado con el tiempo.





El tren paró en una estación más grande y mi acompañante desapareció rápidamente.





Me maravilló esta chica. Libre, con total fe en sí misma, amistosa, ganándose la vida desde joven. Se ganó mi respeto mas sincero.





Al pasillo salió después la muchacha argentina, Luzana del Pió. La jefa de tren volvió y le presenté a la argentina. Estábamos los tres ante el hueco de la ventana. Luzana del Pió miraba con gran curiosidad a la trabajadora soviética. Paseaba sus ojos por su ropa de piel, por la boina roja o sobre el pequeño farol colgado sobre su pecho.





-¿Usted es la cuidadora del tren?-, preguntó la americana en un ruso horrible.





-No, soy la jefe de tren, respondió la chica soviética con claridad-. Luzana del Pió la seguía mirando con curiosidad.





-Así es, aquí las mujeres pueden ocupar cualquier función, si son capaces de ello. Hay camaradas que dirigen fábricas con miles de trabajadores, hay diputadas, presidentes de Koljoj, aviadoras. Nos hemos liberado del todo y somos iguales a los hombres-, aclaró.





Mientras tanto, fuera se entremezclaban el día y la noche. En el horizonte, el cielo parecía romperse, enrojeciéndose. Entramos en un bosque de hayas, con descampados grandes donde se veían montones de madera, ordenados en líneas.





El campo se fue iluminando pausadamente y a lo lejos el sol apareció como la mitad de una rueda de tractor al rojo vivo, hincada en la tierra. Flechas de fuego eran lanzadas desde la espalda del arco en ascuas, desgarrando el cielo. La campiña rusa se mostraba infinita a los pies del sol. Allí donde las cuchillas de los tractores cortaron la hierba con esperanza, la tierra se presentaba como en rebanadas negras, ordenadas una junto a otra.





El sol se movía lentamente sobre la orilla del mundo, donde da la impresión que daba paso al precipicio. Se elevaba poco a poco, completando a cada momento su disco en formación.





En los pueblos más cercanos a la vía del tren se empezaban a ver grupos de niños con mochilas a su espalda, dirigiéndose a la escuela. Un caballo, que seguramente se había escapado de los establos del Koljós, galopaba ágil con las crines iluminadas por los rayos del sol sobre los campos cultivados. De hecho, desde el tren, a grandes líneas, se podía leer un poco la vida en los koljos.





Veíamos hombres con sus botas, vacas en los patios de los campesinos, el maíz amarillo por entre los tablones de los almacenes, espaciados para que los pudiera secar el viento. Algunas iglesias ya no tenían cruces, y en su vértice ondeaba una bandera roja. Era el signo de que la iglesia había sido transformada en un centro cultural, una escuela o en un simple almacén.





En muchos pueblos, sin embargo, las iglesias seguían manteniendo su cruz.





En una de las estaciones encontramos a muchos campesinos y campesinas, a niños con flores en las manos y a grupos de música formados por los koljós, preparados para cantar a la primera señal.





Debía llegar desde Moscú un escritor que, según logré enterarme después, era Solojov.





En los muros de las estaciones estaban colgados diferentes citas de Lenin, Stalin, Molotov, o de otros de los principales líderes bolcheviques. Grandes diagramas mostraban los logros alcanzados en el sector de los transportes en los dos primeros planes quinquenales. La mayoría de las estaciones eran nuevas o estaban en proceso de construcción.





Nos acercábamos a Moscú.





Se veía a lo lejos la difuminada silueta de la ciudad, el humo, las chimeneas de las fábricas y las torres, las incontables torres de las iglesias con cruces de oro, sobre las que se veían ondear las banderas rojas. Largos trenes o simples balancines pasaban a nuestro lado a su máxima velocidad. Nos encontramos con equipos de obreros llevando toda clase de herramientas. Pasamos por debajo de impresionantes puentes suspendidos. Las vías de tren se fueron multiplicando conforme nos acercábamos, convirtiéndose en un gran campo de raíles, a cuyos lados iba apareciendo la ciudad de Moscú.






Moscú, estacíon






Todos los viajeros se agolparon en los pasillos del tren mirando con ganas los primeros edificios de la capital soviética. Los bloques nuevos se alineaban ordenados junto a las casas antiguas, coquetas y verdes, dejando huecos para parques grandes y pequeños, siempre llenos de niños.





La estación de Moscú en la que acabamos el viaje era impresionante. Una multitud inmensa corría por todas partes. Serían las 11.





Al final de la vía, de donde partían todos los trenes, se encontraban los bustos de Lenin y Stalin grabados en la piedra.





En el andén nos esperaban los representantes de Intourist, con sus coches al final de la escalera. El inglés alto y con los prismáticos en la cadera me propuso ir andando. Acepté. Nos quedamos solos en las escaleras de la estación. Hacía un sol cálido de otoño y la animación de la calle nos asustó un poco.





Todo el mundo se apresuraba, iba hacia algún lugar que nosotros desconocíamos. Nos imaginamos que el grupo de obreros iba hacia la fábrica con su mono de trabajo, que la chica en manga corta y con la raqueta en la mano se dirigía a la pista de tenis, las camionetas con niños saldrían hacia el campo o puede que volvieran de la escuela.





Caminamos, no sin emoción, por este hormiguero de gente que corría y corría, a veces en tranvía, otras con autobuses o trolebuses.





Frente a un quiosco de periódicos nos detuvimos.





Ambos con el mismo pensamiento, pedimos “Pravda” e “Izvestia”. Los tomamos, los ojeamos, abrimos todas sus páginas, y al final, después de haberlos doblado con cuidado, los metimos en nuestro bolsillo.





En la primera esquina de la calle nos paramos de nuevo. Se demolía una iglesia. Una iglesia bastante grande, sin interés artístico alguno. Dos torres habían caído ya hasta ese momento, y de la tercera solo había desaparecido el tejado. Un equipo de obreros, subidos en el cuerpo de la iglesia, trabajaba con dedicación. Utilizaban aparatos eléctricos como los que rompen el asfalto de las calles. Trabajaban con provecho; de cuando en cuando se escuchaban gritos cortos de aviso, tras los que caían unos cuantos pedazos de muro, precipitándose hacia el suelo, chocando contra el suelo con gran estruendo.





Era el más novedoso espectáculo que había visto hasta ahora. Los viandantes seguían por su camino, sin interesarse en él. Nosotros permanecimos mirando como únicos espectadores.





El inglés me preguntó que religión profesaba. Tenía el rostro sudoroso y parecía emocionado. Le respondí que, por nacimiento, cristiano-ortodoxo.





-¡Como ellos!-, dijo él





-¿Quiénes?





-¡Los rusos!...





-Como los viejos rusos-, completé yo - porque los nuevos, ¡míreles que hacen!





-Yo soy protestante-, añadió sin que yo le preguntara nada.





Mientras tanto nos fuimos adentrando un poco más en el corazón de Moscú. El amistoso sol de los primeros días de septiembre hacía que brillaran con fuerza las cruces de las torres de oro, sobre las que se alzaban las banderas rojas ondeantes.

miércoles, 5 de octubre de 2016

La balada de los piojos (Sebastian Lascar )

 Sebastian Lascăr , nacido en Bucarest el 14 de octubre de 1908 y fallecido en la misma ciudad el 9 de octubre de 1976,  fue un periodista, poeta, dramaturgo y traductor muy activo desde su juventud en los movimientos obreros y las luchas sociales efervescentes en la Rumanía de entreguerras.

Sus primeras poesias fueron publicadas en la revista Cultura Proletaria (en 1926). En 1937 editaria la
revista El Pinguino, semanal de humor político que sería suspendido, por su ideología comunista, a los pocos números. En 1940 fue obligado a refugiarse en la Unión Soviética ante las amenazas del movimiento legionario, de donde regresó en 1946. Desde entonces, fue redactor de la agencia de noticias Agerpres, director del Teatro Obrero y, más tarde, redactor jefe de la revista La Llama (Flacara).

Uno de sus primeros poemas, en los que dejaba entrever su tendencia al humor como arma política, fue el que da título a esta entrada: la balada de los piojos (Balada Paduchilor), que tradujimos a continuación. Fue publicado en el número de abril de 1927 de Cultura Proletaria y en él personifica a la clase burguesa con los ftirápteros, comúnmente conocidos como piojos (por razones evidentes que todos los trabajadores conocen).

Por supuesto que Sebastian Lascar, a la vez que describe a los parásitos de la burguesía y del capital, llevado por la ola de esperanza que animó a la clase obrera mundial tras la toma del poder de los camaradas soviéticos en 1917,  aconseja a los trabajadores que se desinfecten, tal y como había ocurrido en Rusia, acabando con todos los piojos, única manera eficaz de terminar con la injusticia de que una minoria viva chupando la sangre de la mayoría, es decir, de alcanzar un mundo sin explotación de unos hombres por otros.


LA BALADA DE LOS PIOJOS

Ávaros como las garrapatas de sangre azul;
con sus ventosas te sorben la sangre hasta matarte,
impacientes, arramplan con todo
-si nosotros se lo permitimos
¿qué tienen ellos que perder?-

En el arte de chupar son maestros
mirando por encima del hombro
mientras clavan los colmillos
como si fueran arados;
la pereza les exige ser parásitos,
y ellos, sin esfuerzo, lo son.
Es imposible hacerles cambiar
sus gustos de piojo glotón.

El burgués fue siempre un vago
extraordinario:
-Tú trabaja, que el beneficio sé yo
como roerlo.
Se puede dar fé de lo que dice,
porque de un día para otro
construye fábricas de acero,
mientras, por las noches, 
los burgueses voluptuosos se desmayan
entre muslos y pechos de seda;
aunque cuando se acerca la muerte
necesitan de rezos, cruces y curas.
En el momento supremo intentan transformar
en bien el mal
porque ya no podrán gorronear más.

Aunque hasta el momento en que desaparecen
los piojos tienen tiempo para ordeñarnos;
es verdad que son pequeños, según aparentan:
sin embargo, ya ves, que tienen la boca
(no se sabe bien como) muy grande.
Y si te atreves a rascarte un poco
perturbas su seguridad y su calma.
Entonces, en hordas sobre la piel se agrupan
multiplicando el saqueo de tu sangre.
¡No te rasques más! !Cuidado! Que llamas
a las insaciables liendres codiciosas.

DEDICATORIA:

Camaradas, ¿los soportaremos también mañana, como hoy?
¡Oh, no! Desinfectémonos con alcohol o gasolina,
y entonces, aunque no creamos en milagros,
de los piojos fondones escaparemos para siempre.

(Traducido por José Luis Forneo)

sábado, 11 de octubre de 2014

La resolución del "problema" de los gitanos en la República Popular Rumana

En el siguiente documento, que republicamos en esta entreda, se puede apreciar como el gobierno de la República Popular Rumana, basándose en las experiencias de la Unión Soviética, intentó aplicar las políticas leninistas sobre las nacionalidades, fomentando la igualdad entre todos los pueblos convivientes en Rumanía, y luchando contra la explotación interior en cada uno de ellos, sustentada en la tradición y en el interés de los miembros de su clase explotadora.

El estudio es de principios de los años 50, y se puede leer el original en rumano en las fotografias adjuntas. En él se señalan tanto las medidas tomadas para la  integración del pueblo gitano  y para el fomento de su integración y convivencia con el resto de nacionalidades, enfrentando su tradicional aislamiento y rechazo, y los logros alcanzados por las políticas socialistas, sobre todo en la URSS, en el proceso de culturización y alfabetización, además en el objetivo de hacer formar parte a los trabajadores gitanos del proceso productivo. Por supuesto, también se señalan y remarcan los problemas surgidos en el proceso.

A continuación, traducimos el documento al castellano:





"EL PROBLEMA DE LOS GITANOS EN LA REPÚBLICA POPULAR RUMANA 

El material soviético (un pequeño estudio de la Gran Enciclopedia Soviética, Ed. Moscú, 1934, vol. 60), en relación con la resolución del problema de los gitanos de la U.R.S.S., - único que hemos conseguido encontrar hasta ahora-, nos muestra como tanto la historia como la evolución social de los gitanos desde el último siglo en Rusia es idéntica a la historia y la evolución social de los gitanos en nuestro país.



El número de gitanos nómadas en la URSS, -el estudio soviético se ocupa solamente de este problema-, en base al recensamiento de 1926, se cifra en 61.299. La población con lengua materna gitana de la R.P.R. es de 54.954; este número, indicado por el censo de 1948, que en realidad no comprende toda la población gitana de la R.P.R., puede entenderse como considerable.

Lo que resulta del estudio soviético en relación con la resolución del problema de los gitanos es:

1-El problema de los gitanos en la URSS fue resuelto igual que el del resto de los pueblos soviéticos, en base a la politica de nacionalidades leninista, tanto mediante el aseguramiento de la igualdad de derechos para estos pueblos, como también por el trabajo intenso llevado a cabo por el gobierno sovietico para elevar su  nivel económico y cultural;

2-Las dificultades que encontró el gobierno soviético en la resolución de estos problemas fueron los siguientes:

a)      desconfianza existente en el seno de esta población frente a todo lo que no sea gitano, desconfianza nacida como consecuencia de las persecuciones sufridas secularmente;

b)      la discordia entre los gitanos que ha tenido lugar en cada satra*. Los elementos explotadores en el seno de los propios gitanos: los mas poderosos de ellos (geambasii, tratantes de caballos) que, poseyendo grandes haberes han mantenido en la cruel condena a la pobreza a los gitanos, los dirigentes de las bandas gitanas que han tratado a los músicos gitanos como sus esclavos, sin derechos, y han ganado sumas fabulosas a través de su explotación, estos elementos se han opuesto por todos los medios a las medidas iniciadas por el poder soviético; y, por último,

c)      el sentimiento antigitano, observado en especial entre los campesinos.


Frente a estas dificultades el gobierno soviético ha iniciado:

1.      Unas acciones duraderas de ayuda a estas poblaciones para pasar de la vida nómada a la estable;

2.      Extensión de la enseñanza a los gitanos, elevando su nivel cultural, la preparación de cuadros pedagógicos y de los instructores para las cooperativas industriales.

3.      Una serie de decretos fueron emitidos por el Comité Central Ejecutivo de la Unión, el Comisariado Sovietico del Pueblo y el Comisariado del pueblo para Agricultura, decretos que reglamentaron:

a)      la organización de comisiones para ceder a los gitanos tierra; para el reparto de tierra a  los gitanos y que pasen a tener una vida asentada y trabajadora; con instrucciones especiales referidas a su forma de dotación de la tierra;

b)      la atracción de los gitanos hacia los Koljos, financiación de los koljos gitanos, la organización de cursos para la preparación de sus cuadros;

c)      la atracción y  organización en talleres artesanos, y el aprovisionamiento planificado con materias primas a las semifábricas (industria alimentaria e industria química de los gitanos);

d)     en 1932 se dio un crédito no reembolsable para la organización agrícola, mejora y construcción de viviendas para los gitanos.

El resultado de estas acciones fue el de que cada año más gitanos se encuadraron en la producción, en fábricas y talleres, y muchos de entre ellos llegaron a ser líderes en la producción, se formaron brigadas de gitanos y se cualificaron muchos trabajadores gitanos. Poco a poco, se desarrolló también la vida cultural de los gitanos, se construyeron nuevas escuelas gitanas, guarderías de niños para gitanos, se multiplicó el número de estudiantes gitanos que estudian en las escuelas rusas, y sus  jóvenes fueron atraidos cada vez en mayor proporción a los trabajos técnicos, a las universidades, y a los cursos de formación, de tal modo que la U.R.S.S. tiene hoy miles de alumnos y estudiantes gitanos.



El trabajo llevado a cabo en las filas de este pueblo fue dificultado por el hecho de que en la Unión de los Gitanos de toda la URSS, organizada en 1925, se mantuvieron elementos ajenos a los intereses del proletariado gitano. Esta Unión fue disuelta en 1928, pero también después fue necesaria la lucha de los activistas gitanos contra las acciones de los elementos ajenos que intentaron oponerse a las medidas tomadas por el Gobierno Soviético en favor de los gitanos trabajadores.

El alfabeto gitano fue creado en 1926; la primera revista gitana del mundo apareció en 1927, y en 1930 se convirtió en revista mensual. En 1929 se organizó un grupo de escritores gitanos. Los gitanos de la URSS tuvieron dos teatros propios (en Moscú y en Leningrado).

Lo que es característico y a remarcar para nuestro problema, en lo que se refiere a la organización de los gitanos, es:

En algunos lugares se mantuvieron entre los gitanos restos de la organización tribal, donde el poder del jefe de la tribu se transmitiá de padre a hijo. También se ha mantenido el poder despótico del jefe elegido por el grupo”.

*****

El número de la población con lengua materna gitana de la República Popular Rumana, en base al censo del 25 de enero de 1948, se cifra en 54.954.

La cifra anterior se reparte por zonas según sigue:

R.P.R.: 54.954
Urbana 7.529
Rural: 47.425

Dobrogea: 387
Urbana: 38
Rural: 349

Oltenia: 1.820
Urbana: 472
Rural: 1.348

Moldova: 2.350
Urbana: 493
Rural: 1.857

Muntenia: 8.869
Urbana. 3.095
Rural: 5.774

Transilvania: 41.528 (**)
Rural: 24.031

Banat: 8.006
Urbano: 656
Rural: 7.350

Crisana-Maramures: 6.948
Urbano: 232
Rural: 6.716




Estas cifras no comprenden más que a la población gitana que declaró que su lengua materna es la lengua gitana. Hay también gitanos que hablan lengua rumana o lengua húngara y que han declarado alguna de estas lenguas como materna, entre los cuales muchos de ellos ni siquiera saben la lengua gitana.

Una investigación sistemática del problema gitano no se ha podido iniciar hasta el presente.

Los datos que poseemos en relación con la población gitana no presentan suficientes garantías para profundizar en este problema. Antes y después de la disolución de la Union de los Gitanos (Union Romilor), tuvimos una discusión con Anghel Laurentiu, que vino en diferentes ocasiones a nuestro departamento, presentándose junto a otros representantes de esta población, aunque ninguno de ellos (aunque hubo entre ellos personas mas dignas de confianza que Anghel) no pudieron clarificar los aspectos que nos interesaban: su situación numérica real, su estructura profesional, etc... En lo referente al objetivo que perseguían estos representantes de la población gitana, podriamos resumirlo en el deseo de sustituir la vieja organización, pero no con elementos obreros, sino con elementos que deseaban aprovecharse de las libertades otorgadas a los nacionalidades convivientes con intereses personales. Hemos interrumpido estas negociaciones.

Con ocasión del desplazamiento sobre el terreno en relación a los problemas de otras nacionalidades convivientes (en Montenia y Dobrogea), se recogieron algunos datos que nos muestran que:


1-En algunas regiones, los gitanos llevan una vida estable, son campesinos trabajadores (jornaleros), trabajadores de fábricas, artesanos y músicos.

2-Junto a los gitanos estables que viven comunmente en barrios separados, en los márgenes de las ciudades, en las comunas o pueblos, también hay, en todas las regiones, gitanos nómadas, de los cuales diferenciamos:

1.      Los gitanos nómadas que recorren los pueblos y las comunas viviendo bajo carpas temporales, permaneciendo entre 2-3 dias en un lugar;

2.      Los gitanos nómadas que parten de un lugar concreto, donde desarrollan actividades (fabrican objetos de madera: barreños, cucharas, perchas) durante una semana, y durante 3 semanas recorren con los carros localidades para valorificar sus productos, y que en la mayoria de las ocasiones no los venden por dinero sino a cambio de, por ejemplo, ropa vieja, para después volver a su lugar de origen (p.ej., en la provincia de Constanta).

3.      Los gitanos en general son hostiles a cualquier tipo de organización gitana. Como consecuencia de su sufrimiento en el pasado cercano (persecuciones en tiempo del Mariscal Antonescu) y del sentimiento antigitano, ellos prefieren no ser considerados gitanos (algo confirmado en diversas ocasiones por Anghel Laurentiu, Muresan, y otros).

4.      Como consecuencia de la política nacional leninista, llevada a cabo por el P.M.R., (Partido de los Trabajadores Rumanos), en algunas localidades se consiguió integrar a los gitanos en la producción (provincia de Buzau, Ialomita, Constanta, en Transilvania), su alfabetización, su integración en sindicatos (Sindicato de Artistas Instrumentistas en Campina, por ejemplo), y hacerles participar en las actividades de los Centros Culturales...

5.      También en la filas de los gitanos de la R.P.R. sobreviven viejas constumbres, que son restos de la tradicional organización tribal, caracterizada por el poder despótico del jefe de tribu elegido por el grupo. La ejemplificación de este hecho la encontramos representada en la novela de Zaharia Stancu „Descult” (Descalzo), en la siguiente frase: „Bulibasa es el jefe del grupo y el boyardo ni mira a los gitanos, ni les escupe en la cabeza siquiera. El boyardo habla con Bulibasa, llega a un acuerdo con respecto a los gitanos... Él le paga a Bulibasa de diez partes, ocho, y las dos restantes son para los gitanos que trabajan”.


En los alrededores de las explotaciones agrícolas del estado, antiguas pertenencias reales de Segarcea y Sadova (provincia de Dolj), viven gitanos en chabolas. En el año 1948 se transformaron estas antiguas pertenencias reales en Explotaciones Agrícolas, y los gitanos fueron llamados a trabajar como jornaleros. Los gitanos al principio no querían aceptar, y las negociaciones individuales no tuvieron ningún resultado. Los „vatafii” (forma en que son llamados los jefes gitanos en la zona) maniobraron para que las negociaciones fracasaran.  Retomándose las conversaciones con los vatafii, los gitanos al final se presentaron al trabajo. Pero los „vatafii” siguieron aplicando el mismo sistema, y los gitanos de su grupo trabajaban para él. Los intentos de convencerlos llevados a cabo por los dirigentes de la Explotación o por los campesinos trabajadores no llevaron a ningún resultado, y no se logró convencer a los gitanos de que no trabajaran para los  „Vatafii”.

Las conclusiones que podemos sacar de estos pocos elementos conocidos, con ayuda del ejemplo soviético, para nuestro trabajo en el futuro sobre este problema, son las siguientes:

            1-El problema gitano es, en primer lugar, un problema social;

2-Los gitanos integrados en el trabajo, que hablan la lengua de la población entre la que viven, y que envian a sus hijos a la escuela, habiendo decidido pasar por un proceso de asimilación, no constituyen una preocupación mas que en lo que se refiere a la elevación de su nivel cultural (alfabetización, educación e higiene, asistencia social), además de la lucha contra el nacionalismo burgues que, mediante el mantenimiento de sus viejos prejuicios, impide el proceso de acercamiento entre esta población y las otras nacionalidades convivientes;

3-Debe ser investigada la situación de los gitanos convertidos en propietarios por la reforma agraria (cerca de 20.000 gitanos recibieron tierras en las provincias donde conviven con otras nacionalidades, como se ve en la lista anexa).

4-Con ocasión de su desplazamiento en el terreno, se debe investigar la situación de los gitanos y debe ser llevada a cabo una estadistica de los gitanos no integrados en la vida laboral, de los gitanos nómadas en general.

5-El problema principal lo constituye el problema de los gitanos nómadas, „cortari” (que viven en carpas temporales), seminómadas, su liberación de la influencia de los jefes de grupo, para lo que se va a necesitar aplicar una serie de medidas como las que indica el ejemplo soviético.




Gitanos que han recibido tierra:


Provincia                   Número                     Hectareas recibidas
Constanta                   24                               7,50
Tulcea                         -                                  -
Alba                            -                                  -
Brasov                        185                             431,0
Bacau                         172                             94,96
Somes                         245                             195,0
Nasaud                       1.141                          2.329,0
Tarnava Mare             3.765                          1.495,0
Tarnava Mica              1.097                          2.099,93
Ciuc                            -                                  -
Cluj                             772                             560,19
Fagaras                       768                             2.763,0
Mures                         1.210                          1.022,0
Odorhei                      -                                  -
Satu Mare                   463                             312,96
Salaj                            355                             218,46
Trei Scaune                 93                               45,78
Turda                          411                             430,32
Sibiu                            800                             1.928,88
Caras                          28                               66,0
Huneadoara                214                             147,41
Lugoj                          120                             66,56
Timis Torontal            1.533                          6.454,61
Arad                           568                             1.258,56
Bihor                          234                             183,26
Maramures                  22                               17,28
Dolj                            644                             819,00
Gorj                            -                                  -
Braila                          337                             337,0
Ilfov                           3.559                          2.612,67
Teleorman                   547                             361,20
Baia                            2                                 1,75
Campulung                 15                               3,06
Bucovina       
Radauti                       140                             110,0
Suceava                      95                               60,0
           
            TOTAL                      19.559                        35.496,34

(*) Palabra rumana que designa al grupo de tiendas donde acampan los gitanos nómadas
(**)a suma en el original es errónea. En realidad es 26.574)
Urbana: 2.543
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