miércoles, 12 de marzo de 2014

El orgullo del proletario (Cristian Sarbu, el poeta zapatero)

"Estoy orgulloso de no tener mas que miradas desdeñosas hacia los parásitos del pueblo"


Cristian Sarbu, y su dedicatoria a Ludovic Dus en un
ejemplar de su "Tablouri si Cantece din calatoria mea" de 1938
Cristian Sârbu nació un 14 de mayo de 1897 en Bueşti, en la provincia de Ialomiţa, en el sur de Rumania, en una familia de campesinos. A pesar de comenzar la escuela en su pueblo, pronto marcha para encontrar trabajo a Bucarest, donde se convierte en zapatero, que será su profesion hasta 1950, cuando pasa a trabajar como redactor de la Revista "Viata Romaneasca" (La vida rumana).

Afortundamente para los obreros de la época, existian los círculos socialistas, donde los que no disponían de dinero y tiempo para seguir sus estudios oficiales, reservados a la élite, podian formarse y acceder al mundo de la cultura. Durante su servicio militar es destinado a la marina, por lo que tiene la oportunidad de viajar por el Mar Negro y el Mediterrano, visitando Turquia y Grecia.

Publicará en diversos diarios y revistas ya desde 1924, y en 1935 editará su primer libro de poemas, "Pasi spre lumina" (Pasos hacia la luz), despues de lo cual pasará a formar parte del grupo poético Adonis. Tras la proclamación de la República Popular Rumana en 1948 será redactor de la revista "Viata Romaneasca", hasta su muerte en 1964.

Sarbu fue siempre obrero antes que poeta, por lo que sus versos fueron siempre armas contra la desigualdad y la explotación. Desde muy joven había desarrollado su actividad política y literaria en las filas del Partido Comunista, tanto en la clandestinidad como tras el triunfo de la democracia popular tras la Segunda Guerra Mundial.

Por lo tanto en sus poemas, además de sus sentimientos, tienen gran importancia su sensibilidad social y politica. En toda su obra tiene gran presencia el mundo rural del que proviene, el Baragán que hizo ya famoso el escritor Panait Istrati, donde los campesinos eran prácticamente esclavos de los parásitos boyardos rumanos, pero también los suburbios bucarestinos, en los cuales, como obrero, se mueve en la capital.

Nunca fue un poeta muy loado por los medios, aunque frecuentó la compañia de destacados miembros de los circulos literarios de entreguerras, como Ludovico Daus o Tudor Arghezi, que dijo de él que "se trata de un verdadero talento".

Como se aprecia en el titulo de esta entrada, fue conocido como "el poeta zapatero" (poet cismar), que fue la profesión que compatibilizó con su vida de escritor. En su volumen de poemas "Tablouri si cantece din calatoria mea" (Retratos y cantos de mis viajes), publicado en 1938 por la editorial Adonis, publica uno de sus poemas mas representativos, "El orgullo del proletario", junto con otros que traducimos aquí para ofrecer una muestra de la poesia social del poeta obrero, Cristian Sarbu:

El ORGULLO DEL PROLETARIO

Estoy orgulloso de llamarme proletario.
Estoy orgulloso de vivir del trabajo de mis manos.
Estoy orgulloso de mantener mi frente en alto
tal que la rebeldia de mis antepesados ante la esclavitud.

Estoy orgulloso de formar parte
de lo que llaman muchedumbre,
de los honestos y de los descalzos.

Estoy orgulloso de tener esperanza
codo a codo con los obreros de las fábricas
en hermandad con el pueblo hacia tiempos mejores.

Estoy orgulloso
de llevar conmigo tesoros de luz.
Estoy orgulloso de no tener mas que miradas desdeñosas
hacia los parásitos del pueblo,  los que se llaman boyardos,
que no hacen más que vivir
sobre la espalda de los trabajadores,.
Estoy orgulloso de sus dolores.

Los míos, los robots,
han alzado ciudades hacia el cielo,
han puesto trenes en movimiento por el continente
han construido barcos
Y estoy orgulloso de su nobleza creadora.

Estoy orgulloso de tener que llevar cada primavera
flores a las tumbas de los indómitos
Estoy orgulloso de poner en mis poemas
aromas de eternidades y de estrellas.

Estoy orgulloso del destino que me espera
ante los obstaculos de la historia
en el cambio de rumbo que se percibe
Estoy orgulloso de mi fuerza.


CANTO DE PRIMAVERA

!Proletario!
Canto nuestro amor por la luz
¿tu no te levantas?
¿te quedas también hoy cerca de la fábrica?
Es fiesta

!Ah, este momento es tan sagrado!
Las grullas vuelan por el cielo alegres
despertando de nuevo a mis penas
porque la noción de la salvación de la oscuridad
no se ha sentado aún en la mesa de mi hogar.

¿Por qué no vienes
con la llegada de la primavera a las llanuras?
Despejado, el cielo nos espera en el horizonte
con gorriones de viento rosado
con nubes sin timón ni mastil
y con su orquesta de alondras.

Por siglos hemos vivido entre lagrimas y barro
Y la vida no sería tan difícil
si pudieramos echar de nuestro lado
con la luz de la razon al imperio de la noche
y al pensamiento que nos hunde en la humillación

Expulsa de tu interior, hermano, a la noche
a los ensordecedores ruidos de motores
y rompe los límites a tu alrededor, que te atraviese
la blanca sonrisa de los árboles en flor.

Levanta el estandarte de tu pensamiento
para que dios mismo entienda
que la historia ha dado a luz en las fábricas
en cada esclavo a un Prometeo.
¿Por qué no vienes
con el ritmo de los tiempos a los campos?




EL SIGNO DE LOS TIEMPOS

Fábricas de guerra
preparan en secreto batallas entre los pueblos
Preparan
la lucha entre la luz y la oscuridad.

En las cabezas desiertas ya no quedan recuerdos del paraiso
en los que poder reposar los ojos cansados.
Mandan los dioses de la guerra.
En la cruz de la conciencia yace Jesús crucificado.
Los caminos hacia los cementerios son más cada vez.
Los pájaros cantan en el cielo, pero, ¿quién los escucha?
La locomotora de la historia grita histérica sobre las vias del tiempo.
Las ideas se quiebran bajo la atroz ventisca.
Mira: se alquila a cualquier hombre atrevido un lugar en el Olimpo,
para toda la eternidad.

¿Quien pude seguir yendo cada semana
por los jardines del alma como si fuera domingo?
Los tanques esperan tensos en las fronteras.
La noche crece de entre las malas hierbas, se acerca la tormenta.
Pronto detrás de las montañas del horizonte saldrá la luna
con el rostro bañado en sangre.
Los chacales gruñen, y el corazón se acogota.


Los poemas y fotografias de esta entrada son del ejemplar número 8 de los 10 publicados por la editorial Adonis del libro "Tablouri si Cantece din calatoria mea", de Cristian Sarbu, enero de 1938.

domingo, 9 de marzo de 2014

Bajo el cielo de España: Capítulo V (4ª Parte). Sobre la participación rumana en las Brigadas Internacionales

Continuamos con la publicación de la traducción del libro del comunista rumano Walter Roman, en el que cuenta sus vivencias de su participación en la Guerra Civil Española en las filas de las Brigadas Internacionales.

Se puede acceder a las partes anteriores en los siguientes enlaces:

COLECTIVO VALAKIA ROJA (VKR)

 ***

El día 16 de febrero, los fascistas desencadenaron el ataque por la mañana temprano mediante un terrible fuego de artillería. Sobre las líneas republicanas cayeron cientos de proyectiles. Estaba claro que el intenso cañoneo de la artillería fascista constituía el inicio de un nuevo ataque masivo.

El comandante de la XI brigada decidió instalar el puesto de mando del batallón en la primera línea de las tropas republicanas. Se trataba de una medida infrecuente, por lo general, puesto que el peligro de que la batería quedara sin dirección o, como se decía por entonces, quedara ciega, aumentaba considerablemente. No obstante, teniendo en cuenta la gravedad de la situación, se procedió de esa manera. Los observadores y los mandos de las baterías se instalaron en primera línea. Se abrió fuego intenso sobre las baterías enemigas con el objetivo de localizarlas y destruirlas. Para reducir la intensidad del ataque del enemigo, se extendió a toda la artillería republicana la orden de situar el mando artillero en la primera línea.
Brigadistas del Batallón Thaelmann

La mañana del día 16 de febrero se caracterizó por un intenso duelo de artillería a lo largo del frente, en el que el batallón rumano dio todo de sí. Animando a sus camaradas al grito de “¡Venguemos a nuestros muertos de Grivița!” (era 16 de febrero, aniversario de la lucha de los ferroviarios de 1933), Nicolae Cristea no dejó de disparar durante horas contra las líneas enemigas.

Tanto de las observaciones propias de los artilleros como de las de los soldados de los batallones “Edgar André” y “Thälmann” se tuvo constancia de que las baterías del batallón rumano habían provocado pérdidas considerables al enemigo.

También en los días que siguieron, cuando los combates no tenían ya la misma intensidad, se mantuvo el grupo rumano en su puesto.

La participación del batallón rumano en la batalla del Jarama, batalla en que los soldados y oficiales de la primera unidad rumana no escatimaron esfuerzos, en que muchos ofrendaron su sangre, su vida, fue ponderada de manera considerable. En la orden del día del sector, dada el 26 de febrero de 1937, publicada en La Reconquista de 20 de octubre de 1938, se podía leer entre otras cosas: “El grupo rumano de artillería destruyó una batería enemiga, voló un depósito de municiones y provocó pérdidas en las posiciones enemigas, además de destruir nidos de ametralladoras, rampas de lanzamiento y cinco tanques, y de rechazar un poderoso ataque fascista mediante un bombardeo de precisión justo por delante de nuestras líneas”[1].    

El batallón rumano de artillería había recibido su bautizo de fuego.

Los artilleros rumanos estuvieron a la altura de la misión que se les había encomendado. Todos los soldados que tomaron parte en la batalla del frente del Jarama tuvieron noticia de la actuación del batallón, primera manifestación de su participación en la guerra de España.

***

Pero además de los voluntarios rumanos del grupo de artillería, también participaron en la batalla del Jarama otros voluntarios de nuestro país, encuadrados en diferentes unidades internacionales. Su comportamiento en el transcurso de los combates es igualmente digno de mención.
   
Tal como hemos indicado, en el seno de la XV brigada, en especial en el batallón “Dimitrov”, lucharon numerosos voluntarios rumanos llegados a España a finales del año 1936: Ioan Cristof, obrero metalúrgico de la Factorías Malaxa, Pavel Cristescu y otros entre los que se encontraban algunos llegados de América del Sur. Una vez integrados en la brigada de la que formaban parte, recibieron también ellos su bautizo de fuego en el frente del Jarama. La XV brigada ocupó una posición en un sector del frente de considerable importancia, perpendicular a la carretera que conducía de Morata de Tajuña a San Martín de la Vega. Por la izquierda estaba en contacto con las divisiones dirigidas por Líster y por la derecha con la XI brigada internacional.

Con la instrucción aún sin terminar, el batallón “Dimitrov” recibió en la noche del 6 al 7 de febrero la orden de montar en camiones y partir de las cercanías de Albacete, donde se encontraba, con dirección al frente del Jarama. La unidad se dirigió al pueblo de Morata de Tajuña, donde, prácticamente, el frente ya no existía, con la misión de cerrar la brecha que se había producido en aquel punto.

Un bosque interminable de olivos cubría la región. Entre los troncos de los árboles los hombres cavaban trincheras tratando de utilizar el más mínimo pliegue del terreno para defenderse de la artillería enemiga, que, desde posiciones favorables, disparaba sin descanso, durante horas, sin dejar un palmo de tierra sin batir, segando vidas tanto en las primeras líneas como en la retaguardia del frente. Allí cayó el primer día de combate, entre los rumanos, el voluntario Ioan Cristof, de 33 años de edad.

Ante los ataques de la artillería, los tanques, la infantería o la aviación enemigos, los luchadores de la XV brigada resistieron con denuedo y en el momento oportuno contraatacaron valientemente. Los actos de heroísmo, de sacrificio, realizados por los luchadores de la XV brigada provocaron la admiración de todo el mundo. El grupo de rumanos del batallón “Dimitrov” se sumó como uno más al entusiasmo general por la valentía y la tenacidad con que luchó. Estas cualidades se manifestaron en especial en las situaciones difíciles, extremadamente difíciles, a que hubieron de hacer frente en numerosas ocasiones en el curso de los combates los luchadores de la XV brigada.

En la XV brigada luchó también el estudiante rumano Emil Șneiberg, uno de los primeros voluntarios llegados a España desde Rumanía. Incorporado con el grado de sargento a las filas del ejército republicano español, se destacó al poco por su excepcional valentía. Cuando, en el transcurso de uno de los más duros combates del frente del Jarama cayó muerto el comandante del batallón “6 de febrero”, Șneiberg tomó el mando de la unidad. El día 22 de febrero, mientras dirigía un ataque del batallón, cayó, a su vez, muerto por una bala enemiga a los 24 años de edad.

También en la XV brigada, en el batallón “Lincoln”, lucharon y cayeron heroicamente dos voluntarios rumanos llegados de los Estados Unidos de América, consecuentes luchadores progresistas: Ștefan Cojereanu y Avram Avram, trabajadores ambos de la zona de Transilvania que se fueron de Rumanía unos 15 ó 20 años antes como emigrantes.

Entre los rumanos que lucharon en el batallón “Edgar André” de la XI brigada se encontraba también el minero Ilie Stoica, que había llegado a la España republicana desde Brasil, adonde le había llevado años atrás la lucha por un mendrugo de pan. Hombre de unos 46 ó 48 años, no vaciló en dejar a su mujer y sus hijos para irse a luchar contra el fascismo con las armas en la mano. En el seno del batallón, Stoica trataba con el cariño de un padre a sus compatriotas, en su mayoría hombres mucho más jóvenes.

Cierto día, uno de los jóvenes voluntarios rumanos fue enviado a una misión complicada de exploración y Stoica pidió permiso para acompañarle. Le preocupaba que al “potro” le pasara algo. De regreso a la unidad, una bala fascista atravesó el corazón del minero rumano. Y aquel hombre como un castillo se desplomó sin decir palabra. En el bolsillo del pecho su compatriota encontró una fotografía de su familia –su mujer, tres hijas y un muchacho-  y una carta por enviar dirigida a su mujer. De aquellas pocas líneas, escritas con la mano inhábil del hombre hecho al pico y no a la pluma, emanaba la férrea convicción del luchador antifascista rumano de que combatiendo en defensa de la República española luchaba por la libertad de su patria. “No te enojes conmigo por haberme ido –escribía Stoica a su mujer-, pero sentí que no podía hacer otra cosa. Una vez hayamos acabado aquí con el enemigo, las cosas cambiarán también en nuestro país y entonces podremos volver también nosotros a la casa de nuestros padres…”

En las cuatro brigadas internacionales que participaron junto a las unidades españolas en los duros combates del frente del Jarama contra los fascistas había voluntarios rumanos. El comandante de la compañía balcánica del batallón “Dombrovski”, de la XII brigada, era Nicolae Olaru. En esa misma compañía participó en los combates y cayó herido Mihai Burcă, uno de los pocos supervivientes de Montoro.

Desde el frente del Jarama, el ferroviario Burcă escribía a sus camaradas en Rumanía: “Estamos en el fuego del infierno. La muerte nos acecha a todos. Pero ninguno piensa en ella. Somos los enviados del movimiento revolucionario de Rumanía y a él queremos honrar. Queremos ser dignos de él. Os enviamos un saludo a los trabajadores ferroviarios. Que sepáis, camaradas, que no nos temblará el pulso ni un instante.”

En el frente del Jarama también lucharon numerosos rumanos en las baterías adscritas a la XII brigada o en el seno de otras unidades. En grupos pequeños o en formaciones más numerosas, los voluntarios rumanos que lucharon en el Jarama aportaron su grano de arena a la gran victoria conseguida por las tropas republicanas, ganándose gracias a su actitud la simpatía y el respeto de los demás combatientes por el pueblo que representaban.          

COMO “ME HICE” JINETE   

Ocurrió en los intensos días de la batalla del Jarama.

Me encontraba en el puesto de mando de la XI brigada internacional, a cuyo frente se encontraba Hans, cuando las tropas franquistas, junto con las marroquíes, desencadenaron un ataque furibundo contra nuestras posiciones. El ataque estuvo acompañado de un fuego intenso de artillería y de un bombardeo aéreo corto pero masivo.

El ataque fue tan brutal que nuestras tropas, ya diezmadas y desfallecidas a causa de los continuos combates que se sucedían desde hacía varios días con sus noches, no resistieron al principio.

Hans y Ludwig Renn eran de la opinión de que nuestra artillería, es decir, el grupo “Ana Pauker”, debía intervenir de inmediato en apoyo de la infantería (de los batallones “Thälmann”, “Edgar André” y “Comuna de París”, que componían la brigada). En ese sentido recibí una orden precisa.

Artilleros rumanos en el Frente del Jarama (1937). En el centro, Nicolae Cristea
Tras consultar a toda prisa los mapas militares y al objeto de entrar en acción lo antes posible, mi intención era transmitir las órdenes correspondientes por teléfono, directamente a nuestras baterías. Constaté, sin embargo, con gran consternación, que las comunicaciones telefónicas con las baterías estaban cortadas. Los fascistas habían conseguido destruir nuestra red de transmisiones. En la misma situación catastrófica se encontraban también las comunicaciones telefónicas con los puestos de observación de las baterías, desde donde, normalmente, se dirigía el fuego.

Informé de la situación y le solicité a Hans un medio de transporte rápido (coche o moto) para poderme dirigir de inmediato bien a las baterías, bien a los puntos de observación que, en ese momento, se encontraban en primera línea.

-Mira –me dijo Hans-, no tengo ningún medio de transporte. Todos han sido movilizados para enviar órdenes a los batallones. Sólo me ha quedado el caballo. Tómalo y vete rápido para llegar a tiempo.

Cuál no sería mi sorpresa ante esas palabras. Hans no podía sospechar que su comandante de artillería no supiera montar a caballo. Ni en la infancia ni más tarde tuve ocasión de aprender a montar, aunque me atraía mucho. Una vez me hube incorporado al movimiento, al partido, ya no pude pensar en cosas así. La ilegalidad, la cárcel, la emigración no crean condiciones favorables para semejantes ocupaciones. Pero, cómo iba a decirle a Hans que no tenía la menor idea de montar, que no había montado a caballo en mi vida. El momento no era en modo alguno el oportuno para confidencias de ese tipo.  

-Bien –respondí tras un momento de vacilación-. Voy con tu caballo.

Lo que siguió es difícil de imaginar.

Después de que el ayudante de campo del coronel Hans Kahle me ayudase a montar y una vez me vi sentado en la silla, me pareció que todo estaba en orden y tuve la agradable sensación de que, en apariencia, cabalgar no era en absoluto complicado.

El caballo echó a andar tranquilo y me sentí bien. Comenzaba a tener la impresión de que sabía cabalgar, de que montar a caballo no debía de tener mucha ciencia. Poco faltó para que me tuviera por un buen jinete, aunque no excelente.

Algo después el caballo se lanzó al galope. El sentimiento de júbilo y de seguridad comenzó, poco a poco, a desaparecer. Miraba a mi alrededor y a lo lejos, tratando de ver si quedaba mucho trecho para llegar hasta el observador.

De repente, el fuego de la artillería enemiga se aproximó a la zona en que me encontraba. Se habían abierto las puertas del infierno. Mi caballo, que hasta entonces había dado muestras de una calma que me tranquilizaba, salió disparado. No lo podía controlar. Y para mayor desgracia, además, tomó una dirección que no me convenía en absoluto: hacia las líneas fascistas.

Todos mis esfuerzos resultaban infructuosos. El caballo no obedecía lo más mínimo. Al revés. Cada vez estaba más nervioso y desbocado. Y era comprensible. Los proyectiles enemigos explotaban a nuestro lado. El caballo continuaba su alocada huida hacia las líneas enemigas.

Se apoderó de mí una intranquilidad rayana en el pánico. Mis intentos desesperados por detener el caballo no daban resultado alguno. Me veía ya en el campamento enemigo y sabía muy bien lo que me esperaba allí.

Haciendo memoria de aquel episodio me resulta difícil reproducir exactamente lo que pasó –en especial, por mi cabeza-, aunque, diría, que ocurrió así: me acordé de una narración de Karl May en que describía una escena de un caballo resabiado, cuyo jinete, peligrando su vida, pretendía detener su carrera enloquecida. El procedimiento para conseguirlo consistía en sujetar fuertemente al caballo por el cuello y tirar de él hacia uno. De esa manera el caballo se paraba. Así decía el cuento del escritor alemán. Y así lo intenté yo también. Pero el caballo se ve que no conocía el cuento de Karl May. El éxito de la operación, como se suele decir, era cosa de dos. En balde fueron mis esfuerzos, tanto más enérgicos cuanto más desesperados.

Hasta que, finalmente, el caballo, enfadado probablemente, “resolvió” solo el problema. De buenas a primeras, se levantó de manos, irguiéndose de repente como para librarse de ese modo de mis “caricias”, y un instante después, rápido como un rayo, cambió la suerte y soltó una coz de sopetón, lanzándome a considerable distancia.   

La trayectoria que dibujó mi cuerpo, no me duele reconocerlo a día hoy, fue elegante, airosa, y el “aterrizaje” absolutamente espectacular. A punto estuve de romperme todos los huesos. Un espectador objetivo podría haberse hecho una idea bastante buena de mis aptitudes de trapecista.

Una vez libre de mí, el caballo continuó su carrera a una velocidad mayor si cabe, rebasó nuestras líneas y se dirigió justo hacia las posiciones fascistas. 

Lo sentí por el caballo; y lo sentí, en especial, por mí, aunque estaba contento de haber salido con bien, finalmente, del lío en que me había metido por la presión de las circunstancias. Seguía dentro de nuestras líneas. Así me hice jinete.

Durante mucho tiempo no dejé escapar una palabra sobre este suceso quijotesco. No porque tuviera vergüenza, que, naturalmente la tenía, sino porque Hans no me preguntó ni por el resultado de mi misión ni por la suerte del caballo (probablemente se había enterado de algo y para no apurarme prefirió hacer la vista gorda) y yo decidí guardar silencio.    

En cualquier caso, la “experiencia” del Jarama me resultó más tarde de gran utilidad en la vida.


ENCUENTRO CON ERNEST HEMINGWAY

Los últimos días de febrero y el comienzo de marzo hubo calma en el frente del Jarama. Sabíamos, a ciencia cierta, que no duraría mucho. Era evidente que el enemigo, que no había conseguido alcanzar sus objetivos, se preparaba para atacar de nuevo. Pero, tras aquellos días de tensión que habíamos pasado, un descanso, por breve que fuera, era bienvenido.

Uno de aquellos días, aprovechando que debía ir al estado mayor de la XI brigada, me pasé a ver a Ludwig Renn. En los pocos meses que llevaba en España habíamos hecho buenas migas. Delgado en extremo, Renn atraía por su viveza, su dinamismo y su fina inteligencia. Sentía gran estima y afecto por el escritor y por el curtido luchador antifascista. Con frecuencia, en los momentos más distendidos, hablaba de acontecimientos presentes y pasados, de su participación en la primera Guerra Mundial, charlábamos sobre los libros que había escrito (le dije que había leído en mis años de estudiante “Guerra” y “Posguerra”, lo que le produjo un vivo placer), de sus proyectos literarios.

Aquel día, me recibió más afectuosamente que nunca:

-¿Quieres venir conmigo mañana a Madrid? –me preguntó.

-Sí, claro; ¿ha pasado algo?

-Pensé que quizá te interesaría conocer a Hemingway. Está en Madrid. Le vi hace unos pocos días en el estado mayor de Máté Zalka y le prometí visitarlo. Si quieres, vente conmigo.

Se lo agradecí, asegurándole que me producía una gran alegría. Renn sabía de hecho cuánto me gustaba Hemingway. Lo apreciaba por la fuerza y autenticidad que se desprenden de su obra, admiraba su estilo directo, sus diálogos espontáneos, de una sorprendente naturalidad. Aunque no había cumplido los 40 y no había dado todavía toda la medida de su talento, Hemingway había conquistado ya por entonces gran fama mundial con su novela “Adiós a las armas” y otros escritos. Por uno de ellos, “Fiesta”, conocimos, por primera vez, una España especial –por la que el escritor manifestó siempre un interés fuera de lo común-, la España de las corridas y de los toreros. Poco antes de ir a España, estando en París, había leído otra narración de Hemingway sobre toros. Se describía en ella, con pluma de experto en la materia, la maestría de algunos toreros famosos: Belmonte, Manolo, Romero y otros. Hasta a los españoles, apasionados de las corridas, les parecían sorprendentes sus conocimientos de tauromaquia. A pesar del tema específico de la narración, emanaba de ella un enorme amor por el pueblo español, por su dignidad y valentía. Sabía que Hemingway no era marxista, pero lo cierto es que había venido en España a la zona republicana y no a la otra. Había reunido dinero, mucho dinero, para los republicanos, escribía a su favor, lo que demostraba que había hecho una elección. Todo ello me hacía apreciarlo aún más.

De todas estas cosas discutí con Renn en el coche que nos condujo a Madrid. Con este motivo, me contó algo más del encuentro que tuvo con Hemingway en el estado mayor de Máté Zalka. Zalka, también conocido como el general Lukács, como se le llamaba en España, con su modo de ser abierto y no muy diplomático le preguntó al escritor americano que le había hecho venir a la España republicana.

-Me gustan las revoluciones –respondió-, son como un torrente que arrastra a su paso todo lo que está podrido. Y lo que hacen los republicanos es en el fondo una revolución. Escribí hace unos días un esbozo: “Los chóferes de Madrid”. Saben, los hay que eligen a Franco, otros a Hitler y Mussolini. Yo me quedo con Hipólito...

(Iba a acordarme de esas palabras muchas veces en el curso de la guerra pues tuve como chofer al español Ángel, un inigualable Sancho Panza, taxista de Madrid, prototipo de hombre del pueblo, valiente, abnegado, lleno de humor y de sentido común.)

Llegamos a Madrid. Hemingway se alojaba en el hotel “Florida”, cerca del edificio de la Telefónica que la artillería y la aviación fascistas bombardeaban permanentemente. El hotel había recibido el impacto de las bombas y la metralla, tenía los cristales rotos y estaba casi totalmente desierto. Hemingway seguía alojándose allí, trabajando, abrigando esperanzas…

Le encontramos escribiendo en una mesa colocada delante de la ventana. Un infiernillo de alcohol con una cafetera al lado y varias botellas de whisky y naranja desperdigadas por la habitación testimoniaban las preferencias gastronómicas del autor. Se levantó de la mesa y salió a recibirnos, alto, delgado pero fornido, presagio de su futura corpulencia.

Renn me presentó. Le habló de nuestra unidad de artillería. Hemingway me miró con ojos sonrientes y me preguntó por mi nacionalidad. Al oír mi respuesta, dijo:

-Sí… Conozco y me gusta Panait Istrati.

Luego nos ofreció whisky, animándonos a beber de palabra y, sobre todo, de obra. Renn se mojó protocolariamente los labios, yo me bebí el vaso de un trago. Era la primera vez que probaba esta bebida y me gustó. Hemingway me miró con aprobación.

-Bebe, bebe, es bueno, da energía. Nunca nubla la mente.

El alcohol era fuerte. Me hizo vencer la timidez que me atenazaba. La charla entre los dos escritores era viva, interesante. Yo era todo oídos.

Cuando Renn le preguntó por qué se quedaba allí, donde estaba en peligro en todo momento, refiriéndose a su estancia en el hotel “Florida”, Hemingway, que se imaginó que la pregunta aludía a su presencia en España, pregunta que le habían hecho en múltiples ocasiones, le replicó:

- Yo no entiendo de política, no hago política. Sin embargo, estoy en contra del fascismo porque este sistema político no puede producir buenos escritores. El fascismo es mentira y condena a la literatura a la esterilidad. Ahora el fascismo ha provocado esta guerra. Odio la guerra, pero para vencerla no hay más alternativa que pelear en ella. Aquí no hay lugar para la cobardía, el egoísmo, la traición.

Todo esto lo decía en un tono tranquilo, afable, con profundo convencimiento. Salió más tarde el tema de la “política de no intervención”, contra la que pronunció duras palabras de condena: “Peor que la guerra y la traición es la cobardía de que dan muestras las democracias burguesas”, dijo.

Renn volvió con su pregunta:

- Sí, pero, ¿por qué estás en el “Florida”? Aquí te expone de manera inútil.

Sonrió.
Joris Ivens (izquierda) con Ernest Hemingway (en el centro) y Ludwig Renn
(jefe de la XI Brigada Internacional, Brigada Thälmann)

-¿Tú crees? Aquí siento a cada instante la guerra, incluso cuando no estoy en el frente. Necesito este ambiente para lo que estoy escribiendo ahora.

Y comenzó a hablarnos de sus proyectos, del guión que escribía para una película de Joris Ivens, “Tierra de España”, de una pieza a la que andaba dando vueltas y  cuyos personajes ya habían empezado a tomar forma (se trataba de la obra de teatro que iba a terminar un año más tarde, “La quinta columna”, consagrada a la lucha contra el fascismo). Cuando leí varios años después “Por quién doblan las campanas”, reconocí en la novela la condensación de unos pensamientos, de unas inquietudes que se abrían camino ya por aquellos días en que se desarrolló la conversación a que tuve la suerte de asistir.

La charla se deslizó hacia las corridas de toros. No podía ser que Hemingway, el gran aficionado a las corridas no abordara esta cuestión. Ludwig Renn que ni conocía bien este “arte” ni lo admiraba, escuchaba sin demasiado entusiasmo, como yo, sus consideraciones.

- En primer lugar debo reconoceros que no puedo comprender por qué el gobierno republicano ha tomado esta medida, que considero excesivamente drástica, de prohibir las corridas… Estoy seguro de que rectificarán.

Interrumpiéndose, añadió pensativo:

- Claro, existe un único peligro en todo esto… en cuanto al futuro de la tauromaquia… la técnica moderna de las corridas se ha hecho demasiado perfecta… ¿Quién podría realmente superar a toreros como Cagancho, Gitanillo de Triana, Villalta, Belmonte, Joselito, Manolo?... Cada uno de ellos sería digno protagonista de una auténtica novela picaresca…       

Antes de despedirnos de él, Hemingway me preguntó:

- ¿Hay muchos rumanos en la Brigadas Internacionales?

Después de contestarle volvió sobre Panait Istrati.

- Que sepas que yo no puedo condenarle. Lo considero, como Romain Rolland, un escritor de talento. Es un poeta innato, enamorado en lo más hondo de su corazón de las cosas más sencillas: la aventura, la amistad, la rebeldía, la carne, la sangre; incapaz de razonar en la teoría y, por tanto, incapaz de caer en la trampa de un sofisma por bien construido que esté. Y quiero aún decir algo más. Estoy seguro de que no lo sabes pues es imposible que lo sepas. Se trata también de Panait Istrati. Hace varios años, cuando realizó su afamado y muy comentado viaje a Rusia, volvió de allí con un cierto sentimiento de frustración. El diálogo que mantuvo con un dirigente, después de visitar unas cárceles y campos de trabajo, revelaba que se había apoderado de él una cierta desilusión e incertidumbre. Este dirigente, tratando de dar a Istrati una respuesta a sus inquietudes, le dijo que “no se puede hacer tortilla sin romper los huevos”, a lo que Istrati le respondió de inmediato: “Podría estar de acuerdo con esa explicación pero, desgraciadamente, no he visto más que huevos rotos.”[2]       
         
Mirándome con ojo maliciosos, añadió:

- No te enfades. No quiero ofender a nadie. Y menos a los rusos, sin cuya ayuda, masiva y rápida, difícilmente podría luchar este pueblo heroico. He contado todo esto sólo para que sus compatriotas le puedan juzgar sabiendo más de él.

En el momento de la despedida, Hemingway nos dijo:

- Sé que las cosas están tranquilas ahora en el Jarama. Pero tan pronto como se reavive el fuego, iré yo también al frente.        

De hecho, pronto iban a comenzar los combates de Guadalajara, frente que el escritor visitó incluso en pleno fragor de la batalla.

***
Notas:


[1] Retraducción a partir del rumano. [N. de los t.]
[2] Obsérvese las palabras que Valter Roman pone en boca de Hemingway y las siguientes, procedentes de la obra Memorias de un revolucionario, escrita en francés en 1950, del conocido trotskista Victor Serge, referidas a Panait Istrati:

(…) poeta nato, enamorado con toda su alma de varias cosas simples: la aventura, la amistad, la rebeldía, la carne, la sangre. Incapaz de un razonamiento teórico y por consiguiente de caer en la trampa de un sofisma bien hecho. Le decían delante de mí: “Panait, no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos, nuestra revolución..., etc.”. Él exclamó: «Bueno, ya veo los huevos rotos. ¿Dónde está la tortilla?». (Memorias de un revolucionario, Ed. Veintisiete Letras,  2011).

Las coincidencias y divergencias entre los dos textos nos parecen altamente significativas. Dado que Bajo el cielo de España fue editado en 1972, es decir, 22 años después del libro de Victor Serge, todo apunta a que Roman habría tenido acceso al texto del autor trotskista y habría puesto en boca de Hemingway palabras que, en verdad, no eran suyas. Si Victor Serge, a su vez, pudo copiar esas misma palabras de otro autor (¿Romain Rolland? ¿El propio Hemingway?) es algo que ni hemos podido demostrar ni nos parece probable.

En relación con las divergencias, nótese que mientras Victor Serge atribuye la frase “no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos” a una pluralidad indeterminada de personas (Le decían…), el Hemingway de Valter Roman se la endosa a un “dirigente” (“demnitar”, en el original rumano). El hecho de que dicha cita haya sido atribuida recurrentemente a Stalin –cualquier lector rumano de los años 70 no habría tenido la más mínima duda sobre la identidad de ese “demnitar”- nos da las claves interpretativas, en el contexto político nacionalista de la Rumanía de esos años: nos encontramos ante una crítica apenas velada a Stalin en que el supuesto estalinista Valter Roman echa mano de una fuente trotskista que, a su vez, camufla poniéndola en boca de Hemingway. [N. de los t.]      
    

sábado, 8 de marzo de 2014

¿Qué es el día de la mujer? , por Alexandra Kollontai

Alexandra Kollontai fue una de las principales figuras del feminismo revolucionario. Formó parte del primer gobierno bolchevique, siendo la primera mujer en formar parte de un ejecutivo, además de la primera embajadora de la historia (en Noruega), y escribió numerosos trabajos sobre la mujer, entre los que destacamos: Los fundamentos sociales de la cuestión femenina (1909), La sociedad y la maternidad (1921) y Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada (1926).
Kollontai en la Conferencia Internacional de la Mujer, 1921

El presente artículo fue publicado el 17 de febrero de 1913 en el nº 40 de «Pravda». (Texto traducido del inglés por Diana Morales y publicado en Guevariando).

"¿Qué es el día de la mujer? ¿Es realmente necesario? ¿No es una concesión a las mujeres de clase burguesa, a las feministas y sufraguistas? ¿No es dañino para la unidad del movimiento obrero? Esas cuestiones todavía se oyen en Rusia, aunque ya no en el extranjero. La vida misma le ha dado una respuesta clara y elocuente a estas preguntas. 

El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero. El ejército organizado de mujeres trabajadoras crece cada día. Hace veinte años las organizaciones obreras sólo tenías grupos dispersos de mujeres en las bases de los partidos obreros... Ahora los sindicatos ingleses tienen más de 292.000 mujeres sindicadas; en Alemania son alrededor de 200.000 sindicadas y 150.000 en el partido obrero, en Austria hay 47.000 en los sindicatos y 20.000 en el partido. En todas partes, en Italia, Hungría, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza, las mujeres de la clase obrera se están organizando a sí mismas. El ejército de mujeres socialistas tiene casi un millón de miembros. ¡Una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del coste de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras.

Hubo un tiempo en el que los hombres trabajadores pensaron que deberían cargar ellos solos sobre sus hombros el peso de la lucha contra el capital, pensaron que ellos solos debían enfrentarse al «viejo mundo» sin el apoyo de sus compañeras. Sin embargo, como las mujeres de clase trabajadora entraron en las filas de aquellos que vendían su trabajo a cambio de un salario, forzadas a entrar en el mercado laboral por necesidad, porque su marido o padre estaba en el paro, los trabajadores empezaron a darse cuenta de que dejar atrás a las mujeres entre las filas de «no-conscientes» era dañar su causa y evitar que avanzara. ¿Qué nivel de conciencia posee una mujer que se sienta en el fogón, que no tiene derechos en la sociedad, en el estado o en la familia? ¡Ella no tiene ideas propias! Todo se hace según ordena su padre o marido...

El retraso y falta de derechos sufridos por las mujeres, su dependencia e indiferencia no son beneficiosos para la clase trabajadora, y de hecho son un daño directo hacia la lucha obrera. ¿Pero cómo entrará la mujer en esa lucha, como se la despertará?

La socialdemocracia extranjera no encontró la solución correcta inmediatamente. Las organizaciones obreras estaban abiertas a las mujeres, pero sólo unas pocas entraban. ¿Por qué? Porque la clase trabajadora al principio no se percató de que la mujer trabajadora es el miembro más degradado, tanto legal como socialmente, de la clase obrera, de que ella ha sido golpeada, intimidada, acosada a lo largo de los siglos, y de que para estimular su mente y su corazón se necesita una aproximación especial, palabras que ella, como mujer, entienda. Los trabajadores no se dieron cuenta inmediatamente de que en este mundo de falta de derechos y de explotación, la mujer está oprimida no sólo como trabajadora, si no también como madre, mujer. Sin embargo, cuando los miembros del partido socialista obrero entendieron esto, hicieron suya la lucha por la defensa de las trabajadoras como asalariadas, como madres, como mujeres.

Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses.

Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades. Las mujeres trabajadoras, organizadas y conscientes, han hecho muchísimo para elucidar este objetivo. Ahora el peso del trabajo para atraer a las trabajadoras al movimiento socialista reside en las mismas trabajadoras. Los partidos en cada país tienen sus comités de mujeres, con sus secretariados y burós para la mujer. Estos comités de mujeres trabajan en la todavía gran población de mujeres no conscientes, levantando la conciencia de las trabajadoras a su alrededor. También examinan las demandas y cuestiones que afectan más directamente a la mujer: protección y provisión para las madres embarazadas o con hijos, legislación del trabajo femenino, campaña contra la prostitución y el trabajo infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la campaña contra la subida del coste de la vida...

Así, como miembros del partido, las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas... Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase.

En el día de la mujer las mujeres organizadas se manifiestan contra su falta de derechos. Pero algunos dicen
¿por qué está separación de las luchas de las mujeres? ¿Por qué hay un día de la Mujer, panfletos especiales para trabajadoras, conferencias y mítines? ¿No es, en fin, una concesión a las feministas y sufraguistas burguesas? Sólo aquellos que no comprendan la diferencia radical entre el movimiento de mujeres socialistas y las sufraguistas burguesas pueden pensar de esa manera.
 
¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer.

Las feministas burguesas demandan la igualdad de derechos siempre y en cualquier lugar. Las mujeres trabajadoras responden: demandamos derechos para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, pero nosotras no sólo somos mujeres y trabajadoras, también somos madres. Y como madres, como mujeres que tendremos hijos en el futuro, demandamos un cuidado especial del gobierno, protección especial del estado y de la sociedad.


Las feministas burguesas están luchando para conseguir derechos políticos: también aquí nuestros caminos se separan: para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio para conseguir sus objetivos más cómodamente y más seguramente en este mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las mujeres obreras, los derechos políticos son un paso en el camino empedrado y difícil que lleva al deseado reino del trabajo.

Los caminos seguidos por las mujeres trabajadoras y las sufraguistas burguesas se han separado hace tiempo. Hay una gran diferencia entre sus objetivos. Hay también una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora... Así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres.

Cada distinción especial hacia las mujeres en el trabajo de una organización obrera es una forma de elevar la conciencia de las trabajadoras y acercarlas a las filas de aquellos que están luchando por un futuro mejor. El Día de la Mujer y el lento, meticuloso trabajo llevado para elevar la auto-conciencia de la mujer trabajadora están sirviendo a la causa, no de la división, sino de la unión de la clase trabajadora.

Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer".

viernes, 7 de marzo de 2014

El Parlamento de Crimea y la ciudad de Sebastopol deciden unirse a la Federación Rusa

El Parlamento de la hasta ahora república autónoma ucraniana de Crimea ha adoptado por unanimidad la unión con la Federación de Rusia, convocando un referendum para la ratificación de su decisión para el próximo 16 de marzo. Las preguntas del referendum serán dos¿Está usted por la unión de Crimea a Rusia con derechos de sujeto de la Federación Rusa?” y “¿Está usted por restablecer la validez de la Constitución de la República de Crimea de 1992 con el estatus de Crimea como parte de Ucrania?

El Parlamento de la República Autónoma de Crimea ya ha procedido a pedir al presidente de Rusia, Vladímir Putin, y a la Duma Estatal (Cámara baja del Parlamento ruso) que inicien los procedimientos para incorporar esta península de Ucrania a la Federación Rusa, en calidad de provincia o unidad administrativa. 
Sebastopol, por otra parte, se sumó a Crimea y aprobó igualmente el ingreso en la Federación Rusa. Su Consejo Municipal aprobó ingresar en la Federación Rusa, al igual que hiciera horas antes el Parlamento de la autonomía ucraniana de Crimea. Además, los diputados de Sebastopol, que está en la península deCrimea pero administrativamente depende de Kiev, capital hoy tomada por el gobierno golpista, anunciaron que la ciudad participará en el referéndum de independencia convocado por Crimea para el 16 de marzo. 
Si en Crimea los rusos representan casi el 60 por ciento de la población, en Sebastopol son más del 90% de sus habitantes

Vladimir Putin ha advertido a las potencias occidentales, molestas por el fracaso de su plan de hacerse con el control de toda Ucrania, tras el reconocimiento inmediato del gobierno golpista que tomó las instituciones de la capital ucraniana mediante la violencia callejera dirigida por grupos paramilitares pronazis,  de que Crimea y las provincias de mayoria rusa de Ucrania tienen todo el derecho a la autodeterminación, invocando el antecedente de Kósovo. En la antigua región de Serbia, EE.UU. y la Unión Europea fomentaron y apoyaron su autodeterminación justificándose en la existencia de una mayoria de albaneses frente a los serbios.  En este caso, Putin recuerda que en Crimea y el este de Ucrania sucede lo mismo: hay una mayoria étnica rusa que, ante el golpe de estado perpetrado en Kiev, desea la autodeterminación.


Putin tambien insistió en que su pais no va a reconocer al gobierno golpista de Ucrania, y no entiende como los supuestos defensores de la "democracia" se dieron tanta prisa en apoyar a una panda de neonazis que no respetaron al parlamento "democrático" e impusieron por la fuerza un nuevo ejecutivo e incluso un nuevo parlamento no electo.

En resumen, parece que la agresión de los grupos neonazis que tomaron el poder en Kiev, apoyados y dirigidos por Bruselas y Washington, va a terminar siendo, por un lado, un tiro por la culata para las ambiciones de ambos en la antigua república soviética. Además, por otro lado, va a resultar en la ampliación del territorio de la Federación Rusa y la división de Ucrania. 

Al final, y aunque en este caso Rusia sea evidentemente la que ha ganado la partida si tenemos en cuenta que dañarla era el objetivo final de los agresores que han fomentado y legitimizado el golpe fascista ucraniano, la conclusión va a ser el reparto de Ucrania en el marco, precisamente, de la guerra de redivisión interimperialista que es la expresión clara del declive del capitalismo.

jueves, 6 de marzo de 2014

Los golpistas ucranianos organizaron la matanza de manifestantes para culpar a Yanukovich

Como ha sucedido en otras falsas "revoluciones" teledirigidas, empezando por la rumana de diciembre de 1989, fueron los propios golpistas los que organizaron el asesinato de manifestantes para culpar después al gobierno. En este caso,  la filtración de un diálogo  entre el ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, Urmas Paet, y la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Catherine Ashton, confirma que los francotiradores de Kiev fueron contratados por la oposición para disparar tanto contra policias como manifestantes, y criminalizar al presidente legítimo Yanukovich.
Ashton sigue apoyando a los fascistas ucranianos a pesar de saber
que organizaron la matanza de manifestantes

Los funcionarios del Servicio de Seguridad ucranianos interceptaron la conversación telefónica en la que los políticos intercambiaban sus impresiones sobre los recientes acontecimientos en Ucrania. Cuando abordaron el uso de la fuerza durante las protestas, Paet ofreció información que confirma los rumores de que los francotiradores fueron contratados por los propios líderes fascistas de Maidán.

Según el ministro de Estonia, las pruebas que le mostraron evidencian el hecho de que tanto los manifestantes como los agentes de la Policía fueron asesinados por los mismos francotiradores.

“Es preocupante el hecho de que la nueva coalición no quiera investigar el asunto y ahora se hace más evidente que detrás de los francotiradores no estaba [Víktor] Yanukóvich, sino que había personas de la nueva coalición”, agregó.

“Creo que sí queremos investigarlo [...]. Eso es interesante”, respondió Ashton sorprendida.

A continuación, el político estonio señaló que se trata de un “factor muy irritante”. ”Desacredita a la nueva coalición desde el principio”, aseguró.
  
Paet mencionó que, según tiene entendido, los políticos que formaron parte del autoproclamado Gobierno no gozan de confianza. ”Representantes de la sociedad civil afirman todos tienen un pasado oscuro”, indicó.

La llamada se produjo después de que el canciller estonio visitara Kiev el pasado 25 de febrero, justo cuando en la ciudad se producían fuertes enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad ucranianas.

Por supuesto, la Unión Europea, interesada en el triunfo fascista en Kiev, decidió callar la verdad de los acontecimientos, y prefirió seguir acusando a Yanukovich de los crímenes, aunque ya sabía perfectamente que fueron los propios líderes de la oposición quienes pagaron por asesinar a los propios manifestantes, además de a algún que otro policia.

martes, 4 de marzo de 2014

Emir Kusturica: en Ucrania están haciendo lo mismo que en Yugoslavia

“Por desgracia, Ucrania sigue ahora el mismo camino que Yugoslavia”,  aseguró el famoso director de cine y músico serbio Emir Kusturica. En su opinión, ante este peligro Rusia hace bien en defender a los habitantes de Ucrania de habla rusa, ante la agresión de la OTAN.
 
“Lamento muchísimo que esto sea así. Ahora está sucediendo un desastre similar”, dijo Kusturica en un comentario concedido a la agencia de información Itar-Tass. “Pienso que Rusia debe proteger a los rusos que viven en Ucrania”, agregó.

El cineasta siempre ha denunciado el genocidio de la OTAN en Yugoslavia en los 90, cuando la organización criminal intervino en la antigua federación socialista para dividir el país imponiendo criterios étnicos, con el objetivo de dividir a los trabajadores e imponer los intereses de las mafias capitalistas.

Según el cineasta, que se encuentra en la ciudad rusa de Samara, él y la banda de rock The No Smoking Orchestra planean realizar próximamente una gira por Ucrania en apoyo a la población rusófona y “otros hermanos nuestros”.

A lo largo del concierto en Samara, Kusturica y el colectivo que le acompaña interpretaron dos veces la centenaria marcha militar ‘El adiós de Slavianka’, del compositor ruso Vasili Agapkin (en el video adjunto). El cineasta la entonó en ruso y dedicó su interpretación a los rusos étnicos que viven en Ucrania y que están sufriendo la agresión de Occidente, como les sucedió en los años 90 a los yugoslavos.

El concierto de la banda coincidió con una serie de marchas pacíficas en distintas ciudades de Rusia en apoyo de Ucrania y la parte de su población cuya lengua materna es el ruso, como Moscú, San Petersburgo y Krasnodar.

lunes, 3 de marzo de 2014

La OTAN podría enviar más tropas a Polonia y Rumania

La OTAN podría enviar más tropas a Polonia y Rumanía para dar una señal a Rusia de que EE.UU. y la U.E. van a seguir apoyando a los golpistas que han tomado violentamente el poder en Kiev, frente a la decisión del Parlamento de Moscú de que el ejercito ruso defienda a los ciudadanos de etnia rusa de Crimea.

El anuncio fue realizado por el antiguo miembro del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Barry Pavel, que afirma que la OTAN no va a intervenir militarmente en Ucrania, de momento, pero que podría enviar fuerzas militares a Polonia y Rumanía  para dejar claro a Rusia su decisión de sostener a los golpistas.

Por cierto que en Rumania y Polonia ya existen fuerzas de ocupación de la OTAN desde que estos paises se transformaran en colonias de Washington y Bruselas y, como tales, para impedir que a los polacos y los rumanos se les ocurra en algún momento decidir por sí mismos y recuperar su soberanía y, especialmente, para garantizar los intereses de las grandes corporaciones mafiosas de las potencias capitalistas que controlan y saquean sus recursos.

Polonia ha anunciado que se siente amenazada por las acciones de Rusia en Crimea, y ha solicitado una reunión del Consejo Noratlántico por este tema. No es raro que Polonia haga esto en estas circunstancias, pues ya hizo lo mismo, en los tiempos en los que los nazis se preparaban para invadir este pais, como después harían con Ucrania, y se pusieron del lado de los agresores, rechazando la ayuda ofrecida ante el imperialismo nazialeman por la Unión Soviética.

La OTAN, organización creada en 1949 bajo la dirección de Estados Unidos, para continuar con la labor de agresión iniciada por el nazismo contra la Unión Sovietica y, en el momento de su creación, todo el este socialista, no puede negar a estas alturas que es una organización tan criminal y tan sanguinaria como el propio ejército nazi, su inspirador, y que está dispuesta a seguir poniéndose muescas por cada miles de ciudadanos asesinados en los paises agredidos, como muestra su sanguinaria histora, en especial desde los años 90: Yugoslavia, Afganistan, Irak, Libia, Siria, y ahora Ucrania...

Aunque en esta ocasión, por fin, parece haber encontrado la horma de su zapato y, como sucedió cuando Georgia intentó invadir Osetia del Sur, apoyada también por el fascismo occidental, el golpe de estado impuesto por EEUU y la UE en Kiev puede ser un nuevo tiro por la culata para Washington, Bruselas y las grandes corporaciones mafiosas a las que sirven.

domingo, 2 de marzo de 2014

Casi 150.000 solicitudes de asilo en Rusia a causa del fascismo ucraniano

Tras el triunfo del golpe fascista en Ucrania, miles de ciudadanos de las minorias étnicas, especialmente rusos, han pedido asilo en Rusia u otros paises. Las autoridades migratorias de Rusia han constatado un gran aumento en las solicitudes de asilo por parte de los ucranianos -unas 143.000 personas han presentado documentos en tan sólo dos semanas-.

La ciudad ucraniana  de Jarkov en 1941, tomada por los nazis. Una pesadilla que
sus ciudadanos no olvidan (Fte: EnglishRussia.com)

Desde la toma violenta del poder por militantes banderistas o de otros grupos neonazis, se han producido linchamientos, agresiones y destrucción de monumentos por parte de las bandas criminales que se han hecho con el control de Ucrania.

Este sábado el Consulado General de la Federación de Rusia en la capital de Crimea, Simferópol, comenzó a emitir pasaportes rusos a los agentes de las unidades antidisturbios Bérkut de la Policía ucraniana. Los miembros de este grupo antidisturbios son objeto de una 'cacería' por parte de los neonazis. Como se sabe, el Parlamento de Moscú ha autorizado al ejercito ruso ha defender a los ciudadanos de Crimea de las agresiones de los golpistas que se han hecho con el poder en Ucrania.

La persecución también se ha dirigido contra los comunistas ucranianos (unos 200.000 afiliados) y simpatizantes, después de que el Parlamento golpista prohibiera, como el uso de las lenguas de las minorias, al partido comunista, tal y como hicieron sus antecesores nazis cuando invadieron Ucrania en 1941.


sábado, 1 de marzo de 2014

Los rusos quieren volver a la economica planificada frente a la anarquia del mercado

La mayoría de los rusos, es decir, principalmente los de clase trabajadora, quieren que su país vuelva a la planificación económica socialista, frente al desastre de la anarquía del mercado, impuesta desde hace poco más de dos décadas. Así lo demuestra la encuesta realizada por el Centro de Estudios Sociológicos Levada, tal como se publica en Amistad Hispano-Soviética.

Según parece, el 54 % de los encuestados expresó su opinión de que el libre mercado no es una forma efectiva de la administración del estado, y que lleva a unas contradicciones insolubles. Hace dos años, este punto de vista alcanzó el 49 % de los encuestados, mientras que en 1992 los que dudaban del sistema de mercado solamente era el 29% de los ciudadanos del país.

Como alternativa a la "auto-regulación de los mercados", los rusos apuestan por la economía planificada, un modelo basado en la socialización de los medios de producción, y la planificación científica de la economía y de la esfera social.

La evidencia no es noticia, porque hay que ser rematadamente tonto para pensar lo contrario, que el saqueo de unos cuantos a la mayoría es un sistema positivo para la mayoría, que trae la democracia, favorece la libertad, y el resto de pamplinas que nos venden los medios de propaganda de la burguesía (si es que no formas parte de los pocos privilegiados que viven del cuento, por supuesto).

Pero el hecho de que los rusos, que al contrario que muchos otros pueden comparar, a pesar del bombardeo ideológico en favor del libre mercado se arrepientan cada vez más de que se les haya impuesto la conocida como "economia del mercado", (que no es más, como todos sabemos, que la dictadura del capital sobre el trabajo, de unos pocos parásitos sobre la mayoria trabajadora, de la minoria que controla las grandes corporaciones mafiosas multinacionales sobre los que producen la riqueza), es muy significativo de la imposibilidad de que, por mayor que sea el esfuerzo, la barbarie capitalista se imponga sobre la razón y la lógica del ser humano, y por lo tanto, contra la justicia y los sueños de un mundo mejor de los hombres.
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