sábado, 4 de febrero de 2017

Lluvia de junio, Alexandru Sahia

Alexandru Sahia nació en Rumania en 1908 y murió en 1937. Pese a esa muerte prematura (no tenía
Imagini pentru alexandru sahia
treinta años), fue considerado como un exponente de la generación de escritores y periodistas de entreguerras comprometidos con la lucha contra el fascismo y a favor de la lucha de la clase trabajadora por su emancipación. No obstante, fue militante del Partido Comunista de Rumania y miembro fundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Igualmente, fue el primer escritor rumano que dejó por escrito su experiencia de su viaje a la URSS EN 1934, con motivo de un encuentro de escritores antifascistas celebrado aquel año en Moscú.

Hábil y decidido en el ejercicio de la función periodística, aunque su producción no fue abundante,  obras como Rebelión en el puerto, La usina viviente y Lluvia de junio, han sido estimadas como ejemplos clásicos de una literatura de inspiración proletaria.

A continuación, compartimos aquí uno de sus cuentos breves, Lluvia de junio, donde retrata las condiciones miserables del campesinado rumano a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, condenado a la pobreza más absoluta por el régimen burgueso-latifundista dirigido por el entonces rey Carol II. 

Lamentablemente, Alexandru Sahia murió antes de ver su sueño cumplido, por el cual escribió y lucho en su breve vida: la proclamación del Socialismo por la clase trabajadora y campesina rumana.

***

Lluvia de junio

Imagini pentru alexandru sahia
Petre Dumitrescu, Alexandru Sahia, 1950
El sol de junio lanzaba sus rayos ardientes sobre la llanura. La hierba estaba mustia. La savia de los campos parecía haberse secado, el trigo era escaso, las espigas completamente achaparradas.

Las espesuras de azulejos y de campanillas se esparcían en los senderos resquebrajados.

Hacia mediados de mayo habían caído algunos cortos chubascos; luego, ni una gota más de agua.

La llanura de Baragan cobraba un aspecto desolado. No lejos de allí, el Ialomitza serpenteaba calmosamente entre márgenes calcinadas, dirigiéndose hacia el Danubio.

Intermitente, el relincho ahogado de algún caballo atravesaba el aire sofocante. El cielo estaba límpido y azul. En el horizonte, del lado del pantano, en los confines de Baragan, una sola nube se dibujaba en su avance hacia los segadores.

Petre Magaun interrumpió el trabajo. Al erguirse, su osamenta rechinó. Una ligera brisa que venía del este le adhería sobre la espalda la camisa empapada en sudor. La pintura verde del mango de la hoz había desteñido en su palma derecha. Clavó la hoz sobre una gavilla, y con ambas manos arrancó un puñado de plantas rastreras. Frotó vigorosamente la planta entre las palmas, pero la pintura verde se había introducido en los pliegues y era difícil sacarla. Desde la frente el sudor le chorreaba sobre las mejillas, corría por el mentón y caía sobre la camisa de tela.

Petre Magaun era corpulento, seco, con largo cuello de avestruz. Una tira de esparto le ceñía la cintura. Trabajaba con los pies desnudos. Los pantalones, remangados hasta las rodillas, le descubrían una ancha cicatriz en la pierna derecha, cuya pantorrilla había sido rozada por un obus, dejándola semejante a un trozo de madera carcomida.

A su lado trabajaba Ana. Su vientre redondeado casi le llegaba al mentón. Se movía con dificultad; sus pasos parecían los de una oca cebada. Caminaba con las piernas separadas y, de tanto en tanto, dejaba oír débiles gemidos.

Al igual que Petre, no llevaba zapatos. Sus manos eran anchas y agrietadas. Alzaba con precaución un puñado de trigo en su mano izquierda, y con la derecha cortaba las espigas lentamente.

Llevaba sobre la cabeza un pañuelo amarillo cuyas extremidades había anudado sobre la boca, para que no le molestase el polvo que se levantaba de la paja removida y de la tierra seca. De tiempo en tiempo iba a extenderse sobre los rastrojos, como una bestia de carga abrumada de fatiga. Entonces, las lágrimas le brotaban de los ojos y su vientre mostraba una deforme protuberancia.

Petre Magaun miró con preocupación a su mujer. La vio terriblemente gruesa; cuando se agachaba, la nariz y el rostro parecían entrarle en el vientre. Luego de cortar un puñado de trigo se enjugaba los ojos con la punta de su pañuelo. A Petre le pareció que iba a llorar.

Le preguntó:

-¿Estás llorando, Ana?

No hubo respuesta.

-Pero dime, ¿lloras?

Ana apoyó las manos sobre las rodillas y enseguida las pasó, con esfuerzo, sobre los muslos y caderas. Sus movimientos hinchaban aún más su vientre. Se quitó el pañuelo que le cubría la boca y lo anudó en lo alto de la cabeza.

Jadeando respondió:

-¿Llorar? ¿Por qué?

-Me pareció que llorabas.

-No. Lo que pasa es que me siento muy pesada. No sé por qué me siento tan pesada hoy. Como si fuera mi primer embarazo.

El buey de Lisandru Lucea se aproximó desde el linde del campo, lentamente, con las patas trabadas. Lanzó una mirada oblicua, dispuesto a entrar en el trigal.

Magaun se precipitó sobre él, jurando, y lo golpeó con el revés de la hoz.

-¡Bestia maldita! ¿Quieres pastar en mi campo, bendito sea Dios? No tengo más que cien medidas de tierra... ¡No tengo más que este pedazo!

La voz de Lisandru Lucea -que también estaba segando, poco más allá- se hizo sentir:

-Eh, eh, don Petre. No golpees a mi buey. Mándamelo de vuelta.

De nuevo el silencio se extendió sobre la llanura. Petre Magaun siega encarnizadamente, recogiendo con avidez gruesos mazos de espigas. En cambio, Ana camina penosamente. Siempre se queda detrás de su marido, de modo que cuando Petre la ha aventajado en mucho, éste debe volverse en su ayuda.

Se callan. Luego Petre estalla en juramentos, cuando su hoz se enreda entre las zarzas. Ana parece no oír; se contenta con volver la cabeza hacia él y suspirar con fuerza, como a pesar de ella. Sus ojos están tristes y desmesuradamente grandes.

Un silencio amargo planea sobre Baragan. Parecería que vibra en el aire, bajo el esplendor del sol. La tierra arde. Las cañas de trigo lastiman. Las hojas del maíz, prematuramente amarillas, se encogen formando embudos. No obstante, los campesinos trabajan. No se ve más que sus espaldas: avanzan encorvados a través de los trigales. Siegan. Cuando se alzan, escrutan el cielo. Abejas golpetean con sus alas las espigas inclinadas.
Del lado del pantano se dibuja una mancha blanca, una nube tan ligera que parece un rastro de humo, a punto de disiparse.

La sequía se extiende, insidiosa como una enfermedad.

Se la siente en el azul opaco del cielo, en el mugido de las bestias, en cada tallo y en cada espiga, en la tierra abrasada. Se propaga, sorda, pesada como la muerte, embebiéndose las aguas y la vida.
Nuevamente Ana ha ido a tenderse sobre los rastrojos.

Petre Magaun la mira y observa el movimiento de su vientre que palpita rítmicamente. Se dice: "Qué vida, esta pobre Ana... Parir, parir como un animal, al azar, una criatura después de otra". Le pregunta:

-¿Para cuándo es tu parto?

-Ya no me acuerdo bien. Creo que todavía no es. Tal vez dentro de una semana.

Extendida de espaldas, sonríe mirando al cielo.

-Bueno. Levántate. Debemos apurarnos.

Y Ana se levanta. Trabaja con dificultad. Con torpeza manipula los tallos y deja tras de sí una estela de espigas. Petre las recoge, pacientemente, mientras lía las gavillas. Al cabo dice:

-Vale más que vayas hasta la carreta a descansar un poco. A la sombra tendrás menos calor. Esa criatura te pesa, ya lo veo. No es por hablar, pero si nace en el campo todo el pueblo lo comentará.

-iBah! La gente... No hay como yo para dar a luz en el campo. Yo sé que los hombres se reirán. Pero nosotras, nosotras hacemos los niños acá o allá, donde estemos cuando el dolor llega, no importa dónde sea. Es Dios quien señala la hora, no los hombres.

Se enjuga el sudor del rostro con la punta de su pañuelo, arregla con cuidado el delantal sobre el vientre y se va. La tierra le quema las plantas de los pies. Ana es casi tan alta como Magaun. Camina a grandes pasos guardando el equilibrio dificultosamente. La sombra sigue sus talones, desmesurada y deforme, sobre los rastrojos hirsutos cuyas puntas doradas nubla.

Rápidamente, Ana va a extenderse al abrigo de la carreta, donde, sin embargo, la sombra es escasa. La mitad del cuerpo, a partir de la cintura, le queda al sol. Un dolor agudo la atiesa ¿será un signo de que el alumbramiento se aproxima? Ya ha dado a luz así, una vez. Era en otoño, en la época de la cosecha de maíz, bajo la llovizna...

Imagini pentru alexandru sahia urss azi
La URSS hoy, Alexandru Sahia 1935
Este dolor, intermitente, la angustia. Con tal de que no suceda ahora... Un sudor abundante y frío le hiela los riñones. Entonces, enloquecida de dolor, agarra la rueda de la carreta. Con la mano libre ha atrapado tan fuertemente los rastrojos que los arranca de tierra.

Se mantiene inmóvil, los ojos clavados en el cielo, la respiración suspendida.

Allá arriba, en las profundidades del azul, dos alondras, semejantes a dos puntos minúsculos, se persiguen... Cantan. Sobre la tierra, en el maizal, canta otra ave. Ana piensa que hubiera debido extenderse sobre la estera de junco que se encuentra a su lado. Pero no osa moverse y se queda así, yaciendo sobre la tierra desnuda.

Una rana, húmeda y saltarina, se aproxima hasta su rostro. Se detiene, mira a Ana fijamente y abre su bocaza. Sus ojos son redondos y su pecho manchado y palpitante.

Repugnada, Ana quisiera espantarla, pero los dolores la hostigan sin darle respiro. Se repliega sobre sí misma entre gemidos y su mano se aferra con más fuerza aún a la rueda de la carreta. Después, sus rodillas se estremecen bruscamente y tiene la impresión de que le arrancasen las piernas a la altura de los muslos.
Una sensación de frescura sucede a esta sacudida, una alegría intensa inunda su corazón y hace brillar sus ojos cargados de lágrimas. Suelta la rueda de la carreta y sacude la tierra que se le ha pegado en la palma de la mano.

Cuando se alzó sobre sus rodillas, Ana tenía los ojos turbios y cercados de grandes ojeras. Con las manos temblorosas y exangües se inclinó para recoger al niño que se agitaba en los rastrojos.

Tierra y briznas de paja habían quedado pegadas en la carne rojiza del recién nacido. La madre se levantó, y alzando su niño hacia el sol, lo palmeó varias veces. Se oyó un grito... Apasionadamente Ana estrechó la criatura contra el seno y le besó la cabeza.

Quitó la paja y la tierra que lo ensuciaban, se arrancó el delantal, que plegó como una mantilla, y rápidamente puso al niño en la carreta, sobre la cual extendió la estera de juncos para hacerle sombra.

Luego, como si nada hubiera sucedido, se arregló la falda y se dirigió hacia su marido para continuar a su lado el trabajo.

Petre Magaun estaba empapado, como si acabara de darse un baño en el río. Tras de él docenas de gavillas yacían en desorden. La atmósfera se había vuelto agobiante. La tierra había tomado tintes violáceos.
Se hubiera dicho que un incendio quemaba la llanura de Baraban.

Ana se aproxima a Petre, pero éste se halla absorbido en su trabajo. Hoz en mano, ella se mantiene erguida y espera que él hable. Magaun continúa segando sin descanso, ávidamente. Con un golpe seco corta las espigas recurvadas sobre el filo de la hoz.

-Petre -dice Ana-, óyeme, Petre. He dado a luz.

Sin alzarse, Magaun vuelve los ojos hacia ella.

La mujer habla con una voz extinguida. Siente gusto a ceniza en los labios.

-iSí, Petre, he dado a luz!

La hoz cae de las manos de Petre. Se levanta.

-Ya me sucedió una vez, en otoño, un día de llovizna. ¿Qué quieres que haga?

Petre quisiera decir algo, jurar por todos los santos, pero, resignándose pronto, vuelve a tomar la hoz, corta nuevas gavillas de trigo y pregunta:

-¿Es un varón?

-Sí, un varón.

Su cuello de avestruz se alarga y su boca se ensancha con una risa silenciosa.

Dice:

-¿Por qué has vuelto?

-Ya se acabó. Ahora me siento liviana.

Allí está de nuevo segando, pero muy atrás de Petre que se apura como si los lobos le mordiesen las plantas de los pies. Las espigas cosquillean su mentón bañado en sudor, donde alguna briznas han quedado pegadas.
Un viento ligero y cálido ha comenzado a soplar desde el este y arrastra en turbiones verdezuelas y flores de cardo. Petre, cada vez que deja en el suelo la gavilla, lanza una mirada furtiva hacia Ana: no tiene más el delantal y la falda está sesgada. Apenas si puede sostener las espigas en la mano. La hoz le tiembla. Al verla así, Petre siente una tristeza desgarradora: Ana acaba de alumbrar su octavo hijo y héla ahí que ha vuelto a su lado, a trabajar.

Bruscamente, Ana se alza, los ojos azorados. Hoz en mano, dice:

-Petre, me siento mal de nuevo. Me voy.

-Vete. No debes volver por aquí. Quédate cerca del niño. Cuida que las hormigas no le suban mientras duerme. Tápalo bien.

De nuevo Petre se ha quedado solo. Ana, con los labios descoloridos, se dirige tan rápido como puede hacia el límite del campo, allá donde está la carreta con el niño. No bien llega al sitio, los mismos dolores, más violentos esta vez, le desgarran las entrañas. Asustada, se tiende cerca de la rueda. Un muchacho se aproxima a ella, con una botella bajo el brazo, sin duda para pedir agua. Apenas la ve así, se echa a correr dando tropezones.

El buey de Lisandru Lucea ha penetrado en el campo de Petre y revuelve con sus cuernos una parva. Ana se dice: "Si Petre estuviera aquí para verlo".

El dolor le contrae el cuerpo. Aférrase nuevamente a la rueda de la carreta. Un gemido. Después un alivio inmenso, definitivo. Siente un gritito. Se levanta enseguida y alza de entre los rastrojos, sonriente, al segundo niño. En el aire tórrido de junio los gemidos de las dos criaturas resuenan en los campos. Atenta, Ana presta oído a la respiración todavía irregular del segundo.

Dos mariposas revolotean alrededor de ella. Atemorizada, hace un gesto para espantarlas, estrechando al niño contra su pecho.

La noticia de que Ana, la mujer de Petre Magaun, acaba de dar a luz dos varones recorre rápidamente el campo. Varias comadres improvisadas surgen como por milagro y lavan a los recién nacidos con agua de los pozos, y luego, arrancando una tira de algodón rojo del dobladillo de sus faldas, les atan el cordón umbilical.

Interrumpiendo su tarea Petre se acerca a su mujer. Asombrado por el corrillo que se ha formado alrededor de ella, ha sentido una vaga inquietud. Apoyado en el pértigo de la carreta deja errar sus miradas sobre los campos, se diría ajeno a lo que pasa alrededor de él. No lejos de allí sus caballos, atados por un ronzal, dan vueltas en redondo y lamen los rastrojos aplastados bajo sus cascos. Soplan ruidosamente levantando nubes de polvo.

-Petre, se les puede contar los huesos a tus matalones -dice Antonio Lungu, con los codos apoyados contra la carreta-. Si no llueve, nos moriremos todos de hambre.

Petre se acerca:

-Es difícil aguantar -dice-. Tengo siete hijos, y con los recién nacidos, son nueve; y con nosotros dos, somos once bocas para alimentar. Claro, los dos chiquitos comerán poco por un tiempo. Pero quedamos los otros nueve, de cualquier manera. Y yo no tengo más que cien medidas de tierra. Ni siquiera he pagado el diezmo, ni los impuestos.

-Bueno, apúrate, si no uno de estos días vendrán a tomarte todos tus trastos. ¿Sabes lo que les pasó a los otros? Les han sacado todo, hasta las mantas.

-¿Qué quieres que haga? Es muy fácil decir "Apúrate".

-Vende algo.

-¿Vender qué? No tengo nada para vender.

Bruscamente, el cielo se ha cubierto de nubarrones grises que vienen desde los pantanos situados en los confines de Baragan. Se han encontrado con nubes más negras todavía, pero menos altas, que se abatían sobre el Danubio.

El sol, velado en parte por los nubarrones, ha perdido su esplendor.

El calor es todavía agobiante y pesa sobre toda la extensión de los campos.

Sin embargo, ya se sienten, en ramalazos, corrientes de brisa fresca.
El trueno retumba y las nubes descienden aún más, pero la tierra sigue ardiendo bajo la planta de los pies.

-Me voy, Petre -dice Antonio-. Va a llover.

Imagini pentru taran saraci 1934
Campesinos pobres, de Camil Ressu,  miembro, junto a
Sahia, de la Asociación de Amigos de la URSS, 1934
Ana se ha quedado sola en la carreta, con sus dos niños en brazos. Sentada sobre un lecho de gavillas que las campesinas le han preparado para amortiguar las sacudidas del camino, se encuentra como encaramada, más alta que los barandales. Así suspendida parece la Virgen María.

El trueno muge cada vez más frecuentemente. Las primeras gotas de agua caen, gruesas y pesadas. Petre desata los caballos y los unce rápidamente. Mete su traílla en la carreta y lanza un último vistazo para ver si no ha olvidado nada.

-¿Estás bien ahí arriba, Ana?

-Sí. No vayas demasiado rápido.

Los caballos empiezan a caminar sin necesidad de que Petre los azuce. Petre está contento: "Han sentido la tormenta. Por eso se apuran".

Del lado del pueblo la lluvia es aún más densa. Corre, levantando polvo, y se extiende sobre la llanura, con rapidez, parecida a una cortina de perlas. Los caballos relinchan y levantan las orejas. Petre ha desplegado la estera y la extiende a manera de tienda sobre Ana y los niños.

Al comienzo impalpable como el aliento de la brisa, la lluvia, igual que una nube de finas gotitas, pronto forma ráfagas y corre desmelenada, desencadenada sobre Baragan. Petre también se abriga bajo la estera, pero sus piernas quedan al descubierto. Ana hace a sus niños un segundo abrigo con su propio cuerpo, inclinándose sobre ellos. Los tiene sobre las rodillas y los estrecha en sus brazos. A cada sacudida de la carreta grita: 

"Despacio, Petre, despacio", y alzando con precaución a los niños, los mira llena de inquietud.

Los caballos avanzan con un trote sofrenado y la lluvia hace subir desde el camino un fuerte olor a tierra mojada.

El agua chorrea en los senderos, corre en las zanjas. Las hierbas, los cardos, las hojas de bardana, las matas de cicuta, lavadas y vivificadas se alzan a los costados del camino. Los rastrojos, tan pisoteados, tan mustios, alzan sus dardos como cepillos.

El agua penetra a través de la estera mojando el heno y la paja. Ana se ha curvado sobre sus hijos. De tiempo en tiempo aproxima los labios a las narices de los niños, para ver si viven todavía. Hilillos de aire tibio le acarician los labios: respiran.

Petre ha salido de bajo el toldo. Prefiere afrontar la lluvia. Lanzando una mirada a Ana advierte que sus ojos están cargados de lágrimas. La lluvia le ha adherido el pañuelo a la cabeza, y tiene el rostro arrugado y lívido.
Magaun siente también que algo húmedo y caliente le moja los ojos. Pero no sabe si llora o si es la lluvia que resbala sobre su cara.

A los costados del camino los campos negrean, embebidos en agua, y parecen correr bajo la lluvia que borbotea, espumosa. iQué endebles son esos caballos, bajo los arneses demasiado grandes golpeando sus flancos mojados! Ya van al trote; sin embargo, Magaun los azota con el mango del látigo. A cada golpe sigue un brusco salto de la carreta. Inquieto, Magaun vuelve la cabeza hacia atrás, para ver si Ana se queja. Pero Ana no dice nada, desde hace un rato.

A lo lejos cae un rayo, desgarrando el cielo por el lado de Oriente.

Bajo las flechas de la lluvia torrencial el pueblo parece muerto. Las ruedas húmedas dejan escapar su chirrido; la carreta da una vuelta brusca, franquea el portal, luego se detiene en un patio.

Magaun salta prestamente a tierra. Una bandada de muchachos acaba de salir de la casa y se alinea junto a la carreta. Los chiquillos saben bien que bajo el toldo se encuentra la madre, pero no pueden comprender por qué tarda tanto en bajar. Petre corre hacia el extremo del patio y grita:

-Eh, papá Basilio, prima María, vengan rápido. Ayúdenme a bajar a Ana de la carreta: acaba de dar a luz en el campo.

Los vecinos acuden, con los pies desnudos, la cabeza protegida con bolsas de arpillera. Las dos hijas mayores de Ana se acercan. Lloran, no sabiendo lo que ha ocurrido. Petre se mete de nuevo en el fondo de la carreta y saca a los niños, uno después de otro. Los pasa a la prima María, quien los estrecha contra su pecho, los cubre con el chal y los lleva rápidamente hacia adentro. Ana, luego de haber pasado todo el tiempo reclinada sobre los pequeños, se ha puesto rígida. La extienden al lado de los niños, en la cama próxima a la ventana.

Los siete niños lloran, asustados. Temen entrar a la casa. Unos se quedan sobre la terraza, otros junto a la puerta.

Están muy sucios y visten andrajosamente.

Petre, sin prestarles atención, deja que se desgañiten. Por momentos una imagen obsesiva se presenta a su espíritu: la comida de cada día, con nueve bocas, siempre hambrientas, que es necesario alimentar. Y pronto serán once.

Sí, ha llovido: pero no por eso será más fértil su retazo de tierra. Para los que tienen más de cien hectáreas y las hacen trabajar por sus siervos, todo es distinto...

Profiriendo juramentos sale otra vez a la lluvia para desuncir los caballos. Luego deja que vagabundeen por el patio.

Una pata, perdida, lanza graznidos desesperados. Petre siente una puntada de dolor en la pierna herida. Los dos vecinos, Basilio y María, están en el umbral, con la cabeza cubierta por bolsas:

-No te preocupes, Magaun. iSon varones, por suerte!

Petre quisiera responder, agradecerles, pero no tiene tiempo, pues los vecinos ya están en la calle. La lluvia ha ido amainando. Y sólo caen, espaciadas, algunas gotas. Las hojas de las acacias tiemblan, turbando el reposo de los gorriones en sus nidos.

Los siete chiquillos de Magaun han vuelto a alinearse frente a la casa. Ana asoma la cabeza tras el ventanal: su rostro se ha puesto pálido como un cirio. Petre está solo en medio del patio, sus grandes pies desnudos plantados en el fango de esta lluvia de junio. No siente ningún deseo de entrar. Uno de sus caballos relincha. Petre tiene la impresión de que este grito del animal hambriento cobra forma y contornos y se queda colgado en las acacias del camino, ante los ojos de sus hijos.

Magaun sale del patio para ir a lo de Antonio Lungu, deseoso de saber si los agentes fiscales han venido durante el día y qué se han llevado.

No ha dicho nada a Ana ni a sus hijos. Saliendo del patio, nuevos relinchos franquean la empalizada. Atontado, Petre avanza por el camino, pero seguido por esos relinchos que él "ve" colgados de las acacias. Se dice, obsesionado pero tratando de comprender: "¿Quién diablos ha 'visto' jamás gritos colgados de las ramas de los árboles?"

La tarde desciende lentamente, con pasos afelpados. El cielo clarea. El sol poniente dibuja flores de púrpura sobre los vidrios de las casas aldeanas.

(1)Traducción de Alberto Paganini. Sobre la versión francesa de Valentín Lipatti. Texto extraído del libro Narradores Rumanos, Editorial Alfa, Montevideo, Uruguay, 1965

jueves, 2 de febrero de 2017

Las cárceles del capitalismo rumano

Las fotos que acompañan a esta entrada no son de cárceles o campos de concentración de los paises que se suelen considerar como "subdesarrollados", Marruecos, Zaire, Sri Lanka... Se trata de un país miembro de la Unión Europea, Rumania, al cual el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sanciona continuamente por atentar contra los presidiarios encerrados en sus prisiones, provocándose una importante hemorragia en el tesoro público del país.
Imagini pentru puscarii romania
Precisamente, este ha sido el origen del Decreto-Ley de Reforma del Código Penal aprobado por el gobierno socialdemócrata, a través del cual se pretende, por consejo de las instituciones europeas, reducir el número de presos para no tanto mejorar las condiciones de los presos como para detener la lluvia de multas y compensaciones a los afectados.

Las normas europeas exigen un espacio mínimo de 4 metros cuadrados por cada persona privada de libertad en las instituciones penitenciarias; aplicando este estándar, Rumania tiene un exceso de 9.556 presos, según el espacio disponible en las diferentes cárceles. El incumplimiento de esta norma europea y de otras relativas a las condiciones materiales y al tratamiento de los detenidos, ha provocado que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condene al estado rumano a indemnizaciones compensatorias  que solo en 2015 ascendieron a 459.275 euros ( 32 condenas en 2013, 29 en 2014, 75 en 2015).

Lo que hace el problema urgente es que actualmente  en proceso hay más de 500 denuncias debidas a las miserables condiciones de los detenidos, unidas a las del Comite de Prevención de la Tortura. En total, las indemnizaciones pagadas por el estado rumano hasta mayo de  2016 a los presos maltratados o torturados fue de unos 80.000 euros.

En junio del pasado año se produjo, por cierto, un importante motín en 11 cárceles de Rumania donde los amotinados protestaban ante las condiciones en las que estaban encerrados (a veces 10 en una celda para 4), sin que el gobierno tecnócrata de aquel momento (derrotado en las urnas por el Partido Socialdemócrata el pasado mes de diciembre) hiciera nada para mejorarlas. Por supuesto, las condiciones paupérrimas de higiene, espacio o dignidad de las cárceles del capitalismo rumano no afectan a los pocos miembros de la oligarquía política o empresarial que pasan por sus celdas y que, como pasa fuera (pues las cárceles no son más que la representanción de la sociedad que las crea), gozan de privilegios y beneficios inaccesibles al resto.

Desafortunadamente para los rumanos, y por suerte para los que les pisotean desde las instituciones y grandes empresas, la U.E. no considera tan urgentemente denunciables o motivo de indemnización las condiciones igualmente precarias de los hospitales, las escuelas o, ni mucho menos, las del trabajo, que no tienen nada que les haga muy diferentes de las de las cárceles.

Ante lo anterior, sigue valiendo el manido recurso, tan conveniente hasta ahora a la élite para seguir viviendo a costa del dinero público o de la riqueza producida por los trabajadores, sin necesidad de tener que cambiar nada, y que consiste en repetir el famoso mantra de que "!la culpa es del comunismo!".













miércoles, 1 de febrero de 2017

Los neoliberales toman la calle en Rumania

En este mundo al revés, en los tenebrosos dominios de la barbarie, mientras los explotados reculan, se quedan en casa, emigran o se quedan a lo bonzo, son los explotadores, o sus títeres. los que pasan a la ofensiva y, si es necesario, toman las calles (los maidan se han puesto de moda en el este, como hemos visto en otros paises vecinos como República Moldova o Ucrania). La dolorosa derrota electoral de la derecha neoliberal rumana, apoyada por el entramado de Soros y por las grandes corporaciones capitalistas, en las últimas elecciones del mes de noviembre pasado, trastocó los planes de seguir aplicando las políticas de crudo en Rumania a través del gobierno instaurado el año anterior tras la dimisión del gobierno socialdemócrata: el gobierno "apolítico" dirigido por el comisario europeo Dacian Ciolos.

Los "tecnócratas" de Ciolos, sin aparente afiliación política (es decir, fachas, como se dice en España, antiobreros obsesivos), aplicaron las normas llegadas desde los despachos de las grandes corporaciones multinacionales, de la Comisión Europea y de la embajada norteamericana en aplicación de la aceleración de la ofensiva del capital contra el trabajo "apropiada" a los nuevos tiempos de austeridad oficial.
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!Salvad burguesía", !El jefe del estado está con nosotros!, o "Quitad el derecho al voto a los pobres" (ilustración de
Laurentiu Ridichie sobre las protestas)
A las primeras de cambio, han movilizado a las ONG´s de "tinerii frumos", como les llaman aquí,  ("jóvenes progres" podríamos traducirlo al castellano), para intentar derrocar al gobierno votado por los ciudadanos sin tener que confiar en ese engorroso recurso que son las urnas electorales (solamente sagradas cuando el resultado favorece a la clase dominante). Unos jóvenes que se sienten "privilegiados" por trabajar por un sueldo superior a la media (ni hablar de un sueldo decente, pues las corporaciones multinacionales tienen en Rumania el paraíso europeo de la mano de obra barata por indefinidas horas, sindicatos prohibidos y, por supuesto, sin derecho a huelga o nada parecido a la protesta contra el que les explota), que tras la derrota del cacique de Sibiu, Klaus Iohannis, actual presidente, y su cachorro "apolítico" Ciolos, se echaban las manos a la cabeza en los pocos minutos que les dejaban sus amos para comer el fast food de turno por los perniciosos efectos de la "democracia" en la que pueden votar todos, hasta la gente pobre, los campesinos o, incluso, los nostálgicos del comunismo !Qué horror!.

¿Cuál es la excusa aducida para las protestas actuales? La modificación de unos artículos del Código Penal por Decreto-Ley, en vistas a cumplir las recomendaciones de la Comisión Europea de Derechos Humanos para reducir el overbooking de presos, que se amontonan en condiciones miserables en las celdas de las cárceles rumanas, y que, por otro lado, reciben montones de euros como compensación según van saliendo de la prisión tras denunciar su situación ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Mientras los "tineri frumosi" con barbita bien cuidada de hipster y sus continuos "cool", "ok", "hot", and "great" en su hueco discurso habitual, repiten las consignas de los medios de propaganda sobre los años del comunismo, les importa un bledo por otro lado las condiciones de los presos y, mucho menos, que la mitad de los rumanos malvivan con menos de 200 euros al mes, que los hospitales sean cada día más un nido de infecciones y porquería o que haya más de tres millones de huidos del país por haber sido destruidas las potentes industrias rumanas de los 80 con el objetivo de convertir Rumania en un mercado fácil para los productos de Occidente.

En todo caso, la mínima modificación del Código Penal, que no despenaliza ni mucho menos la corrupción, como afirman los medios de propaganda de la derecha, sino que simplemente reducen las penas de todos los delitos para vaciar un poco las cárceles, y que, por ejemplo, en el caso de la malversación de fondos públicos mantiene una legislación que otros países, como España, sin ir más lejos, es mucho más suave (no solo España, sino también en la "modélica" Alemania), no justifica que, con la recurrente y manida excusa del "malvado comunismo", se llenen las calles de protestatarios en contra de un partido (el Partido Socialdemócrata), que puede ser de todo menos comunista (aunque en comparación con el resto de los del fascistoide panorama político rumano podría pasar hasta por ser de izquierdas), y que ha ganado con rotundidad las últimas elecciones del noviembre pasado siendo votado por los rumanos más desfavorecidos por diferentes razones; entre ellas, porque defiende el final de esa austeridad (aplicada a los explotados, no a los explotadores) que propugnan con rabia y tenacidad los gerifaltes y mafias de la Rumania colonia europea.
Imagini pentru iohannis la protest
El presidente Iohannis de manifestación

Precisamente, el líder del supuesto anticomunismo, Klaus Iohannis, incapaz de justificar sus seis grandes mansiones en la ciudad donde fue alcalde, y antiguo líder de una organización, Foro Democrático de los Alemanes de Rumania (F.D.A.R.), que reivindicó en los años 90 ser la sucesora legal del Grupo Étnico Alemán (Deutsche Volksgruppe) creado por el Partido Nacionalsocialista en los años 40, y cuyos bienes habían sido justamente confiscados por el gobierno comunista rumano tras el final de la Segunda Guerra Mundial, es el que se erige como adalid de la lucha anticorrupción; una lucha dirigida y financiada, curiosamente, por la U.E. y la embajada norteamericana, y aplicada con un filtro político solo contra algunos "corruptos", mientras otros, los favorables a determinados intereses, no sienten ni de lejos la presencia de la ley.

En definitiva, ese velo sagrado del "anticomunismo", usado durante tres décadas para justificar todo tipo de desmanes, delitos, genocidios y destrucción contra el pueblo rumano, con la coletilla de "el comunismo tiene la culpa", utilizado como mantra por los medios de propaganda de los grandes grupos mafiosos multinacionales que lo saquean, humillan y desprecian, es el agitado contra el PSD para evitar que este cumpla sus amenazas de moderar su seguidismo hacia las órdenes de Bruselas y Washington (sobre todo, recordando lo cerca que esta Putin y las multinacionales rusas y las de sus amigos los chinos de la frontera rumana) y que cambie un poco (tampoco va a hacerlo en demasia porque esto afectaría también a sus intereses) las políticas de austeridad para los trabajadores dictadas por los que siguen enriqueciéndose, y quieren aumentar la tasa de beneficio, a su costa.

En todo caso, y para resumir la situación:

1) Rumania es un estado capitalista y, por lo tanto, corrupto, como todos los estados capitalistas. La corrupción, en realidad, el delito, el robo, es el motor del capitalismo y, como tal, los ladrones en Rumania están al orden del día;

2)El Partido Socialdemócrata no es un partido de izquierdas, ni de lejos algo parecido a comunista; es un partido como el Partido Socialista Obrero Español: es decir, corrupto, mafioso y cuyo fin es beneficiar a sus miembros y financiadores, como sucede con el resto de los partidos del régimen capitalista rumano (y de todo estado sometido a la tiranía del capital);

3)Los cambios del Código Penal aprobados ayer por decreto-ley no cambian sustancialmente la legislación al respecto, ni despenalizan la corrupción. Las protestas, en las que, por cierto, hay muy pocos trabajadores, y donde la mayoría son ONGistas, miembros de la élite de la clase trabajadora empleada de las multinacionales y, en general, como se suele decir, gente "ni de izquierdas ni de derechas", es decir, con una clara ideología política antiobrera, elitista y pro status-quo, defensora de la desigualdad, de la meritocracia y del desprecio hacia los más débiles o pobres, pretenden que los partidos que defienden la austeridad, la aplicación de las políticas dictadas por Bruselas y otros grupos de poder (como el entramado Soros), retomen el poder con o sin elecciones, reparando el desastre (para ellos),  tras la votación masiva del pueblo rumano al PSD;

4)El Partido Socialdemócrata es, como dijimos, un partido capitalista y, como tal, corrupto. Sin embargo, y en parte por ese anticomunismo casposo aplicado para poder saquear el país por la élite política (surgida la mayoría, por cierto, de la élite que se formó en el antiguo PCR), es identificado por los partidos neoliberales como el sucesor del Partido Comunista (aunque para tragarse tal cosa hay que batir records de estupidez), lo que  produce un curioso efecto rebote que causa un tremendo apoyo por parte de los numerosos nostálgicos del comunismo al PSD; tanto es así que todas las elecciones celebradas hasta ahora en Rumania desde el golpe de estado de 1989 las ha ganado el PSD o la alianza con la que este se presentaba (aunque a veces no pudiera formar gobierno por la unión de la oposición);

5)En vistas de que la "democracia" no parece la solución, (y, evidentemente, no lo es, aunque no por los mismos motivos que argumentan los facciosos), y para que partidos como el Partido Nacional Liberal o los populistas derechistas de Unión Salvad Rumania cumplan y lleven a cabo de forma eficaz los intereses de las grandes corporaciones económicas y de la oligarquía (algo que, curiosamente, también persigue finalmente el propio PSD, aunque manteniendo un poco el tipo en cosas relativas al gasto o ayuda social, es decir, la típica manipulación para que los más desfavorecidos les voten y evitar revueltas realmente antisistema), y aprovechando también la propia estupidez de los miembros del gobierno que se lo han puesto a huevo (aprobando los cambios del Código Penal por decreto en vez de llevarlo al Parlamento, donde tiene, por cierto, mayoría absoluta), se parece haber optado por conseguir que "los tecnócratas", o cualquier otro partido neoliberal del estilo, vuelvan a gobernar la colonia rumana, utilizando para ello la mentira y la manipulación más gruesa. Es decir, en definitiva, lo típico de los "demócratas de toda la vida", que tan bien conocemos en España.

El ilustrador comunista rumano, Laurentiu Ridichie, ha retratado muy bien las protestas contra el PSD (en la ilustración adjunta) dibujando a esa "juventud apolítica", esos "hijos de la élite" que cuestionan que los pobres puedan votar, (tal opinión me la han comentado personalmente sin cortarse un pelo en varias ocasiones algunos de esos "demócratas apolíticos",  y se extendió desde las televisiones tras la contundente derrota de la derecha neoliberal en las últimas elecciones), que defienden la ideología burguesa y los privilegios de la burguesía frente a los trabajadores (incluso, paradojicamente, frente a sí mismos, también trabajadores explotados), o que apoyan como a una especie de "héroe" (o fuhrercito, podríamos decir recordando a "nuestro" Aznar), al presidente del país como lider de la lucha "anticorrupción", (aunque él mismo reconozca, como hemos dicho, que "compró" seis mansiones en la ciudad de donde fue alcalde con ingresos que no puede justificar), y que, saltándose la Constitución, (en este caso no le importó, solo cuando son los trabajadores los que lo hacen) participando en una manifestación "espontánea" contra el gobierno recién elegido en las urnas, dándose un baño de multitudes (eso sí, a sus anchas, en el medio de un círculo libre de ciudadanos molestos y bien protegido por sus guardaespaldas).

Por otro lado, una de las pocas páginas informativas decentes que existen en Rumania, Critica Attack,  por supuesto con muy pocos lectores, define la situación como una ruptura entre la Rumania empobrecida, favorable (o engañada, por el PSD), y la Rumania que sigue creyéndose el cuento del paraíso capitalista y las excusas del anticomunismo agitadas por los grandes grupos de corrupción y mafias multinacionales (los engañados por los partidos neoliberales y por las ilusiones de una vida mejor como esclavos del capital).

Finalmente, ni unos ni otros ofrecen una solución para Rumania y los rumanos, ambos bandos están al servicio de los intereses de la tiranía del capital y en contra de los de los trabajadores y, por supuesto, ambos son grupos mafiosos que buscan el enriquecimiento personal y el de sus amos o clientes político-comerciales a costa de la riqueza creada por la clase obrera, exprimiéndola y manipulándola para sus propios fines. Sin embargo, la justificación ofrecida para la movilización , la aprobación de un Código Penal que despenaliza la corrupción, es tan falsa como que Iohannis es una persona honesta, que el PSD es un partido de izquierda o !comunista! o que los manifestantes creen en la democracia (salvo en la que interesa a sus financiadores o patronos). Se trata, simple y llanamente, de una pelea entre bandas políticas por el poder, aunque en este caso, y utilizando la lógica de los defensores de la democracia burguesa, la "legitimidad" está del lado del partido que ganó las elecciones con una incuestionable rotundidad.

No son, pues, los trabajadores los que están saliendo a la calle para recuperar sus derechos, para acabar con la clase política corrupta (inevitablemente en una tiranía capitalista) sea cual sea sus etiquetas y para luchar contra la tiranía del capital y sus sicarios políticos . Se trata, al contrario, de hacer el juego a los globalistas preocupados por sus intereses en estos tiempos difíciles en los que el proteccionismo empieza a plantearse como solución ante la austeridad impuesta por las metrópolis a sus colonias o frente a la competencia brutal de los imperialismos emergentes. Y para eso están ahí, dispuestos y creyéndose felices, los niños bien (pura ilusión) de la sociedad en ruinas, los jóvenes be cool y su fascismo de colorines (ver en la viñeta de Ridichiu el acertado dibujo de un pequeño corderito con la esvástica tatuada), aquellos que, sin embargo, no salen a protestar contra los recortes salariales, la miseria de los pensionistas, la destrucción de la industria y las empresas públicas, las condiciones de hospitales o escuelas o, en definitiva, por la instauración de una sociedad de esclavos sonrientes, o no, según te toque, en donde la única ley es el sálvese quien pueda (y en la que los que se salvan son siempre los mismos).

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