jueves, 28 de septiembre de 2017

El verdugo (artículo sobre el General Franco del escritor rumano Geo Bogza)

Geo Bogza
"El papel que el general Franco juega actualmente en España a los ojos de todo el mundo es el mismo que ha tenido siempre en las regiones que reprimió: el de verdugo de su propio pueblo. Un general español con las manos y las botas bañadas en sangre".

Así describía Geo Bogza, escritor comunista rumano, al General Franco en 1937, después de masacrar al pueblo asturiano en 1934 y convertirse en jefe de los fascistas contra la II República en la Guerra Civil, teledirigido desde Berlín. Sus palabras definen la España que, tras la victoria de las tropas alemanas e italianas contra las españolas en la Guerra Civil, llevaron a imponer en España una dictadura de cuatro décadas, la del franquismo, aunque también son de gran actualidad en la que el escritor José Bergamín (que decidió en su día que la mejor forma de ser español es defender a los pueblos que esa España pisoteaba) definiría como "el franquismo sin Franco" o, la así llamada por sus medios de propaganda, España "democrática" de la Constitución del 78.

Geo Bogza fue uno de los más importantes representantes de la cultura de la Rumania Socialista, como también lo fue de las tendencias vanguardistas de entreguerras.

Su activismo político y cultural provocaría que fuera encarcelado dos veces por los gobiernos de la oligarquía interbélica debido a sus publicaciones. La primera vez acusado de "pornografia" por su poema "Jurnal de sex", en 1929. La segunda vez, en 1933, tras la edición de su libro "Poema Ofensivo", por lo que sería prohibida toda publicación suya durante el régimen fascista del General Antonescu.

En 1937, por las dificultades de trabajar en Rumania, viajaría a España como corresponsal de algunos periódicos de izquierda (Frontul o Lumea Romaneasca), enviando desde allí excelentes y crudos reportajes como el titulado "La tragedia del pueblo vasco".

En 1937 escribiría también un artículo sobre Francisco Franco, "El verdugo", que aparecería publicado también en la recopilación realizada en 1981 por Editura Politica, titulada "España en mi corazón y en mi conciencia", y en el que hace un retrato muy descriptivo del analfabeto criminal que aterrorizaría y torturaría después a los pueblos de España durante cuarenta años, y cuyo principal y único "mérito militar" fue asesinar españoles.

Lo traducimos a continuación:


"El VERDUGO

En tiempos de la monarquía y después de la república gobernada por los partidos reaccionarios de Lerroux o Gil Robles, el general Franco tuvo, en los momentos en que era necesario, el papel de verdugo del pueblo español. El dirigió las unidades que perpetraron la sanguinaria masacre de octubre de 1934, contra los mineros asturianos. Aquellos acontecimientos no fueron más que una especie de preparación , un ensayo general, de la carnicería que iba a comenzar dos años más tarde.


El verdugo
Cuando llegó al poder, tras las elecciones de febrero de 1936, el gobierno del Frente Popular no solo encontró una violenta oposición de la derecha - que, aunque estaba representada débilmente en las Cortes, llevó a cabo numerosos atentados y llenó las calles de bandas de "pistoleros" -, sino también a todo un aparato de estado que ni siquiera se esforzaba en fingir sus simpatías hacia el antiguo régimen.

El nuevo gobierno, sinceramente republicano, buscaba transformar en funcionarios, que actuaran correctamente, con obligaciones precisas ante la ley y el pueblo, a todos los pequeños déspotas instalados durante generaciones en los pueblos y ciudades de España. El descontento de estos era evidente. El gobierno quería proceder con tacto, y dio sobradas muestras de paciencia frente a los actos de indisciplina o, incluso, de sabotaje, de la enorme red de pequeños dictadores locales que formaban el aparato administrativo heredado de la monarquía.

Debido a esta política de pacificación, de funestos resultados, el general Franco, el verdugo de Asturias, aunque fuera destituido, fue después enviado a dirigir las unidades militares en la Islas Canarias. Allí dispuso de libertad completa y todo el tiempo del mundo para preparar un complot contra la República.

Francisco Franco es un ejemplar típico de la casta militar española. Casta cuya virtud guerrera no se ha ejercitado en los últimos cientos de años nada más que contra los campesinos españoles. Para el general Franco, tipo de mentalidad medieval, el mundo se repartía en dos: los jefes militares y todos los demás.

Antes del estallido de la rebelión, el líder más representativo de la derecha fue Gil Robles, el jefe de la CEDA, principal partido de la reacción española. Al segundo dia de la rebelión, los que conocían la configuración política de España esperaban que este jugara un importante papel en la nueva España "nacionalista". Pero en aquel momento Gil Robles estaba en Lisboa y nunca más puso el pie en tierra española.

Para la mente limitadamente cuartelera del general Franco,  incluso un hombre como Gil Robles, por muy reaccionario y de ultraderecha que fuera, aparecía como una especie de bolchevique, desde el momento en que en su discurso aparecían términos como "realidad social", "corrientes políticas", "trabajadores", "salarios",  o "sindicatos". La concepción del general Franco era mucho más simple: bota, látigo y cuartel.

Ni aún después de un año y medio desde el inicio de la contienda, por más que durante este tiempo los consejeros nazis y fascistas se pegaran a su persona, Franco tuvo realmente claro qué es un estado y qué significa dirigirlo, siendo este cristiano, militarista, nacionalista, etc... Los pocos discursos que hizo muestran una pobreza intelectual y un vacío de pensamiento de los cuales solo podía ser capaz un representante de la casta militar. Las pocas entrevistas que ofreció no hicieron más que fortalecer esta impresión, limitándose a afirmaciones del tipo "La futura organización del estado nacionalista español se inspirará en la admiración del régimen alemán...".

El papel que el general Franco juega actualmente en España a los ojos de todo el mundo es el mismo que ha tenido siempre en las regiones que reprimió: el de verdugo de su propio pueblo. Un general español con las manos y las botas bañadas en sangre".

Fuente: Spania in inima si constinta mea, Editura Politica, 1981

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