domingo, 7 de octubre de 2018

Historia de la Guardia Obrera Rumana

La idea de formar una  Guardia Obrera Rumana surgió inmediatamente después de los acontecimientos del 23 de agosto de 1944, cuando el rey Mihai I, en vistas de que el Ejército Rojo se hallaba ya a las puertas de Rumania, optó por aliarse con la resistencia comunista en Rumania, que se hacía notar cada vez con más fuerza en sus acciones contra el fascismo. El rey se vio forzado a aceptar la detención del primer ministro fascista, el Mariscal Antonescu, que había sido nombrado por el propio rey,  y a ordenar al ejército rumano volver las armas contra las tropas nazis, hasta entonces sus aliados.

1 mayo de 1955 (Guardia Obrera)
Pero la historia de la Guardia Obrera Rumana es, a la vez, muy representativa de lo que fue realmente la historia del Socialismo Rumano.

La participación de las masas obreras en la lucha contra el fascismo, tanto en acciones partisanas y clandestinas desde el principio de la Segunda Guerra Mundial, como en la lucha tras el 23 de agosto contra los alemanes y los fascistas rumanos (ambas bien descritas en, por ejemplo, el libro del escritor rumano Eugen Barbu, Soseaua Nordului), provocó que los líderes comunistas y los trabajadores decidieran la creación de la Guardia Obrera, luego llamada Patriótica, con el objetivo de colaborar con el ejército pero, sobre todo, de ser la vanguardia de la lucha de clases en la naciente Rumania Socialista.

Como hemos dicho,  los primeros grupos de trabajadores comunistas armados en Rumania datan del verano de 1944, cuando el Partido, aprovechando el miedo atroz a perder sus privilegios del rey Mihai,  le determina a romper su alianza con los nazis, ordenando que el ejército rumano vuelva sus armas contra los alemanes y sus aliados del Eje.

Desarrollando estos grupos de obreros armados que, por ejemplo, fueron los que arrestaron al sanguinario Mariscal Antonescu, el día 23 de agosto de aquel año, el PCR decidió el siguiente mes de septiembre la creación oficial de las Guardias Obreras y de Defensa Patriótica.

El encargado de dirigirlas y organizarlas fue el comunista Emil Bodnaras, que había formado parte de los voluntarios rumanos que lucharon en España dentro de las Brigadas Internacionales, y al que los españoles, como a tantos otros camaradas que arriesgaron su vida en España, y en muchas ocasiones la perdieron, siempre estaremos agradecidos por su sacrificio en su lucha contra el fascismo español e internacional y por la defensa de la España democrática.

Emil Bodnaras
Las Guardias Obreras o Patrióticas se extendieron rápidamente por las fábricas,  fomentando el funcionamiento democrático de las mismas, donde empezaron a elegirse los cargos directivos y sindicales. El 6 de marzo de 1945, con la formación del gobierno dirigido por Petru Groza, ejecutivo dirigido por el PCR, pero todavía con el rey Mihai ostentando la jefatura del estado, los comunistas reciben la responsabilidad de dirigir el Ministerio de Interior, y las Guardias Obreras se adscriben a este ministerio, convirtiéndose en un órgano de lucha y participación de la clase trabajadora en la defensa del socialismo y en la inevitable, para sostenerlo y desarrollarlo, continuación de la lucha de clases dentro de la dictadura del proletariado.

El 8 de noviembre de 1945, como ejemplo, la Guardia Obrera interviene contra los manifestantes que habían salido a la calle para defender la monarquía y el mantenimiento del régimen capitalista, deteniendo a los alborotadores y frenando a los que querían a toda costa que la desigualdad social y los privilegios permanecieran intocables como hasta entonces, mantenidos sobre los hombros de la miseria y el sufrimiento de los trabajadores y campesinos.

La resistencia de los restos del antiguo régimen no se hizo esperar, haciéndose notar inmediatamente después de la derrota del ejército nazi en Rumania y del derrocamiento del régimen del genocida Antonescu. El 15 de enero de 1945, el primer ministro de entonces, el General Radescu, por orden del rey, había intentado disolver las Guardias Obreras, aunque sus responsables, los comunistas Teohari Georgescu y Emil Bodnaras, hicieron caso omiso a las intenciones de la reacción.

La Guardia Obrera continuó siendo un órgano de acción directa de los trabajadores hasta después de la muerte de Stalin, cuando, como sabemos, en el XX Congreso del PCUS Kruchev y sus acólitos dieron un pésimo giro al socialismo soviético y, en consecuencia, de la mayoría de los países socialistas del este europeo (con la excepción honrosa de la Albania de Enver Hoxha), que llevaría al abandono de la lucha de clases y, por lo tanto, al progresivo desarrollo de los gérmenes capitalistas que irán desplazando a la clase trabajadora de su función primordial y esencial en la economía, la seguridad y las decisiones políticas  y, a la larga, facilitarían la restauración del capitalismo.

Así que, tras el final de la Republica Popular Rumana y la creación de la Republica Socialista de Rumania, en los años 60, tras la llegada de Ceausescu al poder, las Guardias Obreras fueron reformadas, acentuándose su aspecto patriótico y de defensa contra el presunto enemigo exterior (que era, para los dirigentes del PCR, tanto el fascismo occidental como la propia URSS), mientras se abandonaba su papel esencial de defensa de uno de los mayores peligros, sino el que más, en todo sistema socialista: el interior. A propósito, por aquellos años en China se desarrollaba la Revolución Cultural, dirigida por el camarada Mao Tse Tung, y que, precisamente, subrayaba la necesidad de no abandonar la lucha de clases y de estar en alerta continua contra el enemigo capitalista en el interior del país, después del golpe revisionista de Kruchev y sus cómplices en Moscú).

Por el contrario, la llegada de Ceausescu al poder significó, pues, un giro del socialismo rumano hacia la inocente, pero interesada, sociedad sin clases, que  acabó bajando la guardia contra todo resto o parasito incipiente de capitalismo, lo que iría desarrollando una élite frustrada. que no podía aumentar constantemente sus privilegios debido a los límites del sistema socialista, mientras por otro lado iría provocando una ruptura entre las masas obreras y el Partido Comunista (aunque eso, todo hay que decirlo, no impidiera que el desarrollo industrial y económico de Rumania aumentara el bienestar económico de los rumanos hasta cotas antes inimaginables, asegurara su empleo, su cultura y su sanidad gratuitas y universales, y mantuviera una horquilla salarial ajustada que hacía la desigualdad social, en comparación con la abrumadora y creciente brecha actual, apenas existiera).

Jóvenes rumanas formándose en la Guardia Obrera

Ceausescu dio un nuevo empujón a las Guardias Patrióticas tras la, así llamada por los medios de propaganda capitalistas, "Primavera de Praga", ese intento de acelerar la caída del Socialismo en Checoslovaquia, cuando el Pacto de Varsovia, con la excepción de Rumania, intervinieron en aquel país para detener a los reformistas. El 21 de agosto de 1968, un día después del final de la citada "primavera" (o mejor dicho, del intento de reistaurar el invierno crudo del capital sobre los obreros checoslovacos), el entonces "abierto y respetado por Occidente" Nicolae Ceaucescu propuso fortalecer a las Guardias Patrióticas, y extenderlas por todo el país, para, precisamente, lo que habla mucho de la deriva que iba a empezar a desarrollar la Rumania de Ceausescu, defenderse de un posible ataque exterior de los únicos aliados que tenía Rumania entonces, los miembros del Pacto de Varsovia, mientras bajaban la guardia y hacían negocios con los verdaderamente peligrosos: el capitalismo occidental.

Ya no se trataba, pues, de luchar contra los enemigos de clase, aquellos que estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para volver a recuperar los privilegios que habían obtenido viviendo a costa del trabajo de los trabajadores, y a los que no importaba un bledo que eso significara la miseria de la mayoría y una enorme desigualdad social. El enemigo era, a partir de ahora, el país vecino, el de al otro lado de las fronteras, incluso aquel que defendía, al menos en teoría, idénticos objetivos, muestra de la creciente influencia del nacionalismo de la burguesía en la política rumana.

Aunque el estúpido temor, movido por intereses nacionalistas del gobierno de Ceausescu. más que por motivos reales, a una invasión de la URSS desapareció rápidamente, las nuevas Guardias Patrióticas permanecieron como elemento de base de la estructura comunista del país, extendiéndose la formación militar a estudiantes y jóvenes.

Cuando en los años 80 Ceausescu perdió también el apoyo, que en realidad nunca tuvo, de Occidente, las Guardias Patrióticas continuaron siendo un apoyo esencial del estado rumano, pero fueron adscritas al Ministerio de Defensa, bajo la dirección del general Ilie Ceausescu, hermano del jefe de estado, aunque siguieran formalmente vinculadas jerárquicamente al propio Partido Comunista y a la Unión de Jóvenes Comunistas. Sus integrantes recibían formación militar y de lucha de guerrillas para el caso de una invasión militar, pero habían dejado ya de participar, como sí que hacían durante la República Popular Rumana, como arietes de acción obrera para la defensa del Socialismo y de lucha contra cualquier resto de ideología burguesa (es decir, como avanzadilla obrera en la lucha de clases).

Por todo ello, cuando el fascismo volvió a ser reistaurado en 1990, aunque fuera bajo el maquillaje democrático que había adoptado el capitalismo, la Guardia Patriótica no estaba preparada para defender a sus camaradas, puesto que ningún ejército fue enviado a conquistar Rumania, sino que fue la propia élite política y económica nacional la que, después de años de frustración sin poder multiplicar sus privilegios, entregaron el país a las corporaciones extranjeras mientras se repartían los restos entre ellos como buitres.

Imagen de la escultura "Guardias patrióticos",
de Zoe Baicoianu.
Sin embargo, la primera década del desastre capitalista tuvo todavía algunas reminiscencias de aquella Guardia Obrera, sobre todo con las llamadas "Mineriadas". Con la diferencia principal de que, en este caso, los mineros fueron utilizados temporalmente por los mismos que habían traicionado a la clase trabajadora rumana en diciembre de 1989,  engañados para defender sus intereses de poder político  y económicos para luego, años mas tarde, ser abandonados y perseguidos, incluso asesinados, en la salvaje represión de 1999 en el río Olt y, por supuesto, como el resto de los trabajadores rumanos, empujados al desempleo, la miseria o la emigración.

Las cosas sucedieron así. En 1991, los mineros del Valle del Jiu fueron llamados por el Frente de Salvación Nacional, es decir, por la elite del Partido Comunista Rumano que había cambiado de chaqueta en diciembre de 1989 para poder enriquecerse a costa de sus compatriotas (entre ellos dos de los presidentes de la Rumania Capitalista, como Ion Iliescu y Traian Basescu), para que pusieran orden en la capital ante la ola de protestas organizadas por las potencias capitalistas para acelerar el proceso de transformación de Rumania en una colonia y el consiguiente y jugoso saqueo de la riqueza nacional rumana. Los trabajadores, organizados en una emulación de la Guardia Obrera, como Guardia Minera (aunque a los mineros se les unieron miles de obreros de las fábricas de Bucarest), consiguieron frenar temporalmente el proceso de instauración de la "terapia de choque capitalista", con la que se pretendía destruir todos los logros económicos y sociales del Socialismo Rumano para entregar la riqueza a multinacionales y a los nuevos ricos (la mayoría antiguos miembros del PCR).

La siguiente de las mineriadas acabaría por provocar la dimisión del Primer Ministro, Petre Roman, frenando también el proceso de privatizaciones y destrucción de la riqueza nacional rumana, creada por los trabajadores socialistas, y que estaba siendo vendida por aquel entonces, como sigue haciéndose hoy día, según palabras del citado primer ministro, "como hierro viejo e inútil".

La tercera y  última mineriada, a finales de los 90, centrada en la marcha minera hacia Bucarest de 1999, fue considerada „la mas importante lucha obrera de Europa Oriental” de la Europa del Este tras la caída de la URSS (Luis Gurevich, „Huelga revolucionaria en Rumania”, en Prensa Obrera, n616, 4-02-99), cuando el proceso de destrucción de la riqueza nacional estaba ya bastante avanzado, y acabaría con una matanza de trabajadores por parte del gobierno de Radu Vasile, con la complicidad del presidente del país Emil Constantinescu, que todavía permanece impune.

Lamentablemente aquella matanza también acabó, al menos hasta ahora, con el movimiento obrero rumano, condenando a los trabajadores de Rumanía al desastre económico y social al que hoy están sometidos. No obstante, ya avisó el camarada Lenin de que "Solo un arma en el hombro de cada trabajador puede garantizar una verdadera democracia", ya que, como añadiría el gran Mao, "El poder nace del fusil".

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